Antiinflamatorios y Recuperación Post Cirugía Dental: Guía Completa

La extracción de las muelas del juicio es una intervención quirúrgica frecuente en la edad adulta. Aunque suele tratarse de una cirugía ambulatoria sencilla, el proceso de recuperación varía según cada persona y puede generar dudas: ¿cuánto dura la inflamación? ¿Cuántos días de reposo se necesitan? ¿Qué complicaciones pueden aparecer?

La recuperación tras la extracción de las muelas del juicio no ocurre de un día para otro. Justo después de la intervención, es normal sentir entumecimiento, molestia e hinchazón en la zona. En esta etapa, el cuerpo comienza a formar un coágulo que protege el hueso y los nervios.

No escupir ni enjuagarse con fuerza es fundamental para evitar que ese coágulo se desprenda. Durante las primeras 24 a 72 horas, es normal experimentar hinchazón progresiva, dolor moderado e incluso ligera dificultad para abrir la boca o masticar. Si te preguntas cuántos días dura la inflamación por extracción de muelas del juicio, lo habitual es entre 3 y 5 días.

A partir del segundo o tercer día, la hinchazón suele comenzar a disminuir. A medida que pasan los días, la zona intervenida comienza a cicatrizar. El dolor suele ser más intenso en las primeras 48 horas y va disminuyendo progresivamente. En general, entre el tercer y quinto día se nota una mejoría significativa.

La recuperación completa tras la extracción muela juicio puede tardar entre 7 y 15 días, dependiendo del caso.

Durante los primeros días, se suelen recetar antiinflamatorios, analgésicos y, en algunos casos, antibióticos para prevenir infecciones. Durante la fase de recuperación de la muela del juicio, la alimentación debe adaptarse a la sensibilidad de la zona. Se recomienda consumir alimentos blandos, fríos o templados, que no requieran mucha masticación, como yogur, puré, sopas suaves, helados o compotas.

Respecto a la actividad física, es mejor evitar esfuerzos, ejercicio intenso o levantar peso durante los primeros días.

En muchos casos, el profesional indicará una revisión a los 7-10 días para evaluar la evolución y retirar los puntos, si es que se han colocado.

Complicaciones Comunes Tras la Extracción Dental

Una de las complicaciones más dolorosas es la alveolitis seca, que ocurre cuando el coágulo que protege la herida se desprende antes de tiempo. Esto deja el hueso expuesto y genera un dolor intenso que se irradia hacia el oído, la mandíbula o incluso la cabeza.

Las infecciones también son posibles, especialmente si no se siguen las medidas de higiene adecuadas. La hinchazón es un síntoma habitual que suele desaparecer en menos de una semana. En extracciones complejas o cercanas al nervio dentario inferior, puede aparecer adormecimiento temporal en la lengua, el labio inferior o la barbilla.

Protocolo de Control del Dolor y la Inflamación Postquirúrgica

Uno de los objetivos fundamentales de todo cirujano bucal debe ser el tratar de reducir al máximo los síntomas postoperatorios que siguen a cualquier intervención quirúrgica. Para ello resulta esencial el conocimiento de la fisiopatogenia de la inflamación postoperatoria.

La evidencia científica ha puesto de manifiesto la importancia de actuar no sólo postoperatoriamente sino desde antes de iniciarse la intervención para controlar así todas las variables que influyen en el dolor y la inflamación posterior. La importancia de la filosofía preventiva se asocia a la del manejo racional de los fármacos disponibles para tal fin.

En la actualidad se acepta que los síntomas postoperatorios dependen no sólo del trauma quirúrgico en sí, sino que en su aparición e intensidad influyen otros factores, muchos de los cuales pueden ser controlados tanto antes como durante la intervención. Del control de los mismos, así como de un manejo racional de los fármacos disponibles dependerá en gran medida la minimización de los síntomas y por tanto la existencia de un buen postoperatorio.

El objetivo es analizar de la manera más racional posible, cómo hacer frente al dolor y la inflamación postoperatoria que tienen lugar cada vez que intervenimos quirúrgicamente a un paciente, desde la evidencia científica y con un enfoque eminentemente preventivo. Igualmente se describen las diferentes medidas a emplear, según el momento en el que deben aplicarse; antes, durante y después del acto quirúrgico.

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Medidas Preoperatorias

Es obvio que tras cualquier intervención quirúrgica en la cavidad bucal, aparecerá en mayor o menor medida dolor y tumefacción postoperatoria como respuesta fisiológica del organismo; la filosofía preventiva de tales síntomas se basa en tratar al paciente antes de que aparezcan, es decir, de anticiparse a su aparición para intentar así minimizarlos, por lo que el momento de aplicar las medidas encaminadas a tal fin será antes de iniciarse la agresión que para el organismo supone el acto quirúrgico.

La intervención en esta fase previa a la cirugía está encaminada al control de la ansiedad y de los diversos factores psicológicos implicados en la modulación del fenómeno doloroso, así como a la anticipación sobre los mecanismos biológicos de la inflamación. Para ello contamos con dos grupos de medidas, unas psicológicas y otras farmacológicas que pretenden preparar al paciente para el acto quirúrgico, y de cuya puesta en marcha depende en gran medida el éxito de la cirugía y del postoperatorio, así como el grado de satisfacción de nuestros pacientes y por tanto la calidad asistencial que les dispensamos.

Medidas Psicológicas

Si bien el dolor orofacial postquirúrgico es consecuencia directa de la lesión producida por el acto quirúrgico y de la respuesta del organismo al mismo, conviene no olvidar que la percepción dolorosa varía según cada paciente en función de determinados factores de la esfera psicológica.

La importancia del grado de estrés y ansiedad del paciente en la calidad de percepción del dolor postoperatorio, ha sido ampliamente estudiada por distintos autores, que aseguran que la ansiedad alargaría el tiempo de la intervención induciendo mayor dolor e inflamación, y aumentaría la intensidad de ambos síntomas postquirúrgicos posiblemente por reducir el umbral de tolerancia al dolor.

Obviamente, cualquier acto quirúrgico y más aún los realizados en un sillón dental generan un alto índice de ansiedad en los pacientes que será preciso contrarrestar para evitar su influencia sobre el dolor postoperatorio. Para ello es aconsejable en las citas previas a la cirugía, aplicar una serie de medidas encaminadas a reducir la ansiedad y el miedo del paciente a través del cultivo de la relación cirujano-paciente, ganándonos su confianza, disipando su miedo, respondiendo con paciencia las dudas que pueda plantearnos, empleando un trato amable y educado, y a ser posible, con buen sentido del humor; todo esto como arma eficaz para reducir el estrés y la tensión preoperatoria.

Otro pilar básico será la información adecuada al paciente, puesto que el desconocimiento de lo que se le va a hacer es la causa mayor de su ansiedad. Es pues fundamental informar ampliamente al paciente sobre la intervención, existiendo evidencia científica de que esta actuación tiene efectos positivos y significativos en su recuperación, en la reducción del dolor y en el grado de satisfacción por el tratamiento.

Por ello es necesario «perder tiempo» en informarle de la operación y de las molestias o complicaciones que pueden aparecer tanto antes como después, insistiendo en que la anestesia garantiza la ausencia de dolor intraoperatorio, y que las molestias postoperatorias -siendo normales y lógicas-, serán minimizadas al máximo con la medicación y los consejos que le facilitaremos. Todo el tiempo invertido aquí, redunda en un mejor postoperatorio y una mayor satisfacción con el tratamiento.

Medidas Farmacológicas

Consistirán en la administración de fármacos de manera preoperatoria para tratar de controlar los síntomas postoperatorios, anticipándonos a su aparición. Esta filosofía preventiva puede aplicarse fundamentalmente a tres niveles; en el control de la ansiedad y el miedo del paciente, en la minimización del proceso inflamatorio que seguirá a la operación o en la reducción de las complicaciones infecciosas postoperatorias.

Premedicación ansiolítica. Siempre y cuando no recurramos a la sedación consciente, la premedicación ansiolítica nos va a permitir controlar la ansiedad intraoperatoria del paciente, mantenerlo relajado para facilitar nuestra labor, reducir el umbral doloroso y evitar la aparición de complicaciones como el síncope vasovagal.

En muchos casos, las medidas psicológicas del apartado anterior son suficientes para controlar la ansiedad, de manera que preferimos reservar los fármacos ansiolíticos para aquellos casos en los que, por los antecedentes del paciente o nuestra impresión en la historia clínica, creamos justificado su uso. Los fármacos ansiolíticos -como todos los fármacos-, necesitan de un adecuado conocimiento y un correcto manejo por parte del profesional.

En cuanto a la forma de administrarlos, aconsejamos las dosis fraccionadas en vez de una dosis única para alcanzar niveles estables -noche antes, la mañana de la intervención y justo antes de la misma-, prefiriendo la administración oral o sublingual.

Los fármacos más utilizados en la actualidad son las benzodiacepinas por ser de fácil manejo y pocos efectos adversos. Así, de las más usadas sería el diacepam a dosis de 10 mg una o dos horas antes de la intervención, o mejor 10 mg la noche antes y 10 mg la mañana de la intervención, (o 5 mg al levantarse y otros 5 una o dos horas antes, si la cirugía es por la tarde).

En nuestra experiencia, el bromazepam es un fármaco muy eficaz, fácil de manejar y muy bien tolerado por los pacientes, que puede administrarse a dosis de 1,5 mg (un comprimido) de una a dos horas antes de la intervención, o bien 1,5 mg la noche antes y repetir la dosis por la mañana y una hora antes de la cirugía si ésta fuera por la tarde. Puede duplicarse la dosis si un comprimido no fuera suficiente.

Por último, igualmente útiles pueden resultar el alprazolam, a dosis de 0,25 mg la noche antes y la misma dosis por vía sublingual antes de la intervención, o el midazolam a dosis de 7,5 mg una hora antes de la intervención, o media hora antes si se administra vía sublingual.

Premedicación antiinflamatoria. Los conocimientos actuales sobre la fisiopatogenia del proceso inflamatorio y los datos derivados de la evidencia científica, han apoyado la idea de administrar la medicación antes de que se liberen los mediadores implicados y de que desaparezca el efecto analgésico del anestésico utilizado, con el fin de aumentar la eficacia del fármaco.

En nuestro campo, esta administración preventiva del antiinflamatorio consistirá en adelantar unas horas la ingesta del mismo para conseguir niveles plasmáticos adecuados en el momento en que comience la liberación de mediadores, evitando por tanto la práctica clásica de ingerir la primera dosis del fármaco algunas horas después del final del acto quirúrgico, cuando comienza el dolor.

Existen diversos estudios que tratan de evaluar si es más efectiva la administración preoperatoria o inmediatamente después de la cirugía, de manera que parece que la eficacia es idéntica cuando se administra 30-60 minutos antes o después de la cirugía.

Basándonos en nuestra experiencia y en la literatura revisada, aconsejamos iniciar de manera sistemática el tratamiento con un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) antes de la intervención, dependiendo el momento de la ingesta del tiempo que tarde el fármaco que usemos en alcanzar su pico plasmático. En principio, cualquiera de los AINE disponibles puede ser útil, aunque dada la amplia evidencia científica que los respalda y la propia experiencia, en nuestros protocolos utilizamos los derivados del ácido propiónico como el ibuprofeno (400-600 mg), que es el fármaco sobre el que existe mayor evidencia científica, el dexketoprofeno (25 mg), o el dexibuprofeno (400 mg), que administramos de una a dos horas antes de la intervención. No obstante y a la luz de las investigaciones, pueden obtenerse resultados similares administrándolo inmediatamente antes.

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