Después de lanzar al mercado la recopilación de Matanza Máxima, la colección Obras Maestras quedó convertida definitivamente en un contenedor para recuperar publicaciones que ya habían pasado por el quiosco patrio. En cierto modo se puede considerar un producto derivado de la serie protagonizada por Lobezno, que en aquellos días era dirigida con mano firme por el propio Hama.
Publicada en el año 1993 en Estados Unidos (y en 1994 en España) supuso uno de tantos productos que intentaban contrarrestar el poderoso efecto de la entrada de Image Comics, con un personaje que, no era si quiera un antihéroe sino directamente un villano. La miniserie se centró en un aspecto clásico de la franquicia-x (subsección canadienses peludos) como es la relación entre Víctor Creed y Logan.
El tomo recopila una serie limitada de cuatro números -tan populares en los ochenta y los noventa del siglo pasado- donde encontramos a Dientes de Sable ejerciendo su trabajo de mercenario y asesino a sueldo (tal y como lo presentaron Claremont y Byrne en la primera colección de Puño de Hierro). Tiene una relación un tanto enfermiza con su asistente Birdy, la cual le proporciona “el brillo” (una especie de chute telepático que hace las veces de calmante y adicción). Vive bien gracias a su trabajo mortal y no muestra muchos signos de arrepentimiento.
En aquellos días, era cosa habitual que los superhéroes tradicionales fueran sustituidos por versiones con barba de tres días, cazadora y filosofías menos brillantes. Los trabajos desarrollados en la década anterior por guionistas como Alan Moore o Frank Miller habían introducido en el género a los antihéroes. Lobezno, que en sus inicios en la Patrulla-X había sido profundamente detestado y denostado por la parroquia, se había convertido en el personaje más popular del equipo.
El concepto de justiciero que no tiene inconveniente en mancharse las manos de sangre había llegado al mundo de los pijamas. Las series de Image ofrecían a raudales personajes de ese jaez, así que había que combatir el fuego con el fuego. Así las cosas, no era extraño que en lugar de o junto a los héroes clásicos encontráramos versiones más duras y desagradables. Batman tuvo a Azrael; el Capitán América al USAgente; Iron Man vistió una nueva armadura a la que la afición bautizó como “máquina de guerra”; Thor tuvo una versión urbanita llamada Thunderstrike; los Vengadores vistieron cazadoras y olvidaron las virtudes de la maquinilla de afeitar… ponga usted aquí su propio ejemplo.
Otra de las estrategias para presentar la ración de sangre, garras y colmillos era la de colocar al otro lado de la línea divisoria entre buenos y malos a algún personaje popular que hasta entonces hubiera ejercido de villano. En honor a la verdad, en esos momentos no había tal línea sino una amplia y borrosa “zona gris” por la que pululaban Lobezno, el Castigador, el Motorista Fantasma o Lobo. Como todo valía en esta feroz competencia, cualquier excusa parecía ser buena para hacer que Veneno no era tan malo o que Linterna Verde podía convertirse en un criminal cósmico.
Sin embargo, con Dientes de Sable se cumplía la máxima circense del más difícil todavía: Lobezno había sido uno de los pioneros en lo que a anti-heroísmo se refería, por lo que cabía preguntarse si tenía sentido tener a un tipo más grande, más garrulo y completamente despiadado. No obstante, en la franquicia mutante de aquellos días se planteaba que Creed, el merodeador, el tipo que celebraba los cumpleaños de Logan intentando mandarle al otro barrio, podía ser parte de las alineaciones patrulleras.
Claremont había planteado la idea de que eran padre e hijo y más viejos de lo que su aspecto sugería (cosa que más o menos quedó patente en Origen) pero con los años y, sobre todo, tras la marcha del patriarca mutante, la cuestión del parentesco fue puesta en tela de juicio. Jim Lee intentó hacerse el interesante e introdujo ideas que no llegó a desarrollar. Barry Windsor-Smith aportó más misterio a Arma-X y planteó la idea de que los recuerdos de Lobezno podían no ser fiables.
Larry Hama trabajaría con todo eso y se embarcaría en la tarea de dar varias vueltas de tuerca al pasado de Logan y, de paso, al de Creed. Caza mortal nos descubre más detalles sobre el pasado de ambos y de su relación con Mística (otro personaje que ha dado más vueltas que un trompo). La revisión de esta miniserie a un cuarto de siglo de su salida permite comprobar que aquellos planes integradores no llegaron muy lejos.
Creed sería un aliado reluctante o un prisionero peligroso según los casos. Ayudó a su pesar en La amenaza falange y se enfrentó a la Patrulla-X original (destripando las alas a Arcángel) para acabar alistado en el Factor-X comandado por Howard Mackie. Durante este tiempo la fiebre justiciera fue amainando y guionistas como Grant Morrison o Kurt Busiek comandaron un regreso a la luz que hizo que el reciclaje de según qué personajes fuera innecesario.
Veinticinco años después, Dientes de Sable sigue manteniendo su singular relación con Lobezno y haciendo alguna visita ocasional al otro lado.

Cualquiera que recuerde los primeros tiempos de Image Comics recordará sin duda el nivel y la calidad intrínseca de las obras de Jim Lee y Marc Silvestri. Sin embargo, a esas alturas cualquier cosa podía acogerse al formato de tomo negro, tapa blanda y solapas, y no habría de ser el primer producto netamente noventero que disfrutaría de la reedición y de una inmerecida etiqueta. Caza mortal recopila la primera miniserie protagonizada por el amigo Víctor Creed, escrita por Larry Hama y dibujada por Mark Texeira.