"Todo el mundo quiere ser Cary Grant. Incluso yo quiero ser Cary Grant." Con estas palabras, el propio actor resumía la fascinación que su personaje público despertó en todo el mundo a lo largo de varias décadas.
Considerado uno de los grandes mitos de la era dorada de Hollywood, pocos conocen, sin embargo, su vida privada, sus orígenes humildes en Inglaterra. Allí nació y recibió el nombre de Archibald Alexander Leach, y los avatares que le llevaron a convertirse en uno de los actores más cotizados de su época.

Marc Eliot ofrece en este libro, sin duda la biografía definitiva de este gigante del cine, una amena y a la vez rigurosa narración de su vida, centrándose tanto en su intimidad -muy suculenta y salpicada de escándalos, divorcios y titulares- como en su faceta profesional, con especial énfasis en su relación con sus directores favoritos: Howard Hawks, George Cukor y Alfred Hitchcock.
Este último fue el cineasta que mejor supo esculpir el irrepetible talento de Cary Grant, cuya enigmática mirada vuelve a hipnotizarnos en las páginas de este libro imprescindible.
Reseñas de la Biografía
- "Un retrato fascinante y empático de un consumado actor que escondió sus demonios internos y usó el cine para distanciarse de la realidad." - Publishers Weekly
- "Una biografía deslumbrante y completa. Eliot consigue traspasar el embrujo de la pantalla." - Esquire
- "Un retrato que revela las sombras tras la fachada reluciente, al tiempo que muestra la astucia de Grant para mantener esa personalidad ficticia." - The Washington Post
- "Un Cary Grant que no conocíamos." - Vogue
- "Extremadamente amena."
El Secreto De Cary Grant Finalmente Confirmado: Hollywood Lo Ocultó Durante Décadas
Su Infancia en Bristol
Parece sacado de un cuento de Dickens. Archibald Alexander Leach nació el 18 de enero de 1904 en la gélida y gris Bristol, en Inglaterra. Su padre, Elias, era un prensador de sastre alcohólico que iba siempre hecho un pincel. Su madre, Elsie, era una mujer hermosa, controladora y de nervios delicados que tenía completamente asfixiado a su hijo.
“Jamás viví un solo momento feliz junto a ellos mientras vivimos bajo el mismo techo. Eso es un hecho. Es la verdad", recordaba Grant, según Eyman.
Su infancia en Bristol hubiera sido la normal de un chico de clase media si no fuera por un hecho extraordinario. A la edad de 9 años, una tarde que regresó del colegio, le dijeron que su madre se había ido de vacaciones a la playa. En realidad había sido recluida en un manicomio y Grant no se enteró hasta años después. Hasta los 20 años no volvió a ver a su madre.
En 1915, Elias internó a Elsie en el lúgubre manicomio estatal de Fishponds por su supuesta inestabilidad mental. Elias no le contó nunca qué le había sucedido a su madre a su hijo de 11 años, dando pie a que el pequeño Archie diera por hecho que, o bien había muerto o le había abandonado.
Tal y como era de esperar, la desaparición de Elsie marcó profundamente al pequeño Archie “Me lavaba constantemente, un hábito que arrastré hasta bien entrada la edad adulta con la creencia subconsciente de que, si me frotaba lo suficiente por fuera, tal vez podría limpiarme por dentro”, recordaba el actor.
Archie, tremendamente necesitado de cariño, no tardó en encontrar la calidez que buscaba en un teatro de su localidad, en el que se convirtió en el chico de los recados y donde halló una alegre familia adoptiva a la que aferrarse.
A los 14 años abandona el colegio y el seno familiar para seguir a la "Troupe Pender" de comediante trabaja con ella en los music-hall ingleses. Mejoró su acento en musicales de Londres y fue seleccionado para viajar a Norteamérica

De Archie Leach a Cary Grant
En 1918, el joven se hizo aprendiz de la compañía Bob Pender Troupe y poco después dejó atrás Bristol, recorriendo el circuito del vodevil en calidad de saltimbanqui.
Pero su pasado sórdido le dio alcance en 1936, cuando su padre moribundo se puso en contacto con la joven estrella hollywoodiense en alza, ya conocida como Cary Grant, para que volviese a Bristol. Una vez allí, no solo le dijo que su madre estaba viva, sino que seguía languideciendo en un hospital psiquiátrico. Ese mismo año le dieron al fin el alta.
Grant, siempre desesperado por la aprobación de su distante madre, la mantuvo hasta su muerte, en 1973. “¿Cree que le quiere?", le preguntó Cannon en una ocasión. Grant respondió: “Creo que quiso a Archie”.
En 1920 viaja a EE.UU. donde se inicia en el mundo del espectáculo como bufón en el hipódromo de Nueva York.
Debuta como cantante en la comedia musical "Gold Dawn" a la que seguirán otras muchas del mismo género y en las que trabajaba con el nombre de Archie Leach. Su espectáculo en Broadway, Good Times, tuvo 456 representaciones, lo que le dio tiempo para aclimatarse.
En 1931 llegó a Hollywood y cambió su nombre por el de Cary Grant.
Éxito en Hollywood
En 1932 lo contrata la Paramount y se da a conocer como actor secundario con el seudónimo de Cary Grant. Actor incisivo, de una sensibilidad muy peculiar y de fina ironía humorística, pronto destaca como excelente galán de comedias, formando pareja con las estrellas más prominentes del momento como son: Marlene Dietrich, Mae West, Jean Harlow, Irene Dunne, Katharine Hepburn, etc.
“Cuando empecé era muy consciente de mi falta de formación. No quería que se notase, así que me inventé un acento… el resto se lo robé a Noel Coward".
Actor predilecto de Howard Hawks y de Alfred Hitchcok. Trabajó en 74 películas. Su primera película en Hollywood fue "Lady Lou", con Mae West, que decía que Grant combinaba la virilidad y el aura de un caballero. No en vano estuvo casado cinco veces.

"Nunca antes había visto un actor más nervioso e inquieto", recordaba Jimmy Stewart, su coprotagonista en Historias de Filadelfia, citado por Eyman.
Cuando no estaba trabajando, el económicamente parco Grant se pasaba el tiempo probando las últimas tendencias de bienestar, leyendo libros de autoayuda y entreteniendo a sus amigos con sus consejos y preocupaciones interminables.
Sus relaciones con sus primeras tres esposas (entre ellas, la heredera marcada por la tragedia Barbara Hutton) y aventuras con Ginger Rogers y Sophia Loren a menudo se complicaban por sus problemas de abandono y obsesión por el control y la perfección.
Matrimonio con Dyan Cannon
Cuando Dyan Cannon, una efervescente starlet de espíritu libre, le conoció a finales de 1961, él ya era una superestrella bronceada con una larga carrera a sus espaldas -además de sacarle tres años a su padre-. “Ni había ni he visto a nadie que irradie tal belleza masculina, propia de una deidad. Dio un paso adelante, tendiéndome la mano. Apenas pude respirar", contaba la propia Cannon.
Si Brilliant Disguise es una biografía analítica y directa, entonces Dear Cary no son sino unas memorias emotivas, íntimas y llenas de espontaneidad, una suerte de novela de crecimiento escrita por la espiritual y excéntrica Cannon, estrella de filmes como El cielo puede esperar, Bob, Carol, Ted y Alice y El fin de Shelia.
Los dos congeniaron rápidamente gracias a su sentido del humor y curiosidad por lo espiritual, y ella fue objeto de una auténtica ofensiva por parte de Grant, que desplegó con ella todos sus encantos.
No obstante, para Cannon, su alocado romance con una marcada diferencia de edad pronto se convirtió en tragedia. Tras su matrimonio en 1965 (ella tenía 28 años, él 61) y el nacimiento de su hija, Jennifer, un año después, Grant se retiró para ejercer de padre de familia.
El aumento de su presencia se convirtió en una pesadilla para ella: su marido criticaba constantemente su aspecto, su manera de criar a su hija e incluso la manera en que "trataba" a los pomos de las puertas. Comenzó a temer los recortes de autoayuda de revistas y periódicos que él le iba dejando constantemente en su mesilla de noche, consciente de que más tarde la interrogaría al respecto.
Aunque en última instancia su testimonio fuese generoso e indulgente, Cannon no tuvo problemas en revelar el brutal "lado oscuro" de Grant al que se refería Niven. Frío, manipulador y distante, todo lo que Grant había amado de la extravagante Cannon, a la que se refería como una "niña boba", ahora parecía repugnarle. Su obsesión por los beneficios para la salud del LSD, de la que Cannon participaba a regañadientes, empeoró aún más sus desavenencias.
Finalmente, Cannon dejó a Grant y su tormentoso divorcio se formalizó en 1968. Cannon, traumatizada, ahogó sus penas en pastillas y alcohol y pasó un tiempo internada en un hospital psiquiátrico.
Jennifer Grant: Una Relación Paterna
“Desde el principio, papá estuvo a mi lado, tan fiable como el amanecer. Demostró todo su amor y no se guardó nada. Mi padre siempre estuvo ahí, tanto en los detalles cotidianos como en los momentos más memorables en mi vida. Eso no significaba que estuviese siempre contento conmigo, pero estuviese feliz o no, nunca se alejó si podía evitarlo”, cuenta su hija Jennifer en sus memorias.
Resulta interesante que se publicasen en el mismo año las memorias de Cannon y las de su hija Jennifer, considerando las facetas tan radicalmente distintas que muestran de Grant (si bien Cannon admite de buen grado que Grant era un padre muy cariñoso).
Good Stuff: A Reminiscence of My Father, Cary Grant ("De lo bueno lo mejor: Un recuerdo de mi padre, Cary Grant") es un libro tierno y hermoso que nos presenta a un padre cariñoso con un "estilo de vida feliz", que adoraba a su Jennifer casi hasta rozar la obsesión.
Como señala Eyman, Grant tenía debilidad por los niños desde siempre, y ya en su jubilación pudo volcarse por completo en su única hija. Se llevaba a Jennifer a todas partes: a los partidos de sus queridos Dodgers, al Magic Castle, a las carreras de caballos de Hollywood Park (de cuya junta era un miembro entusiasta) y al festival anual de circo de Mónaco, presidido por su coprotagonista predilecta, la princesa Grace. Allí, "su rostro de adolescente septuagenario se iluminaba viendo a los hombres volar por los aires".
Grant, que atesoró cada momento que pasó con ella (él y una cada vez más exitosa Cannon compartieron la custodia manteniendo una relación corcial), fue un padre juguetón e implicado al que le encantaba salir de compras con Jennifer en Gap y darse un buen atracón en la cama mientras veía a Benny Hill y Carol Burnett.
Últimos Años y Legado
El rompecabezas se completó en 1976, cuando Grant conoció a la elegante, encantadora y sofisticada Barbara Harris, una británica 47 años menor que él. Se casaron en 1981 y juntos formaron una familia unida junto a Jennifer a la que calificaron cariñosamente como “los Grunt” (algo así como “los curritos”, pero escrito y pronunciado de manera similar a su apellido real).
En su vejez, Grant -cuya reprimenda más dura hacia su hija solía ser “qué poco amable”- pareció estar al fin en paz consigo mismo y se convirtió en mentor de eminencias como Peter Bogdanovich. Se relajó, cambiando en ocasiones sus prendas masculinas de corte impecable por los caftanes amplios que Barbara le confeccionaba, y pareció dar por fin un respiro a todos los que le rodeaban, incluido él mismo.
Cary Grant murió a consecuencia de un derrame cerebral el 29 de noviembre de 1986. Tenía 82 años. A ojos de su única hija, dejó tras de sí el legado de un hombre cariñoso y completamente realizado.
“En sus últimos años, mi padre me pidió en varias ocasiones que le recordase tal y como yo le conocí. Me dijo que la gente hablaría después de su muerte. Que dirían 'cosas' sobre él y él no estaría allí para defenderse. Me suplicó que me ciñese a lo que sabía que era cierto, porque yo le conocía de verdad. Le prometí que así sería.
