Las muelas del juicio, también conocidas como cordales, reciben este nombre por su tardía aparición, generalmente entre los 18 y 25 años, edad asociada a una mayor madurez de juicio. En latín, se les denominaba dens sapientiae, que significa "diente de la sabiduría", origen del término en español y otras lenguas latinas. Este mismo concepto se encuentra en otros idiomas, como el inglés ("wisdom teeth").
Su ubicación es distal y profunda en la boca, en la posición más alejada de la línea media, como corresponde al tercer molar. En un número cada vez más creciente de seres humanos los molares del juicio no llegan a formarse y aunque se formen, frecuentemente, se quedan incluidos en el interior de los maxilares de manera completa o parcial, produciendo diversos tipos de accidentes y complicaciones clínicas, de manera que podemos afirmar que más del 80 por ciento de las personas acaban teniendo algún padecimiento con sus molares del juicio a lo largo de su vida, como a buen seguro conocen, por experiencia propia y de sus seres cercanos.

La Evolución de la Dentición Humana
Es un hecho científicamente contrastado que todos los primates de la historia han tenido 32 dientes en su edad adulta, incluido el ser humano. El famoso antropólogo español contemporáneo Juan Luis Arsuaga postula que todos los hominoideos, la superfamilia que agrupa a los humanos y a los simios, muestran molares muy similares y característicos, con unas cúspides organizadas como pequeñas colinas separadas por una especie de valles dispuestos según un patrón propio y exclusivo.
Por sorprendente que pueda parecer, ningún otro tipo de mamífero, ni de primate, exhibe en sus molares este esquema de cúspides. Este modelo de especialización de los dientes molares indica que los hominoideos constituyen un clado, un grupo natural, y tal carácter derivado es herencia de un antepasado común que vivió en África hace veinte millones de años.
Los principales postulados científicos se orientan a que el esqueleto facial de los primeros homínidos tenía mandíbulas y maxilares superiores más largos y anchos con mucho espacio para albergar a todos los dientes molares, cuya función esencial era masticar y triturar el follaje, compensando así la incapacidad para digerir eficientemente en su aparato digestivo la celulosa de que se compone la pared celular de las plantas.
Ciertamente, en la evolución humana, el tamaño de los dientes ha ido progresivamente dejando de ser tan importante para cumplir con su función masticatoria pero los terceros molares o muelas del juicio han seguido manteniéndose. El hecho de ser los últimos en erupcionar, teniendo además que hacerlo en unos maxilares cada vez más reducidos y estrechos, activó la señalización de la selección natural y comenzaron a involucionar.
Hoy sabemos que el proceso que se inició con la reducción de su tamaño por disminución de la carga de su función, continuó posteriormente con su progresiva desaparición. Todavía estamos inmersos en este proceso que requerirá aún varios cientos de miles de años.
De hecho, en la actualidad, diferentes poblaciones humanas difieren mucho entre sí en el desarrollo de sus dientes del juicio. A manera de ejemplo, su ausencia (agenesia) oscila entre un 0,2 % entre los habitantes de Tasmania hasta casi el 100 % de determinadas poblaciones indígenas de Méjico.
Según Sputnik Stanislav Drobishevski, profesor del departamento de Antropología de la Facultad de Biología de la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú, los terceros molares desaparecerán por completo en los humanos al igual que antes se perdió la cola dorsal en el proceso de la evolución que nos dejó remanentes el sacro y el coxis, las últimas vértebras de la columna vertebral.
En el año 2007, Kathryn Kavanagh, bióloga del desarrollo de la Universidad de Massachusetts en Dartmouth, propuso un modelo físico teórico para el desarrollo de la dentición en los mamíferos. Partiendo de datos obtenidos en ratones, explicaba sus resultados, que eran bastante complicados, con un modelo simple de “inhibición en cascada” que básicamente consiste en que cuando un diente se desarrolla, emite sobre su vecindad señales activadoras o inhibidoras resultando el tamaño de los dientes vecinos del balanceo entre ambas señales.
En síntesis, la explicación de ello residiría en el hecho de que en los homínidos más primitivos, los más próximos al chimpancé, la variación en el tamaño y las formas relativas de sus molares estaba en función relativa de la posición y tamaño de los maxilares con unas proporciones constantes entre ellos, incluso con una tendencia a disponer de más especio en la parte posterior de la boca que justificaría el gran tamaño del tercer molar en aquellos homínidos.
Pero con el surgimiento de nuestro género Homo, estas reglas generales se vieron interferidas porque los tamaños relativos de los dientes comenzaron a verse afectados por la reducción del tamaño global de los maxilares en el contexto de la cara moderna. De acuerdo con ello, los dientes del juicio nos enseñan que no estamos siendo víctimas de una involución maliciosa sino de unas reglas de función explicables por las matemáticas desde que nuestra cara se modernizó.
En definitiva, no nos debe de extrañar si dentro de 400.000 años los seres humanos solo cuentan con 28 dientes al haberse perdido de manera definitiva los cuatro terceros molares. Esperemos que para entones no nos haya abandonado también con ellos el juicio que siempre les acompañó en la especie humana. La predicción científica es que, entonces, pasarán a conocerse como cordales o muelas del juicio a los segundos molares.
8 razones para quitarte las muelas del juicio
La Medicina Tradicional China (MTC) y los Dientes
La acupuntura, y en concreto su visión desde la medicina tradicional china (MTC), nos enseña a través de los meridianos energéticos que el cuerpo esta intercomunicado a todos los niveles, ya estemos hablando de su parte física, biológica, psíquica, emocional o espiritual. Estos mapas corporales los encontramos en zonas como en la lengua, en el pabellón auricular, en las manos, en los pies, en la cara, en los ojos, en la espalda y en el abdomen, permitiendo actuar en cualquier parte del cuerpo desde distintas zonas alejadas entre sí.
No obstante la MTC describe otro mapa más, el cual en los últimos años ha ido cogiendo una mayor relevancia tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Es el mapa de los dientes, que representa a cada uno de los órganos, de sus funciones, y de sus características psíquicas y emocionales del cuerpo. Los dientes son huesos que están en el exterior del cuerpo. El resto de huesos los tenemos en lo más profundo, en el interior, y no los podemos ver.
Los dientes se van a relacionar energéticamente mediante una correspondencia con el resto del cuerpo a través de una expresión física, psicoemocional y espiritual. En nuestra boca tenemos 32 dientes que están divididos en cuatro cuadrantes, la mitad están en el maxilar superior y la otra mitad en el maxilar inferior. Los dientes incisivos centrales tienen su correspondencia orgánica con el riñón y la vejiga. Los caninos se corresponden con el hígado y la vesícula biliar. Los premolares con el pulmón y el intestino grueso. Los molares con el estómago y el bazo páncreas, y las muelas del juicio con el corazón y el intestino Delgado.
| Dientes | Correspondencia Orgánica (MTC) |
|---|---|
| Incisivos Centrales | Riñón y Vejiga |
| Caninos | Hígado y Vesícula Biliar |
| Premolares | Pulmón e Intestino Grueso |
| Molares | Estómago y Bazo Páncreas |
| Muelas del Juicio | Corazón e Intestino Delgado |
El Significado de la Boca y los Dientes
La boca, junto con los dientes, se encuentra en la cara y muestra una gran carga simbólica. A través de ella podemos respirar, también expresamos emoción, nos comunicamos con ella a través del lenguaje que nos permite expresar como nos sentimos; así mismo podemos cantar y manifestar alegría, o reírnos, gritar y mostrar enfado. La boca nos permite producir saliva cuando algo nos gusta y entonces decimos que la boca se nos hace agua.
Cuando desplazamos la mandíbula hacia adelante decimos que ponemos morro en el asunto. Si se presiona la musculatura facial labial decimos estar de morros o enfadado. Cuando tenemos que aguantar una circunstancia desagradable decimos que nos tragamos un sapo. Si apretamos la mandíbula estamos reprimiendo alguna situación.
Podemos encontrar un sinfín de expresiones que explican como nos encontramos en cada preciso momento y la mayoría de las veces es de forma inconsciente. Tenemos una lectura corporal facial inconsciente que nos permite con ello experimentar los distintos niveles de relación y función humana. La boca junto con los dientes juega un papel importante en su significación.
En la boca también se realiza el primer paso del proceso digestivo para poder alimentarnos correctamente, tanto en el plano físico cómo emocional. Con la lactancia se empieza a estimular todo este sistema y, ya de mayores, con los dientes bien formados, desgarramos la comida y la trituramos, originando a su vez una carga iónica entre las piezas dentales que será recibido por el alimento para su mejor proceso digestivo.