La expresión "con la esperanza entre los dientes" evoca imágenes de resiliencia, lucha y la tenaz persistencia del espíritu humano en medio de la adversidad. Exploraremos el significado de esta frase, así como su resonancia en diferentes contextos culturales e históricos.
Para entender mejor esta expresión, podemos analizar la obra de John Berger, un escritor que se sumerge en las historias de la gente y las relata con gran profundidad. Su voz libre, clara, directa y práctica, es lo contrario de muchos críticos e intelectuales de la época.
Berger, un intelectual universal, a pesar de que una parte muy importante de su obra fue escrita fuera de Inglaterra, es uno de los intelectuales británicos más influyentes de nuestro tiempo. Heredó de George Orwell, su mentor en las páginas de Tribune, la preocupación por evitar los clisés, las metáforas manidas, el lenguaje perezoso. Lejos del dogmatismo y de las modas intelectuales al uso, formado en el humanismo marxista, sigue reivindicándose como tal.
En el texto "Donde hallar nuestro lugar" que forma parte del libro Con la esperanza entre los dientes, el autor escribe: “Alguien pregunta: ¿sigues siendo marxista? Sus raíces intelectuales, empero, son mucho más bastas.
La obra de Berger es visceral y apasionada, aúna la más lúcida perspectiva literaria con el más reflexivo activismo político y social y sugiere el pensamiento y la acción que podrían ayudar a acabar con la injusticia y el sufrimiento en el mundo. John Berger analiza la esencia del terrorismo y el drama del desarraigo de millones de personas que se han visto obligados por la pobreza y la guerra a vivir en calidad de refugiados.
Su mirada implacable ilumina la situación de Afganistán, Irak, Palestina, Serbia, Bosnia, China, Indonesia, y todos aquellos lugares donde la gente se ve privada de la más básica de las libertades.Con la esperanza entre los dientes es un polémico e incisivo retrato de nuestro tiempo, una profunda meditación acerca del significado actual del compromiso político.
El Significado de la Expresión en el Habla Cotidiana
La expresión "con la esperanza entre los dientes" puede interpretarse de diversas maneras, dependiendo del contexto. Generalmente, implica una situación en la que alguien se aferra a una pequeña posibilidad de éxito o mejora, a pesar de las circunstancias desfavorables. Es una forma de expresar que, aunque la situación sea difícil, no se pierde la esperanza por completo.
Por ejemplo: «Mientras no te despidan, te puedes dar con un canto en los dientes». O clavarte un tenedor en la palma de la mano, que también da mucho gusto. Esta peculiar forma de mostrar conformidad y alborozo, ¿de dónde nos habrá salido? Según Buitrago, la expresión es algo así como decir "si me ocurre algo bueno, aunque sea poco, hago penitencia"...Y claro haciéndolo con autotortura.
Según el DRAE, el golpe con el canto nos lo podemos dar en otras partes del cuerpecito: «en los nudillos», «en los pechos»... ¡Qué satisfacción! Pues sí, los penitentes tienen estas costumbres; muy respetable, desde luego. Se flagelan, se colocan cilicios, pasan gazuza, duermen sobre camas con pinchos, caminan con las rodillas,... Claro, luego van al médico quejándose de que les duelen las manzanas.
No pierdo la esperanza, Mireille, de que podamos concretar algo más sobre el origen. Por lo que encuentro en la red (no me fío, y no es la Wiki, pero puede obeceder al origen) los moros y los judíos celebraban un ritual cuando sucedía alguna desgracia, en dicho ritual se golpeaban el pecho mientras rezaban ¡se daban con una piedra en él! mientras entonaban el "mea culpa" por haber desaprovechado la ocasión. De la piedra, el canto, y leyendo esto, me parece que no obedece al significado actual.
La frase alude a cierta ceremonia rutinaria que moros y judíos llevaban a cabo cuando sobrevenía algún mal o se producía alguna desgracia. Se golpeaban el pecho mientras rezaban. Como cuando en la liturgia cristiana se acompaña el mea culpa con leves golpes de pecho. Esta expresión es un antecedente de la que se utiliza en la actualidad: darse con un canto en los dientes, entendiendo canto en su acepción de canto rodado, trozo de piedra.
Encontré esta página (- 508 -), que lamentablemente no habla del origen de la expresión. Ana Belén. Título: ¿Antagónico o anacrónico? No sé el origen, puede ser una derivación de lo encontrado por Seiji pero en todo caso será anacrónico (fuera del tiempo) pero no antagónico (lo contrario).
Cuando he escrito que no entiendo el origen de esta expresión y el significado actual, me estoy refiriendo a que si antes se "mortificaban golpeándose con un canto en los pechos" y no precisamente para conformarse, el origen no tendría nada que ver con el significado que hoy tiene que no es otro que resignarse, luego es antagónico, puesto que en su origen no se conformaban y según lo entiendo yo ahora sí, vamos que mal de muchos consuelo de tontos.
Visto que las palabras se nos niegan, va tocando ya poner una imagen. Y ninguna mejor que la de san Jerónimo, doctor de la Iglesia, nacido en Dalmacia hace unos cuantos años. Concretamente, en el 347. No le falta detalle al santo: sombrero, león, libro y calavera.
No será la primera vez que, en nuestro idioma, nos encontramos con usos hiperbólicos, paradójicos o contradictorios. Así, aunque carezca de toda lógica, hemos llegado al absurdo de expresar nuestro contento por un suceso, autolacerándonos con fruición en ese excesivo y gratuito (al menos, extemporáneo) gesto expiatorio.
Esa es una excelente referencia en la historia de la expresión sobre la que preguntaba. Si a finales del siglo XVI, ya estaba feo que los penitentes se dieran golpes con piedras en el pecho, podemos aventurar que, anteriormente, hubo mortificaciones mucho más severas en el seno de las congregaciones religiosas.
La Esperanza en la Cultura y la Religión
La esperanza es un tema recurrente en la cultura y la religión. En muchas tradiciones religiosas, se considera una virtud fundamental que ayuda a las personas a superar los desafíos y a mantener la fe en un futuro mejor. La esperanza puede ser vista como una fuerza motivadora que impulsa a las personas a seguir adelante, incluso cuando las cosas se ponen difíciles.
La Virgen de la Esperanza es una Dolorosa de candelero de evidente y manifiesta proyección devocional, lo que significa fundamentalmente que se trata de una escultura que tiene tallada únicamente el rostro y las manos, concebida con el fin primordial de provocar la devoción del fiel, expresando su tristeza de forma serena, sin gesticulaciones ni aspavientos, pero ampliamente reconocible por las lágrimas de cristal que surcan sus mejillas y el pañuelo de encaje que lleva en la mano (manípulo) para enjugar el llanto.
Sin duda alguna, sin un planteamiento general en torno a la imaginería procesionista del Barroco, difícilmente podríamos apreciar y valorar en su verdadera y exacta dimensión el estudio iconográfico de la Virgen de la Esperanza (imagen creada, como ya se ha reseñado, en torno al año 1641).
Concretándonos a sus características concretas y determinadas de Virgen Dolorosa, hay que indicar una vez más que se trata de una “escultura de candelero” con una altura total de 1,67 m, (la devanadera se sitúa a 1,10 m.), presentando una cabeza de tamaño natural de fina forma ovalada (20 cms. de altura y 10 cms. de anchura media), con un rostro (mascarilla) de delicado modelado y artística policromía, mientras que la parte trasera (zona craneal) aparece tan solo formalmente asiluetada (armazón osamental) para ser cubierto con peluca natural recogida en su parte posterior. Así mismo, las orejas están también talladas, aunque intencionadamente tratadas por el anónimo escultor del siglo XVII como “objetos anatómicos de bulto”, sin apenas detalle y policromía, con la intención de enmarcar mejor la caída del cabello natural, costumbre habitual en las imágenes religiosas de estas peculiaridades.
La posición de su cabeza es marcadamente frontal e inclinada levemente hacia adelante en un deseo de comunicación y diálogo con el fiel. Al mismo tiempo, su delicada cara, realzada por la elegancia plástica del cuello, es de profunda belleza -¡guapa! como con acierto y espontaneidad la piropea el sentir popular malagueño-, dejando bien conjugado con su gesto de pena y tristeza. Sus grandes ojos (postizos y de cristal) son de profundas pupilas negras, que realzan en gran parte su atractiva belleza, con la mirada un tanto absorta en la distancia inmensa de su soledad. El brillo del cristal amortiguado por las pestañas de pelo natural humaniza en gran medida su triste expresión, que alcanza su máximo grado y exteriorización con las lágrimas transparentes de cristal que al recorrer parte de la blandura de sus mejillas, adheridas a la encarnadura, dejan un visible surco de dolor (son un total de cinco lágrimas: tres en la mejilla derecha y dos en la izquierda).
En este sentido cabe recordar aquí el comentario de Orozco Díaz en torno a los postizos de las lágrimas, aunque en su caso, aplicado a las Dolorosas barrocas de la escuela granadina (a la que, como es sabido, se vinculó en gran medida la ciudad de Málaga a través de la destacada figura de Pedro de Mena). Dice así:“Se puede decir de estas Vírgenes granadinas que el único gesto hacia afuera, la única exteriorización de su dolor son las lágrimas: quizá lo que más hondo dice del dolor femenino.
Se trata de un recurso postizo, de algo que cae fuera de lo propiamente escultórico, y sin embargo, si secáramos el rostro de estas Vírgenes granadinas (en nuestro caso, el de la Virgen de la Esperanza de Málaga), le quitaríamos casi la mitad de su expresión. Por eso se agrisan y pierden cuando no se las ve de muy cerca: porque lo único que tienden hacia afuera desaparece. Están ejecutadas a base de gruesas pinceladas en tono pardo oscuro, difuminándose hábilmente en algunos momentos con la elegante policromía de sus carnaciones.
La nariz, de buen dibujo y modelado, es fina y rectilínea sin apenas formar ángulo con la frente. Asimismo, la boca, de armonía equilibrada, permanece ligeramente entreabierta asomando entre sus blandos labios la fila de dientes tallados. La expresión es de suave tristeza al no presentar la boca manifiesta deformación anatómica (leve apuntamiento de la comisura de los labios hacia abajo), con elegantes labios carnosos en los que la específica policromía del claro bermellón se funde suavemente con la carnación del resto de la boca.
Finalmente, el mentón o barbilla es de una gran delicadeza de ejecución por su blanda y femenina conformación oval, uniéndose en correcta anatomía al fino y elegante cuello (en gran parte restaurado por Luís Álvarez Duarte). Sin duda alguna, el detenido estudio de los rasgos anatómicos del rostro de la Virgen de la Esperanza (tan sólo desde una perspectiva escultórica y pictórica), nos lleva claramente a la deducción de que se trata de una Virgen Dolorosa donde se han cuidado más los elementos estéticos que trágicos, resultando por tanto una imagen de gran belleza y hermosura plástica en la que levemente se apunta un cierto sentimiento de dolor, más manifestado por algunos de sus postizos (lágrimas de cristal) que por la propia conformación anatómica de la talla.
La actuales manos de la Virgen de la Esperanza, talladas por Luis Álvarez Duarte en 1969, responden al mismo criterio gestual que las antiguas procesionadas desde el comienzo del presente siglo, es decir, abiertas y con los dedos excesivamente largos y flexionados en una abierta actitud coloquial, según es habitual en la Vírgenes Dolorosas de nuestras Cofradías y Hermandades de Pasión, respondiendo así a un manifiesto deseo de comunicación con el fiel y el hombre de la calle en general que presencia el paso de la procesión.
Aparece siempre en su mano derecha un artístico pañuelo de encaje o de seda. Tras habernos acercado a un minucioso estudio de cada uno de los rasgos anatómicos de la imagen de la Virgen de la Esperanza (concretados a su rostro y a sus manos), en necesario dejar bien claro que aún así no es total su descripción iconográfica, pues, como es sabido, no es sólo la madera policromada sino también el ropaje natural y los elementos de orfebrería que la envuelven (fundamentalmente corona y atributos específicos).
Según Sánchez del Arco, en la imagen procesionista, “no sólo es tallar, también hay que vestir al santo, y ésta es obra que requiere un gran tino”.El anacronismo es fácil, y lo que es peor, el agrio colorín, el ridículo y la nota que produce la exclamación irreverente. No es sólo procesión de imágenes en talla policromada, en la que el artista que la concibió sabe bien cómo ha de terminar su obra. Hay que vestir la hechura dolorosa, la hechura de tristeza, completando con telas naturales (y elementos de orfebrería) la obra del escultor”.
Sin duda alguna, la imagen de la Virgen de la Esperanza (como todas las “esculturas marianas de candelero” que conforman la Semana Santa malagueña) no es tal imagen, ni plástica ni iconográficamente completa, sin el bello revestimiento natural (bordados y joyas) que la define y sublima en todo su realismo y espléndida hermosura procesionista.
Es obvio que el atuendo de las Vírgenes Dolorosas malagueñas ha evolucionado con el paso del tiempo, adaptándose al gusto estético de cada momento con lo que ha ido imprimiendo una nota más de naturalismo cotidiano a las imágenes procesionistas. Así, concretándonos a la Virgen de la Esperanza, ni la ropa, ni su color, ni, sobre todo, la disposición del “tocado” fue siempre como ahora. En efecto, con tan sólo repasar ligeramente las viejas fotografías de principios del siglo XX, comprenderemos con facilidad los radicales cambios habidos en este sentido, aún siendo la misma talla.
De esta forma, la imagen de la Virgen de la Esperanza se procesionaba hacia el año 1906 sobre el denominado “trono de las estrellas” rigurosamente vestida de luto, con una holgada túnica y un manto negro de media cola, sin tocado ni “toca de sobremanto”, permaneciendo en gran manera el secular gusto de los sencillos y a la vez ampulosos ropajes de las Dolorosas de medio cuerpo del escultor granadino Pedro de Mena (1628-1688), esculturas de talla completa de gran proyección devocional en la Málaga barroca.
A partir de la segunda década del presente siglo, la imagen de la Virgen de la Esperanza fue paulatinamente barroquizando su indumentaria al estilo de la Virgen Macarena de Sevilla, según se reflejaba con insistencia en la prensa malagueña de entonces tal y como ya se ha reseñado. Sin duda alguna, la indumentaria actual de las imágenes marianas de las Cofradías y Hermandades de Pasión, aunque es convencional y ecléctica al entremezclarse lo profano con lo religioso y lo cortesano con lo popular, es uno de los grandes aciertos del procesionismo semanasantero del siglo XX, sobre todo en Andalucía (con su centro en Sevilla), siendo una manifestación artística tan válida e importante como la propia talla (a pesar de su condición efímera y mutable), al ser un compendio de refinamiento, buen gusto y piedad que se hace fácil y sensible para una mejor lectura y comprensión iconográfica de la devoción popular.
Así, pasados los primeros años de la década de los cuarenta en la que la Virgen de la Esperanza se procesionó con atuendo de gran sencillez por las conocidas circunstancias en que se encontraba la ciudad de Málaga (tan sólo con una mantilla de encajes en la cabeza rodeada con un simple halo circular con doce estrellas, y recogido al brazo un manto verde sin bordados), a partir de 1945 se iría operando progresivamente un cambio notorio, con un claro acercamiento y aceptación definitiva de la estética sevillana (a igual que el resto de las Dolorosas malagueñas), hasta alcanzar su máximo grado de elegancia en torno a la década de los años setenta, manteniendo ya tan cualificado nivel de ornamentación hasta nuestros días.
Y todo ello gracias a un buen escogido grupo de “artistas” (vocablo en toda su acepción) que desde los años de la posguerra hasta hoy, han contribuido y siguen contribuyendo con su habilidad, duende y destreza a realzar la belleza de nuestra bendita y querida Virgen de la Esperanza, valorando positivamente al anónimo artista del siglo XVII que la labró y, sobre todo, contribuyendo con su “especial arte” a su mayor devoción. Es, por tanto, justo que se recuerde en estos momentos sus nombres por tan cualificado y a la vez trabajo de exorno en torno a la Esperanza Coronada. Son por orden de antigüedad, los siguientes: Antonio Bujalance, Lola Carrera de Gómez Raggio (“Nazareno Verde”), Manuel Mendoza Ordóñez, María Dolores Ruiz del Portal, Maria Isabel Cazenave Quero, Maria Isabel Castilla Farelo, y en la actualidad, Juan Francisco Leiva Aguilar.
Ahora bien, dentro del arte de “vestir a la Virgen”, aunque todo el arreglo de su vestimenta es tarea difícil y complicada, lo es mucho más la realización del tocado que enmarca su rostro y constituye, según ya se ha mencionado, la prenda más complicada y peliaguda de colocar.
Sin duda alguna, una de las más bellas descripciones que se han escrito sobre tan engorrosa labor de “vestir a la Virgen”, ha salido de la grácil pluma del conocido “Nazareno Verde” que, por haber llevado sobre sus hombros durante muchos años tan responsable misión de “adecentar a la Señora, la Virgen de la Esperanza, para acompañar a su Hijo“, no nos resistimos a exponerla aquí, sirviendo a la vez como justo y cariñoso homenaje a todos los malagueños (y fundamentalmente los cofrades en particular) al cada vez más numeroso grupo de “artistas vestidores” de nuestras Dolorosas que, con su paciente y amoroso trabajo, hermo sean y dignifican al máximo la religiosidad procesionista del pueblo de Málaga.
“La imagen comienza a ser desnudada por las camareras hasta dejarla en “devanadera”. Pero, jamás se verá el entramado de madera y lonas con lo que va compuesto este artilugio, ya que pegado a él lleva un forro de tela en forma de enagua, el cual nunca se desprende de la imagen. Solo en caso de restauraciones o arreglos especiales. Una vez colocada la camisa y enaguas, abrochados los botones, ajustados presillas y lazos, se le pondrá (siempre con alfileres), primero el pecherín o corpiño, luego los manguitos y después las mangas, para terminar con la falda y el cinturón, fajín (si es que lo lleva), o cinturilla. Hecho todo este arreglo vendrá el peinado. La cabellera suelta (el pelo llega a mitad de la espalda), es cepillada cuidadosamente, peinada con todo amor y esmero, para terminar haciéndole un moño bajo, sujeto con horquillas y envuelto en una fina redecilla para evitar que se caiga el rodete.
Cuando la Virgen está vestida, ya pueden entrar los hombres, el paso es libre y abierto el “stop” que existía mientras a la Señora la estaban poniendo más guapa todavía.Hasta aquí, como podemos apreciar, cualquier persona puede vestir a la Virgen, pero es ahora después de esta ceremonia cuando viene la parte delicada y difícil, y lo que hará que esa imagen tenga personalidad y cierto sello maestro. “Vestir a la Virgen”, en el argot cofradiero, no es ponerle la saya o la ropa interior que eso cualquiera lo hace.
“Vestir a la Virgen” es saber ponerle el tocado, colocarle la toca y la corona, y hacerle bien los pliegues del manto. Ahí está la explicación del arreglo y ahí reside la gracia. La persona encargada de esta tarea empezará a luchar con quince o veinte metros de encajes, mantillas, puntillas de oro, alfileres,… Esta persona tiene que ir enmarcando el rostro de la Señora, “haciendo el pecho” de bullones, de rizos, cruzado… ¡la locura !Solo el que viste a una Virgen sabe el trabajo que supone esta tarea.
Labor de paciencia el tocado de la Virgen. Letanía malagueña-andaluza que seguramente le hará sonreír a María allá en el cielo. La Virgen ya lista -con pañuelo y rosario en sus manos- solo espera ser llevada al trono en donde el manto, la toca y la corona le será puestos por la misma persona que hizo el tocado.
Cuando toda esta ceremonia ha terminado -y antes de su traslado al trono-, se le reza el rosario o alguna oración, y nadie de los allí presentes -nadie- se acordará al verla que la imagen es de “devanadera” forrada, o que lleva tantos o más alfileres, o que puede hacerse este o aquel apaño para ocultar algún defecto. Es el día radiante en el que se nos presenta con mayor belleza y hermosura a la Virgen de la Esperanza. Nos la imaginamos, pues, rutilante y esplendorosa con su suntuosa corona imperial de oro, sensible símbolo de su realeza aún en medio de su dolor, ya que nos gusta contemplarla como Corredentora y Reina a la vez, coronada por el amor de sus hijos redimidos (“Re...
Así, podemos interpretar la expresión "con la esperanza entre los dientes" como una manifestación de la capacidad humana para resistir y perseverar, incluso en las circunstancias más difíciles. Es una expresión que nos recuerda la importancia de mantener la esperanza viva, incluso cuando todo parece perdido.
La estructura de los dientes puede llegar a ser una herramienta de autoconocimiento. ¿Te habías fijado alguna vez en la forma que tienen tus dientes? Seguro que leyendo esto observas tus dientes y compruebas tu personalidad.
- Cuadrada: personas calladas y tranquilas. Controlan sus sentimientos y emociones perfectamente y suelen ser muy objetivas al emitir juicios. Escuchan a ambas partes en los conflictos y son muy justas. Las mujeres con dientes cuadrados son las amigas perfectas. Son calmadas y transmiten paz.
- Oval: muy organizadas y con carácter artístico. Toda su forma de ser habla de ello: ropa, pelo o accesorios. Suelen encontrar la creatividad en lo más alocado. Tienen un gran afán en encontrar ese detalle que marca la diferencia. Son extremadamente tímidas y se expresan mediante el arte. Encuentran la belleza en cualquier cosa y son serviciales, comprensivas y amables.
- Triangular: son algo despreocupadas y le gusta vivir la vida con alegría y viviendo el momento. Muy dinámicas, optimistas, divertidas y creativas. Suelen ser personas muy queridas, tienen un carácter sociable y son habladoras y sonrientes. Son personas que transmiten esperanza. Dan importancia a las pequeñas cosas de la vida.
- Rectangular: se saben enfocar en las soluciones de los problemas de los demás. Son personas enérgicas, muy prácticas y suelen tener grandes ideas. Son enérgicas y fuertes a la hora de tomar decisiones y son un ejemplo a seguir para compañeros y familiares. Pueden ser tachados de egocéntricos o vanidosos. Perfeccionistas y trabajadores casi siempre gozan de la estima y respeto de los demás.
Seguro que coincides en algunas cosas.
| Forma de los dientes | Características de la personalidad |
|---|---|
| Cuadrada | Calladas, tranquilas, objetivas, justas |
| Oval | Organizadas, artísticas, creativas, tímidas |
| Triangular | Despreocupadas, alegres, dinámicas, optimistas |
| Rectangular | Enérgicas, prácticas, con grandes ideas, perfeccionistas |
En resumen, la expresión "con la esperanza entre los dientes" es un recordatorio de la importancia de mantener la fe y la esperanza, incluso en los momentos más difíciles. A través del análisis de la obra de John Berger y la exploración de diferentes perspectivas culturales y religiosas, podemos apreciar la profundidad y la resonancia de esta poderosa expresión.
