España, junto con Italia y Grecia, destaca por su rica biodiversidad ofidia en Europa, gracias a sus climas mediterráneos. Entre las 11 especies de culebras que habitan la Península Ibérica, la culebra bastarda (Malpolon monspessulanus) sobresale por su tamaño, belleza y carácter distintivo.

De las 11 que veremos, solo hay dos especies moderadamente venenosas: la culebra de cogulla y la culebra bastarda.
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Características Físicas
Los adultos pueden superar fácilmente los 2 metros de longitud, aunque lo más común es que midan alrededor de 1,5 metros. Individuos excepcionales pueden alcanzar hasta 2,55 metros, convirtiéndola en la especie más grande de la Península Ibérica.
Su cabeza presenta un aspecto característico, con ojos grandes y escamas supraoculares salientes que forman una prominente "ceja", dándole una mirada penetrante. La escama frontal es estrecha. Posee 8 escamas supralabiales, de las cuales la 4ª y la 5ª bordean el ojo. Las escamas dorsales son lisas, con arcos pero nunca carenadas, formando entre 17 y 19 hileras en el centro del cuerpo, con 160 a 189 escamas ventrales. La cola representa aproximadamente 1/4 de la longitud total.
El dorso es de color oliváceo o pardo claro, generalmente uniforme, con una zona de manchas negruzcas muy características en el tercio anterior. Las partes inferiores son amarillentas con un ligero moteado oscuro. Los jóvenes presentan entre 5 y 7 hileras de manchas oscuras a lo largo del cuerpo, siendo más grandes las del centro del dorso que las de los flancos.

Hábitat y Distribución
La culebra bastarda tiene una distribución típicamente perimediterránea, ausente en la Península Itálica. Se encuentra en casi toda la Península Ibérica (excepto en la Cornisa Cantábrica), el sur de Francia y el sur de Grecia, así como en el norte de África. Se extiende hacia el interior hasta donde llega el clima de influencia mediterránea.
Prefiere zonas de matorral con cobertura media y baja, y espacios abiertos. Habita en todo tipo de biotopos por debajo de los 2.160 metros de altitud, siendo frecuente en medios de origen antrópico como cultivos, construcciones y basureros. Es común en huertas y zonas de regadío, aprovechando la alta densidad de pequeños mamíferos.
Distribución en la Península Ibérica

En la provincia de Málaga, la culebra bastarda es una especie muy extendida, aunque más frecuente en las zonas mejor conservadas y sistemas montañosos, y más escasa en los medios más alterados como campiñas agrícolas y la Costa del Sol.
Comportamiento y Alimentación
La culebra bastarda es una especie terrestre poco trepadora, con actividad diurna. Es muy activa y agresiva. Se alimenta de pequeños mamíferos (hasta gazapos de conejo), aves y lagartos, capturando los jóvenes principalmente lagartijas e invertebrados. Es muy generalista en su dieta, pues hasta ahora se han descubierto más de treinta especies presa sobre las que depreda.
A lo largo de su desarrollo, muestra una importante modificación en la alimentación, y especialmente en la talla de estas presas: desde los ortópteros, lagartijas y otros invertebrados, sobre los que depredan los ejemplares recién nacidos, hasta los conejos de mediano tamaño sobre los que predan los machos de mayor talla, pasando por otros ofidios y aves. No necesita beber para mantener su peso corporal, pues obtiene suficiente agua de sus presas.
Posee dientes venenosos en la parte posterior del maxilar superior (opistoglifa). Sin embargo, es difícil que éstos lleguen a ser efectivos al morder al humano, ya que se encuentran muy retrasados. No obstante, las mordeduras de los ejemplares grandes pueden llegar a hacer pequeñas heridas dolorosas.
Reproducción
La actividad de la especie comienza a mediados de marzo. El período de celo se produce durante mayo y junio. Durante la época de celo, los machos suelen combatir mediante luchas no cruentas, en la que resulta vencedor el que permanece "de pie", dejando su cabeza más alta que el perdedor que queda recostado en el suelo. El cortejo incluye comportamientos tan elaborados como el "regalo" de presas a la hembra por parte del macho.
La cópula se realiza en los meses de abril o mayo, y en junio-julio tiene lugar la puesta, que consta de un máximo de 18 huevos, aunque una puesta normal es de 4 a 11 huevos. Unos 20-30 días después del apareamiento la hembra deposita entre 3 y 15 huevos en algún lugar húmedo y soleado (bajo hojarasca, en huecos entre piedras, escombreras, bajo troncos, madrigueras de conejos o nidos de abejarucos abandonados ). Entre mediados de agosto y septiembre nacen las crías, que tienen una talla muy pequeña (20-30 cm) respecto a la de los adultos.
Comportamiento Defensivo
Es una serpiente que usa su cola para la defensa, lanzando fuertes latigazos con su cola, cuando es atrapada por la cabeza. Posee una tremenda fuerza y agilidad, siendo su principal mecanismo de defensa, la huída, aunque es bastante agresiva si se ve acorralada, en estas ocasiones, si no se da otra opción, puede levantarse resoplando e hincharse, avisando así, de la posibilidad de lanzarse e intentar morder a su agresor.
Amenazas y Conservación
La culebra bastarda no está incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, pero parece estar en regresión debido a la alteración de su hábitat, la reducción de presas, el elevado número de atropellos que sufre e incluso la persecución directa, al ser considerada venenosa o un animal que consume muchas piezas de caza menor.
Confusión con Otras Especies
Se puede confundir con los adultos de la culebra de collar, que son también verdosos y usualmente han perdido ya el collar. La culebra de collar tiene las escamas muy aquilladas, el iris anaranjado y una cabeza grande y ancha, con una escama frontal sólo un poco más larga que ancha (mucho más alargada en la culebra bastarda).
Curiosidades
En la cultura popular malagueña, la culebra bastarda se conoce como el saetón. Una de las creencias sobre esta especie hace referencia a su capacidad de perseguir y alcanzar al desdichado que la encuentra, mordiéndose la cola para formar una rueda y perseguir muy rápidamente y pendiente abajo a su víctima. Otra creencia le atribuye la costumbre de defenderse enterrando la cabeza para dar latigazos con la cola.
La realidad es que se trata de un animal muy huidizo, que siempre tratará de evitar el encuentro con personas. Y sólo cuando no lo consigue mostrará su agresividad, intentando entonces asustar con bufidos y movimientos de la cabeza a quien considera su agresor. La mordedura será siempre la última opción, normalmente motivada por la imprudencia de acercarse demasiado a ella.