La Influencia Española en la Historia de Estados Unidos

España dominó vastísimos territorios de lo que hoy son los Estados Unidos de América durante más de tres siglos. Desde que Ponce de León puso sus pies en la península de Florida en 1513 hasta que en 1821 se arrió la última bandera rojigualda, fueron 308 años de dominio hispano que se extendió desde el Atlántico hasta el Pacífico.

Mapa de las reclamaciones territoriales españolas en América del Norte.

La presencia española se extendió por la mitad de lo que ahora es Estados Unidos e incluyó una amplia franja en el sur norteamericano, en los actuales estados de Texas, Luisiana, Arizona o Nuevo México, pero también mucho más al norte, hasta la propia Alaska. Y es que, en su momento de máxima expansión, entre finales del s. XVIII y comienzos del s. XIX, los territorios españoles comprendían más de la mitad del actual Estados Unidos.

Los actuales estados norteamericanos de California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washington, Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma, Luisiana, Florida, Alabama, Misisipi y Alaska eran posesiones españolas que formaban parte del Virreinato de Nueva España. Lo mismo ocurría con la parte suroeste de Columbia Británica, dentro del actual Canadá.

Sin embargo, la posterior hegemonía anglosajona, primero en las colonias británicas de la costa este y luego en los Estados Unidos nacidos tras la Guerra de la Independencia (1775-1783), eclipsó esa importante parte de la historia norteamericana. Tampoco los españoles, más volcados en su legado en Iberoamérica, han prestado mucha atención a su pasado al norte de México y hoy son desconocidos para muchos de ellos grandes figuras de aquellos siglos como Pedro Menéndez de Avilés o Bernardo de Gálvez.

Una exitosa muestra reivindica el legado de nuestro país en la construcción de la que hoy es la mayor superpotencia mundial, determinante en su urbanismo y sus tradiciones, especialmente en el Sur. Y es que, en buena medida, Estados Unidos ha sido diseñado por España.

En el momento en el que la primera potencia mundial alcanza la independencia, en 1783, tres cuartas parte de lo que hoy es su territorio (excluida Alaska) están bajo soberanía española, “es soberanía más conceptual que real“.

España nunca tuvo un gran interés en lo que hoy es Estados Unidos, en buena medida porque no había ni oro ni plata. La colonización más efectiva de la región sólo se llevó a cabo en el siglo XVIII en lo que hoy es California, y fue en parte para frenar el avance de Rusia, que iba bajando desde Alaska en dirección a México y sus minas de plata. Pero, aun a pesar de ese escaso interés, la presencia española en Estados Unidos llega muy lejos.

La frontera entre Estados Unidos y Canadá está marcada por el Archipiélago de San Juan, que recibió ese nombre de manos del explorador gaditano Francisco de Eliza en 1791. España tuvo fuertes en Carolina del Norte, y exploró la Bahía de Chesapeake, junto a las ciudades de Washington y Filadelfia. La primera ciudad establecida en América del Norte fue San Agustín, en 1565, por el asturiano Pedro Menéndez de Avilés.

España fue el primer país europeo en establecerse en el territorio de los Estados Unidos y ha sido el que más tiempo se ha mantenido allí. Esta influencia se hace presente en campos muy diversos: desde la exploración y puesta en el mapa de su territorio, hasta la fundación de ciudades. Entre los siglos XVI y XIX -esto es, durante más de 300 años- la corona española gobernaba en casi todo el continente americano.

Y pese a lo prolongado de ese dominio, la presencia española en los actuales Estados Unidos y Canadá ha caído en un extraño -no por ello menos lamentable- olvido. Un olvido especialmente notable entre los propios españoles, que desconocen la inmensa huella de nuestros antepasados en aquellas tierras.

Están escritos en español los primeros informes que se conocen sobre la geografía, los aborígenes de Estados Unidos y sus respectivas lenguas. La primera partida de nacimiento registrada en el país fue la de un español. Manos españolas fundaron la primera ciudad: San Agustín en Florida, en 1565.

Es verdad que España no llegó a tener nunca en América del Norte la influencia dominante que tuvo en el Caribe, América Central y América del Sur, pero la huella dejada por los españoles sobre las tierras de América del Norte no ha sido menos profunda. Durante más de tres siglos, los españoles fundaron ciudades, misiones y fuertes, fortificaciones desde Texas hasta la mismísima Alaska, donde podemos encontrar topónimos españoles, como Valdéz o Córdova.

Dimos nombres españoles a islas y territorios más al norte de USA (Washington) canadienses, de islas de San Juan, López, Fidalgo, López y Cortés en Washington; Victoria e isla Galiano en Canadá; y Valdéz y Córdova en Alaska. Estos nombres hacen honor a gestas de otra época.

El primer occidental que pisó el territorio de los Estados Unidos y permaneció en él fue Ponce de León, a partir del 2 de abril de 1513. El primer libro redactado dentro de los confines del país se debió al hermano Báez, jesuita de las misiones de Georgia en 1569, y España también llevó a Norteamérica la primera representación teatral.

Más aún, el primer “Thanksgiving Day” de Norteamérica lo celebró Pedro Menéndez de Avilés tras fundar San Agustín de la Florida el 8 de septiembre de 1565, mediante una misa y una comida de hermandad celebrada entre españoles y nativos Saturiwa, 56 años antes que los peregrinos de Playmouth Rock. Y también el segundo, en este caso el 30 de abril de 1598, cuando 600 colonos españoles, encabezados por Juan de Oñate, atravesaron el río Grande en El Paso -Texas-, y celebraron junto con los indios Mansos el final de una larga travesía a través del desierto de Chihuahua.

El que los españoles fueran los primeros europeos que exploraban América del Norte marcó en buena medida el futuro de Estados Unidos. Como explica la exposición, la primera imagen de ese país fue la que los españoles tuvieron de él y transmitieron a Europa. De ahí se pasó al concepto del territorio y, finalmente, a las ciudades. A muchos estadounidenses les dejaría boquiabiertos descubrir que el diseño geométrico de sus cascos urbanos no es anglosajón, sino español.

El Gran Cañón del Colorado lo descubrió en 1540 el español García López de Cárdenas y Figueroa, lugarteniente de la expedición de Vázquez de Coronado. Álvar Núñez Cabeza de Vaca fue uno de los cuatro supervivientes de la expedición de 600 hombres y cinco barcos que Pánfilo de Narváez lideró en 1527. Aquella expedición, en la que Cabeza de Vaca fue alguacil mayor y tesorero, lo convirtió no sólo en náufrago, también en rehén de varias tribus indígenas. Comenzó ahí el calvario de su extravío, sobreviviendo por pantanos y desiertos durante nueve años, caminando más de 8.000 kilómetros a pie por Florida, Texas, Nuevo México, Arizona y California. En 1536 los cuatro fueron hallados por españoles y llevados a Ciudad de México, donde todos se maravillaron de su hazaña.

Durante muchos años el legado español se extendió a USA mediante los llamados Caminos Reales. Recientemente estos caminos han sido reconocidos como patrimonio de la Historia Norteamericana y ya forman parte del “National Park Service” de USA. Cada tres años se organizaban las “Conductas”, largas caravanas de carretas tiradas por bueyes. Las caravanas iban escoltadas por los Dragones de Cuera y su objetivo era transportar las familias de colonos españoles junto con frailes, plantas, semillas, cabezas de ganado, papel, tinta, etc.

Señalización del Camino Real en California.

La red de Caminos Reales permitió unir ciudades, asentamientos, fuertes y misiones y posteriormente también favoreció el establecimiento de nuevas comunidades.

El Camino Real era la vía de comunicación terrestre que unía las misiones de la Baja California y la Alta California, fundadas entre 1683 y 1834. Originalmente fue un camino de herradura, pero ha sido modificado y mejorado con los años. El significado del término «Camino Real» ha cambiado con el tiempo. En la época colonial española anterior, cualquier camino bajo la jurisdicción directa de la corona española y sus virreyes era considerado como un camino real.

Ejemplos de tales caminos corrían entre los principales asentamientos en toda España y sus colonias como la Nueva España. La mayoría de los caminos reales tenían nombres aparte del camino real adjunto. El nombre fue utilizado raramente después de eso y fue restablecido solamente en el período americano en relación con el boosterism asociado con el movimiento del resurgimiento de la misión del comienzo del siglo XX.

La ruta original comenzó realmente en Baja California Sur, México, en el sitio de la Misión de Nuestra Señora de Loreto Conchó, hoy día Loreto, (la primera misión establecida exitosamente en Las Californias). Hoy en día, muchas calles de California que siguen o corren paralelas a esta histórica ruta aún llevan el nombre de «El Camino Real». Parte de la ruta original también ha sido continuamente actualizada hasta que ahora es parte del sistema de autopistas modernas de California. Este fue el más importante de todos los Caminos Reales.

Otros nombres que recibía eran “Camino de Santa Fe” y “Camino de la Plata”. Este camino, duraba 6 meses, unía la ciudad de Méjico, en Nueva España (México) con Santa Fe en Nuevo Méjico (USA). Sus 2560 kilómetros de recorrido atravesaban las ciudades norteamericanas de Nuevo Méjico de San Juan, Santa Fe Albuquerque, El Paso; y las de México de, Juárez, Chiguagua, Durango, Zacatecas, Aguascalientes y Ciudad de México.

El Camino Real de los Tejas, como su nombre indica, fue el camino de penetración de los españoles en Texas. El Camino Real de los Tejas unía las misiones y los fuertes españoles desde Los Adaes, primera capital de la Texas Española (actual Luisiana) hasta Monclova (México). Era una derivación del camino Real de Tierra Adentro hacia Tejas; y tenía dos ramales llamados Camino de Arriba y Camino de Abajo. Durante el período colonial español, fue la principal ruta terrestre desde Rio Grande a La Luisiana. El recorrido sigue caminos y veredas inicialmente marcadas por los animales y después por los indios americanos durante sus cacerías.

El Camino Real de los Tejas constituyó un proyecto del imperio español en el Nuevo Mundo para frenar el expansionismo de Francia.

Una exposición sigue la huella española en el diseño de EEUU

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