Ciencia Sensible al Tacto: Definición y Significado

Tras despertar en la cueva de Montesinos, don Quijote se palpó el cuerpo para saberse real: «Con todo esto, me tenté la cabeza y los pechos, para certificarme si era yo mismo el que allí estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha», escribió Cervantes. Hay pellizcos que confirman la vigilia. Los pedimos, incluso, ante lo improbable: «Pellízcame, para que sepa que no estoy soñando». La mano palpa el bolsillo y el roce de los dientes de una llave confirma que la puerta no se ha cerrado para dejarnos sin un lugar al que regresar.

El tacto, también conocido como sentido somatosensorial, es uno de los cinco sentidos básicos del cuerpo humano. El tacto permite a los individuos sentir la presión, la temperatura, el dolor y la vibración. Una vez que estos receptores recogen la información, la transmiten a través de las fibras nerviosas a la médula espinal, que a su vez la envía al cerebro. No sólo juega un papel crucial en la percepción de nuestro entorno físico, sino que también tiene un papel importante en la comunicación no verbal y en el bienestar emocional.

El filósofo argentino Pablo Maurette cree que el tacto ni siquiera es un sentido, sino varios. Algunos se han referido al tacto como la sensibilidad en general. A veces solo tocando algo nos cercioramos de que existe. Eudiclea y el Quijote no son los únicos personajes que tocaron para reconocer un cuerpo y confirmar una identidad. Así ocurrió con Santo Tomás, que palpó las heridas de Jesucristo para asegurarse de que era él.

A menudo, vista y tacto colaboran. Para Maurette, la colaboración que establecen vista y tacto es esencial a la hora de confirmar una realidad o una presencia o de reconocer algo o a alguien. De esta colaboración surge, además, la memoria táctil: «A veces solo con mirar sabemos qué textura tendrá, si tocarlo o no. Tenemos como un repositorio de memoria táctil en el cual la vista colabora».

Aunque el historiador Aloïs Riegl escribiera que «solo el sentido del tacto nos ofrece la confirmación inmediata», ni siquiera este es infalible: si bien se habla de ilusiones ópticas y se tiende a omitir la ilusión táctil, la filósofa Ophelia Deroy considera que ambos sentidos están sujetos al delirio. A mucha gente le sorprende descubrir que el botón de sus teléfonos en realidad no se mueve cuando lo presionan.

Históricamente, la cultura occidental ha considerado la vista como el sentido más fidedigno y puro, mientras que ha relegado el tacto a un segundo plano del que apenas empieza a salir. El tacto, en cambio, está asociado con el mundo terrenal, con la suciedad y con el contagio. En este miedo al contagio algunos estudiosos han encontrado la razón por las que unas culturas son más reacias al roce de los cuerpos.

La palpación, o el uso del tacto en el diagnóstico médico, es una habilidad esencial en la práctica médica y se utiliza para evaluar la textura, tamaño, consistencia, localización de ciertos órganos, presencia de masas o nódulos, y para detectar dolor o sensibilidad.

La sensibilidad en medicina se refiere a la capacidad de un organismo para detectar y responder a cambios en su entorno interno o externo. Para empezar, la sensibilidad sensorial se refiere a cómo el cuerpo humano detecta los estímulos externos e internos a través de una red compleja de nervios y células sensoriales que transmiten información al cerebro para interpretación y respuesta.

Estas sensaciones son transmitidas al cerebro a través de una serie de señales eléctricas que viajan a lo largo de las fibras nerviosas. En el cerebro, estas señales son interpretadas y convertidas en percepciones conscientes, permitiendo a los individuos interactuar y responder a su entorno de una manera adecuada y eficaz.

Más allá de esta capacidad sensorial básica, el término sensibilidad también se aplica a la capacidad del sistema inmunológico para detectar y responder a los patógenos. Este tipo de sensibilidad, a veces conocida como sensibilidad inmunológica, es crítica para la salud y el bienestar general del cuerpo.

El sistema inmunológico tiene la tarea de reconocer y eliminar cualquier sustancia o microorganismo extraño que pueda amenazar la salud del cuerpo. Esta detección se realiza a través de una serie de receptores en las células inmunitarias que están diseñados para reconocer ciertos indicadores de infección, como las proteínas de la superficie de los virus o las bacterias.

La sensibilidad del sistema inmunológico puede verse afectada por una variedad de factores, incluyendo la genética, la edad, el estado nutricional, el estrés y la exposición previa a patógenos. Un sistema inmunológico altamente sensible puede ser capaz de detectar y eliminar rápidamente las infecciones, pero también puede ser más susceptible a las respuestas autoinmunes, en las que el sistema inmunológico ataca erróneamente a las células y tejidos propios del cuerpo.

El sentido del tacto se divide típicamente en dos modalidades: kinestésica y táctil. Las sensaciones kinestésicas se detectan en los músculos, tendones y articulaciones, mientras que las sensaciones táctiles, como la presión, la cizalla y la vibración, son detectadas por órganos sensoriales especializados.

La manera en que seleccionamos y manipulamos estos objetos físicos y virtuales es a través de una combinación de movimiento e interacción táctil o háptica. Las interfaces hápticas son entornos que permiten la interacción manual con entornos virtuales (VE) o sistemas remotos. Estos dispositivos actúan sobre los usuarios aplicando fuerza, vibraciones o movimientos. Se utilizan para tareas que se realizan usando las manos en el mundo real, como la exploración manual y la manipulación de objetos. Estas interacciones hápticas pueden estar acompañadas por la estimulación de otros sistemas sensoriales, como la visión y la audición.

Los clásicos teclados o ratones de los ordenadores constituyen interfaces hápticas de nivel simple. Así, los componentes básicos de estos dispositivos incluyen: el mecanismo, que define las capacidades de movimiento de la persona cuando interactúa con el dispositivo; los sensores, que rastrean el movimiento de la persona en el entorno virtual; y los activadores, que muestran la fuerza o textura deseada por la persona.

Actualmente, la interacción háptica (en este caso pasiva) es bastante limitada, centrándose en avisos que recibe el usuario a través de llamadas entrantes o recordatorios programados. Los nuevos diseños de interfaces hápticas se basan en una perspectiva multimodal, es decir, el sentido táctil se usa generalmente junto con otras modalidades sensoriales, ya sea para reforzar la misma acción o complementándose para realizar distintas actividades al mismo tiempo. Esta multimodalidad permite a los usuarios utilizar las formas de interacción que mejor se adaptan a sus capacidades y al contexto de uso actual.

De esta manera, la introducción de pantallas táctiles ha aumentado recientemente el interés por el feedback háptico, prefiriendo en su mayoría algún tipo de retroalimentación cuando presionan un botón, ya sea un zumbido, vibración o clic. Esto ha proporcionado al usuario más posibilidades de interacción según el contexto, y al desarrollador más posibilidades de diseño combinado con otras modalidades de interacción.

Este tipo de dispositivos son por lo general dispositivos kinestésicos. Forman parte los joysticks, mandos o volantes, y su objetivo es representar de forma primaria la sensación que transmitirían ciertas situaciones en entornos reales. Un caso es el mando de la consola de videojuegos Playstation4. El dispositivo responde a algunas de las acciones del usuario mediante vibraciones.

Estos dispositivos se caracterizan por el hecho de que están diseñados para ajustarse y moverse con las extremidades o los dedos de la persona. Poseen la ventaja de ofrecer la más amplia gama de movimiento de las personas. Los guantes exoesqueléticos podrán ayudar en un futuro a tocar y sentir objetos en la realidad virtual. Existen incluso guantes capaces de proporcionar fuerza variable para cada dedo.

Hoy en día, la mayoría de dispositivos móviles ya se caracterizan por tener una pantalla táctil a través de la cual realizamos una interacción touch. La pantalla táctil es un dispositivo sensible al tacto humano o de un lápiz óptico, y actualmente no solo está presente en nuestros dispositivos móviles, sino también en cajeros, sistemas GPS, TPV, etc.

Funcionamiento de una pantalla táctil

Existen varios tipos de pantallas táctiles:

  • Resistivas: una pantalla táctil resistiva se compone de un panel de vidrio y una pantalla de película separadas por un espacio estrecho. Cuando un usuario toca la pantalla, las dos capas metálicas entran en contacto y se produce un flujo eléctrico. El punto de contacto se detecta por este cambio de voltaje.
  • Capacitivas: son el segundo tipo de pantallas táctiles más populares en el mercado. En estas pantallas táctiles existe una capa de electrodo transparente que se coloca encima de un panel de vidrio y se cubre con una cubierta protectora. Cuando el dedo toca la pantalla del monitor, reacciona a la capacidad eléctrica estática del cuerpo humano.
  • Onda acústica de superficie: este tipo de pantallas utilizan transductores y receptores a lo largo de la placa de vidrio. Cuando se toca el panel, la onda es absorbida y permite que el transductor localice el punto exacto de contacto.
  • Infrarrojos: este tipo de pantallas usan emisores y receptores infrarrojos para crear una red invisible de haces de luz a través de la pantalla. Este sistema asegura la mejor calidad de imagen posible. Cuando un elemento interrumpe el haz de receptores infrarrojos, los sensores localizan el punto de contacto. Las ventajas de los infrarrojos es que ofrecen la más alta claridad de imagen y transmisión de luz de todas las tecnologías táctiles y cuenta con una ilimitada vida táctil, aunque se detectan algunas desventajas en torno a la activación accidental a causa de su sensibilidad. La acumulación de polvo u otros elementos en pantalla impiden su correcto funcionamiento.

Las pantallas táctiles capacitivas y resistivas están presentes en los dispositivos móviles que utilizamos a diario.

En el ámbito de pantallas táctiles, es importante remarcar los diferentes tipos de interacciones que existen actualmente. Las pantallas o interfaces touch posibilitan únicamente una interacción a la vez, mientras que las interfaces multi-touch, asentadas en nuestra vida diaria a través de dispositivos móviles, ofrecen la posibilidad de reconocer dos o más puntos de contacto en la pantalla.

Los gestos táctiles son una excelente manera de hacer que la aplicación móvil sea más atractiva y permita ahorrar tiempo al usuario al reducir el número de pasos necesarios para realizar una acción en particular. Cabe destacar que esta tecnología recibe pequeñas críticas que ponen en evidencia el margen de mejora en lo que a experiencia de usuario se refiere.

El funcionamiento en estas interfaces se basa en registrar y guardar una característica única de una persona. Posteriormente, al requerir la verificación de identificación, se captura un nuevo registro y se compara con el registro anterior.

Los visores de realidad virtual han despertado recientemente un gran interés en el uso de dispositivos hápticos complementarios para mejorar la calidad en las experiencias virtuales. De hecho, la falta de un feedback realista, durante este tipo de experiencias, es una barrera importante para la inmersión durante el contacto y manipulación de objetos en la realidad virtual.

Sigue mejorando la REALIDAD VIRTUAL háptica

El siglo XXI marca el inicio de una era háptica. El auge de la tecnología táctil, de los restaurantes a oscuras, de las exposiciones de arte que ya no solo se contemplan, de los experimentos con tactilidad remota y de los miembros protésicos que reproducen la sensibilidad son algunos ejemplos que constatan que el tacto, al fin, está ganando popularidad.

Yo afirmaría, como el famoso neurólogo Frank R. Wilson, que el cerebro no vive solo dentro de la cabeza; aunque ese sea su hábitat, el cerebro es mano y la mano cerebro. Creo firmemente que el tacto sirve para pensar.

La idea que tiene este filósofo del tacto es más amplia, va más allá del mero roce. Por eso tiende a hablar de «lo háptico», un concepto más inclusivo que le permite incluir tanto la percepción externa como interna. «El tacto es la percepción externa, la exterocepción, el cuerpo contra el mundo. Pero también es el sentimiento interior, el dolor. Es también la afección. Cada vez que sentimos algo fuerte, de alguna forma se manifiesta de manera táctil».

En cambio, Carrión ve las reglas táctiles más contextuales y «no tan íntimas como solemos pensar». Para explicarlo, utiliza el ejemplo del reconocimiento médico: «Un simple palpar el cuerpo propio por parte de otro crea una enorme violencia, pero si se lleva a cabo en un acto de exploración médica o en una camilla de masaje a nadie le perturba.

Aunque Carrión da por hecho cierta «rehabilitación de la percepción háptica», destaca que en algunos casos, paradójicamente, el tacto ha perdido importancia. A menudo, la mano ha sido sustituida por mediaciones tecnológicas en la sanación y la curación. Los juegos infantiles cada vez se tocan menos y «se han desplazado al universo icónico». Si bien lo háptico se ha resaltado a varios niveles, «las sociedades contemporáneas han elegido el mundo aséptico que supone protegerse con una burbuja y renunciar a relacionarse de forma táctil con la realidad que está fuera de ella». Frente al auge de lo táctil en algunos ámbitos, levantamos una barrera.

El conocimiento sensible es la primera fuente de información para un sujeto, incluso en la etapa de la gestación, en la que el feto percibe el sabor, el dolor, el tacto, el equilibrio, el frío, etc. Todo lo que conocemos se extrae a partir de los datos tomados de los diferentes sentidos.

La captación sensible, en su forma más elemental, se conoce con el nombre de sensación, consistente en la captación aislada de un estímulo físico o químico. Pero las sensaciones no se dan normalmente de manera aislada, sino integradas entre sí. Esta captación integrada de estímulos se conoce propiamente con el nombre de percepción.

Otras formas de conocimiento sensible suponen procesos de reproducción de datos captados previamente. La captación de estímulos procedentes del exterior tiene lugar a través de distintos itinerarios, que se conocen con el nombre de sentidos. Es preciso que el estímulo se dé dentro de unas cantidades, mínima y máxima, para que exista sensación.

La integración de los datos sensibles en "unidades de sentido" -lo que vulgarmente llamamos "las cosas"- permite una situación o instalación realista en el mundo y una intervención práctica en él. Recibimos series o conjuntos de sensaciones que no llegan de forma aislada y desconectada entre sí, aunque son captadas a través de distintas vías especializadas -los sentidos-. La percepción es algo más que una suma de sensaciones. Por medio de ella captamos formas globales de significación, por encima de los elementos sensibles que la componen; otorga un carácter unitario, originario y estructurado a los datos que se captan.

Asimismo pueden teñirse de sentido o significado determinadas sensaciones, sin necesidad todavía de una reflexión intelectual consciente, como ocurre en el caso de ciertas "sensaciones condicionadas" por la experiencia. En efecto, la percepción se ve a menudo influida por factores condicionantes, tanto externos como internos, que modifican u orientan nuestra captación.

Los objetos percibidos lo son en presencia de los mismos (por eso hablamos de “fenómenos de captación”. Ocurre, sin embargo, que podemos hacerlos presentes de algún modo (re-presentarlos) en su ausencia, ya que podemos retenerlos o conservarlos y reproducirlos.

La imaginación es una facultad cognoscitiva que conserva y reproduce datos percibidos que ya no están presentes físicamente ante el sujeto. Esta capacidad retiene y representa datos sensibles de todo tipo: visuales, auditivos, térmicos, gustativos, olfativos... La representación elaborada por esta capacidad recibe el nombre de imagen.

No debe confundirse la imagen con la idea. Aquélla, elaborada por la imaginación, es la representación de objetos singulares y concretos, mientras que la idea o concepto es elaborada por la inteligencia y es una representación universal y abstracta de un objeto.

Según lo dicho, hay imágenes auditivas, visuales, gustativas, etc. Y, por lo mismo, también encontramos imágenes complejas que aglutinan cualidades sensibles diversas, al representar objetos de percepciones dotados de éstas. Hay realidades no sensibles de suyo que también intentamos expresar de forma imaginativa, traduciéndolas, por así decir, en caracteres o rasgos sensibles.

La memoria es una capacidad cognoscitiva sensible que refiere a un momento temporal de la propia experiencia, más o menos preciso, un dato percibido con anterioridad. La imagen es intemporal, no remite a momento alguno de nuestra experiencia. El recuerdo supone una cierta "fidelidad" al dato captado con anterioridad. Lo reproduce procurando una cierta exactitud.

Un estudio con roedores ha revelado que la actividad cerebral espontánea durante las etapas embrionarias impulsa el mapeo del tacto, de manera que este sentido surge en el cerebro antes del nacimiento.

La superficie del cuerpo humano está representada en la corteza cerebral en una banda transversal localizada en la parte superior media de los hemisferios cerebrales. Esta banda se denomina corteza sensorial y en ella hay representado un “mapa” en el que cada región del cuerpo ocupa una extensión distinta dependiendo de su uso y sensibilidad. Por ejemplo, las manos son las partes del cuerpo que tienen la mayor extensión en la corteza somática.

Homúnculo de Penfield

Cada región del cuerpo representada en la corteza somatosensorial está conectada a su superficie corporal correspondiente mediante vías neuronales que mantienen una relación topográfica estricta a lo largo del sistema nervioso. En este camino desempeña un papel clave, el tálamo, una “estación de relevo” y centro de integración sináptica para un primer procesamiento de las señales sensoriales que llegan desde el exterior en su trayecto hacia la corteza cerebral. La información que llega al tálamo se transmite a la corteza con una extraordinaria precisión, sin perder la relación topográfica de cada punto de la piel. Esto nos permite discriminar qué punto de nuestro cuerpo está recibiendo un estímulo externo.

Nuestros datos revelan que los patrones embrionarios de la actividad eléctrica del tálamo, la estructura cerebral a través de la cual pasa la información sensorial a la corteza, organizan la arquitectura del mapa somatosensorial cortical. El desarrollo de este mapa implica la formación de las columnas corticales funcionales en embriones, impulsada por la actividad en forma de ondas que se propagan espontáneamente desde el tálamo.

Este estudio muestra que las columnas corticales ya están definidas y son completamente funcionales antes del nacimiento gracias a la actividad eléctrica espontánea del tálamo embrionario. Esta estructura guía la formación de las columnas corticales funcionales y el mapa somatotópico en la corteza inmadura antes de que la experiencia sensorial externa sea una fuente efectiva de información.

La actividad espontánea del tálamo no es algo circunstancial, sino que contiene información importante para la construcción del cerebro durante el desarrollo embrionario. Hasta ahora se pensaba que los circuitos neuronales se construían sobre una huella genética y que la experiencia sensorial postnatal terminaba definiendo los mapas. Este trabajo cuestiona esta visión porque demuestra la existencia de estos mapas antes del nacimiento.

Además de resaltar un nuevo mecanismo para regular el desarrollo cerebral, como el patrón de actividad embrionaria intrínseca en una estructura subcortical, este trabajo puede tener repercusiones a largo plazo en la comprensión de ciertas patologías.

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