Focas con Dientes Grandes: Características, Hábitat y Amenazas

Las focas son mamíferos marinos fascinantes que se han adaptado para vivir en el agua durante largos períodos, aunque también pueden habitar en la tierra. Existen diecinueve especies diferentes de focas, cada una con sus propias características y adaptaciones. Aunque físicamente sean parecidos, focas y leones marinos son parientes muy lejanos.

A través de este artículo nos hemos adentrado en las diferencias que se encuentran entre ambas especies. Así, aprender sobre la diversidad de la vida marina y sus amenazas a causa del hombre nos puede ayudar a generar un nuevo nivel de conciencia y así fomentar la conservación y protección no solo de estas dos especies, sino de todo el ecosistema marino.

Infografía comparativa entre focas y leones marinos

Características Generales de las Focas

Las focas se caracterizan por no tener pabellón auditivo y contar con extremidades posteriores no funcionales para desplazarse por el suelo y orientadas hacia atrás, pero sí útiles para el agua. Estas extremidades son las que les diferencian de otros animales como los osos marinos o los lobos marinos. Las diferencias más evidentes entre foca y león marino, que vamos a desarrollar a continuación, son sus características físicas, su capacidad de movimiento o su forma de comunicación.

La forma de sus cuerpos es similar, cuentan con un cuerpo fusiforme y alargado para poder desplazarse rápidamente en el agua. Las focas cuentan con dos extremidades que parecen aletas, las dos delanteras son aplanadas y cortas y le sirven para nadar y las posteriores están dirigidas hacia atrás.

Para surcar rápidamente el agua, las focas utilizan las aletas anteriores como timón, mientras que las posteriores le sirven para propulsarse.

A continuación, se presenta una tabla con información clave sobre las focas:

Nombre científico:Phocidae
Tamaño:160 cm - 180 cm
Clase:Mammalia
Orden:Carnivora
Peso:80-130 kg
Longevidad:10-30 años
Alimentación:Carnívora
Reproducción:Vivípara
Período de gestación:335 días

Las focas tienen cuerpos alargados adaptados para nadar. Presentan extremidades anteriores cortas y planas, preparadas para usarse como aletas. Su pelaje es muy corto y suele ser denso cuando son adultas, aunque algunas especies no tienen pelo. La capa de grasa debajo de la piel les proporciona protección térmica.

¿Dónde Viven las Focas?

El hábitat de las focas suelen ser las zonas de costa de casi toda la tierra, sin contar las zonas tropicales, dónde hace excesivo calor para estos animales, aunque sí cabe destacar que pueden encontrarse distribuidas por muchas zonas, incluyendo algunas zonas cálidas y con abundante sol. Pero por normal general la mayoría habitan en las zonas de la Antártida, mucho más frías. Por otro lado, pueden encontrarse focas en casi todos los océanos, a excepción del Océano Índico. Además, algunas especies habitan en zonas de temperatura extrema.

Estos animales, aunque esto varía según la especie, suelen sobrevivir a temperaturas muy bajas gracias a la grasa presente en sus cuerpos. Las focas de las zonas más frías necesitan consumir muchos alimentos. Así, las focas que viven en zonas cálidas no necesitan tanta grasa y por eso las que viven en zonas más frías son de tamaño más grande.

Mapa de distribución de las focas

¿Qué Comen las Focas?

La alimentación de las focas es realmente variada, según las especies y la zona del globo en que habiten, pero, por lo general, son animales carnívoros que se alimentan de muchos tipos de peces. Entre ellos pueden destacarse la caballa, el lenguado o los arenques. Además, atrapan a estos animales con sus dientes de gran tamaño y los consumen enteros.

Suelen utilizar el agua para cazar a sus animales y si no hay mucha les resulta complicado. Además de pescado también consumen calamares, marisco o pulpo. Utilizan sus aletas para moverse por el agua y cazar a sus presas, pues, por contra a lo que se cree ven bastante bien y localizan a sus presas con bastante facilidad, además de que también utilizan sus bigotes y sus sensibles oídos para conseguirlo.

Ni la foca ni el león marino mastican la comida, se tragan la comida entera y únicamente usan sus dientes para cazar o defenderse. Aunque su tipo de presa varía dependiendo de la zona en la que habitan, por lo general se alimentan de peces, pulpos, crustáceos o calamares.

Una foca comiendo un pez

Además, estos animales no beben agua sino que obtienen el agua de los alimentos.

¿Cómo Nacen las Focas?

En lo referente a la reproducción de las focas cabe reseñar como el período de cría comienza con los machos llamando la atención de las hembras mientras se dan vueltas entre ellos y desprenden hormonas que atraen a las hembras. Las hembras desarrollan un huevo que estará protegido en el útero y producen más hormonas, lo que hace que se sientan atraídas por los machos. Finalmente los dominantes serán los que tendrán el derecho de aparearse. Los machos pueden llegar incluso a quedarse sin comer para que otro macho no se aparee con la hembra que está en su territorio.

Además, los machos se aparearán con todas las hembras que puedan. La mayoría de las crías nacen en la tierra y no en el agua. En cuanto a cómo nacen las focas, cabe reseñar que puede costar hasta nueve meses que se forme una cría y que nazca, dependiendo de la especie. Cuando el cachorro vaya a nacer la hembra regresará a la zona de reproducción. El proceso se puede llevar a cabo en cualquier lugar, pero la mayoría de crías nacen en la tierra.

Las madres serán muy atentas al principio y enseñarán a sus cachorros, alimentándolos con leche durante su primer mes de vida. Más tarde, cuando los dejan, pueden sobrevivir sin comer hasta dos semanas, pero aprenderán muy pronto a cazar viendo a los adultos, además de que el instinto y el hambre hará que vayan al agua y puedan empezar a comer y desenvolverse solos.

Madre foca con su cría

Amenazas y Peligro de Extinción

Los depredadores naturales de las focas también varían según las especies. La mayoría de ellas no tienen depredadores porque se ubican en zonas muy frías y su tamaño es muy grande, pero otras sí tienen muchos depredadores, como el tiburón blanco o las ballenas. Muchas veces se mantienen en grupos grandes cuando están en tierra. Normalmente no serán atacadas por animales de tierra, pero si alguno de éstos, como el oso polar, tiene mucha hambre, probablemente también intentará atacarlas debido al instinto de supervivencia.

Pero realmente, el verdadero problema para las focas son los seres humanos, quienes están destruyendo sus hábitats, dejándolas sin alimentos, hiriéndolas y matándolas con redes de pesca o con barcos y cazando a muchas de ellas, en un gran número de ocasiones simplemente para conseguir su piel.

Las focas por todas las amenazas que tienen en su entorno natural, pero también por la acción de los seres humanos, se encuentran en la mayoría de sus especies en peligro de extinción. Todo esto tiene una lectura muy importante y alarmante, puesto que si las focas terminasen por extinguir, detrás de estas podrían caer otras especies de animales que se alimentan de ellas, por lo que es esencial que todas las colonias de focas consigan fortalecerse y aumentar en número, aunque cada vez se teme más por estos seres que ven como el calentamiento global va eliminando su hábitat, al igual que la caza furtiva de las crías para conseguir pieles, hacen que su extinción esté cada vez más cerca.

El Mundo de las Focas Mini documental

Independientemente de si se encuentran en peligro de extinción inminenete, ambas especies sufren cierto grado de amenaza a la extinción, ya sea por el cambio climático, la desaparición de su hábitat a manos del hombre o la caza furtiva.

La Foca Monje del Mediterráneo

Suele suceder que echamos en falta aquello que un día tuvimos y ya no tenemos. Ocurre con la foca monje, mamífero marino que hace muchas décadas desapareció de nuestras aguas en las que, sin embargo, fue tan común en otros tiempos como lo son hoy los cormoranes y los atunes. Pero no es un hecho que pueda sorprendernos. Sabemos que son muchas las especies animales que están desapareciendo por la creciente presión humana sobre el medio terrestre y marino.

Precisamente por eso les dedicamos estas notas. En primer lugar y para evitar errores de bulto, tal vez convenga aclarar que, aunque generalmente situamos a las focas, junto a las morsas y leones marinos, en las gélidas aguas del Atlántico norte donde las cazan los esquimales, a la foca monje se la conoce también como foca mediterránea, precisamente, porque su hábitat natural ha estado siempre en las aguas cálidas de nuestras latitudes y prueba de ello la tenemos en que todavía sobreviven pequeñas colonias de veinte o treinta especímenes en las costas mauritanas, turcas, argelinas, albanesas, del Sáhara occidental, en la península de Cabo Blanco y, sobre todo, en aguas de las Cícladas y las Espóradas, en cuevas marinas de pequeñas islas como Citerea, Cerigoto, Epitanisa, Ipapanti, Rodos y Paxos.

El problema es que su población total no supera en estos momentos los 600 ejemplares, por lo que hace tiempo que esta especie figura en la lista de animales con grave riesgo de extinción.

En segundo lugar, dado que es un animal con el que no estamos familiarizados, no estará de más recordar que estamos hablando de un mamífero marino como las ballenas, los manatís y las marsopas, a los que llamamos pinnípedos porque sus extremidades se han transformado en pequeñas aletas. De cuerpo oblongo -es decir, longilíneo pero levemente rechoncho-, con cola de pez ancha y corta, la foca monje tiene una piel extraordinariamente lustrosa y alisada que por dentro protege al animal con una gruesa capa de grasa. Su color es agrisado, casi negro, con grandes manchas blancas en el vientre, razón de su nombre, foca monje o Monachus monachus, no en vano recuerda el hábito frailuno que es negro por detrás y blanco por delante. En estado adulto puede medir tres metros y pesar 350 kilos.

Su cabeza es pequeña y achatada con relación a su cuerpo, sin pabellones auditivos visibles, hocico de perro con bigotes largos, orificios nasales orientados hacia arriba, 16 pares de dientes y unos ojos grandes, negros y muy expresivos. Su agudeza visual y nocturna es notable gracias a la especial curvatura de su cristalino y a una segunda retina parecida a la de los felinos. Suele vivir media centuria y es una excelente buceadora y nadadora que puede sumergirse, durante 10 minutos, a 70 metros de profundidad.

Su régimen alimentario se adapta a la fauna del lugar que habita pero, amiga del buen yantar, selecciona meros, langostas, congrios, morenas, calamares, crustáceos y pulpos. Y la calidad no va en menoscabo de la cantidad, pues se zampa 10 o 15 kilos de pescado al día. Es un animal vivaz, juguetón y domesticable, razón de que se le capturara y adiestrara para actuar en circos, donde, a cambio de unas sardinas, jugaba en pequeñas piscinas con aros y pelotas o aplaudía entusiásticamente con sus pequeñas aletas.

De costumbres sedentarias, estas focas suelen vivir en pequeños grupos y su handicap está en que, cuando salen a tierra, se desplazan con dificultad, arrastrando todo el cuerpo con el pequeño impulso que se dan con las aletas delanteras, circunstancia que las hace tan lentas y vulnerables que se las puede matar -así se hacía, en ocasiones- hundiéndoles el cráneo a garrotazos.

Sus únicos depredadores son los grandes tiburones y las orcas, por lo que la razón de su desaparición ha estado en la feroz persecución de la que ha sido objeto por parte del hombre en el s. XIX y principios del siglo pasado. Se la cazaba por su carne, su grasa y, sobre todo, por su piel que tenía un excelente mercado. Con ella, nuestros payeses se hacían sandalias, botas, sombreros de invierno y petacas.

Pero la foca también era objeto de un odio cerval por parte de los pescadores, pues les robaba las capturas, rompiendo sus redes y aparejos. En ocasiones, la foca quedaba atrapada en las redes y los pescadores, como si hubieran cazado al mismísimo demonio, la mostraban orgullosos en las lonjas a donde el personal acudía para ver al estrambótico animal que la leyenda decía que provenía de la coyunda de hombres y sirenas. Basta acudir a la hemeroteca de Diario de Ibiza para ver que su captura -muchas veces por disparo de escopeta- se tenía por excelente noticia.

Pero también contribuyó a su desaparición la presión que su hábitat sufrió con el paso de los años. De aquí que, aunque en un principio recalaran en las playas codolares y en los arenales para parir, generalmente una única cría tras 11 meses de gestación, al verse acorraladas por la creciente presión humana, tuvieran que refugiarse en cuevas accesibles sólo por mar. Y así fue como su población fue decreciendo en nuestras aguas hasta desaparecer totalmente.

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