Ignacio Garriga: Biografía del Diputado y Secretario General de Vox

Ignacio Garriga Vaz de Concicao, diputado por Barcelona de 35 años, casado y padre de cuatro hijos, se ha convertido en una figura clave dentro de Vox. Es el nuevo hombre fuerte de Santiago Abascal, quien le ha confiado las riendas del partido como secretario general, en sustitución de Javier Ortega Smith.

Ignacio Garriga junto a Santiago Abascal. Fuente: eldiario.es

Orígenes y Familia

Ignacio Garriga nació en San Cugat del Vallés (Barcelona) en 1987. Es el menor de cinco hermanos. Su padre es de origen belga y su madre es ecuatoguineana. Él se considera español y catalán convencido, estando en contra del movimiento independentista y del aborto.

"Yo soy español porque soy nacido en Barcelona. Soy tan español como los que me critican. Más todavía, porque creo que trabajo por la unidad y el futuro de mi país. Si Vox fuese racista, yo no podría estar aquí. Me da igual que una persona sea negra, marrón, verde o amarilla", confesó al digital El Español en una entrevista.

Formación y Profesión

Estudió en La Farga, una escuela concertada vinculada al Opus Dei. Es licenciado en Odontología por la Universitat Internacional de Cataluña, un centro privado y de signo católico. Además de ejercer su profesión, también fue profesor en la Facultad de Odontología de dicha universidad.

Trayectoria Política

Su trayectoria política comenzó en 2005, cuando se afilió al Partido Popular (PP), donde permaneció durante cinco años. En 2014, se unió a Vox. En 2015 se postuló como candidato a la alcaldía de Sant Cugat del Vallès. Llegó al Congreso en mayo de 2019, convirtiéndose en uno de los diputados más destacados de Vox. Desde 2022, es secretario general de Vox.

En las elecciones de 2021, Vox logró un sorpasso al PP en Cataluña con el 7,67% de los votos, obteniendo 11 escaños en el Parlament. En esta ocasión, Ignacio Garriga será de nuevo el candidato de Vox a presidir la Generalitat de Cataluña en las próximas elecciones catalanas, que se celebran el 12 de mayo.

Ignacio Garriga. Fuente: economiadigital.es

Vida Personal y Convicciones

El pasado 30 de septiembre celebró su décimo aniversario de boda con su mujer, Violeta. No para de presumir de ella en redes sociales, llevan juntos 20 años, desde que él tenía 15. Están casados en régimen de separación de bienes, tal y como refleja la declaración de bienes y actividades que presentó en el Congreso.

Garriga es profundamente religioso, tal y como demuestra cada vez que tiene oportunidad y, sobre todo, en sus redes sociales. Ese mismo medio sacó a la luz que Garriga se desplazó a rezar al Sagrado Corazón ubicado en el cerro de los Ángeles (Getafe) horas antes de que comenzara la moción de censura que Vox presentó en octubre de 2020 en el Congreso para intentar acabar con el Gobierno de Pedro Sánchez.

Fiel defensor de la familia tradicional, está en contra del movimiento independentista y del aborto.

DIRECTO | Rueda de prensa del Secretario General de Vox, Ignacio Garriga | EL PAÍS

Ideología y Postura ante el Racismo

A mí me educaron mis padres para no valorar el color de la piel de nadie de ninguna forma. Tuvo su efecto: pienso que solo hay una raza, la humana, y que todos somos iguales. Por tanto, pienso que existen gilipollas y buenas personas de todos los colores y detesto a los racistas. A los gañanes que se asustan de un negro como el labrador de 'Amanece que no es poco' puedo perdonarles la ignorancia, pero no a los nazis que hacen de esta perversión ideología, ni tampoco a los adictos al discurso interseccional, que reprochan al blanco ser blanco y tratan a la gente de otras razas con interesada condescendencia.

No siento orgullo alguno por ser blanco, ni por ser hombre, ni por nada de esto, y tampoco valoro en bien o mal a quienes no comparten mis parámetros identitarios. Por consiguiente, desconfío de quienes manifiestan su gusto o su vergüenza por estos hechos incontrolables.

Sin embargo, mi postura se considera hoy casi racista, puesto que los blancos estamos obligados a sentirnos mal o fingirlo debido a las políticas de la identidad que Estados Unidos ha exportado a todo Occidente con tanto éxito como la Coca-Cola. Hemos de escuchar, aprender y revisar nuestros privilegios. Pero yo me niego a hacerlo: no siento más responsabilidad que tratar igual a todo el mundo, lo que implica poder decirles a miembros de cualquier tribu identitaria que no tienen razón.

Cuando Kamala Harris fue nombrada vicepresidenta, tuvimos sobredosis de este tipo de discurso. Nos contaron que esta mujer de casta privilegiada, bien situada desde la cuna, como lo estuvo Barack Obama (los padres de Harris se conocieron en Berkeley), era una heroína por el simple hecho de ser medio negra y medio india. Leí entonces sobre las dificultades que habría tenido que vencer pese a los talonarios, contactos familiares y la educación exclusiva en las Ivy Leagues.

El discurso me molestaba por su racismo intrínseco, pero es algo típico de los Estados Unidos, donde el color de piel importa para mal y para bien. Ahora, todas aquellas loas me hacen reír de forma retrospectiva, porque en España hemos adelantado por la derecha las políticas de la identidad y le hemos dado la vuelta al calcetín, por así decirlo.

Ahora, para colmo, el partido de ultraderecha lanza al hijo de una ciudadana ecuatoguineana, es decir, de una emancipada colonia española. ¡Toma ya, teoría poscolonial! Dentista de profesión, Garriga tiene a primera vista todos los ingredientes para ser ensalzado a tontas y a locas por el identitarismo posmoderno, pero si algo hemos aprendido de los artículos de Buzzfeed y la edición inglesa de 'The Huffington Post' es que la 'negritud' no es una condición válida para obtener tu carné de víctima sistémica, sino que tienes que serlo además de una determinada forma, pensando de una manera correcta, puesto que la ideología es un vector dominante en la negritud.

Por resumir, serás considerado blanco pese a ser negro si el progresismo woke no puede utilizarte. En casos como este, la maligna lógica se convierte en nuestra mejor amiga. Usémosla para demostrar, a modo de juego, que Garriga tiene más mérito que Kamala Harris y debiera ser celebrado por todos los activistas del mundo con más pasión.

Porque, ¿quién lo tiene 'a priori' más difícil para obtener un buen resultado electoral: una mujer mestiza que pide el voto a gente de las minorías étnicas y blancos que se sienten culpables de sus supuestos privilegios, o un negro que pide el voto a gente de extrema derecha que está por la expulsión de los inmigrantes?

Si Garriga fuera miembro de un partido de izquierdas (o nacionalista), lo habría tenido más fácil, pero las portadas de la prensa española parecerían hoy un anuncio de Benetton. Precisamente por ser de Vox, que es lo que hacía su reto más complicado, andan ilustrando las noticias con imágenes de Abascal. Hasta dijo anoche un tío en TVE 1 que el hecho de que Garriga sea negro y de ultraderecha es un drama. ¡Como si la gente de una raza diferente a la blanca tuviera que pensar como a ese tertuliano le sale de las narices!

Pero es que es justamente así como funciona esto. En su libro 'La masa enfurecida', Douglas Murray reseña un montón de casos similares, donde gente de otras razas fue expulsada por los activistas de su condición 'racializada', normalmente por ser de derechas.

Si nos fijamos, esta forma de ver el mundo añade a la tiranía de ser negro en una sociedad en que formas parte de una minoría la de tener que subordinar tu pensamiento a los parámetros que te han asignado los supuestos defensores de tus derechos. De la misma forma que a Inés Arrimadas se la podía tratar de tonta sin peligro en pleno auge del #MeToo, a Garriga se le pueden poner 'memes' de 'La cabaña del tío Tom'.

Todo esto es tanto más gracioso en tanto que los mismos que nos han repetido que la diversidad racial es buena y necesaria en sí misma son incapaces, ahora, de digerir la presencia de Garriga.

Pues bien, siguiendo punto por punto esta delirante forma de ver las cosas: ¿no es racista negarse ahora a celebrar que Ignacio Garriga esté al frente de un grupo parlamentario? ¿Ahora ya no es buena la diversidad 'per se'? ¿No es, de hecho, todavía mayor esta diversidad cuando hay gente de otras razas que piensa de maneras diversas? ¿Por qué no hay fiesta?

Nos dirán que es un negro utilizado por racistas, es decir, un tonto, un alienado, como todas las mujeres que se han manifestado contra ciertos puntos del feminismo hegemónico. Habría que preguntarse entonces en qué clase de universo loco votan los racistas a un candidato negro, pero para qué nos vamos a complicar la vida.

Quédense con la idea de fondo. Ser negro, como ser mujer, gay, trans y hasta trabajador precario, no depende de tus atributos, sino que es un privilegio que obtienes en caso de que hayas logrado rellenar bien el resto del formulario. Puesto que no estamos hablando de la realidad, sino de un complicadísimo e intrincado sistema ideológico. Al fin y al cabo, aquí no hemos venido a repartir justicia, sino a repartir carnés.

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