Treinta y cinco años avalan a Kate Moss como una de las top models internacionales más reputadas a nivel mundial. Desde su primer desfile para John Galliano en 1989, con solo 15 años, hasta hoy, nunca ha dejado de surfear la cresta del éxito. Todas las personas del mundo conocen a Kate Moss, ¿no?

Kate Moss desfilando para John Galliano en 1989.
Kate Moss: Más Allá de la Pasarela
Saltó a la palestra mediática al arrancar los años 90, convertida en la antimodelo: menuda, sin curvas, apocada... "No era la más guapa de la clase. Sin pecho, con las piernas cortas, los dientes irregulares... No tenía material de modelo, sin duda", reconoció con humor hace unos años. Kate Moss (1,68 m de estatura, y 83-57-88 cm) cautivó por la diferencia, por su delicadeza y aparente fragilidad. Ha tenido momentos álgidos y épocas de olvido, pero nunca ha desaparecido de los titulares.
Ella se toma el tiempo para actuar como una lesbiana boxeadora en publicidades para Primal Scream. Ella parcha con Liam, Patsy, Anna, Friel, Marianne Faithful y sus novios hacen parte de la gente distinguida. Esto hace que Kate Moss sea la única súper modelo realmente cool: un estrella del jet-set que sigue brillando diez años después de haber sido vista esperando por un avión en el JFK.
Así que, ¿realmente la conoces? «Me pongo muy nerviosa con las entrevistas», dice Kate. Es martes en la mañana y esta entrevista presencial se ha pospuesto más veces de las que debería. La semana anterior estuve en Nueva York y ella estuvo alrededor mío, en pancartas de seis metros de alto. Cuando volví a casa, ella me miraba desde los estantes del shampoo de L’Oreal. Cuando prendía la televisión, ahí estaba ella otra vez, en un comercial de los celulares Mercury. Pero para ser una persona de la que es difícil escapar, Kate Moss parece ser muy difícil de rastrear.
«La manera en que un periodista puede juzgar a la gente realmente me asusta», dice, un poco a modo de advertencia para que «sea gentil» con ella, y un poco a modo de indicación de inseguridad arraigada -lo cual es un poco extraño considerando su estatus de deidad intocable e intachable-. «Comencé a dar entrevistas cuando tenía 17 años, cuando firmé con Calvin. A veces la entrevista puede ser realmente profunda y yo soy como, ‘en serio, solo estoy haciendo un trabajo’». La cosa es que ella está haciendo ese trabajo desde los 14. Lo cual significa que la gente ha estado investigando sus reflexiones y pensamientos desde que -a duras penas- salió de la pubertad. Y no importa qué tan protegido o balanceado estés psicológicamente, eso te va a perjudicar de alguna manera.
Puedes ver a Kate Moss en su trabajo, pero nunca podrás conocer a la verdadera Kate Moss. Sin embargo, cuando Kate se sale de su figura como modelo revela más de quién es en realidad.
En Estados Unidos, ella es la cara de cK, punto. Solo cuando sonríe, y revela sus dientes poco gringos, se puede dudar y pensar sobre su origen. «Estoy orgullosa de ser británica», dice «Pero no me pongo a cantar el himno nacional en las sesiones. Y cuando llega a mi cara mientras estamos en los billboard, ¿por qué habría de importarme que la gente sepa de donde soy?»
El Debate sobre la Imagen de Kate Moss
Ahora, Kate ha reaparecido y ha sido captada por los paparazzis con mal aspecto: con los dientes amarillentos, poco cuidados, la piel muy arrugada y el pelo aparentemente desmejorado. A raíz de estas imágenes, Moss ha sido acusado de intentar "glamourizar" el tabaco a través de sus numerosos posados, una imposición que vendría por parte de la modelo ya que la modelo suele trabajar siempre con un cigarrillo encendido.

Kate Moss fumando.
Kate Moss Machine: Un análisis profundo
En su nuevo libro, 'Kate Moss Machine' (Ed. Península), Salmon desmigaja la figura de la modelo para sacar a la luz todos los símbolos que su imagen oculta y para ayudarnos a comprender qué podemos aprender de nosotros mismos gracias a la siempre espectacular Kate Moss.'Kate Moss Machine' arranca con las palabras que Anna Wintour, directora de la revista 'Vogue' en Estados Unidos, pronunció en una entrevista concedida en 2006: "Si observas cualquier gran foto fuera de su contexto, hallarás tanta información sobre lo que pasa en el mundo como en la portada del New York Times'". ¿Qué información recibimos cuando miramos detenidamente una fotografía de Kate Moss?
Kate Moss irrumpe a inicios de los 90 gracias al objetivo fotográfico de Corinne Day en la revista 'Face'. A partir de entonces, se convirtió en un icono 'waif' (el niño salvaje, abandonado). Pero ¿abandonada por quién, por qué? La respuesta: por la Historia, tal y como ocurrió con la Generación X, que tomó conciencia de sí misma tras la caída del Muro de Berlín. La generación que accede a la edad adulta en los años 90 se encuentra en una situación de 'impasse' narrativo, una especie de entreacto o de intermedio entre dos siglos: uno que termina con la caída del Muro de Berlín en 1989 y otro que comienza el 11 de septiembre de 2001.
Kate Moss se va a revelar como una formidable narradora, más actriz que modelo, abierta a todas la reencarnaciones, reina de una imagen mixta procedente de decenios de metamorfosis. Califica a Kate Moss de 'rebelde integrada'. ¿A qué se refiere? Kate Moss encaja perfectamente en la subjetividad que requiere el nuevo capitalismo: ser flexible, móvil y estar en condiciones de reinventar, sin parar, una vida llena de nuevos desafíos y 'performances'. La moda se convierte en el laboratorio del nuevo individuo, modelable a su antojo, capaz de estilizar y de cambiar de 'look' sin pausa.
La primera cuestión que Kate Moss plantea ante una sesión de fotos o una pasarela es: ¿cuál es la historia? De ahí que se haya destacado, en el primer decenio de su carrera, su 'camaleonismo', su capacidad para encarnar personajes muy diferentes. Ha sido la joven 'grunge' que populariza la imagen y el desarrollo de la Generación X. Pero al tiempo es la 'fashion victim' que se muestra agotada en el infierno mundano en que se convirtió la moda en los 90, cuyos signos de belleza, estigmatizados por ella, fueron la delgadez extrema y las drogas. Fue acusada de ser paladín de la anorexia entre las niñas y de crear una especie de adicción al glamour.
Fue John Galliano el que la llamó 'mi Lolita' en su primer desfile en París. Tenía 16 años y un cuerpo de adolescente, con los huesos a la vista, que provocó que la llamaran 'gamba'. Mide sólo 1,70 cm, altura mucho menor que la de las grandes top models como Naomi Campbell, Linda Evangelista o Christy Turlington. La única indicación que Galliano le dio antes de salir a la pasarela fue: 'Ok, Kate, imagínate que te persiguen unos lobos'. Kate, disciplinada, aplicó la consigna al pie de la letra. Saltándose las convenciones, se puso a correr. 'Nunca habíamos visto a una niña volar así sobre una pasarela', dijo Galliano. El público se puso de pie, fascinado. Fue un momento mágico.
Los adolescentes de los barrios marginales ya no están alienados por la sociedad de consumo como se entiende habitualmente. Son conscientes de las lógicas de clasificación y distinción que se abren en una sociedad donde las marcas y la moda ofrecen el último refugio de los valores.
Pero a diferencia de todos los cretinos que aparecen en la tele-realidad, que creen que sólo hace falta ser ellos mismos para existir mediáticamente, Kate Moss sabe perfectamente que ser uno mismo es muy difícil. Por eso ella encarna la 'mujer-estratega', el arquetipo del individuo del nuevo milenio al que no le pedimos que sea auténtico, no le pedimos que sea él mismo, en un entorno cambiante, sino que le pedimos que cambie y se adapte a las fluctuaciones de la vida.
En Internet las historias florecen sin cesar en torno a Kate Moss. Sus fotos, retocadas o no, robadas o preparadas, constituyen una especie de archivo de nuestra época descoyuntada. Para acceder al status de icono digital, Kate Moss ha perdido toda sustancia. Su cuerpo, reducido a la envergadura de una letra o un código, no nos habla de su anatomía, sino de su morphing. Ella es una marca mundial. Kate Moss es a la vez una mujer-niña, una mujer-Campanilla, una santa de la religión Trash, una indie neo-hippie, un avatar... Cautiva más que excita. Está más allá del deseo.