El lobo, conocido científicamente como Canis lupus, es un mamífero placentario del orden de los carnívoros.

Características Generales del Lobo
Los lobos son animales muy inteligentes que viven organizados en manadas, que por lo general no suelen superar los quince o veinte miembros como máximo, y cuya estructura jerárquica está muy marcada. Los lobos se agrupan en manadas de entre 6 y 20 animales y generalmente dirigida por una pareja reproductora y dominante. Viven entre seis y ocho años.
Comunicación y Territorio
Los lobos siempre han sido objeto de la leyenda debido a su aullido, el cual usan para comunicarse. Un lobo solitario puede aullar para atraer la atención de su manada del mismo modo que los aullidos de una manada pueden actuar como mensajes territoriales entre varias de ellas. Las manadas suelen tener un comportamiento territorial, cubriendo alrededor de 200 kilómetros cuadrados. Evitan los lindes de su propio territorio para no tener encuentros -en ocasiones muy agresivos- con las demás manadas.
Relación con los Humanos
La historia entre hombre y lobos siempre ha sido contradictoria. Aunque estos casi nunca atacan a los seres humanos, los lobos han sido históricamente considerados uno de los enemigos naturales más temibles del mundo animal. Debido a su naturaleza cazadora los lobos siempre han entrado en conflicto con los intereses humanos, provocando perdidas a los rebaños ganaderos del todo el mundo.
Si pensamos en un lobo, probablemente lo imaginemos aullando frente a la Luna, pero... ¿acaso hacen esto en realidad?
Los lobos son unos animales que destacan por su inteligencia y su carácter familiar. El lobo, Canis lupus, es un mamífero carnívoro perteneciente a la familia de los cánidos. Esta especie salvaje es considerada como el origen de nuestros perros.
Anatomía del Lobo
Su anatomía les permite realizar largos viajes: pecho estrecho, espalda potente, patas marchadoras, etc. Cuentan, además, con una larga columna vertebral y con 13 pares de costillas.
La constitución del lobo indica inmediatamente su capacidad depredatoria. Las 42 piezas de sus fuertes mandíbulas, su amplia caja torácica y sus voluminosos músculos maseteros, que dan a sus ojos esa característica forma almendrada, son fruto de una pragmática evolución al servicio de sus funciones de depredador en la escala trófica. Un lobo adulto puede tener una longitud de entre 100 y 120 centímetros, y una alzada a la cruz de entre 60 y 70 centímetros. El peso varía entre 30 y 50 kilos, aunque se han encontrado ejemplares de hasta 75 kg. Las hembras tienen unas dimensiones y peso inferiores a los de los machos. Las variaciones de tamaño y color entre unas subespecies y otras pueden explicarse por las diferencias de temperatura de las zonas en las que habitan. Hay una relación inversa entre la temperatura ambiente y el tamaño corporal de un animal de sangre caliente. Aquellos animales de regiones más cálidas tendrán una masa corporal menor que aquellos otros que habitan regiones más frías.
En todo el mundo existen 32 subespecies del lobo, que se pueden englobar en cuatro grupos:
- lobos blancos (tundrarum en Alaska, albus en la región ártica europea)
- lobos rojos (pallipes en las zonas predesérticas de Eurasia)
- lobos grises (pambasileus en Alaska)
- lobos pardos (signatus en la Península Ibérica, lupus en Eurasia)
También existen otras especies dentro del género Canis lupus, que acogen a subespecies menores, en Norteamérica y la India.
Dentadura del Lobo
Con respecto a su dentadura, en el maxilar superior tienen seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y cuatro molares. En el maxilar inferior cuentan con seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y seis molares.

En la imagen anterior, puedes apreciar la fórmula dental decidua («dientes de leche») con un n = 28, así como la fórmula dental permanente, con un n= 42. La dentición en el lobo y en el perro (también en otros cánidos) se clasifica como DIFIODONTA porque tiene 2 generaciones de dientes (de leche y a continuación permanentes) y HETERODONTA porque está formada por distintos tipos de dientes (incisivos, caninos, premolares y molares). En estas fórmulas dentales descriptas a continuación, con un fin didáctico, los dientes se describen con una letra para la función, un número para la cantidad, y se cuentan por hemimandíbula y hemimaxilar y se multiplican por dos.
Los cánidos son carnívoros que se caracterizan, en cuanto a su dentadura, por tener la dentición más primitiva dentro de los caniformes, ya que no han sufrido reducción o pérdida de piezas en la evolución.
El cachorro de lobo, al igual que el de un perro, nace sin dientes.
- Incisivos: Número total: 12 (6 superiores o maxilares y 6 inferiores o mandibulares). Se hallan dispuestos verticalmente y muy juntos entre sí. Aumentan de tamaño del primero al tercero (de la posición central a la lateral). Forman un bloque con una ligera convexidad labial (externa) y concavidad lingual (interna).
- Caninos: Número total: 4 (2 superiores o maxilares y 2 inferiores o mandibulares). Los caninos, también denominados colmillos, son grandes, cónicos y curvos.
- Premolares: Número total: 16 (8 superiores o maxilares y 8 inferiores o mandibulares). Los premolares presentan proyecciones agudas con bordes cortantes. Están comprimidos lateralmente y separados por pequeños espacios entre sí.
- Molares: Número total: 10 (4 superiores o maxilares y 6 inferiores o mandibulares). Ocupan el lugar más caudal en la distribución anatómica. La superficie masticatoria es cuadrangular y multilobulada. En condiciones normales se encuentran 4 molares superiores (2 en cada hemimaxilar) y 6 molares inferiores (3 en cada hemimandíbula). No existen precursores deciduos de los molares.
Alimentación del Lobo
El lobo es un súper depredador que ocupa, en su hábitat natural y sin competencia del hombre, la parte superior de la pirámide nutricional. La disponibilidad de alimento suficiente en su territorio (los lobos pueden recorrer en itinerancia hasta cien kilómetros diarios).
Pueden comer animales pequeños o presas de gran tamaño. Los lobos prefieren cazar ejemplares de animales ungulados (aquellos que tienen pezuñas) de tamaño grande o mediano. En total, la cantidad de alimento anual necesaria para un lobo es de cerca de una tonelada y media de carne. Sin embargo, estos animales pueden pasarse varias jornadas sin probar bocado. Tras la ingesta de los alimentos, los lobos beben grandes cantidades de agua, lo cual les ayuda a prevenir problemas urémicos.
Los lobos suelen cazar en manadas, aunque también hay ejemplares solitarios a los que no les queda más remedio que cazar pequeñas presas por sí mismos. Conseguir comida suficiente para todo el grupo no es tarea fácil.
La mayor parte de su dieta está compuesta por presas cazadas, aunque ocasionalmente puede competir con aves carroñeras por los restos de animales que han muerto de forma natural o por accidente, así como por restos provenientes de vertederos cercanos a núcleos de población humana. También es conocido el hábito, en determinadas estaciones, de consumir alimentos de origen vegetal, tales como frutos silvestres. Sus presas naturales son grandes herbívoros y otros mamíferos de menor porte, como zorros, perros, conejos y liebres. También en ocasiones cazan jabalíes solitarios o atacan al ganado doméstico.

En situaciones de carencia alimentaria el lobo amplía los límites de su territorio natural de caza en busca de alimento, llegando a atacar ocasionalmente a rebaños de ovejas o cabras. El lobo y el hombre compiten en la caza de otros animales situados en una posición inferior dentro de la pirámide nutricional (jabalíes, corzos, cabras montesas, conejos).
Si se suman los porcentajes de herbívoros, ovejas, conejos y otros carnívoros el resultado es que un 75% de la dieta del lobo entra en conflicto con intereses humanos. El lobo también aprovecha la carroña como complemento de su dieta. Este comportamiento, no tan acusado en el pasado, está aumentando en los últimos años por las políticas de algunas Administraciones regionales de abandonar en cebaderos los restos de animales domésticos muertos, lo que, además de alterar la función trófica del lobo convirtiéndolo de depredador en necrófago, también hace aumentar la querencia del lobo por el ganado vivo.
En la Península Ibérica abundan los cérvidos salvajes y otras especies silvestres que sirven de alimento al lobo, a diferencia de las que desaparecieron en época glaciar y las que han sido reducidas a la domesticidad, como el caballo, la cabra o la vaca. Si el corzo es la pieza preferida por el lobo, no debemos olvidar el papel que juegan en su dieta los roedores y los lagomorfos (conejos y liebres), que varía mucho según las zonas.
Al parecer, el número de integrantes de la manada está en relación directa con los hábitos alimentarios. Cuando la dieta está compuesta principalmente por grandes herbívoros (alces, renos, búfalos), las manadas deben tener un número grande de integrantes (de 10 a 20 o más), mientras que si, como ocurre en España, las piezas son de tamaño mucho menor (corzos, conejos), el número de integrantes requeridos para cobrarlas es más pequeño.
En campo abierto, los lobos actúan de manera que son los individuos más débiles o peor dotados de un rebaño de herbívoros (las crías y las hembras viejas) quienes sufren particularmente su ataque. Eso no significa que la selección de la pieza constituya un acto consciente por parte de la manada, sino que ésta se limita a perseguir a aquellos animales que no puedan escapar de su acoso con la debida rapidez. Naturalmente, los mejor dotados eluden con mayor facilidad los ataques de los lobos. Como consecuencia, éstos centran su atención en aquellos ejemplares que evidencian un estado de minusvalía física. La selección de la presa se reduce a una mera actitud de expectación, acorde con su carácter de animal oportunista.
Frente a los rebaños domésticos, los lobos suelen actuar coordinadamente, poniendo en práctica la técnica del acecho. Si su labor se ve dificultada por la presencia de perros pastores, uno de los lobos se deja ver, atrayendo sobre sí la atención de los perros. Cuando se trata de capturar conejos, uno o varios lobos actúan a manera de batidores, mientras los demás se mantienen a la expectativa, por lo regular cerca de la entrada de la conejera, adonde la presa acosada acudirá buscando refugio. Solamente en uno de cada ocho intentos logran los lobos abatir a los corzos tras desplegar los correspondientes movimientos de estrategia. En el caso de los ciervos, la proporción de éxito alcanza el uno por seis.
Contra las presas de mediano y pequeño tamaño, los lobos proceden mordiendo en el cuello, desgarrando la región cervical, la tráquea y la glotis. Es el procedimiento normal para matar cabras y ovejas.
¿Por qué los lobos no comen huesos?
Los huesos, cartílagos y carne muscular, son las sobras que dejan los exitosos. Por ellas compiten cuervos, buitres, omegas y lobos parias, expulsados o solitarios.
La dentadura del lobo no está preparada para moler huesos. Sus incisivos se desgastarían a toda velocidad, y sus caninos podría fracturarse. Todo esto se debe a una decisión de la naturaleza: los lobos no comen hueso con carne a menos que sea lo último disponible.
Los huesos son altamente corrosivos. Un perro alimentado a huesos carnosos tendrá la dentadura de un anciano a los 4 ó 5 años de edad. Eso en la naturaleza es una sentencia de muerte.
Otra sentencia de muerte sería que un predador como el lobo tuviera una fractura dentaria por rebuscar restos de carne entre los huesos. Los grandes colmillos tienen la función de sujetar las presas que pesan hasta más de 20 veces lo que pesa un lobo, podemos imaginarnos que con colmillos rotos, no hay presa posible.
Las principales presas de los lobos son los rumiantes, y los rumiantes son verdaderas máquinas de digerir 16 horas al día, donde su aparato digestivo, desde la boca al final del intestino, es una verdadera planta procesadora.
Un rumiante grande, como una vaca o un bisonte, produce entre 90 y 160 litros de saliva diarias.
Dicha saliva es tragada en el bolo alimenticio. La saliva de los rumiantes contiene enzimas que ayudan a la descomposición de la grasa (lipasa salival) y el almidón (amilasa salival). La función más importante de la saliva es amortiguar los niveles de pH en el retículo y el rumen.
El forraje que va comiendo se mezclan con la saliva que contiene sodio, potasio, fosfato, bicarbonato, calcio, magnesio y urea para formar un bolo.
Es decir que la saliva de las presas tiene un conjunto de minerales perfectamente equilibrados y preparados para una asimilación rápida y eficiente por parte del lobo. Y todo eso va mezclado con alimento vivo (probióticos), otras enzimas y jugos digestivos diversos, fibras y carbohidratos vegetales debidamente acondicionadas por la predigestión.
Esto hace que los lobos exitosos, los longevos, los que reproducen y tienen éxito, elijan siempre las vísceras cuando cazan una presa, dejando los huesos con carne (incluyendo los grandes músculos de los cuartos traseros) a los carroñeros, los lobos solitarios, expulsados, los que vivirán el tiempo que puedan y como puedan. Esos morirán en poco tiempo, entre las roturas dentarias, los obstrucciones por huesos, y la mala alimentación por las carencias que deja una dieta limitada a huesos carnosos, la naturaleza se asegurará de ese modo que solo sobrevivan los más aptos, los equilibrados, los capaces de formar manadas estables y nunca ser expulsados por mal temperamento.
Cuando todavía están los cuartos intactos, las entrañas ya han sido devoradas por los primeros en elegir. Lo primero que se abre al matar una presa es su abdomen, los lobos fundamentales para la especie (reproductores líderes y cachorros a los que le regurgitarán la comida) comerán las nutritivas vísceras y dejarán el resto. Si la presa eran abundante como para todos, lo que dejarán serán los huesos y los músculos, la víctima queda vaciada por dentro.
El cocodrilo no puede optar entre vísceras, huesos o carne. Ellos destrozan las presas por torsión y tragan los trozos sin masticar, arriesgando por lo tanto sus dientes a las roturas.
Los cocodrilos tienen una dentadura bastante distinta a la de los cánidos, mucho más fuertes y difíciles de desgastar. Pero lo más importante: los cocodrilos renuevan sus dientes hasta 50 veces a lo largo de su vida.
El Lobo Ibérico (Canis lupus signatus)
Canis lupus signatus es el nombre científico del lobo ibérico, la subespecie de Canis lupus que habita nuestra península, descrita por Ángel Cabrera en 1907.

En efecto, en su colorido dominan los tonos marrones, aunque existen ejemplares más oscuros y otros más rojizos, estos últimos distribuidos en el pasado principalmente en la zona sur del río Duero. El peso del lobo ibérico se encuentra entre el de los grandes lobos europeos y norteamericanos y el de los lobos más pequeños que poblaban el norte africano. Los machos adultos suelen superar los 40 kg. y las hembras los 30. Estos lobos poblaban la mayor parte de las tierras al sur de los Pirineos hasta principios de este siglo. El número total de ejemplares de Canis lupus signatus que se pueden encontrar en España varía según las fuentes. El último censo fiable data de 1988, e indicaba la existencia de 1.500 a 2.000 individuos.
Características del Pelaje del Lobo Ibérico
- Manchas blancas en los belfos, llamadas "bigoteras"
- Líneas verticales negras o muy oscuras que recorren el frente de sus patas delanteras
- Marca oscura a lo largo de su cola
- Mancha oscura alrededor de la cruz, llamada "silla de montar"
Estas marcas son las que le han valido a la subespecie el nombre de signatus, que significa "signado", es decir, con señales o marcas.
Amenazas al Lobo Ibérico
La Directiva Hábitats de la Unión Europea, aprobada en mayo de 1992 y adoptada por la legislación española en diciembre de 1995, establece que la población del lobo al sur del Duero debe ser considerada especie de interés comunitario de carácter prioritario y para cuya protección es necesario designar zonas especiales de conservación. Aparte de esta protección comunitaria, la región de Castilla-La Mancha ha incluido al lobo en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas.
Los lobos que quedan en el norte de España (Castilla y León, Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco) están considerados como una especie cuya explotación debe ser compatible con el estado favorable de las poblaciones. Esto significa que el lobo ha de ser respetado siempre que no choque con los intereses humanos; es decir, que la ley sigue siendo permisiva para que se puedan cazar lobos indiscriminadamente. Esta desidia en España afecta también a otras poblaciones de signatus.
Portugal acoge aproximadamente al 10% de los individuos de lobo ibérico que habitan la Península, y allí, aunque la legislación y la actitud de la población es más conservacionista, el lobo también sufre una situación crítica. Los lobos están estrictamente protegidos en el país vecino por la misma Directiva Hábitats y por el programa Life de la Unión Europea; sin embargo, para algunos lobos portugueses esta protección no es efectiva. Existe una población de unos 150 lobos en la frontera entre España y Portugal.
El imperdonable desinterés y negligencia de las autoridades competentes, tanto regionales como nacionales, quienes se limitan a legislar en el mejor de los casos, cuando no ganan dinero por el deplorable método de subastar el derecho de caza de lobos por cantidades que exceden las 600.000 pts. por individuo, como ocurre con la Junta de Castilla y León.
Esas mismas autoridades se niegan a pagar indemnizaciones a los ganaderos perjudicados por los asaltos del lobo y mantienen una escandalosa ceguera que ha permitido que ningún cazador furtivo haya sido jamás multado, a pesar de las leyes que protegen a la especie, mientras que se admite que el 70% de los lobos que mueren cada año lo hacen a manos de cazadores furtivos.
La relación entre el hombre y el lobo está primariamente marcada por el hecho de que son dos especies que básicamente compiten por los mismos recursos alimentarios. Aunque es cierto que periódicamente se registran ataques de los lobos a los rebaños de ovejas, no es cierto que el lobo sea un animal peligroso para el hombre. El hecho de que, junto con el zorro, sea una especie que depreda las especies que persiguen los cazadores, es actualmente el principal terreno de competencia entre ambas especies.
El Lobo Ártico (Canis lupus arctos)
Con un aspecto muy parecido a un Husky, el lobo ártico (Canis lupus arctos) es un animal sorprendente que habita principalmente en una de las regiones más inhóspitas de la Tierra: el ártico canadiense.

El lobo ártico pertenece a la familia ce los cánidos y es también conocido como lobo polar o lobo blanco por su largo y blanco pelaje. Es uno de los lobos más grandes que se conocen. Para protegerse del frío extremo, el lobo ártico posee dos capas gruesas de piel. La capa externa forma una barrera impermeable y se hace más gruesa cuando se acerca el invierno.
El lobo ártico necesita extensos territorios para encontrar comida suficiente, espacios que delimitan y defienden con marcas olorosas y aullidos. Cazan en manadas organizadas en torno a una rigurosa jerarquía social donde el macho y la hembra alfas son los jefes. Los toros almizcleros y los caribúes son los principales sustentos de estos lobos, los cuales pueden llegar a recorren extensiones de hasta 2.000 kilómetros cuadrados en busca de su presa. La escasez de alimentos junto a la caza y la pérdida de hábitat son las grandes amenazas a las que se enfrenta esta especie en peligro de extinción.