Por bien que nos fascine en muchos aspectos, la antigua Roma dejaba que desear en otros muchos, como la higiene. Sirva de ejemplo que las letrinas eran espacios comunes donde se compartía incluso la escobilla para limpiarse, o que para mantener la ropa impecable se usaba nada menos que orina como producto de limpieza. Pero, ¿te has detenido a pensar cómo cuidaban los antiguos romanos su salud dental? En una sociedad obsesionada con la apariencia, donde los gladiadores eran símbolos de fuerza y poder, ¿podrían estos deportistas de élite de la antigüedad haber lucido una sonrisa tan brillante como su gladius, la espada con la que se jugaban la vida en la arena?

El enjuague bucal más sorprendente: ¿Orina?
En la antigua Roma, la higiene bucal era muy importante, y una sonrisa blanca y brillante era un símbolo de belleza. Aunque nos parezca asqueroso, los romanos usaban la orina como un enjuague bucal por una razón muy práctica: contenía amoníaco.
El amoníaco es un compuesto químico con potentes propiedades blanqueadoras y limpiadoras. Hoy en día se usa en muchos productos de limpieza para el hogar, y los romanos descubrieron su efecto para mantener sus dientes blancos. Este uso de la orina era tan común que incluso se creó un mercado para ella. Se vendía en grandes ánforas e incluso se importaba. Curiosamente, la orina de Portugal era considerada de la más alta calidad y era muy valorada. En un giro aún más sorprendente, los emperadores romanos Nerón y Vespasiano llegaron a imponer un impuesto a la recolección y venta de orina, ¡convirtiéndola en una valiosa mercancía!
Pese a su utilidad, el literato Catulo se burlaba de la sonrisa deslumbrante de un rival, que atribuía a la costumbre hispana de lavarse los dientes con orina. Los orines más apreciados para la higiene dental eran los que procedían de Hispania, que se envasaban en ánforas precintadas y se trasladaban en barco hasta Roma.
21 cosas REPUGNANTES DE LA HIGIENE EN LA ANTIGUA ROMA
Otros métodos de higiene dental en la Antigua Roma
En la antigua Roma dedicaba cuidados especiales a la higiene bucal. Tras las comidas, era habitual usar mondadientes (dentiscalpia). A los romanos les gustaba mantener la dentadura blanca y ante la inexistencia de otras alternativas, se hizo común el enjuague con orina, tanto animal como humana. También utilizaban palos deshilachados como cepillos de dientes y polvos abrasivos como pasta de dientes . Algunos de los ingredientes utilizados en los polvos incluían cenizas, conchas marinas, cáscaras de huevo, piedra pómez y pezuñas.
- Palillos y ramas masticables: Los romanos usaban palillos llamados dentiscalpia, hechos con madera de lentisco, oro o incluso plumas.
- Pasta de dientes rudimentaria: Elaboraban pastas con cenizas de huesos, cáscaras de huevo trituradas y polvo de conchas marinas.
- Dentífricos pintorescos: harina de cebada con sal y miel o jugo de calabaza adobado con vinagre caliente.
- Remedios caseros: El que quería robustecer y abrillantar su dientes podía masticar raíces de anémonas o de asfodelo u hojas de laurel, pero lo más efectivo era enjuagárselo tres veces al año con sangre de tortuga.

La salud dental romana: ¿Mejor que la nuestra?
Al contrario de lo que podríamos imaginar, los restos dentales de los romanos muestran que padecían menos caries que en la actualidad. Su alimentación, basada en vegetales, frutas y cereales no procesados, y casi sin azúcares refinados, protegía sus dientes de forma natural. Sin embargo, los romanos no estaban exentos de problemas dentales. El desgaste por masticar granos mal molidos era habitual, al igual que las infecciones como abscesos y enfermedades de las encías.
Tratamientos dentales en la Antigua Roma
Los romanos no solo se preocupaban por la limpieza de los dientes. También recurrían a tratamientos para mantener su salud bucal:
- Prótesis y dientes falsos: Inspirados por los etruscos, los romanos usaban oro y dientes de animales o humanos para reemplazar piezas perdidas.
- Coronas y rellenos dentales: Según el poeta Marcial, algunos romanos reparaban dientes dañados con oro.
- Extracciones dentales: Aunque tenían sus riesgos, las extracciones eran comunes y se hacían con herramientas específicas, como fórceps.
Más allá de la higiene: Belleza y cuidado personal en la Antigua Roma
Junto al cabello, la venta de cosmética en Roma era un negocio en toda regla. Tanto para la mujer como para el hombre romanos llegó a convertirse en una auténtica obsesión. Hace más de 2.000 años también existían metrosexuales. Utilizaban a menudo la lanolina como ungüento facial, una sustancia grasa de color amarillo que se obtiene de la lana del cordero o de los caballos. En nuestros días, esta sustancia también se emplea en cosmética y en la industria farmacéutica.
Para blanquear la piel usaban elementos blancos como creta o cerussa y sustancias rojas y comino para los tonos rosados. Los hombres romanos no solo se maquillaban la cara, también se echaban polvos en el escote y los brazos con el fin de unificar el tono de la piel. Elementos naturales como la rosa, jazmín y limón eran frecuentes para tonificar la piel; y aceite de oliva, agua de rosas y cera de abeja para combatir las 'odiosas' patas de gallo. Las arrugas menores se disfrazaban con polvo de harina y conchas de caracoles.
El aroma favorito de los romanos era el crocimus, una mezcla de azafrán, junco, láudano y estoraque. También tenía mucho éxito el rhodinium, realizado básicamente con rosas. Aquellos ungüentos eran muy utilizados durante la época imperial y con ellos se perfumaban telas que se dejaban caer desde el techo o alas de palomas que se soltaban durante los banquetes para que esparcieran la fragancia durante su vuelo.
El aseo personal también tenía su miga. Para lavarse, los romanos no usaban jabón y preferían, como los griegos, ungirse con aceite de oliva, que luego se quitaban con ayuda del estrígil (rascadera de metal). La gente se adecentaba cada día los brazos y las piernas de la suciedad que había contraído en el trabajo; en cambio se lavaba todo el cuerpo solo los días de mercado; es decir, cada ocho días (Séneca, Cartas 86).
La orina como detergente y limpiador
El ingenio de los romanos les llevó a aprovechar parte de sus residuos corporales en beneficio propio. Así, el amoníaco de la orina obtenida en las letrinas era considerado fundamental para el lavado de la ropa. A lo largo y ancho de las calles de Roma se diseminaban recipientes situados justo en la puerta de una fullonica, una lavandería, donde la orina se utilizaba como detergente. Dos empleados de la fullonica, los fullones, recogían la vasija con su pesada carga y la llevaban a un patio trasero donde había media docena más de recipientes similares. Había que dejar 'reposar' la orina hasta que el proceso de descomposición la convirtiera en amoniaco (NH3), una sustancia conocida por su aroma astringente que aún se utiliza en gran cantidad de fármacos y productos de limpieza. Después de unos días, el líquido resultante se mezclaba con agua para lavar tanto los ropajes de algunos nobles como prendas nuevas recién llegadas de la fábrica.

Para lavar la ropa, las fullonicae usaban una mezcla compuesta por agua, orina y cenizas. La orina contiene amoníaco, que descomponía la materia orgánica y ayudaba a ablandar la suciedad de las manchas, mientras que las cenizas la absorbían. La mezcla se metía junto con la ropa sucia en unas tinas de piedra, donde se limpiaba a base de pisotones. Para quitar los restos de suciedad se empleaba una arcilla llamada tierra de batán, conocida por sus propiedades absorbentes.
Después de limpiarla la ropa se enjuagaba con agua y, si aún quedaban manchas, se repetía el ciclo hasta que quedaba limpia del todo. A continuación, si la ropa era blanca, se empleaba cal para blanquearla. Posteriormente se tendía para secarla y airearla, aunque debido al efecto absorbente de los demás productos y al posterior enjuagado, al final del proceso la ropa no apestaba tanto como cabría esperar. Finalmente, se planchaba con la ayuda de una prensa y, según el tipo de tejido, se cardaba para dejarla lisa. También, si era necesario, se volvía a teñir y se arreglaban posibles desperfectos.
Tabla resumen de la higiene dental romana
| Aspecto | Método | Ingredientes |
|---|---|---|
| Enjuague bucal | Orina | Amoníaco |
| Pasta de dientes | Polvos abrasivos | Cenizas, conchas marinas, cáscaras de huevo, piedra pómez, pezuñas |
| Limpieza interdental | Mondadientes | Madera de lentisco, oro, plumas |
Los métodos romanos pueden parecer extraños, pero su legado en higiene dental es indiscutible. La Antigua Roma no solo revolucionó la ingeniería, la arquitectura y la cultura, sino que también dejó un legado fascinante en la historia de la salud dental.