Cada vez son más las personas que deciden colocarse un piercing en la lengua, el labio o el frenillo como forma de expresión personal. Sin embargo, no siempre se es consciente del riesgo para dientes y encías de los piercings orales, que pueden provocar desde fracturas en el esmalte hasta infecciones en las encías y hueso si no se toman las precauciones necesarias.
La boca es un espacio donde las bacterias encuentran un ambiente ideal para multiplicarse, y cualquier herida o golpe repetido puede tener consecuencias más serias de lo que parece. Una sonrisa sana va más allá de la estética, y protegerla implica conocer los peligros asociados a prácticas que, como los piercings orales, pueden comprometer la salud bucodental si no se cuidan de forma adecuada.
¿Qué son y dónde se suelen colocar los piercings orales?
Los piercings orales son perforaciones estéticas realizadas en distintas zonas de la boca o alrededor de ella, en las que se coloca una pieza de joyería. Al tratarse de una perforación, generan una herida en la mucosa que debe cicatrizar mientras el cuerpo se adapta al material extraño, por lo que requieren cuidados específicos para evitar infecciones y otras complicaciones.
Los lugares más habituales donde se colocan los piercings orales son:
- Lengua: Es uno de los más comunes. Se suele colocar en la parte central de la lengua, atravesándola de arriba abajo. También existen variantes como el piercing horizontal en la lengua, aunque son menos frecuentes y más arriesgados.
- Labio: Puede colocarse en la zona central del labio inferior (labret), en un lado (piercings Monroe o Madonna), o en ambos lados (snake bites).
- Frenillo lingual: Se coloca en la membrana que une la lengua con el suelo de la boca. Suele ser un piercing más discreto, pero también puede generar molestias.
- Frenillo labial: Aunque menos habitual.
- Mejillas: Se puede perforar la zona interior de las mejillas, generando un orificio que atraviesa hasta la parte externa.
- Úvula (campanilla): Es extremadamente raro y conlleva un alto riesgo, ya que se perfora la campanilla situada al final del paladar blando.
RIESGOS de usar PIERCINGS en la LENGUA y BOCA y cómo evitarlos | Dentalk! ©
Estos piercings requieren cuidados de higiene rigurosos, ya que la cavidad oral es un entorno con gran cantidad de bacterias que pueden complicar la cicatrización si no se mantienen las rutinas adecuadas de limpieza y control. Además, por el constante contacto de la joya con dientes y encías, pueden generar microtraumatismos que, a largo plazo, dañen el esmalte, provoquen recesión de las encías o generen molestias al hablar y masticar si no se controlan adecuadamente.
Riesgo de infecciones y complicaciones iniciales
La boca es un entorno húmedo y cálido, ideal para la proliferación de bacterias. Por eso, al colocar un piercing, se crea una herida que puede convertirse fácilmente en una puerta de entrada para infecciones si no se siguen cuidados estrictos. Tras la perforación, es normal que se produzcan inflamación, enrojecimiento y dolor en la zona durante los primeros días.
Sin embargo, si el dolor se intensifica, aparece pus o mal olor, o la zona se vuelve excesivamente roja y caliente, pueden ser signos de una infección local que necesita atención inmediata. En algunos casos, la inflamación puede llegar a dificultar el habla, la masticación o incluso la respiración si afecta a zonas como la lengua.
Además, existe riesgo de hemorragias tras la colocación del piercing, especialmente si se lesionan pequeños vasos sanguíneos durante la perforación. Aunque la mayoría de los sangrados son leves, en algunos casos pueden prolongarse si no se controlan adecuadamente.
Daños en los dientes
Los piercings, especialmente los colocados en lengua y labios, pueden convertirse en un enemigo silencioso para los dientes debido al contacto constante de la joya con el esmalte y otras estructuras dentales. Este contacto repetido, al hablar, masticar o simplemente al mover la lengua, puede generar microgolpes continuos que a largo plazo provocan un desgaste progresivo del esmalte.
Con el tiempo, este desgaste puede derivar en sensibilidad dental, haciendo que comer alimentos fríos o calientes resulte molesto, y aumentando el riesgo de caries al quedar el diente más expuesto. Además, el golpe de la joya contra los dientes puede producir pequeñas fisuras o fracturas en el esmalte, que pueden no notarse al principio, pero que con el tiempo pueden convertirse en fracturas mayores que requieren tratamientos como reconstrucciones, endodoncias o incluso la colocación de coronas si la estructura del diente queda debilitada.
También pueden dañarse restauraciones previas, como empastes o carillas, provocando que se despeguen o se fracturen. Es importante destacar también que muchas personas tienden a “jugar” inconscientemente con el piercing en la boca, mordiéndolo o empujándolo contra los dientes, lo que aumenta significativamente el riesgo de fracturas y desgaste.
Alteraciones en la posición de los dientes
Los piercings no solo pueden dañar el esmalte, sino también alterar la posición de los dientes con el tiempo, especialmente cuando se colocan en la lengua o en el labio inferior. El contacto continuo de la joya con los dientes, junto con el hábito de empujarla o “jugar” con ella, ejercen una presión repetitiva sobre determinadas piezas dentales. Esta presión puede mover lentamente los dientes de su posición original, provocando que se inclinen, se desplacen o aparezcan pequeños espacios entre ellos.
El desplazamiento puede derivar en maloclusiones (problemas de encaje entre los dientes superiores e inferiores), generando dificultades para masticar o incluso provocando molestias en la articulación de la mandíbula (ATM) si se mantiene en el tiempo. En algunos casos, se ha observado que los piercings en el labio inferior pueden empujar los incisivos inferiores hacia adentro o separarlos, mientras que los piercings en la lengua pueden ejercer presión en los dientes inferiores o superiores, desplazándolos de forma progresiva.
Además, estos movimientos no siempre son evidentes al inicio, y cuando se detectan, pueden requerir tratamientos de ortodoncia para devolver a los dientes a su posición correcta, con la consiguiente inversión de tiempo y coste.

Dificultades en el habla, masticación y salivación
La colocación de un piercing en la lengua, en los labios o en el frenillo puede afectar temporalmente funciones básicas como hablar y comer. Durante los primeros días tras la colocación, es habitual sentir molestias, hinchazón y dificultad para pronunciar ciertos sonidos. Además, el piercing puede interferir en la masticación, provocando pequeñas mordeduras accidentales en la joya o en la lengua, generando heridas o molestias adicionales.
También puede estimular la producción de saliva de forma excesiva, lo que se conoce como hipersalivación, generando incomodidad o dificultad para tragar de forma natural hasta que la boca se adapta. Aunque estos efectos suelen disminuir con el tiempo, en algunos casos persisten debido a la posición de la joya o por hábitos de morder o empujar el piercing, afectando a la comodidad en las actividades cotidianas.
Otras complicaciones: alergias, daños nerviosos y lesiones en tejidos blandos
Existen riesgos menos visibles, pero igualmente importantes, asociados a los piercings orales:
- Reacciones alérgicas: Algunas personas pueden presentar alergia a ciertos metales, como el níquel, provocando hinchazón, picor y enrojecimiento persistente en la zona. Por ello, se recomienda utilizar materiales hipoalergénicos como el titanio o el acero quirúrgico.
- Daños nerviosos: Durante la perforación, existe la posibilidad de lesionar pequeños nervios, especialmente en la lengua, lo que puede provocar parestesia (entumecimiento o pérdida de sensibilidad) temporal o, en casos poco frecuentes, permanente, afectando al sentido del gusto o la movilidad de la lengua.
- Lesiones en tejidos blandos: El roce constante de la joya puede causar úlceras, pequeñas heridas o granulomas (crecimiento anómalo de tejido) en la zona de contacto. Además, puede formarse un quiste mucoso si se obstruye una glándula salival cercana.
- Lesión ósea: Su roce constante con la encía causa retracción gingival, exponiendo la raíz del diente y aumentando la pérdida ósea de este con el riesgo de movilidad y pérdida de dientes a posteriori.
Complicaciones graves poco frecuentes
Aunque son raras, existen complicaciones graves que deben ser conocidas antes de decidir colocarse un piercing oral. La perforación de la mucosa en condiciones de falta de esterilidad puede facilitar la transmisión de enfermedades de transmisión sanguínea, como hepatitis B, hepatitis C o VIH.
Además, una infección local no controlada puede diseminarse a otras zonas, provocando celulitis facial o una angina de Ludwig, una infección grave del suelo de la boca que puede comprometer la vía aérea y requerir atención hospitalaria urgente. Otra complicación poco frecuente, pero muy grave, es la endocarditis infecciosa, una infección del revestimiento interno del corazón que puede desarrollarse si las bacterias de la boca acceden al torrente sanguíneo, especialmente en personas con determinadas patologías cardíacas previas.
Consejos para cuidar tu salud bucodental
Si ya tienes un piercing oral o estás valorando colocarte uno, es fundamental que conozcas la importancia de cuidarlo para proteger tu sonrisa y evitar complicaciones a corto y largo plazo. La higiene es clave. Limpia la zona con cuidado tras cada comida, utiliza colutorios recomendados y evita tocar el piercing con las manos sucias para prevenir infecciones.
También es importante evitar morder o jugar con la joya, ya que esto puede provocar microgolpes que dañen el esmalte y las encías. Apuesta siempre por materiales de calidad, como el titanio o el acero quirúrgico, que reducen el riesgo de reacciones alérgicas. Si notas dolor que no desaparece, hinchazón excesiva, sangrados continuos o cambios en la posición de los dientes, no lo dejes pasar y busca ayuda profesional cuanto antes.
Recuerda que llevar un piercing en la boca no está reñido con mantener una buena salud bucodental, pero requiere un compromiso de cuidado y revisiones regulares para detectar a tiempo posibles daños.
Mitos y verdades sobre los piercings bucales
Los piercings bucales, como los que se colocan en la lengua, labios o mejillas, se han vuelto cada vez más populares como una forma de expresión personal. Aunque pueden ser atractivos desde un punto de vista estético, también presentan una serie de riesgos para la salud bucal que no siempre se consideran antes de colocarlos.
| Mito | Verdad |
|---|---|
| «Los piercings bucales no son peligrosos si se colocan de forma profesional» | Aunque es cierto que un piercing colocado por un profesional certificado reduce el riesgo de complicaciones inmediatas, los piercings bucales siempre presentan riesgos para la salud, independientemente de quién los coloque. |
| «Si limpio bien mi piercing, no corro riesgo de infecciones» | A pesar de una buena higiene, los piercings en la boca tienen un mayor riesgo de infección debido a la naturaleza húmeda y llena de bacterias de la cavidad bucal. |
| «Un piercing en la lengua o en los labios no afecta a los dientes» | Uno de los mayores riesgos a largo plazo del uso de piercings bucales es el daño a los dientes y las encías. |
| «Si no siento dolor, no hay problemas con mi piercing» | El hecho de que un piercing no cause dolor inmediato no significa que esté libre de problemas. Muchos de los efectos secundarios de los piercings bucales pueden desarrollarse de forma silenciosa y progresiva. |
| «Puedo usar cualquier tipo de material para mi piercing» | El material del piercing es un factor crucial para la salud bucal. Los piercings fabricados con materiales inadecuados pueden provocar reacciones alérgicas o aumentar el riesgo de infecciones. |
| «Los piercings bucales no afectan el habla o la alimentación» | El uso de un piercing en la lengua o en los labios puede interferir con actividades diarias como el habla, la masticación y la deglución. |
Consejos para reducir los riesgos de los piercings bucales
- Mantener una higiene estricta: Cepillar los dientes y limpiar el piercing después de cada comida puede ayudar a prevenir la acumulación de bacterias.
- Usar enjuagues bucales antibacterianos: Esto puede reducir las probabilidades de infecciones.
- Evitar el hábito de morder o jugar con el piercing: Esto reduce el desgaste dental y el daño a las encías.
- Asistir a controles dentales regulares: Visitar al dentista para evaluar el estado de los dientes, encías y tejidos blandos es clave para detectar problemas antes de que se agraven.