El refrán "A caballo regalado no le mires el diente" es una expresión muy utilizada en la lengua española, y muchas veces se utiliza solo la primera parte («a caballo regalado»… ) dejando el resto a la interpretación del oyente.
Actualmente esta expresión se usa para indicar que no se puede criticar algo que nos es regalado o que llega como caído del cielo. Este es uno de esos refranes populares que tienen su origen en una práctica habitual en tiempos pasados, como sucede con otras expresiones, como cantar las cuarenta.
Significado: Este refrán recomienda aceptar los regalos de buen grado y sin poner reparo alguno. Se considera descortés analizar exhaustivamente la calidad del obsequio, así como resaltar sus defectos o fallos.
Marcador de uso: Muy usado. De uso actual, se emplea con frecuencia sólo la primera parte (A caballo regalado...).
Observaciones léxicas: En esta paremia, diente equivale a «dentadura». La voz «caballo» es muy frecuente en las paremias, pues este animal fue uno de los principales medios de transporte hasta el siglo XIX, siglo en que empezó a disminuir su importancia con la llegada del automóvil y su paulatina extensión.
Intención disuasoria.
Enunciado: A caballo regalado no se le mira el colmillo (California, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá, Rep.
El viejo refrán «a caballo regalado, no hay que mirarle el diente» es sentencia que nos recomienda no ser muy exigentes con las cosas que obtenemos gratuitamente.
Contexto:
«Sin que yo, por mi parte, la haya solicitado, ni poder explicarme por dónde me ha venido, me he encontrado con la vida; y como suele decirse que a caballo regalado no hay que mirarle el diente, sin discutirla, sin analizarla, me limito a sacar de ella el mejor partido posible» (Gustavo Adolfo Bécquer, Memorias de un pavo [Narraciones]. Madrid: Turner, 1865=1995, p.
«- Madre -le dijo Manuel viéndola pasar a su lado-, muy alegre es el color de ese vestido para una viuda. - Cállate, mala lengua -respondió su madre-. Todo debe ser alegre en un día como hoy. Además que, a caballo regalado, no se le mira el diente. Hermano Gabriel, vaya esta copa de mistela y esta torta. Eche usted un brindis a la salud de los novios antes de volver al convento» (Fernán Caballero, Cecilia Böhl de Faber, La gaviota.
«¿Qué me pareció? Me pareció como si me hubieran noqueado. Había pensado que a caballo regalado no había que mirarle el dentado, pero de lo que se trataba era de no mirarles ni el dentado no cualquier otra cosa a dos caballos regalados. ¿Qué me pareció? De hombre a hombre, me pareció como si me tocara dos veces la lotería. Por una parte, no me gustaba demasiado lo de estar vendado; pero, por otra, de hombre a hombre, le veía cierta gracia» (Julián Barnes, Al otro lado del canal.
Origen de la Expresión
El origen de la expresión a caballo regalado no le mires el diente hay que buscarlo en una práctica bastante común en épocas pasadas para conocer la edad de los equinos. En concreto, en la compraventa de caballos.
Esta era una actividad importante, y al no haber documentos oficiales que certificasen la edad de un equino de forma exacta, era frecuente que se intentase vender animales mayores como si fuesen más jóvenes.
Esta expresión tiene su raíz en en la evaluación que realizan los expertos cuando miran los dientes de un caballo para saber cosas como la edad, la salud, procedencia, el tipo de dieta que ha llevado… Básicamente podían valorar al animal solo mirándole los dientes.
De hecho en las etapas en las que existía de forma generalizada la esclavitud humana, una de las cosas que se tenían en cuenta a la hora de comprar un esclavo era la dentadura. Este hecho nos hace conscientes de la importancia que tienen las piezas dentales para los que pueden interpretarlas: pueden tener información muy importante sobre nuestra salud y estado general.
Todo esto implica que el origen de la expresión a caballo regalado no le mires el diente se encuentra en una práctica que fue habitual durante siglos.
Su origen está relacionado con el método que los expertos emplean para calcular con bastante aproximación la edad de los caballos: mirándoles la dentadura. Al nacer, el caballo tiene dos incisivos temporales. Al mes, cuatro incisivos y tres molares temporales a cada lado. Al año, son cuatro los molares de cada lado. Paulatinamente, los dientes temporales van siendo sustituidos por permanentes; a los cuatro años y medio, cuenta con seis molares, cuatro caninos y seis incisivos permanentes.

| Edad | Características de la dentadura |
|---|---|
| Al nacer | Dos incisivos temporales |
| Al mes | Cuatro incisivos y tres molares temporales a cada lado |
| Al año | Cuatro molares de cada lado |
| 4.5 años | Seis molares, cuatro caninos y seis incisivos permanentes |
Ideas clave: Educación - Apreciación - Conformidad