El personal sanitario en la clínica dental está expuesto a diario a una serie de riesgos laborales propios del sector odontológico, con consecuencias y peligros para su salud. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales refleja que todo profesional y empresario es el responsable de su propia integridad y de la de los trabajadores a su cargo. El odontólogo debe ser consciente de la relevancia de velar por la seguridad del paciente, del equipo y por la suya propia. El objetivo de este artículo es concienciar a los trabajadores de la clínica dental sobre aquellos riesgos laborales, aquellas enfermedades y accidentes a los que están expuestos, propios de su labor y ofrecer unas pautas recomendadas para evitarlos en la mayor medida.
Como odontóloga emprendedora, entendí pronto que cuidar de los pacientes empieza por cuidar de los trabajadores. Los riesgos laborales en una clínica dental abarcan desde infecciones por pinchazos accidentales hasta dolores de espalda crónicos. Si no se gestionan correctamente, pueden comprometer la salud del personal, interrumpir la actividad del negocio e incluso acarrear sanciones legales serias.
La legislación española, concretamente la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), deja claro que el empresario -en este caso, el odontólogo propietario- es el responsable último de la seguridad tanto propia como de sus trabajadores. Esto implica evaluar los riesgos de la clínica y adoptar medidas preventivas desde el primer día.
En España se notificaron más de 40.000 accidentes laborales en el sector sanitario solo en 2022, de los cuales cientos ocurrieron en entornos clínicos. La mayoría de esos accidentes se podría prevenir con medidas adecuadas. Un entorno de trabajo seguro reduce las bajas por enfermedad, mejora el clima laboral y aumenta la productividad. En palabras de la normativa, “minimizar los riesgos protege la salud del personal y evita interrupciones en la operativa diaria”.

Riesgos físicos en la clínica dental
Son aquellos que se producen debido al uso de las instalaciones y el equipamiento de la clínica, como caídas al mismo o distinto nivel, daños provocados por el instrumental y la aparatología o riesgos eléctricos.
Para evitarlos, es necesario mantener el buen orden y limpieza del mobiliario y los objetos de la clínica, además de disponer de una adecuada señalización de las diferentes zonas de trabajo, indicando mediante carteles de advertencia aquellos espacios o áreas de mayor riesgo. Del mismo modo, es fundamental trabajar a un ritmo de trabajo adecuado, que permita al trabajador poder prestar atención a cada una de las tareas desempeñadas.
Para evitar accidentes eléctricos, es necesario privar el uso continuado de los aparatos que pueda llevar a la sobrecarga eléctrica, y accionar las fresas directamente dentro de la boca del paciente, nunca fuera.
Otros de los riesgos físicos al que están expuestos los profesionales odontológicos por el uso de la aparatología de la clínica dental son:
- Radiación ionizante: derivada del uso de máquinas de rayos X. Se deben determinar programas de seguridad y protección radiológica específicos.
- Ruido ambiental: pueden producirse daños en los oídos causados por la exposición constante al sonido del material rotatorio. Para minimizar este riesgo, es aconsejable disponer de paredes insonorizadas y el uso de tapones auditivos.
- Riesgo por la utilización de láser: este instrumento puede producir daños oculares. Los láseres quirúrgicos también desprenden gases con sustancias cancerígenas. La prevención consiste en el uso de mascarillas especialmente indicadas para la utilización del láser, así como habilitar la aspiración de alta intensidad de humos tóxicos.
- Iluminación: las lámparas de polimerizar emiten una luz visible, de color azul. El principal peligro de esta es la fotorretinitis, una lesión irreversible de la retina, provocada por el trabajo constante con esta herramienta. Para prevenir estos daños, es de especial relevancia utilizar protectores visuales y no mirar directamente a la luz.
- Cuerpo extraño ocular: en la consulta dental es probable que se produzca el impacto de algún cuerpo extraño en los ojos, como resinas o almagamas, si no se hace uso de la protección ocular pertinente durante la jornada laboral.
Riesgos químicos en la consulta dental
En la consulta dental existen multitud de productos químicos peligrosos para la salud que pueden producir daños por acción directa o sensibilización indirecta, lo cual hace que estos sean unos de los riesgos laborales en la clínica dental más peligrosos. Entre ellos se encuentran los antisépticos, anestésicos o mercurio. Los peligros a los que está expuesto el trabajador son quemaduras, dermatitis, asma y daños cerebrales, respiratorios o renales, entre otros. Es importante que los dentistas utilicen la protección necesaria para el uso de estos productos, además de revisar su correcto etiquetado y composición.
La medida de seguridad más efectiva es la ventilación, ya que reduce los niveles de concentración en el aire. Las clínicas dentales también manejan a diario diversos agentes químicos que pueden suponer un riesgo para la salud si no se utilizan adecuadamente. Por ejemplo, los desinfectantes y esterilizantes fuertes (como el glutaraldehído, el hipoclorito sódico o productos con fenoles) pueden irritar la piel, los ojos o las vías respiratorias si hay sobreexposición.
Otro clásico riesgo químico en odontología era la exposición al mercurio de las amalgamas plateadas. Actualmente, las pocas veces que retiro amalgamas antiguas de pacientes, utilizo aspiración potente y mascarilla con filtro para evitar inhalar partículas metálicas.
No olvidemos que algunos empleados pueden tener alergias a sustancias presentes en la clínica. Un caso frecuente es la alergia al látex de los guantes, que causa eczemas en las manos o incluso reacciones más serias. Por eso prácticamente todas las clínicas hemos migrado a guantes de vinilo o nitrilo.

La normativa nos apoya en esta gestión: existen estándares (normas UNE e ISO) y reglamentos para almacenamiento de productos químicos, etiquetado de botes, etc. Como dueño, debes asegurarte de tener hojas de seguridad actualizadas de cada producto químico y que tu personal sepa interpretarlas.
Riesgos biológicos y prevención de infecciones
Los profesionales odontológicos están en contacto con la sangre y los fluidos orgánicos potencialmente infecciosos, con capacidad para transmitir bacterias, virus y hongos, pudiendo producirse una infección cruzada. Para evitar cualquier contagio, es necesario seguir una serie de normas de prevención:
- Vacunación del personal: inmunización ante el sarampión, la rubeola o la hepatitis.
- Normas de higiene personal: es necesario que el personal retire sus anillos o joyas antes de comenzar y lave sus manos antes y después de cada tratamiento, dedicando, como mínimo, veinte segundos a la fricción.
El riesgo biológico es, sin duda, uno de los más importantes en odontología. Nuestros trabajos implican contacto constante con fluidos corporales de pacientes (saliva, sangre, tejido) y exposición a posibles patógenos. De hecho, el accidente laboral más frecuente en clínicas dentales es el pinchazo accidental con una aguja o instrumento punzante contaminado. Las enfermedades de mayor preocupación en estos casos son las hepatitis virales y el VIH.
Antiguamente, el mayor peligro tras un pinchazo era la hepatitis B, pero hoy en día la mayoría del personal sanitario está vacunado contra la hepatitis B (vacuna obligatoria que todo empleador debe ofrecer conforme al Real Decreto 664/1997). Sin embargo, en la actualidad el virus de la hepatitis C representa el mayor temor tras un pinchazo con sangre contaminada, con un contagio estimado alrededor del 3% por exposición.
Esas medidas de barrera incluyen el uso imprescindible de EPI (equipos de protección individual): guantes, mascarilla, gafas o pantalla facial, y bata desechable o uniforme de protección. Además, reforzamos la formación continua en protocolos de higiene: correcto lavado de manos, uso de soluciones desinfectantes antes y después de cada paciente, y esterilización rigurosa de instrumental.
No hay que olvidar el manejo y eliminación de residuos biológicos y material sanitario cortante. Estos residuos deben depositarse en contenedores especiales (los típicos contenedores rígidos amarillos para punzantes) y gestionarse conforme a la normativa de residuos sanitarios de cada comunidad autónoma. La ley exige seguir protocolos seguros para evitar que nadie resulte herido o expuesto al manipular basura clínica.
Dentro del apartado biológico merece mención una normativa reciente: el Real Decreto 487/2022, de 21 de junio, sobre prevención y control de la legionelosis. Este RD ha incluido expresamente a las clínicas dentales (en concreto los “sistemas de agua a presión en tratamientos dentales”) entre las instalaciones susceptibles de ser foco de Legionella. Esto implica, por ejemplo, llevar un Plan Sanitario frente a Legionella, mantener y purgar regularmente los circuitos de agua de las unidades dentales y usar productos desinfectantes especiales en esos sistemas.
Ergonomía y riesgos musculoesqueléticos
Cuando abrí mi clínica, invertí muchísimo en equipamiento de primera categoría, pero tardé un tiempo en darme cuenta de que de poco sirve la última tecnología si el equipo está incómodo o acaba con dolor de espalda. La odontología es una profesión físicamente exigente: pasamos horas inclinados sobre el sillón, realizando movimientos repetitivos con las manos y manteniendo posturas estáticas nada naturales. Esto conduce a un desgaste musculoesquelético notable.
De hecho, un elevado porcentaje de dentistas sufre dolor de espalda en algún momento de su vida laboral, así como molestias en cuello y hombros. A nivel de columna vertebral, son comunes las cervicalgias, dorsalgias y lumbalgias (dolores en cervicales, zona dorsal y lumbares). En las extremidades superiores aparecen casos de síndrome del túnel carpiano, tendinitis en muñeca o codo (como la epicondilitis, conocida como “codo de tenista” pero que también afecta a dentistas) e incluso problemas en los hombros por tener los brazos levantados durante procedimientos largos.

La ergonomía es la ciencia que nos salva la columna, literalmente. Implementar principios ergonómicos en la clínica fue un antes y un después. ¿Qué hicimos? Para empezar, adquirí sillones de trabajo ajustables y taburetes ergonómicos tanto para mí como para mis auxiliares, con apoyos lumbares y posibilidad de regular altura fácilmente. Además, reorganizamos los puestos para que todo el instrumental de uso frecuente estuviera al alcance de la mano, evitando torsiones o estiramientos incómodos. También instauré la norma de hacer pausas activas: cada 1-2 horas de trabajo clínico, unos minutos de estiramientos de cuello, hombros, muñecas y espalda.
En las clínicas dentales, la iluminación y la visibilidad también juegan un papel importante en la ergonomía. Usar lupas prismáticas o sistemas de aumento, junto con una buena lámpara operatoria, permite trabajar con la espalda más recta, ya que no necesitas agacharte tanto para ver. Un entorno ergonómico es un entorno seguro.
Otros riesgos físicos
Dentro de los riesgos físicos, existen otros factores a considerar:
- Radiaciones ionizantes: Si tu clínica cuenta con equipamiento de rayos X, debes saber que trabajas con radiación. La normativa española (Consejo de Seguridad Nuclear) clasifica estas instalaciones radiológicas y obliga a registrar los equipos de rayos X de la clínica en el registro oficial de tu Comunidad Autónoma. Además, exige medidas de protección radiológica: tener un plan de radioprotección, un responsable de radiología designado, realizar revisiones periódicas de los aparatos y formar al personal en su uso seguro.
- Ruido: El característico sonido del torno dental y del compresor forman parte del día a día, pero la exposición continua a ruidos de alta frecuencia puede causar estrés, fatiga e incluso pérdida de audición con los años. Procuro mantener los equipos en buen estado (un equipo mal calibrado hace más ruido), he instalado paneles acústicos en el área del compresor para aislar su sonido y, en procedimientos especialmente ruidosos o largos, ofrezco protectores auditivos a mi auxiliar si lo necesita.
- Riesgo de caídas y accidentes mecánicos: Una clínica dental es un entorno relativamente controlado, pero pueden ocurrir accidentes tontos: resbalar por el suelo mojado tras fregar, tropezar con un cable suelto o golpearse con un mueble mal ubicado. Mantener el orden y la limpieza es clave para evitar esto.
- Riesgos eléctricos y de incendio: Todo el equipamiento eléctrico (láser de blanqueamiento, autoclave, lámparas, sistemas informáticos) debe pasar sus mantenimientos. Un mal mantenimiento podría derivar en sobrecalentamientos o cortocircuitos. Por ello, contrato revisiones anuales de los aparatos críticos, uso regletas con protección y nunca sobrecargo los enchufes. También tenemos un extintor en la clínica -revisado cada año- y todos sabemos dónde está y cómo usarlo.
😵 La VERDAD detrás de la PREVENCIÓN de RIESGOS LABORALES.
Prestar atención a estos detalles físicos hace que tu clínica sea un lugar seguro en todos los sentidos.