El Salmo 136 es una joya del libro de los Salmos, un canto antifonal que resuena con la eterna misericordia de Dios. Este salmo no solo es una expresión de gratitud, sino también una profunda reflexión sobre la fidelidad y el amor incondicional de Dios hacia su creación y su pueblo.
La misma frase "Porque su amor es eterno" se repite en los salmos 100, 103, 106, 107, 118, 136 y 138, subrayando la centralidad de la misericordia divina en la vida de los creyentes.
✅ SALMO 136 - EXPLICADO 🔥 | Reavivados por su Palabra || 19 DE SEPTIEMBRE 2023
El Contexto y la Estructura del Salmo 136
El salmo 136, también llamado “Salmo Alfabeto” debido a su estructura que utiliza letras hebreas consecutivas como acrósticos, es un salmo de alabanza y gratitud a Dios. Su composición se sitúa probablemente en el contexto del exilio babilónico (siglo VI a.C.), un período de sufrimiento y cautiverio para el pueblo de Israel.
Alejados de su tierra, Jerusalén, y privados de su templo, los israelitas experimentaron una profunda nostalgia y un anhelo por la liberación divina. El salmo se caracteriza por su repetición constante de la frase “Porque para siempre es su misericordia”, un recordatorio constante de la fidelidad inmutable de Dios a pesar de las circunstancias adversas. Esta repetición refuerza la esperanza y la confianza en la promesa divina de redención.
El salmo 136 es un canto antifonal. El horizonte de la alabanza ilumina así el difícil camino. Todo el Salmo 136 se desarrolla en forma de letanía con la repetición de la antífona “porque su amor es para siempre”. A través de la composición se enumeran los muchos prodigios de Dios en la historia de los hombres y sus continuas intervenciones a favor de su pueblo; y a cada proclamación de la acción salvífica del Señor responde la antífona con la motivación fundamental de la alabanza: el amor eterno de Dios, un amor que, según el término judío utilizado, implica fidelidad, misericordia, bondad, gracia, ternura.

La Misericordia de Dios en las Escrituras
Una de las palabras que recorre la Escritura y demuestra uno de los atributos esenciales de Dios es la palabra misericordia. La misericordia de Dios es parte esencial de su ser. Después que Dios mismo escondió a Moisés en la hendidura de la roca, la presencia de Dios pasó junto a Moisés y Dios proclamó su nombre ¡Jehová! Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad (Éxodo 34:6).
La misericordia de Dios es mostrada de manera repetida a lo largo de la Biblia de manera especial sobre su pueblo. El libro de los salmos está lleno del continuo proclamar de la gran y eterna misericordia de Dios hacia los suyos. Los salmos son oraciones cantadas que continuamente exponen que la misericordia de Dios es nueva cada mañana para con los suyos. Así como el sol sale cada mañana y marca el inicio de un nuevo día, la misericordia de Dios es nueva cada mañana, nunca envejece para su pueblo porque Dios siempre es el mismo y no hay sombra de mudanza en él.
Una y otra vez el libro de los salmos proclama que la misericordia de Dios es para siempre (Salmo 136). Su misericordia no es momentánea o temporal, su misericordia nunca deja de ser para los suyos sino que es tan eterna como Dios mismo es eterno. Por ello el pueblo de Dios puede alabar a Dios porque para siempre es su misericordia.
Ahora bien, así como el libro de los salmos muestra que la misericordia de Dios es nueva y eterna para su pueblo, de la misma manera los salmos proclaman la verdad que las naciones mismas alabarán a Dios por haber engrandecido su misericordia.
En el que es posiblemente el salmo más corto de todo el libro de los salmos, el salmista proclama un canto de alabanza alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos alabadle. Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya (Salmo 117:1-2). De manera breve el salmista primero, llama a las naciones a alabar a Dios. Segundo, la misericordia y fidelidad de Dios es la causa de la alabanza y tercero, el salmo es una alabanza cumplida en el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
El Amor de Dios Abarca a Toda la Creación
El amor de Dios no afecta solo a aquellos que le aman, pues Él «da alimento a todo ser viviente» (Salmos 136:25).
Su bondad ha sido engrandecida de tal manera que ha llegado al corazón en aflicción y miseria de toda tribu, lengua, raza y nación. Su pacto que lleva a las naciones a redención y a una relación íntima con Dios ha sido extendido como aquel que extiende un manto sobre todas las naciones y pueblos de la creación. ¿Por qué Dios engrandecería su misericordia si ya es lo suficientemente grandiosa? La imagen del lenguaje poético es clara, la idea de engrandecer la misericordia muestra el deseo de Dios de alcanzar a todos los pueblos sin distinción.
Muestra el corazón misericordioso de Dios de alcanzar a todas las naciones con su fidelidad eterna y para siempre. Hay un detalle que no puede pasarse por alto. El salmista desde la perspectiva del antiguo pacto establece que Dios ha engrandecido su misericordia sobre nosotros.
Podría pensarse que ese nosotros es únicamente Israel como pueblo de Dios bajo el antiguo pacto, pero no puede olvidarse que el llamado del salmo a la alabanza es a todas las naciones y pueblos. Por tanto, el nosotros no se refiere únicamente a Israel sino que el salmista incluye en ese nosotros a todas las naciones gentiles que son llamadas a alabar a Dios porque él ha engrandecido su misericordia y su fidelidad eternas.
La Misericordia de Dios en Jesucristo
En la Cruz podemos ver, juntos, todos estos atributos divinos. Su gran amor llevó a Jesús a humillarse «hasta la muerte» por nosotros (Filipenses 2:8). ¿No es esto digno de alabanza?
Contemplar a Jesucristo y escuchar el evangelio de salvación es contemplar y escuchar de la gran misericordia de Dios, es vislumbrar como Dios ha engrandecido su misericordia y fidelidad para alcanzarnos. Es observar cómo su fidelidad es eterna sellada por la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo.
Lejos estábamos de los pactos de las promesas, estábamos en el mundo sin esperanza eterna, Dios no era nuestro Dios, la miseria del pecado en la vida era nuestra realidad lo reconociésemos o no, pero a Dios le pareció bien engrandecer su misericordia en Jesucristo y alcanzarnos. Engrandeció su misericordia e hizo a Jesucristo y la cruz del Calvario manantial de misericordia y perdón para todo aquellos que por su gracia nos acercamos a él.
Quizás puedes preguntarte ¿por qué Señor? ¿Por qué engrandeciste tu misericordia sobre mí en la persona de Jesús? Y la respuesta de Dios es simple pero soberana tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca (Romanos 9:15). Gloria a Dios porque él tuvo misericordia.

La Relevancia Personal de la Misericordia de Dios
Tras su pecado con Betsabé, los remordimientos corroían el alma de David. Pero David va más allá. Pide una transformación, la transformación que todos necesitamos. El perdón y la renovación de nuestro ser redunda en gozo, testimonio, cánticos y alabanza (Salmos 51:12-15). El pecado es un abismo profundo desde el cual el pecador clama a Dios (Salmos 130:1-2). Esta actitud divina genera esperanza.
Como respuesta a estas bondades, nos unimos a los ángeles bendiciendo al Señor (Salmos 103:19-22).
El mensaje del salmo 136 sigue siendo profundamente relevante en la actualidad. Nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con Dios y a cultivar una memoria viva de Él en nuestra vida diaria, integrándolo en cada aspecto de nuestra existencia.
Puedes aplicar el mensaje del salmo cultivando una práctica diaria de oración, meditación, lectura de la Biblia y participación en la comunidad de fe. Buscar la presencia de Dios en los momentos de alegría y dificultad, y vivir una vida de gratitud por su amor incondicional.
El Salmo 136 y la Memoria de Dios
Dentro de este marco de sufrimiento y esperanza, se encuentra la impactante declaración: “Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti…”. La imagen de la lengua pegada al paladar es una metáfora poderosa que expresa la imposibilidad de hablar o incluso de vivir si se olvida a Dios. En la cultura antigua, la lengua era el órgano del habla, de la comunicación, de la expresión de la fe y de la alabanza. La incapacidad de hablar, representada por la lengua pegada al paladar, simboliza la imposibilidad de vivir una vida plena y significativa sin la memoria de Dios.
No se trata simplemente de un olvido casual o pasajero, sino de una negligencia profunda y consciente de la relación con Dios. El salmista está expresando una determinación absoluta de recordar a Dios, de mantener viva su presencia en su corazón y en su vida. Es una promesa solemne, una declaración de dependencia total de Dios.
En muchas versiones del Salmo 136, la frase completa se extiende: “Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en la cumbre de mis alegrías”. Aquí, Jerusalén no solo representa la ciudad santa, sino también la comunidad de fe, el lugar de encuentro con Dios y el símbolo de la identidad nacional de Israel. Recordar a Dios implica recordar la promesa de la restauración de Jerusalén y la esperanza de la liberación del exilio.
El salmo 136 y su frase memorable “Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti…” nos confrontan con la importancia fundamental de recordar a Dios en nuestra vida. No se trata de un ritual vacío o de una simple declaración religiosa, sino de un compromiso profundo con la fe, una búsqueda constante de la presencia de Dios y una expresión de gratitud por su amor incondicional. En un mundo que a menudo nos distrae de lo esencial, el salmo nos recuerda la necesidad de mantener viva la memoria de Dios, de integrarlo en cada aspecto de nuestra existencia y de vivir una vida plena y significativa en su presencia.
El Jubileo Extraordinario de la Misericordia
El Papa Francisco ha convocado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como “tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (Misericordiae vultus 3). Es un momento extraordinario de gracia y de renovación espiritual. Tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia como fuente de alegría, de serenidad y de paz.
Siguiendo las indicaciones del Salmo 136, nos adentramos en la consideración de la misericordia del Señor siguiendo a un cantor sagrado que, evocando las gestas del Creador y Salvador, suscita la alegre aclamación de alabanza por la eterna bondad de Dios.
En el Salmo 136, la contemplación de la acción benéfica de Dios comienza destacando la grandeza de las obras del Creador, empezando por la inmensidad de los cielos (vv. 4-9); luego evoca la gran epopeya del éxodo, en la que la poderosa mano del Señor obtuvo la victoria sobre los «grandes» reyes de la tierra (vv. 10-22). Sin embargo, el salmo concluye la letanía de acción de gracias con un recordatorio del pequeño regalo del pan de cada día.
Para nosotros, los cristianos, el acontecimiento de la Encarnación, el descenso del Altísimo a la pobre carne humana, representa la cúspide sublime de esta economía divina, completamente impregnada de condescendencia, completamente orientada a la salvación y, por tanto, plenamente expresiva de la misericordia.
La narración bíblica, si nos fijamos bien, se presenta como una repetida sucesión de «comienzos», de hechos que han de considerarse como ocurridos «al principio», no sólo de un breve ciclo, sino de todo el proceso histórico, configurándolo según su preciso sentido.

El Estilo de Dios
En efecto, el Deuteronomio dice: es porque el Señor «se vinculó» (v. 7) con un lazo de afecto a Israel, es porque lo «amó» (v. 8) que surgió la elección y, en consecuencia, se produjo el acontecimiento benéfico de la liberación de Egipto, acontecimiento fundado en la alianza con los padres y, al mismo tiempo, acontecimiento que fundó la alianza sinaítica con los hijos de Israel (Ex 19,3-4; Dt 5,6; Jer 31,32).
El verdadero amor, el auténtico amor, el amor divino no está motivado por ninguna realidad externa, no está condicionado ni proporcionado a ningún bien existente, como si Dios fuera una respuesta debida y predecible. En este misterio insondable del Origen amoroso de toda la realidad, que hay que acoger con reverente adoración cada vez que se manifiesta, sale a la luz otro concepto de gran importancia espiritual, porque nos muestra el modo en que el Señor revela su benevolencia naciente en la historia.
La elección del pequeño muestra que el verdadero Dios no hace preferencias - aquí está lo paradójico -, es decir, no se deja condicionar por las apariencias externas (1 Sam 16,7), por lo que sería amable y apreciable para todos, y por tanto útil para el fin que se persigue. Haciendo alto, noble y sublime lo que es humilde y despreciado, atando a sí mismo por puro amor a los abandonados o marginados, Dios manifiesta su misericordia a todos. Porque dice: «yo concedo mi favor a quien concedo mi favor y tengo compasión de quien tengo compasión» (Ex 33,19), y esto se lo dice a Moisés que pidió «ver la gloria» del Señor (Ex 33,18).
| Versículo | Acción de Dios | Estribillo |
|---|---|---|
| Salmo 136:5 | El que hizo los cielos con entendimiento | Porque para siempre es su misericordia |
| Salmo 136:6 | El que extendió la tierra sobre las aguas | Porque para siempre es su misericordia |
| Salmo 136:7 | El que hizo las grandes lumbreras | Porque para siempre es su misericordia |
| Salmo 136:8 | El sol para que señorease en el día | Porque para siempre es su misericordia |
| Salmo 136:9 | La luna y las estrellas para que señoreasen en la noche | Porque para siempre es su misericordia |
Conclusión
El Salmo 136 es mucho más que un simple canto; es una declaración de fe, una expresión de gratitud y un recordatorio constante de la eterna misericordia de Dios. Al meditar en este salmo, somos invitados a reflexionar sobre nuestra propia relación con Dios y a vivir una vida que refleje su amor y su fidelidad.