La historia de Álvaro Gervás y su familia ofrece una mirada íntima a los desafíos y la resiliencia durante la pandemia de COVID-19. Este relato, centrado en la experiencia de los Cebrián Gervás, revela cómo una familia numerosa enfrentó la enfermedad, el aislamiento y la incertidumbre, encontrando fortaleza en la organización, la fe y el apoyo mutuo.

Mapa mundial de la pandemia de COVID-19.
El Inicio de la Crisis
Todo comenzó días antes de que el Gobierno decretase el estado de alarma. Allá por el 12 de marzo, Irene Gervás empezó a tener dolor de cabeza, pero no le dio más importancia. Será el estrés del trabajo o el ritmo con los niños sin colegio en casa, pensó.
El lunes, cuatro días más tarde, y cuando España entera ya estaba confinada en sus casas, los síntomas de esta enfermera fueron a peor. Dolor de cabeza, tos, fiebre aguda, dolor muscular... En ese momento, José María también había empezado a manifestar síntomas de coronavirus.
Y si ya era poco factible el aislamiento de Irene, con 11 hijos, el de los dos era totalmente inviable. Después, vino lo peor. Al mismo tiempo, los más pequeños de la familia comenzaban a enfermar.

Infografía de prevención del COVID-19.
Aislamiento y Miedo
La vivienda de los Cebrián Gervás se ha convertido prácticamente en un hospital desde que comenzó la cuarentena. Cuando a Irene le comunicaron que era positivo de Covid-19, el aislamiento con sus hijos era ya, sencillamente, imposible.
"Hemos pasado momentos de verdadero miedo, ves a tu hijo con tiritonas, vomitando y no sabes cómo va a reaccionar. Yo estuve muy enfermo, solo pensaba en no tener que ir al hospital porque dejaba un cuadro en casa. No podía venir a ayudarnos nadie, estábamos confinados. Hasta ahora, nunca había tenido miedo en la vida.
Aún así, este arquitecto, conforme pasaban los días, sabía que algo no iba bien, sentía que los pulmones se le salían del cuerpo. "Entré en barrena, no dejaba de pensar si tenía que ir al hospital porque respiraba mal, pero no podía dejar a mis hijos así. O eso quiso creer este padre de familia, pues hubo una noche, especialmente mala, en la que los síntomas le fueron a más y la salida urgente al hospital parecía inevitable.
Tal y como le habían dicho sus familiares que hiciese una y otra vez, pero se negó. "Me agarré a la vida y me recuperé, no tenía otra opción", dice aliviado.
Organización Familiar Durante la Crisis
Pero, ¿cómo ha sido capaz esta familia numerosa de organizarse con 11 niños, todos enfermos y sin poder salir de casa? "Nos hemos tenido que organizar como cualquier otra familia, o nos planificábamos o naufragábamos. Lo primero que hicieron los Cebrián Gervás fue establecer un horario dividido en tareas. Desayunar, asearse y hacer las tareas del hogar es lo que todos hacen durante las primeras horas del día. Después comienza el cole. Después de la comida, llega el momento de ver una película en el salón y finalmente disfrutar de algo de tiempo libre.
Quien se ha encargado, paralelamente, de cocinar para la familia ha sido la abuela materna. Eso sí, sin poner un pie en la casa. "Seguimos siempre el mismo modus operandi, nosotros le abrimos la puerta del garaje, ella entra con la comida o con la compra que le encargamos, la deja en el ascensor y mi hijo, al que llamamos nuestro secretario de Asuntos Exteriores, lo pide y sale a recoger todo al rellano.
Los mayores son plenamente conscientes de problema, de hecho, no me esperaba que fuesen a tener un comportamiento tan maduro, aunque alguno lo lleva todo por dentro. El resto son conscientes de que es algo importante, es difícil de explicarlo, pero entienden que los abuelos están en peligro. Y muchas veces me dicen además (ríe) que tenía que haber tosido en el codo y así no les habría contagiado.

Síntomas del COVID-19.
La Fe como Pilar Fundamental
No obstante, si hay algo que ha ayudado a esta familia a salir adelante y mantener la calma con el virus metido entre sus cuatro paredes, ha sido la fe cristiana. Cada mañana, a primera hora del día, cuando este matrimonio se levanta, lo primero que hace es seguir una misa en un oratorio de Madrid a través de YouTube. Por las tardes, llega la hora de rezar el rosario en familia, cuando termina la hora de relax de los pequeños. Lo que, según cuentan, les ha ayudado a olvidar problemas y a pensar en otra gente que está sola y también tiene el virus. "La ayuda de mi familia fuera, de mis hijos mayores en casa y de todo el mundo ha hecho que tengamos los pies en la tierra; pero rezar, ponernos en manos de la fe, nos ha dado también mucha serenidad", añade.
Ahora que llega la semana santa, aunque no podrán ver los pasos en la calle, la familia piensa celebrarlo igualmente. "Seguiremos por la televisión al papa Francisco, los oficios de jueves y viernes santo, y también del domingo de resurrección".
A los 12 días de cuarentena, los peores síntomas se desvanecían y los 13 miembros de esta familia volvían poco a poco a la normalidad. "Estamos saliendo del pozo, pero seguimos sin poder salir de casa. El médico nos ha dicho que tenemos mucha carga viral y que si vamos a la calle todavía podemos contagiar a otras personas, tendremos que estar otras dos semanas sin pisar la calle.