En el reino animal, la diversidad se manifiesta de innumerables maneras, incluyendo la estructura dental. Algunos animales poseen una sola clase de dientes, lo que les confiere adaptaciones particulares a su dieta y estilo de vida. En este artículo, exploraremos algunos ejemplos notables, como las zarigüeyas y el Iguanodon, analizando sus características dentales y su impacto en su ecología.
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Las Zarigüeyas: Marsupiales Incomprendidos
Las zarigüeyas son marsupiales extendidos a lo largo de todo el continente americano y están consideradas como uno de los mamíferos más antiguos de la región. Sin embargo, se conoce poco sobre su verdadera naturaleza y características. Las zarigüeyas son unos de los animales más incomprendidos del continente americano.
Mientras que a las zarigüeyas que viven en América -del Norte y del Sur- las llaman Opossums, a las que viven principalmente en Australia les dicen Possums. Aunque ambas son marsupiales, la principal diferencia entre estas dos zarigüeyas está en sus colas: la australiana tiene una cola gruesa y peluda, parecida a la de una ardilla, mientras que la americana tiene una cola desnuda.
Las zarigüeyas viven en América del Norte y del Sur, adaptándose a diversos hábitats, desde bosques hasta áreas urbanas.
Al igual que los gatos domésticos, las zarigüeyas se acicalan constantemente con sus lenguas y patas. Dado que no tienen glándulas sudoríparas, también lo hacen para refrescarse en climas cálidos.
Parte de la dieta de las zarigüeyas incluye serpientes venenosas, lo que las ha hecho resistentes al veneno.

Datos curiosos sobre las zarigüeyas:
- Es un mito común que las zarigüeyas pueden ser rabiosas, pero lo cierto es que su temperatura corporal es demasiado baja para que el virus sobreviva.
- Las zarigüeyas también comen cucarachas, grillos, escarabajos, ratones y ratas.
- Las zarigüeyas se originaron en América del Sur y se extendieron a América del Norte cuando los continentes se unieron.
- Al igual que los canguros, las zarigüeyas son marsupiales que llevan a sus crías en su bolsa, y allí permanecen durante los primeros tres meses de vida.
- La palabra 'zarigüeya' proviene del tupí 'sari'wé', una lengua indígena originaria de lo que hoy conocemos como Brasil.
Las zarigüeyas son animales sintientes que cumplen un rol clave en los ecosistemas, ayudando a controlar plagas y a mantener el equilibrio natural.
Iguanodon: Un Dinosaurio Herbívoro con Dientes de Iguana
Iguanodon («diente de iguana») es un género de dinosaurios ornitópodos iguanodóntidos, que vivieron a principios período Cretácico, hace aproximadamente 130 a 120 millones de años, entre el Berriasiense y el Aptiense, en lo que hoy es Europa. Iguanodon está a medio camino entre los primitivos de los hipsilofodóntidos, bípedos y rápidos, y la culminación de los ornitópodos en los dinosaurios de pico de pato.
Descubierto en 1822 y descrito tres años más tarde por el geólogo inglés Gideon Mantell, Iguanodon fue el segundo dinosaurio nombrado formalmente, después de Megalosaurus. Junto con Megalosaurus y Hylaeosaurus, es uno de los tres géneros usados originalmente para definir Dinosauria. Fue bautizado por Gideon Mantell con el nombre Iguanodon, el cual se deriva del término iguana y de la palabra griega odontos (diente), debido a que los dientes de Iguanodon son similares a los de la iguana.
Iguanodon es un miembro de Iguanodontia, junto con los hadrosáuridos. La taxonomía de este género continúa siendo un asunto de estudio mientras que se nombran nuevas especies o las de muchos años se reasignan a otros géneros.
La comprensión científica de Iguanodon ha evolucionado a través del tiempo, a medida que nueva información se obtiene de los fósiles. Los numerosos especímenes de este género, incluyendo los esqueletos casi completos a partir de dos niveles fosilíferos bien conocidos, han permitido que los investigadores se formulen hipótesis con respecto a muchos aspectos de la vida del animal, incluyendo la alimentación, el movimiento, y el comportamiento social.

Características Físicas y Alimentación
Iguanodon fue un robusto herbívoro que podía alternar entre las marchas bípeda y cuadrúpeda. Se ha estimado que los adultos de la especie mejor conocida, I. bernissartensis, pesaban un promedio de 3 toneladas, y medían cerca de 12 metros de largo, pudiendo alcanzar en algunos casos los 13 metros. Otras especies no eran tan grandes, el igualmente robusto I. dawsoni se estima en 9 metros de largo, y su contemporáneo más ligero, I. fittoni, en 8 metros.
En general, su aspecto y estructura del cuerpo no difería de los posteriores hadrosáuridos. Este género tenía un cráneo grande, alto pero estrecho, con un desdentado pico cubierto probablemente con queratina, y los dientes como los de una iguana, pero mucho más grandes y juntos en paquetes.
El cráneo estaba estructurado de tal manera que cuando cerraba la mandíbula, los maxilares (huesos del cráneo que sostienen los dientes superiores) se arqueaban hacia fuera. Esto causaría que las superficies más bajas de los dientes superiores frotaran contra la superficie superior de los dientes de la mandíbula, moliendo cualquier cosa entre ellos y proporcionando una acción equivalente a la masticación de los mamíferos. Debido a que los dientes siempre eran sustituidos, el animal habría podido utilizar este mecanismo toda su vida, y podría comer material vegetal resistente.
Por otro lado, la parte frontal del hocico era desdentada, y estaría probablemete cubierta por un pico córneo, apto para arrancar ramitas y brotes, ubicado sobre los huesos premaxilar (en el cráneo) y predentario (en la mandíbula), cada uno de los cuales formaba una punta arqueada rugosa que le servirían de base.
Aparato Masticador y Dentición
Los iguanodontes poseían un robusto aparato masticador, dotado con la dentición típica de un reptil herbívoro. Los iguanodontes tenían un único diente de reemplazo por cada pieza dentaria en uso, a diferencia de los hadrosáuridos, que tenían varias filas de dientes de reemplazo. Poseían 29 dientes en cada maxilar (58 dientes superiores), y 25 en cada dentario (50 dientes inferiores), mientras que en el premaxilar y el predentario, que formaban el «pico», no poseían ninguno.
El mayor número de dientes superiores se compensa con una mayor longitud de los dientes de la mandíbula, lo que permitía la oclusión de las filas dentales en toda su longitud, necesaria para la masticación eficaz.
Extremidades y Pulgar Modificado
Las piernas eran poderosas, pero no aptas para la carrera, y tenían tres dedos en cada pie. Los brazos eran largos, hasta 75% de la longitud de las piernas en I. bernissartensis y robustos, con las manos poco flexibles construidas de modo que los tres dedos centrales (dedos II, III y IV) pudieran soportar el peso en posición cuadrúpeda. El dedo meñique (dedo V) era alargado y flexible, y habría podido ser utilizado para manipular objetos y de ayuda en la recolección del alimento.
Una de las características de los iguanodontes es el gran dedo pulgar (dedo I o pollex), cuya segunda falange formaba gran una garra cónica, muy desarrollada y probablemente dotada con una gruesa cubierta córnea. Los pulgares estaban dirigidos hacia fuera, perpendiculares a los tres dedos centrales.
Este pulgar es tradicionalmente explicado como un elemento defensivo contra los predadores o contra otros iguanodontes, aunque pudo usarlo también para partir semillas y frutas.
El Descubrimiento y la Reconstrucción de Iguanodon
El primer rastro de un Iguanodon fue un diente fosilizado encontrado por la esposa de Gideon Mantell, Mary Ann Mantell, en los estratos del Bosque Tilgate (Cuckfield, Inglaterra), mientras su marido revisaba un paciente. Sin embargo, no hay evidencia de que Mantell llevara a su esposa con él mientras veía a sus pacientes. Además, admitió en 1851 que él mismo había encontrado los dientes.
En el reconocimiento de la semejanza de los dientes a los de la iguana, Mantell nombró su nuevo género Iguanodon o «dientes de iguana», a partir de iguana y del griego odontos («diente»). Basándose en una escala isométrica, estimó que la criatura habría alcanzado los 12 metros de largo.
Años después se encontró un espécimen más completo de Iguanodon en una cantera de Maidstone, que Mantell adquirió e identificó basado en el diente que tenía. La losa de Maidstone permitió las primeras reconstrucciones esqueléticas e interpretaciones artísticas de un iguanodonte. El error más famoso fue la adición de un cuerno, también descubierto por la esposa de Mantell, sobre la nariz del dinosaurio.
El descubrimiento de muchos mejores especímenes de I. bernissartensis en 1878 reveló que el cuerno era en realidad un pulgar modificado, quizás usado para la defensa, a modo de puñal contra los depredadores de su ambiente.