El tratamiento de las infecciones odontógenas, como los abscesos dentales, requiere un enfoque integral que considere tanto el tratamiento dental como, en algunos casos, el uso de antibióticos. Los abscesos dentales localizados responden bien a la incisión y drenaje, tratamiento de raíz o la extracción, por lo tanto, si es posible, es importante la cirugía dental inmediata en lugar de prescribir antibióticos innecesarios.
En este artículo, exploraremos el uso de la azitromicina como una opción antibiótica para el tratamiento de abscesos dentales, incluyendo la dosis adecuada y otras consideraciones importantes.
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Infecciones odontógenas: Un panorama general
Las infecciones odontógenas, que incluyen caries, pulpitis y abscesos periapicales, son comunes en la práctica dental. Estas infecciones se originan en las estructuras que forman el diente y el periodonto. La mayoría de las infecciones de la cavidad bucal son, como sabemos inespecíficas, polimicrobianas (múltiples bacterias implicadas) y mixtas (bacterias con distinto tipo respiratorio).
La cavidad bucal es la residencia de un gran número y variedad de microorganismos variando su composición de una zona a otra en virtud, sobre todo, de sus requerimientos de oxígeno. El huésped humano mantiene un equilibrio con los microorganismos que componen la flora bucal; dichos gérmenes establecen entre sí y con el huésped sano relaciones de comensalismo, simbiosis o sinergismo.
Hasta los años 70 prevaleció el concepto de infección monomicrobiana creyéndose que estreptococos y estafilococos eran las únicas bacterias causales. Casi el 95% de las infecciones de cabeza y cuello son de etiología mixta, aunque en un tercio de los cultivos solo se aislan anaerobios, lo que indica que son infecciones secuenciales.
Se han identificado numerosos factores de riesgo: susceptibilidad genética, consumo de azúcares refinados, deficiente higiene bucal, traumatismos locales continuados, fracturas y laceraciones (piercings), malnutrición etc.
En general, son problemas locales autolimitados, aunque ocasionalmente pueden traspasar por contigüidad los espacios profundos de cabeza y cuello (infecciones del espacio parafaríngeo), causar osteomielitis, y provocar complicaciones sistémicas.
Es importante destacar que las infecciones odontógenas generalmente son de origen polimicrobiano a partir de la flora habitual de la cavidad oral y en general solo precisan tratamiento local (antisepsia, drenaje, desbridamiento) combinado con una adecuada analgesia.
La antibioterapia debe reservarse para cuando existen signos de propagación de la infección, siendo de elección la amoxicilina. Siempre se debe recomendar una buena higiene bucal, base de la prevención.
¿Cuándo considerar el uso de antibióticos?
El sumario de evidencia de BMJ Best Practice sobre el absceso dental indica que en pacientes inmunocompetentes con infecciones leves y localizadas es posible que no sea necesaria la terapia con antibióticos una vez que se haya eliminado la fuente de infección.
La antibioterapia debe reservarse para cuando existen signos de propagación de la infección, siendo de elección la amoxicilina. Las infecciones que requieran tratamiento antibiótico deben ser revaloradas a las 48-72 horas ya que la progresión de la infección en el niño puede ser muy rápida.
Las indicaciones para el uso de antibióticos incluyen:
- Si la infección local se extiende rápidamente.
- Síntomas de afectación sistémica: fiebre, debilidad general, postración.
- Paciente con factores de riesgo.
- Patología dentaria traumática (únicamente avulsión dentaria).
Por todo lo expuesto, a nivel ambulatorio se deben emplear casi obligatoriamente tratamientos antibióticos empíricos.
Azitromicina como alternativa
El tratamiento de elección en infecciones dentales es amoxicilina-clavulánico (AMC) 500/125 mg cada 8 horas durante 7 días, quedando la azitromicina 500 mg cada 24 horas durante 3 días como 2ª elección para casos en los que por ejemplo haya alergia a beta-lactámicos.
Azitromicina es por el momento el único componente de lo que cabe llamar como una nueva generación de macrólidos azálidos. Solo tres días de tratamiento a dosis de 500 mg /día en una sola toma consiguen resultados similares a los obtenidos en 7-10 días con otros macrólidos y betalactámicos.
Su eficacia clínica en infecciones odontógenas es significativamente mayor que espiramicina.
Dosis recomendada de azitromicina
- Adultos: 500 mg cada 24 horas durante 3 días.
- Niños: 10 mg/kg/día, dosis única (máx. 500 mg), VO.
Es importante dosificar teniendo en cuenta peso del paciente y severidad de la infección.
Consideraciones importantes sobre la azitromicina
- Se recomienda espaciar la toma de azitromicina 2 horas si se toman antiácidos.
- Atención a los signos de ototoxicidad como posible reacción adversa.
Alternativas a la azitromicina
Si se considera preciso asociar al tratamiento dental un tratamiento antibiótico para el manejo de una infección endodóntica, se recomiendan antibióticos betalactámicos (penicilina V y amoxicilina).
Las dosis de carga recomendadas son 1000 mg de penicilina V administrados por vía oral seguidos de 500 mg cada 4-6 h, o 1000 mg de amoxicilina seguidos de 500 mg cada 8 h.
Otras alternativas antibióticas incluyen:
- Amoxicilina: 40-50 mg/kg/día (máx. 500 mg/dosis), en 3 dosis, VO.
- Metronidazol: 30mg/kg/día (máx. 500 mg/dosis), en 3 dosis, VO.
- Amoxicilina/clavulánico: 100 mg/kg/día (de amoxicilina), en 3 dosis, IV (máx. 4g/día amoxicilina máx. 375 mg/día clavulánico)
| Antibiótico | Dosis (Adultos) | Dosis (Niños) |
|---|---|---|
| Amoxicilina | 500 mg cada 8 horas | 40-50 mg/kg/día en 3 dosis |
| Amoxicilina-clavulánico | 500/125 mg cada 8 horas | 40-50 mg/kg/día en 3 dosis |
| Azitromicina | 500 mg cada 24 horas durante 3 días | 10 mg/kg/día, dosis única |
| Metronidazol | 500 mg cada 8 horas | 30 mg/kg/día en 3 dosis |
Es fundamental que el profesional de la salud seleccione el antibiótico más adecuado según la situación clínica del paciente, considerando factores como alergias, historial médico y la gravedad de la infección.

Duración del tratamiento antibiótico
La duración del tratamiento antibiótico depende de la extensión del proceso y de la respuesta clínica. La mejoría clínica de los síntomas debe ser la guía durante la duración del tratamiento antibiótico.
Tan pronto como los síntomas hayan desaparecido y haya evidencia clínica de curación, se debería suspender la terapia con antibióticos. La duración del tratamiento de 3 a 7 días suele ser suficiente para controlar la infección, pero los pacientes deberían ser evaluados después de 2 o 3 días para determinar si se debe interrumpir o continuar el tratamiento.
En cualquier caso, es importante revisar después de 2 a 3 días tras iniciar el tratamiento antibiótico para evaluar su evolución. Se recomienda suspender tratamiento a las 24 horas de la resolución del cuadro clínico.
El papel del farmacéutico comunitario
El 90% de las prescripciones de antibióticos se realizan en atención primaria y, por tanto, pasarán por el farmacéutico comunitario. El farmacéutico comunitario es el último profesional sanitario que ve al paciente antes de que comience su tratamiento.
Sobre el paciente se actuará asegurándonos que le quede claro todo lo concerniente al medicamento que va a tomar, la forma de hacerlo, posología, duración y posibles reacciones adversas. De esta forma conseguiremos optimizar al máximo el uso del medicamento y disminuir el incumplimiento.
Para disminuir la automedicación, se ofrecerá educación para la salud en forma de consejo y folletos informativos a todo paciente que solicite la dispensación de antibióticos (con o sin receta): dicho folleto además incluirá una tabla para apuntar tanto la posología como la duración del tratamiento.
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