Caries Dental: Definición, Causas, Prevención y Tratamientos

La caries es una enfermedad infecciosa producida por bacterias productoras de ácido, que se transmiten al niño fundamentalmente en el primer año de vida. Es una de las enfermedades crónicas de mayor prevalencia en la infancia, extendida por todo el mundo sin distinción de raza o género.

La caries dental es una de las enfermedades más frecuentes a nivel mundial, afectando a personas de todas las edades. En España, más del 90% de la población entre 35-65 años sufre o ha sufrido caries. La caries es, sin duda, la enfermedad bucodental más común. Sin embargo, los más pequeños, incluso los adultos, tienden a no percibirla como una enfermedad, ya que, al menos inicialmente, no produce molestias ni dolor.

A continuación, analizaremos en qué consiste la caries, sus causas y las medidas para poder prevenir este problema bucodental tan frecuente.

Concepto Actual de la Caries Dental

La caries dental es una patología multifactorial que cuenta con factores causales, una patogénesis, sus manifestaciones clínicas y una serie de factores de riesgo predisponentes. Se considera una infección bacteriana caracterizada por la destrucción de los tejidos calcificados del diente, debido a la acción de los microorganismos que integran la placa dental. Es una enfermedad transmisible y la mayoría de los niños adquieren las bacterias cariogénicas de manera vertical de la saliva de sus madres o cuidadores.

La caries en la infancia presenta graves repercusiones en la salud general del niño, como dolor intenso, infecciones faciales, hospitalizaciones y visitas a urgencias, alto coste de tratamiento y disminución en la calidad de vida en relación con la salud.

La caries se manifiesta con lesiones normalmente progresivas, que si no se tratan, aumentarán de tamaño, progresando hacia la pulpa dentaria, dando como resultado inflamación, dolor y finalmente, necrosis y pérdida de vitalidad del diente.

Pero a su vez, la caries no es un proceso simple y unidireccional de desmineralización, sino que puede ser cíclico, alternando periodos de desmineralización con periodos de remineralización, lo que posibilita la reparación y prevención.

Factores Etiológicos Implicados

Hay que considerar la caries dental como una enfermedad multifactorial condicionada tanto en su localización y extensión, como en su progresión por elementos, como son las características del huésped (diente), la presencia de bacterias (microflora) y el sustrato (carbohidratos refinados), que tienen que coincidir en el tiempo en una medida determinada. El conjunto de ellos constituye un sistema donde cada elemento puede ser un factor de riesgo para desarrollar la enfermedad y, a su vez, convertirse en un elemento para su prevención y control.

Cierto número de factores propios del huésped determinan la predisposición de riesgo y la gravedad de la caries, como son la composición y el flujo de la saliva, los procesos eruptivos, la morfología del diente y la naturaleza físico-química de la superficie dentaria. Por otra parte, se han implicado otros factores como la edad y la genética, y aspectos ajenos a la propia afección, como los factores sociales, económicos y culturales.

La combinación de todos estos factores, su frecuencia, además de los mecanismos básicos de la acción bacteriana en la superficie del diente, son los que determinan conjuntamente la sensibilidad a la caries dental y la evolución de esta. Por ello, actualmente a cada uno de estos factores se les denomina «determinantes».

La presencia de microorganismos es necesaria para el desarrollo de la caries, siendo el Streptococcus el más implicado en este proceso y especialmente las especies mutans, sanguis y salivarius, y sobrinus. Este aspecto microbiológico determina que la caries dental es una enfermedad transmisible.

Las bacterias acidogénicas del biofilme dental necesitan los hidratos de carbono como fuente de energía para sus actividades celulares. Los hidratos de carbono, como la sacarosa y lactosa, son metabolizados con rapidez por ciertos microorganismos, produciendo mayor acidez en periodos cortos. Por otra parte, la habilidad de los microorganismos para adherirse a la superficie y acumularse sobre esta va ligada a la capacidad de formar polisacáridos extracelulares que, además, sirven como fuente de energía de reserva para las bacterias durante los períodos de carencia de nutrientes, que permitirán seguir produciendo ácido y mantener el pH bajo.

El nivel hasta el cual cae el pH tras la ingesta de azúcares es fundamental en la producción de la caries dental. La desmineralización del esmalte se produce cuando los ácidos disminuyen el pH hasta valores comprendidos entre 5,5 y 6, en los que la hidroxiapatita se disuelve. Es el denominado pH crítico. Este pH crítico puede variar dependiendo de la concentración de iones calcio y fosfato del medio y del poder iónico y la capacidad tampón de la saliva.

La frecuencia en la ingesta de alimentos cariogénicos, sobre todo entre comidas, tiene una fuerte relación con el riesgo de caries, pues favorece cambios en el pH y alarga el tiempo de aclaramiento oral, lo que incrementa la probabilidad de desmineralización del esmalte.

Tipos de Caries

Generalmente, podemos distinguir entre tres tipos de caries:

  • Caries coronal: es la más frecuente, especialmente en los niños y adultos jóvenes, y afecta a las partes del diente que realizan la función de masticación.
  • Caries radicular: se asocia normalmente a pacientes de mayor edad con problemas periodontales en los que queda expuesta la raíz del diente. Este tipo de caries suele ser más peligrosa (por estar más cercana al nervio) y es más difícil de tratar, por lo que, en los casos más avanzados, muchas veces se requiere de la extracción del diente al no ser posible su restauración.
  • Caries recurrente: aquella que aparece debajo de los empastes o de las fundas que se han colocado previamente para el tratamiento de otra caries o en otras circunstancias, como reconstrucción de dientes fracturados, reposición de dientes de ausentes, tratamientos restauradores estéticos etc.

Factores de Riesgo

Las caries aparecen por la presencia de las bacterias y lo demás son factores que la favorecen. Entre otros muchos aspectos que influyen en su aparición, se incluyen:

  • El consumo frecuente de azúcares, bebidas carbonatadas (tipo refrescos, zumos embotellados, bebidas isotónicas) y abuso de alimentos ricos en ácidos.
  • La mala higiene oral: ya sea por un mal cepillado o un cuidado dental insuficiente, sobre todo relacionado con la falta de uso de métodos de limpieza interdental como hilo o cepillos interdentales.
  • La herencia genética: aunque la contribución es baja, la genética puede incrementar la susceptibilidad a padecer caries.
  • Un pH bucal bajo.
  • Ciertos medicamentos: especialmente aquellos que incorporan azúcares añadidos (sacarosa) dentro de sus excipientes o los que reducen el flujo salivar como ansiolíticos, antihistamínicos etc.
  • Tener los dientes muy juntos o montados entre ellos.
  • Padecer periodontitis: los pacientes con esta afección tienen mayor riesgo de sufrir caries radicular.

Estrategias de Prevención

El mejor enfoque terapéutico es, por tanto, la prevención y la determinación de los factores que aumentan el riesgo de enfermar se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de este enfoque.

La prevención de la caries es fundamental y se logra a través de una buena higiene bucal, el uso de flúor, una dieta baja en azúcares, y las limpiezas profesionales periódicas.

Recuerda que la prevención es un camino de dos vías: los buenos hábitos y las visitas periódicas al especialista en periodoncia y ortodoncia.

Para prevenir la caries dental, es fundamental mantener una boca sana y una sonrisa radiante. A continuación se presentan algunas estrategias:

  1. Cepíllate los dientes al menos 2 veces al día durante 2 minutos. Una buena higiene bucal reduce la presencia de gingivitis y el riesgo de desarrollar lesiones de caries.
  2. Utiliza una pasta que contenga flúor. El flúor previene la caries y también es fundamental para el tratamiento y recuperación de lesiones iniciales ya establecidas.
  3. No te olvides del hilo dental. Utilízalo de forma diaria para eliminar aquellas bacterias ubicadas entre tus dientes y difíciles de eliminar con tu cepillo habitual.
  4. Complementa tu higiene bucal con un enjuague oral. Finaliza la limpieza de tu boca con un colutorio adecuado y recomendado por un profesional sanitario.
  5. Cambia tu cepillo de dientes cada tres meses. A veces, incluso antes si está muy deteriorado y siempre para evitar la acumulación de bacterias en tu cepillo, que se origina con el paso del tiempo.
  6. Evita el consumo de bebidas y alimentos azucarados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja reducir el consumo de azúcar a menos del 10% del aporte calórico diario con el fin de reducir el riesgo de caries dental.
  7. Apuesta por una dieta variada y equilibrada. La alimentación juega un papel clave en la prevención de la caries. Consume de manera regular, verduras, legumbres, carne y pescado, sin olvidar los alimentos ricos en vitamina C como la naranja, el kiwi o las fresas.
  8. Bebe agua tras las comidas. Sobre todo si no tienes posibilidad de cepillarte, ya que ayudarás a eliminar las partículas de glucosa depositadas en los dientes.
  9. Abandona el tabaco y alcohol. Su consumo no solo es perjudicial para tu organismo sino que, también, favorece la aparición de infecciones bucales.

Prevención Primaria

Siendo la caries una enfermedad transmisible, la prevención primaria se ha de centrar en la intervención sobre la colonización de la flora oral del bebé durante el primer año.

Hay datos que confirman que el éxito de la intervención es mayor cuando se comienza con la embarazada y, sobre todo, si se le motiva a cuidar su propia boca para proteger la de su bebé se puede conseguir una colonización de la boca del niño con menos cantidad de bacterias cariogénicas, controlando así uno de los principales factores predisponentes a presentar la enfermedad en la primera infancia.

La filosofía actual es promover una cultura de salud bucal en el hogar que asegure cuidados apropiados y constantes desde los primeros meses de vida, centrados en la alimentación e higiene general y bucal del bebé adecuadas, y una valoración adecuada de la situación oral del niño durante el primer año de vida. En esta filosofía deben confluir también para darle soporte, todos los profesionales sanitarios que estarán más próximos al niño durante los primeros años.

Orientación Anticipada sobre la Caries

Se trata de dar información adecuada a los padres sobre los aspectos más importantes de la salud oral del niño en los primeros años. Debe incluir aspectos como origen de la caries, la higiene oral, los hábitos dietéticos y el uso racional del flúor:

  • Higiene oral: los padres deben limpiar los dientes del niño desde su aparición al menos 2 veces al día una de ellas por la noche antes de acostarlo y esta responsabilidad se debe mantener mientras el niño crece y va adquiriendo habilidad para realizar por sí mismo la higiene. Se puede comenzar limpiando con una gasa los primeros dientes pero se debe usar ya un cepillo de cabezal pequeño cuando salgan los incisivos superiores, incorporando la pasta dental tan pronto como los padres adquieran seguridad en la efectividad de la limpieza. El cepillado dental requiere siempre un aprendizaje paulatino tanto en la consecución de la limpieza como en el control de la eliminación de la pasta dental sobrante enseñando progresivamente al niño a no tragar.
  • Flúor: el cepillado dental con pasta fluorada es la medida de prevención de la caries más efectiva que existe por cuanto que es accesible, y está extendida y aceptada universalmente en todas las culturas, y conduce a establecer un hábito de higiene en el niño desde muy pronto.

En la actualidad, la evidencia científica apoya transmitir un mensaje unificado a los padres: se deben limpiar los dientes del niño con pasta dental con flúor lo más pronto posible y para minimizar el riesgo de fluorosis dental es importante enseñarles la cantidad a usar en cada cepillado. En niños menores de 3 años, se usará un barrillo de pasta y a partir de los 3 años, y hasta los 6 una cantidad similar a un guisante. Se pueden usar pastas de bajo contenido en flúor (500ppm) durante el aprendizaje, pero concentraciones menores a 1.000ppm no han mostrado tener un efecto preventivo significativo en diferentes estudios.

Deben valorarse siempre todas las posibles fuentes de flúor que existan en su dieta (agua de bebida, fórmulas de leche…) y confirmar que en conjunto no sitúen al niño en riesgo de fluorosis, especialmente en los 30 primeros meses de vida, que es cuando se mineralizan los incisivos permanentes y existe mayor riesgo en ellos de fluorosis dental.

Los suplementos en forma de comprimidos y gotas, ya no se utilizan de forma sistemática, sino en aquellos casos de alto riesgo en que no es posible asegurar un contacto seguro con el dentífrico fluorado. En estos casos, se recomendarán dosis bajas, insistiendo en que el beneficio preventivo deriva del efecto tópico y, por tanto, del tiempo de contacto más que del posible efecto sistémico.

Dieta: se debe explicar la importancia de limitar la frecuencia de contacto con azúcares sólidos o líquidos a partir de los 6 meses. No acostar al niño a dormir con el biberón porque es la forma en la se aumenta la permanencia de sustratos sobre los dientes a partir de los cuales las bacterias acidogénicas en el biofilme dental, producirán ácidos que bajarán el pH bucal, resultando en la desmineralización del esmalte. Este proceso de forma repetida conduce muy pronto a la cavitación y destrucción progresiva y rápida de los tejidos dentales. Aconsejar retirar el pecho cuando se duerma el niño y limpiar las encías y los dientes antes de acostarlo, a partir de la erupción de los primeros dientes, entre los 4 a 5 meses, ya que la permanencia de azúcares entre los dientes, favorecerá el crecimiento de las especies más patógenas para la caries. La caries de la primera infancia, cuyas consecuencias son rápidas y muy devastadoras, se relaciona entre otros factores con el hábito prolongado de dejar dormir al bebé alimentándose a demanda, ya que los dientes no resisten el ataque ácido continuado.

Se centraría en favorecer el equilibrio entre los factores que colocan al individuo en situación de riesgo de desarrollar lesiones y aquellos que le protegen de hacerlo según el enfoque actual de manejo del proceso de caries a partir del riesgo.

Estrategias Específicas para Disminuir el Riesgo de Caries

Establecer progresivamente una dieta variada, equilibrada, sin excesivos contenidos en dulces y grasas, acostumbrar al niño a seguir las pautas horarias que progresivamente han de confluir en las 5 comidas diarias, para que los factores protectores actúen y no se agoten, educarle a beber agua para satisfacer la sed, limitando el consumo de otros alimentos no esenciales para la nutrición.

Crear un hábito de higiene de la boca que incluye la limpieza de los dientes al menos 2 veces al día y una de ellas por la noche es fundamental para disminuir el riesgo de caries. Es difícil eliminar por completo el biofilme de todas las superficies dentales con el cepillado dental y menos que un niño de corta edad lo consiga. Por eso, es importante que los padres realicen el cepillado para limpiar los dientes a diario, independientemente de que se le vaya dando oportunidad al niño para que aprenda poco a poco a hacerlo. A medida que el niño gane habilidad, se podrá hacerle responsable de uno de los cepillados pero conviene mantener el cepillado asistido en la noche al menos hasta la erupción de los primeros molares permanentes, a los 6 años y sobre todo en los niños de riesgo moderado y alto.

No puede decirse que haya una técnica de cepillado de elección, ya que lo fundamental en los niños es la eliminación con la mayor efectividad posible de los restos y el biofilme según la habilidad del que cepilla. Respecto al cepillo, se recomienda usar un cabezal pequeño para ganar en accesibilidad.

Por último, el efecto tópico del flúor y la aplicación de selladores de fisuras son las estrategias más efectivas para aumentar la resistencia de los dientes a las oscilaciones de pH bucal que se producen en la boca de forma habitual.

La visita al dentista es una pieza crucial en la prevención y detección temprana de la caries dental. Establecer citas cada seis meses permite que los profesionales realicen un examen exhaustivo y limpieza, manteniendo así nuestras zonas bucales en óptima salud.

## Síntomas y Diagnóstico

La caries dental se manifiesta a través de síntomas que pueden variar desde una simple molestia hasta un dolor agudo. Los más frecuentes son el dolor de muela, la sensibilidad al calor, frío o dulces, y el cambio de coloración en el esmalte. Para un diagnóstico preciso, el profesional realizará un examen detallado y podrá apoyarse en radiografías.

El odontólogo puede utilizar radiografías para detectar caries ocultas y evaluar la magnitud del daño. Se buscan signos como manchas, hinchazón, y sensibilidad al frío o la masticación.

Si detecta cualquier signo de caries, pida cita con su dentista inmediatamente.

## Tratamientos para las Caries

Al enfrentarnos a la caries dental, el abanico de tratamientos se extiende desde acciones sencillas y preventivas hasta procedimientos más complejos, siempre dependiendo de la severidad del caso.

Para caries superficiales, a menudo un empaste, donde se utiliza resina o amalgama, puede ser suficiente para restaurar la integridad del diente. En escenarios donde la caries ha progresado más allá de la superficie del diente, tratamientos como la endodoncia podrían ser necesarios. Este procedimiento involucra la eliminación del tejido blando infectado dentro de las cámaras y canales del diente, seguida de su limpieza y sellado.

La elección del tratamiento será determinada por los profesionales médicos tras un cuidadoso diagnóstico.

Si la caries sigue avanzando, puede necesitar un tratamiento de restauración dental. El dentista retirará el material deteriorado del diente y rellenará la cavidad limpia con material de relleno para reconstruirlo.

Si la pulpa del diente está infectada, puede que necesite un tratamiento de conductos radiculares. Este procedimiento permite conservar un diente dañado en lugar de tener que extraer la pieza.

La extracción dental es la última opción y solo se recurre a ella cuando el diente está muy dañado o no se puede salvar con otros tratamientos. La extracción dental es un procedimiento quirúrgico que se realiza bajo anestesia local. El dentista primero adormece el área alrededor del diente y luego utiliza instrumentos especiales para extraerlo del hueso alveolar.

En la siguiente tabla, se resumen los tratamientos más comunes para la caries:

Tratamiento Descripción
Obturaciones dentales Se realizan cuando la caries está en el esmalte o la dentina. Se limpia y desinfecta la zona afectada y se rellena el orificio con un material biocompatible, como una resina o una amalgama.
Endodoncia Consiste en eliminar la pulpa dental infectada y sellar los conductos radiculares, que son los canales que albergan la pulpa.
Extracción dental Es la última opción y solo se recurre a ella cuando el diente está muy dañado o no se puede salvar con otros tratamientos.

Caries Dental: Causas y tratamiento

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