Con la muerte en los talones (North by Northwest) es, de facto, una obra de suma complejidad, resultado de toda una serie de experiencias cinematográficas durante más de treinta años en el cine de suspense y, más concretamente, en el gran MacGuffin que era para Hitchcock el cine de espías. Siendo en apariencia un mero entretenimiento comercial, la película es una maravilla del arte del entretenimiento.
Es obvio que Hitchcock creó películas más complejas y más importantes desde una perspectiva artística, pero sin duda ésta es la más divertida y trepidante de cuantas rodó, se puede ver cuantas veces se quiera y el resultado es el mismo, la atención se fija en todos y cada unos de los fotogramas con idéntica sensación gratificante. Y eso sólo está al alcance de algunos filmes, muy pocos en realidad.
El film encierra, además, toda una serie de análisis del espacio escénico, la forma expositiva, la planificación de los planos y el tempo narrativo de todas las secuencias que la convierten en una obra maestra sin precedentes. Forma parte además del período más fecundo de la etapa norteamericana del maestro inglés, unos diez años, desde La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) hasta Marnie, la ladrona (Marnie, 1964). Con la muerte en los talones fue realizada además, justo después de concluir De entre los muertos / Vértigo (Vertigo, 1958) -para muchos, entre los que me incluyo, el mejor film de la historia- y antes de iniciar Psicosis (Pycho, 1960), otra absoluta obra maestra.

Sinopsis
Tras dejar a su madre en un taxi, el apuesto ejecutivo publicitario Roger O. Thornhill (Cary Grant) es confundido en el neoyorquino Hotel Plaza con un espía llamado George Kaplan. Cuando se dirige al edificio de las Naciones Unidas asesinan a un alto mandatario en su presencia; al socorrerle y extraerle un cuchillo de la espalda los visitantes y funcionarios le confunden con el asesino. Siguiendo una pista acaba visitando la mansión del matrimonio Townsed, en realidad refugio del espía extranjero Phillip Vandamm (James Mason). Secundado por sus secuaces, en especial el esbirro Leonard (Martin Landau), Vandamm emborracha a Thornhill y éste a punto está de perecer con su auto por un acantilado.
Tras sucesivas peripecias Thornhill descubrirá que el tal George Kaplan con el que le confunden no existe, es un señuelo inventado por un profesor ((Leo G. Carroll) que trabaja para los servicios secretos gubernamentales (¿la CIA?). Tras varias viajes accidentados Thornhill conocerá a la hermosa rubia Eve Kendall (Eva Marie Saint), a quien en principio toma por novia del villano Vandamm pero que, en realidad, es la verdadera espía del gobierno.
Elenco principal
- Cary Grant como Roger O. Thornhill
- Eva Marie Saint como Eve Kendall
- James Mason como Phillip Vandamm
- Leo G. Carroll como El Profesor
- Martin Landau como Leonard
Análisis de la trama y los personajes
Hitchcock siempre manifestó que nunca le interesó la trama de sus filmes, ni nada por el estilo, lo que le importaba es la situación de un hombre común, de a pie, enfrentado a una situación extraordinaria. En este caso es el tema recurrente del falso culpable llevado un paso más allá, el de un hombre que tiene que demostrar ser quien no es en realidad: George Kaplan, nombre inventado por la CIA para actuar de señuelo de los espías. El problema aquí radica en que para Roger O. Thornhill el hacerse carne y hueso le lleva a convertirse en carne de cañón casi sin saberlo.
Para colmo, al enamorarse de Eve Kendall, que tampoco es quien dice ser -ni para Thornhill ni para Vandamm, los dos son engañados sucesivamente en aras del interés gubernamental-, su situación se vuelve más peligrosa y vertiginosa. El enfrentamiento con Vandamm (interpretado por el inglés James Mason, uno de los actores más grandes y más minusvalorados de la historia del cine) le conducirá a una trepidante concatenación de huidas y persecuciones que culminará en la casa de estilo moderno (inspirada en la arquitectura de Frank Lloyd Wright) de la montaña y en el famoso final del monte Rushmore, trepando por los rostros esculpidos en piedra de los presidentes estadounidenses (secuencia en realidad reconstruida en estudio).

Secuencias memorables
El catálogo de secuencias geniales resueltas con una praxis narrativa digna de nuestras mayores loas es memorable, verbigracia: el asesinato en la ONU, la visita a la casa de Mrs. Townsed (Josephine Hutchinson) y Lester Townsed (Philip Ober) siendo Thornhill emborrachado a la fuerza, la secuencia del juzgado y la llamada telefónica a su madre ebrio, en general todos los diálogos humorísticos entre éste y su madre, la fuga en el tren, la avioneta fumigadora persiguiendo a Thornhill, la absurda puja en la casa de apuestas, la evasión de la estación ferroviaria confundiéndose Thornhill, maleta en mano, con el resto de mozos de gorras rojas, el momento en que Thornhill se barbea en el baño de la estación para ocultar su rostro a la policía, etcétera. Todo un cúmulo de situaciones resueltas con el mayor ingenio posible.
cut RETROPROJECCIÓ Con la muerte en los talones escena avioneta
El MacGuffin
Hitchcock recordó la historia de un espía inexistente en la Segunda Guerra Mundial y, a partir de ahí, surgió la idea de la confusión que da forma a la película. En busca del invisible Señor Kaplan partirá nuestro pobre publicista en unos líos que le llevarán a la ONU, le harán encontrarse con la seductora Eve Kendall (que resultará ser una agente doble), tratará de rescatar a “El profesor” (Leo G. Carroll) y tendrá que enfrentarse a los malvados Phillip Vandamm (James Mason) y Leonard (Martin Landau). En definitiva, el ejemplo más bestia de Macguffin, ese elemento (ahora más de uno) que Hitchcock utilizaba para hacer mover la trama y a sus personajes pero que no era lo que debería importar al público.
El papel de la madre
En este caso podemos decir que la que interpreta Jessie Royce Landis es de lo mejorcito, no solo porque es tremendamente graciosa si no por su capacidad para infantilizar a un personaje que estaba interpretado por un actor solo 7 años menor que ella. Quedémonos con la condescendencia con la que, en la escena del ascensor, le pregunta a los perseguidores de su hijo: ¿Ustedes señores no intentarán en serio matar a mi hijo, verdad?
El final
El final es un auténtico torrente en el que en menos de un minuto los dos protagonistas pasan de estar a punto de morir en el Monte Rushmore a hacer el amor en un tren como pareja de recién casados. Es de sobra conocida la afición de Hitchcock por hacer palpitar de subtexto sexual todas las situaciones de sus películas. A veces, incluso, es todo lo directo que permite una alegoría para pasar la censura.
Si la escena de los fuegos artificiales y Grace Kelly en ‘Atrapa un ladrón’ tiene un doble sentido descarado aquí es aún más directo. Lehman aseguró que su guion origina acababa con “el tren se aleja en la distancia” por lo que el pequeño pero picante cambio fue idea total del inglés. Por si no os acordáis, cuando los protagonistas al fin se besan y, entendemos, se disponen a hacer el amor en el tren, la película finaliza con la imagen de la locomotora adentrándose en un túnel… Chu, Chuuu.
Datos de la película
| Título original: | North by Northwest |
|---|---|
| Año: | 1959 |
| Director: | Alfred Hitchcock |
| Guión: | Ernest Lehman |
| Fotografía: | Robert Burks |
| Música: | Bernard Herrmann |
| Duración: | 136 minutos |
| País: | Estados Unidos |