¿Cómo se mide la recesión gingival? Definición y clasificación

La recesión gingival se define como la localización del margen gingival apical a la unión cemento-esmalte (UCE). Es una condición periodontal en la cual el margen de la encía se desplaza en dirección apical (hacia la raíz del diente) con respecto a su posición normal en la unión cemento-esmalte, dejando expuesta parte de la superficie radicular al medio bucal. Esta situación también se conoce coloquialmente como retracción de encías.

La recesión gingival tiene relevancia tanto estética como funcional. Suele manifestarse en forma de “dientes más largos” por la exposición radicular, pudiendo generar preocupación cosmética en el paciente. Además, las raíces expuestas son vulnerables a la caries radicular y a la abrasión, y frecuentemente producen sensibilidad dental al frío, calor o tacto.

Prevalencia y factores asociados

Es un hallazgo común que aumenta con la edad: se estima que es prevalente en adultos mayores, aunque no forma parte del envejecimiento normal inevitable. Puede aparecer incluso en adolescentes o adultos jóvenes si existen factores predisponentes. De hecho, estudios epidemiológicos indican que la recesión gingival es común en poblaciones de mediana edad y se incrementa significativamente después de la quinta década de vida, lo que llevó a proponer que podría estar vinculada al envejecimiento, aunque no se considera un proceso estrictamente fisiológico.

Anatomía y componentes involucrados

Anatómicamente, la recesión gingival involucra varios componentes del periodonto. La encía marginal (o libre) es la porción de encía que rodea al diente y normalmente termina a nivel de la unión cemento-esmalte (UCE), que es el límite entre la corona y la raíz dental. Por debajo de este borde se encuentra la encía adherida (insertada) unida firmemente al hueso subyacente, la cual termina en la unión mucogingival (línea que separa la encía queratinizada de la mucosa alveolar móvil). En condiciones saludables, la encía cubre la raíz del diente hasta la UCE y existe una franja de encía queratinizada adherida. En la recesión gingival, el margen de la encía migra apicalmente por debajo de la UCE, dejando descubierta la superficie radicular. Si la retracción es leve, todavía puede quedar encía adherida cubriendo parte de la raíz; pero si la recesión supera la unión mucogingival, la mucosa oral móvil pasa a estar directamente contra la raíz dental, sin encía adherida remanente en esa zona.

La magnitud de la recesión se mide clínicamente en milímetros, desde la UCE hasta el nuevo margen gingival apical. Es importante distinguir que la pérdida de inserción clínica total de un diente incluye tanto la recesión (encía perdida) como la profundidad de sondaje periodontal (despegamiento interno alrededor del diente).

Clasificación de la recesión gingival

La recesión gingival puede presentarse de forma localizada (afectando a uno o pocos dientes) o generalizada en toda la boca, dependiendo de la distribución de los factores causales. Asimismo, la morfología del defecto puede variar: hay recesiones estrechas y alargadas en forma de “V”, y otras más amplias en forma de “U” que exponen una zona radicular más ancha.

Estas características morfológicas clásicamente se describieron con la clasificación de Sullivan y Atkins, que tipificó las recesiones en cuatro categorías descriptivas: superficial-estrecha, superficial-ancha, profunda-estrecha y profunda-ancha.

Clasificación de Miller

Más utilizada en la práctica clínica es la clasificación de Miller (1985), que categoriza la recesión marginal en cuatro clases según su extensión y la condición del tejido interproximal:

  • Clase I: Recesión de los tejidos marginales que no alcanza la línea mucogingival.
  • Clase II: Recesión de los tejidos marginales que se extiende o va más allá de la unión mucogingival sin pérdida de inserción periodontal (hueso o tejidos blandos) en el área interdental.
  • Clase III: Recesión de los tejidos marginales que se extiende o va más allá de la unión mucogingival con pérdida de la inserción periodontal en el área interdental o mala posición dentaria.
  • Clase IV: Recesión de los tejidos marginales que se extiende o va más allá de la unión mucogingival con pérdida severa de hueso o tejido blando en el área interdental y/o severa malposición dental.

Clasificación de Cairo (Tipos de Recesión - RT)

En años recientes, con el avance en el entendimiento de estos defectos, se han propuesto sistemas de clasificación más integrales. Una de ellas enfatiza la condición del tejido interproximal para definir el tipo de recesión, dado que la presencia de pérdida ósea entre dientes es determinante en los resultados estéticos. En 2011, Cairo y cols. introdujeron una clasificación por Tipos de Recesión (RT):

  • RT1: Recesiones sin pérdida de inserción interproximal (equivalente a Miller I o II en un sentido amplio).
  • RT2: Recesiones donde ya existe pérdida de inserción/baja de altura interproximal, pero en grado igual o menor que la pérdida de inserción en la cara vestibular expuesta.
  • RT3: Implica que la pérdida de inserción interproximal es mayor que la vestibular, reflejando destrucción periodontal más avanzada en la zona interdentaria.

Este sistema ha demostrado ser más preciso y reproducible para describir defectos complejos y predecir la posibilidad de cubrir la raíz expuesta.

Etiología y patogénesis de la recesión gingival

Bajo la recesión gingival subyacen mecanismos biológicos relacionados con la salud periodontal, la respuesta inflamatoria y factores mecánicos. Un principio fundamental es que la encía está estrechamente ligada al hueso alveolar subyacente: en condiciones normales, el margen gingival suele ubicarse aproximadamente a 1-2 mm por encima de la cresta ósea, manteniendo el llamado espacio biológico de inserción (epitelio de unión más tejido conectivo insertado al diente). Si ocurre una pérdida ósea o de inserción periodontal (como en la periodontitis), la encía tiende con el tiempo a migrar para restablecer ese espacio biológico, dando lugar a recesión. Por ello, la recesión gingival puede considerarse un signo clínico de pérdida de inserción periodontal y con frecuencia se asocia a enfermedad periodontal avanzada.

No obstante, la recesión gingival no siempre implica periodontitis activa; puede presentarse en sitios con encías clínicamente sanas pero que han sufrido microtraumas repetidos o presentan condiciones anatómicas desfavorables. Uno de los mecanismos no inflamatorios más comunes es el trauma por cepillado dental. El cepillado vigoroso con técnica inadecuada o con cepillos de cerdas duras puede erosionar gradualmente el margen gingival o provocar su inflamación crónica leve, llevando con el tiempo a recesión mecánica.

Los factores anatómicos y genéticos también juegan un papel crucial en la etiopatogenia de la recesión gingival. Individuos con un biotipo gingival fino (encías delgadas y festoneadas, con tabla ósea vestibular delgada) tienen mayor tendencia a la recesión, dado que un grosor menor de encía tolera peor la agresión de la placa o del cepillado.

Entre los factores sistémicos y ambientales, destaca el tabaquismo. Fumar no solo altera la respuesta inflamatoria periodontal y retrasa la cicatrización, sino que la nicotina causa vasoconstricción de los capilares gingivales, pudiendo enmascarar el sangrado pero contribuyendo silenciosamente a la degradación tisular.

En resumen, la recesión gingival es una condición de etiología multifactorial: típicamente resulta de la combinación de inflamación crónica por placa bacteriana (gingivitis/periodontitis) y microtraumas mecánicos repetidos, sobre un sustrato anatómico susceptible (encía fina, poca inserción, dehiscencias) potenciado por hábitos o condiciones sistémicas adversas.

Diagnóstico y medición

La identificación de la recesión gingival se realiza mediante examen clínico periodontal. El dentista o periodoncista inspecciona visualmente la línea gingival de cada diente, detectando áreas donde la raíz esté expuesta. Se utiliza una sonda periodontal milimetrada para medir la distancia desde la unión cemento-esmalte hasta el margen gingival en los sitios afectados, cuantificando en milímetros la recesión. Es importante registrar también la profundidad de sondaje periodontal en esos dientes para evaluar si existe bolsa periodontal adicional o solo retracción; este conjunto de mediciones permite calcular la pérdida de inserción clínica total.

Durante la evaluación se anotan otros hallazgos relevantes, como la presencia de placa bacteriana o cálculo en la raíz expuesta, el grosor de la encía circundante (biotipo gingival), la posición del diente en el arco (si está malposicionado o en versión que explique la recesión) y la inserción de frenillos adyacentes.

Con estos datos, el clínico puede determinar la causa probable y clasificar la severidad de cada caso. Las clasificaciones antes descritas (Miller, Cairo) forman parte del diagnóstico periodontal.

Tratamiento de la recesión gingival

Ante un diagnóstico de recesión gingival, el primer paso es abordar los factores etiológicos. Si la recesión está asociada a inflamación periodontal activa, se instaura un tratamiento periodontal básico: profilaxis y raspado radicular para eliminar placa bacteriana, cálculo y toxinas de la superficie dental, promoviendo la salud de la encía. El control riguroso de la placa es fundamental; se refuerzan las instrucciones de higiene oral con el paciente, enseñando una técnica de cepillado suave y uso adecuado de hilo dental o cepillos interproximales, a fin de evitar traumatismos adicionales.

En casos donde el cepillado agresivo fue identificado como causa principal, se recomienda cambiar a un cepillo de cerdas suaves o ultrasuaves y adoptar una técnica menos traumática (por ejemplo, técnica de Bass modificada u otra indicada según el caso). Puede ser útil la instrucción con modelos y el control de la fuerza aplicada durante el cepillado. Si la recesión es causada o agravada por la inserción de un frenillo labial o lingual cerca del margen gingival, se puede considerar una frenectomía quirúrgica para eliminar la tracción excesiva sobre la encía.

Cuando existe sensibilidad dentinaria en la raíz expuesta, se pueden aplicar barnices o geles fluorurados, agentes desensibilizantes (nitrato de potasio, oxalato) o restauraciones con ionómero de vidrio para sellar los túbulos dentinarios y reducir la sensibilidad. En casos seleccionados, se puede recurrir a la desensibilización con láser de baja potencia. Estas medidas ayudan a aliviar los síntomas y mejoran la calidad de vida del paciente.

El tratamiento de la recesión gingival es una intervención cada vez más frecuente que solicitan pacientes con un elevado nivel de higiene oral. El objetivo final de cualquier procedimiento de recubrimiento radicular es la localización del margen gingival coronal a la LAC (recubrimiento radicular completo), con una profundidad de sondaje mínima y una integración visible del tejido blando con los dientes adyacentes.

Una revisión sistemática reciente ha mostrado que un colgajo posicionado coronalmente es un abordaje seguro y previsible del recubrimiento radicular, consiguiéndose, a menudo, cubrir completamente la superficie radicular expuesta. El injerto de tejido conectivo o las proteínas de matriz de esmalte, en combinación con un colgajo posicionado coronalmente, mejoran la probabilidad de conseguir un recubrimiento completo de la raíz, así como la reducción de recesiones gingivales únicas de la clase Miller I o II.

Se ha sugerido que, en caso de ausencia de LAC, es mejor restaurarla antes del procedimiento de recubrimiento radicular. Para controlar las recesiones gingivales asociadas a la abrasión dental en la zona de la LAC, se han usado diferentes materiales dentales y abordajes quirúrgicos.

El éxito en los resultados de un procedimiento de recubrimiento radicular se basa en un margen gingival estable, coronal a la LAC tras la cicatrización. La LAC es el principal punto de referencia utilizado para establecer un diagnóstico correcto y planificar el tratamiento adecuado de una recesión gingival.

En casos de recesiones gingivales leves, los tratamientos más frecuentes son los colgajos de avance, que pueden ser colgajos de reposición coronal (CAF) descritos por Zucchelli y de Sanctis, colgajos de reposición lateral o la técnica de sobre descrita por P. Raetzke entre otras. Este tipo de tratamientos son los más indicados para retracciones moderadas de la encía ya que resulta menos traumático al no requerir injerto de tejido conectivo.

Los tratamientos quirúrgicos cuyo objetivo es el tratamiento de las recesiones gingivales localizadas se clasifican en los siguientes:

  • Injertos de tejido conectivo subepitelial: Esta técnica quirúrgica es considerada en la actualidad como el camino más efectivo para la obtención de una cobertura radicular predecible con un alto nivel cosmético. Esta técnica combina un colgajo que recubre el injerto y un lecho vascular asegurando así la nutrición del injerto. Esta técnica consigue el recubrimiento radicular con gran predictibilidad. Las molestias y complicaciones postoperatorias de la zona donante disminuyen con respecto al injerto gingival libre. Presenta la ventaja de que a veces se puede obtener el tejido conectivo sobrante de una cirugía de reposición apical convencional.
  • Injertos de encía libre: Aunque el injerto de encía libre no es rutinariamente utilizado como el tratamiento de elección para los procedimientos de cobertura radicular, alguna regeneración periodontal ha sido descrita con esta técnica .
  • Colgajos pediculados: Claramente, si los tejidos son adecuados y el incremento de la encía queratinizada no es un logro de la cirugía, los procedimientos de colgajos pediculados sin un injerto son una opción de tratamiento seria.
  • Regeneración tisular guiada: Técnicamente se demanda la Regeneración Tisular Guiada y cuando se ejecuta correctamente se puede conseguir una regeneración periodontal importante.

La toma del injerto se puede realizar del paladar o de la tuberosidad del maxilar y la elección de una localización u otra dependerá de la cantidad de tejido conectivo que necesitemos para realizar el injerto. Si no necesitamos mucho tejido podemos tomarlo de la tuberosidad del maxilar.

Ambas zonas tienen ventajas e inconvenientes tanto para el paciente como para el odontólogo. En el caso de la toma de tejido de la tuberosidad maxilar, la cantidad de tejido que podemos obtener es menor y se requiere una mayor habilidad del odontólogo para acceder a la zona y realizar la obtención del injerto con éxito. Por otra parte, tenemos la ventaja de que el postoperatorio es menos molesto para el paciente.

Aquí hay una tabla con un resumen de las clasificaciones de Miller y Cairo:

Clasificación Descripción
Miller Clase I Recesión que no alcanza la línea mucogingival, sin pérdida interdental.
Miller Clase II Recesión que sobrepasa la línea mucogingival, sin pérdida interdental.
Miller Clase III Recesión que sobrepasa la línea mucogingival, con pérdida interdental.
Miller Clase IV Recesión que sobrepasa la línea mucogingival, con pérdida severa interdental.
Cairo RT1 Recesión sin pérdida de inserción interproximal.
Cairo RT2 Recesión con pérdida de inserción interproximal menor o igual a la vestibular.
Cairo RT3 Recesión con pérdida de inserción interproximal mayor que la vestibular.

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