Anatomía Detallada de los Cóndilos Mandibulares y su Importancia en la Articulación Temporomandibular (ATM)

Si alguna vez has sentido un clic al abrir la boca o dolor cerca de la mandíbula, es posible que los cóndilos mandibulares tengan problemas. Estos pequeños componentes de tu mandíbula son clave para hablar y masticar. Los cóndilos mandibulares son las secciones redondeadas de la mandíbula que se unen al cráneo mediante la articulación temporomandibular (ATM). Te contaremos todo lo que necesitas saber sobre ellos: qué son, cómo funcionan, qué problemas pueden surgir y cómo tratarlos.

Esquema de la articulación temporomandibular.

Para entender qué sucede con tus cóndilos, los expertos utilizan diferentes herramientas. La condilografía, en cambio, estudia el movimiento de la mandíbula en tiempo real. No hay motivo de preocupación si tienes molestias en los cóndilos mandibulares, la mayoría de las condiciones que mencionamos son susceptibles de ser tratadas.

¿Qué es la ATM y para qué sirve?

La articulación temporomandibular (ATM) es una estructura que se encuentra en la parte lateral de la cara y se encarga de engranar la mandíbula con la cabeza mediante una articulación. Explorar la compleja anatomía de esta articulación no solo es fascinante desde el punto de vista científico, sino que también es esencial para comprender mejor la salud bucal. La ATM es una articulación sinovial que conecta la mandíbula inferior al cráneo.

La ATM contiene lo mismo que el resto de las articulaciones del cuerpo humano: dos superficies cartilaginosas cubiertas por una cápsula y una membrana sinovial. Al margen de que es una articulación como las demás, la ATM tiene unas características especiales:

  • Presencia de un fibrocartílago intra-articular: conocido como disco.
  • Bilateralidad.
  • Cartílago fibroso.
  • Oclusión.

El movimiento de la ATM ya no es igual que el resto de las articulaciones y posee movimientos muy amplios en todos los ejes, fundamentalmente un movimiento de rotación, que se producen al inicio del movimiento durante los primeros mm y uno de traslación, que se produce durante el resto del movimiento de apertura de la mandíbula. Por tanto, es importante para entender que el movimiento de la articulación temporomandibular durante la función de la mandíbula, no se reduce solo a rotación y traslación, sino que es tridimensional.

En la ATM participan dos superficies articulares, una alojada en el hueso temporal y que se confrontará con la situada en el cóndilo mandibular. En la parte más posterior de la articulación, se alojarán importantes estructuras de irrigación e inervación retroarticulares, por lo que supone una zona donde no deben proyectarse presiones del cóndilo o de otras estructuras de la articulación, pues podrían dañar estas delicadas estructuras o la propia pared del conducto auditivo, cuyo grosor es muy reducido. El choque del cóndilo con esta estructura supondrá que se produzca una irritación del shunt arteriovenoso y el paciente siente dolor en ciertos movimientos de mandíbula.

La superficie articular temporal comienza en la emergencia de la apófisis cigomática. Al final de esta, se puede observar una prominencia ósea denominada eminencia articular, cuyo punto más bajo marcará el final del recorrido condilar durante la apertura de la boca, y que el cóndilo avance más sobre la eminencia supone que se produzca una subluxación condilar o subluxación de la ATM. Esta será la zona, donde realmente puede sentirse dolor en la articulación temporomandibular, el resto de la articulación no está preparada para «doler», y en caso de estar aquí localizado la molestia, solo sucederá durante el movimiento, es decir, que cuando la mandíbula esta en reposo, lo normal es que no duela por esta circunstancia.

Características anatómicas de las estructuras de la ATM

La superficie articular mandibular se encuentra en la porción craneal de la protuberancia más posterior de la rama mandibular vertical, que recibe el nombre de cóndilo. Por delante de esta, hay otra prominencia ósea destinada a dar inserción al tendón del músculo temporal y que es denominada apófisis coronoides. La porción horizontal del hueso mandibular se denomina cuerpo, y está destinada a dar alojamiento a las piezas dentales inferiores.

El cóndilo mandibular se divide en tres porciones, la cabeza, el cuello y la fosa pterigoidea. El cuello condilar es la porción ósea que separa la parte más craneal, bien definida por su mayor tamaño, y la rama mandibular, que comienza a la altura de la escotadura mandibular que separa el cuello del cóndilo de la apófisis coronoidea. Por delante del cuello del cóndilo existe una pequeña fosa destinada a alojar la inserción del músculo pterigoideo lateral fascículo inferior.

La cabeza del cóndilo tiene una forma ovalada, siendo más ancha, aproximadamente el doble, pues de media posee unos 20-21mm de diámetro transversal frente a unos 10mm de diámetro anteroposterior. Por último, el cóndilo mandibular posee dos importantes protuberancias laterales denominadas lóbulos lateral y medial, que sirven de inserción a los ligamentos colaterales discales y a los refuerzos capsulares, sobre todo a nivel del lóbulo lateral, que además, es fácilmente palpable al explorar la articulación temporomandibular, justo por delante del conducto auditivo externo, con simplemente poner los dedos y abrir y cerrar la boca.

El disco articular de la ATM

El disco intra-articular es un fibrocartílago laminado de forma oval, sin vascularización y con poca inervación, que se interpone entre el cóndilo mandibular y la fosa temporal. Es por esto anterior que el disco no puede doler. Al estar interpuesto entre el cóndilo y la fosa, divide anatómicamente la articulación en dos compartimentos, y crea dos nuevas superficies articulares, la témporo-discal y la cóndilo-discal, con independencia para moverse entre sí de forma aislada o hacerlo de forma combinada. Por esta característica, el disco articular es fundamental en la mecánica temporomandibular y por ello se considera responsable de las manifestaciones patológicas más habituales de la articulación, cómo son el dolor, los bloqueos del movimiento o los ruidos articulares.

ATM - Articulación Temporomandibular y Desplazamiento Discal. Alila Medical Media Español.

Características fundamentales del disco articular

Aunque habitualmente se le denomina disco, su principal misión es la de favorecer la congruencia articular y efectuar un reparto homogéneo de la carga, especialmente en su zona más central. Este fibrocartílago tiene propiedades viscoelásticas que le hacen especialmente útil para distribuir las cargas, por conferirle capacidad de deformación plástica recuperable una vez que la carga ha desaparecido. Es por ello por lo que el disco no se deforma de manera irreversible.

Protege la articulación en las partes del movimiento donde se da menor congruencia articular para que no existan zonas de excesivo rozamiento sobre el cartílago, por lo que es de vital importancia preservar su posición y dinamismo durante los movimientos y con ello, pueda cumplir adecuadamente su función. Esta propiedad mecánica se debe a la composición de su tejido, hasta 2/3 partes son líquido sinovial (agua fundamentalmente) y el tercio restante, proteínas, entre las que se encuentran básicamente el colágeno tipo I que le confiere resistencia a la presión y los proteoglicanos, proteínas de mayor tamaño especialmente presentes en la parte central del disco y que son las responsables de la viscoelasticidad tisular, gracias a su elevada capacidad hidrófila.

De esta forma, cuando se realizan cargas importantes en la ATM, cómo por ejemplo, la masticación, el fibrocartílago es capaz de modular su contenido en agua deformándose y asegurando el reparto de las presiones. Cuando la carga se retira, los proteoglicanos se encargarán de rehidratarlo para que recupere su forma natural en el reposo. El disco es más grueso por la parte central y más estrecho por los laterales, de donde parten los ligamentos colaterales discales, que limitan la movilidad lateral discal. El disco articular es más delgado en su parte central y más grueso en sus extremos anterior y posterior, especialmente en éste último.

Por su parte anterior, el fibrocartílago o disco articular se integra con las fibras capsulares y recibe la inserción del haz superior del músculo pterigoideo lateral, hecho de gran importancia para la dinámica del disco durante los movimientos del cóndilo. En la región posterior, se encuentra la zona «bilaminar», pues determina un triángulo comprendido entre la pared posterior y dos láminas ligamentosas, una superior y otra inferior. Entre las láminas, se encuentra un shunt arteriovenoso que aumenta de tamaño cuando el cóndilo se desplaza en dirección anterior. Este fenómeno transcurre de forma inversa cuando el cóndilo regresa a su posición inicial.

El desplazamiento discal, la luxación discal anterior

El desplazamiento del disco de manera anterior, una situación posible en la articulación temporomandibular, en ocasiones pone de manifiesto un ruido en la articulación denominado CLICK articular. Por lo general, este ruido articular no es significativo de patología, simplemente supone un ruido por el paso del cóndilo por encima de la parte posterior del disco, que estará situado con anterioridad al mismo. Normalmente con el paso del tiempo, el ligamento retrodiscal se adapta a la presión haciendo que engruese y facilite el paso del cóndilo, sin producir ruido ni patología.

Cuando esta posición anterior del disco con respecto al cóndilo supone una limitación al movimiento condilar, se denomina bloqueo agudo de mandíbula y es la única situación susceptible de tratamiento, siendo lo más eficaz la movilización del cóndilo y el tratamiento de la musculatura de cierre mandibular para tratar de disminuir la presión intra-articular.

Problemas comunes de los cóndilos mandibulares

En ciertas ocasiones, los cóndilos mandibulares pueden presentar problemas que afectan tu calidad de vida.

  • Hiperplasia condilar: sucede cuando uno o ambos cóndilos crecen más de lo normal, lo que puede causar asimetrías faciales o problemas al morder. Los síntomas incluyen dolor en la mandíbula, dificultad para cerrar y abrir la boca correctamente o incluso un cambio en la forma de tu rostro. Las causas suelen estar asociadas a factores genéticos, hormonales o traumatismos.
  • Reabsorción condilar: se refiere a un proceso en el que los cóndilos de la mandíbula se deterioran con el paso del tiempo, lo que puede generar dolor, ruidos al mover la boca o una mordida que no está bien alineada.
  • Fracturas: Un impacto fuerte, como un accidente o una caída, puede romper el cóndilo. Esto causa un dolor intenso, hinchazón y dificultad para mover la mandíbula. En ciertos casos, puede ser necesaria una cirugía, pero en otros, un tratamiento conservador es suficiente.
  • Luxación: sucede cuando el cóndilo se desplaza de su posición en la ATM, lo que puede ocurrir al abrir la boca en exceso o debido a un golpe. Te darás cuenta de que no puedes cerrar la boca o experimentarás un dolor intenso.

Diagnóstico y tratamiento

Un especialista examinará tu mandíbula, observará cómo abres y cierras la boca y determinará si hay chasquidos o dolor. Las resonancias magnéticas y las tomografías son fundamentales para observar el estado de los cóndilos y determinar si la ATM ha tenido algún problema. La relación céntrica es la mejor posición para los cóndilos cuando la mandíbula está en reposo. Si no están bien alineados, podrías tener problemas al morder o hasta dolores de cabeza.

Para casos no tan graves, la fisioterapia puede ser efectiva para relajar los músculos de la mandíbula, y las férulas dentales ayudan a mantener estable la ATM. En ciertos casos, se recurre a al bótox para aliviar la tensión muscular que causa el bruxismo. Si existe un desajuste en la mordida, la ortodoncia (como los brackets) o aparatos ortopédicos pueden corregir la ubicación de los cóndilos. En casos más complicados, como la hiperplasia condilar severa o fracturas del cóndilo, puede que se necesite una cirugía. La condilectomía retira parte del cóndilo, mientras que la cirugía ortognática se encarga de corregir la posición de la mandíbula.

Cuidar de tus cóndilos es más sencillo de lo que crees. Rechinar los dientes, conocido como bruxismo, y masticar objetos como lápices o hielo pueden afectar los cóndilos. Cuidar tu higiene bucal ayuda a evitar infecciones que pueden afectar la ATM. Haz ejercicios de relajación, como masajes suaves en la mandíbula o estiramientos.

En resumen, los cóndilos mandibulares son piezas clave de la ATM, y son los que te permiten masticar, hablar y expresarte. Si fallan debido a desplazamientos, dolor, artritis o fracturas, provocadas por bruxismo, traumatismos o enfermedades autoinmunes, podrías experimentar síntomas como chasquidos o rigidez que pueden afectar tu vida diaria. Con un diagnóstico experto y soluciones como ejercicios mandibulares, antiinflamatorios o férulas, o una cirugía ortognática, puedes volver a sentirte bien.

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