Los Álamos, Nuevo México: De Ciudad Secreta a Hogar de Millonarios

Los Álamos es hoy una de las ciudades más ricas de Estados Unidos, y uno de cada nueve de sus 13.000 habitantes es millonario. Pero al mismo tiempo tiene algo de misterioso y es una ciudad dividida.

Es un poco la América nostálgica de Norman Rockwell, donde los niños corretean y montan en bicicleta por las aceras, y las casas se dejan abiertas. Se puede atravesar en coche sin ningún problema, pasear por la Main Street y entrar en el centro de visitantes del Manhattan Project National Historical Park, que cuenta cómo un equipo de cinco mil científicos liderado por Robert Oppenheimer fabricó la bomba nuclear.

Orígenes del Proyecto Manhattan en Los Álamos

Es una experiencia fascinante, un viaje en el tiempo, a cuando Los Álamos era una ciudad prohibida, que oficialmente no existía, como las de la antigua Unión Soviética. Para desarrollar la bomba, Oppenheimer necesitaba un lugar aislado, lejos del mar, lo suficientemente cálido como para que se pudiera trabajar todo el año, acceso a electricidad y agua, y buenas comunicaciones.

Como él tenía un rancho en Nuevo México y conocía la zona, recomendó la compra (o expropiación) de varios ranchos y un exclusivo colegio para niños en el que había estudiado el escritor Gore Vidal, situado en lo alto de la meseta de Pajarito, en un paisaje semidesértico de matorrales, pinos ponderosa y arbustos de salvia, entre las montañas Jémez y de Sangre de Cristo.

A partir de noviembre de 1942, cuando se puso en marcha el proyecto, The Hill (la colina) surgió de la nada, con un aspecto de campamento militar o minero, o incluso de campo de concentración, lleno de polvo, grúas y excavadoras, con barracones alargados al estilo castrense en torno a un estanque central, chimeneas que despedían el humo del carbón y la madera, plataformas elevadas para caminar sobre el barro cuando había llovido, y en las colinas las casas de las élites (el general Leslie Groves, al frente de la operación, Oppenheimer y los principales científicos).

Se las conocía como “la fila de las bañeras”, porque eran las únicas que disponían de ese lujo. En el resto, duchas comunales, y gracias. El agua no sobraba, y su uso prioritario era para los experimentos. El Fuller Lodge, principal estructura de la antigua escuela, se convirtió en el centro de la comunidad, restaurante, sala de cine (se proyectaban varias películas a la semana) y escenario de bailes y fiestas.

Fuller Lodge

El Secreto y la Vida Cotidiana en Los Álamos

Todo era secreto. Los residentes llevaban siempre un tarjetón de seguridad con un número que los identificaba, sin que su nombre figurase en ninguna parte, y todos sus movimientos eran vigilados. Los Álamos no figuraba en los mapas, no existía, y toda la correspondencia iba dirigida a la Oficina de Correos 1663. El primer dentista tardó dos años en establecerse, y al principio no había hospital, aunque sí una escuela con dieciséis maestros, un teatro, varias iglesias y un jardín de infancia. Las mujeres de los científicos trabajaban como administrativas. La ropa sucia era enviada en camiones a la lavandería en Santa Fe, la capital del estado, tres cuartos de hora al sur (sesenta kilómetros), a través de una carretera sin asfaltar.

Solo había una línea de teléfono, y mujeres indias de los pueblos de la región disponían de pases especiales para limpiar las casas. La casa de Robert Oppenheimer solo se puede visitar en ‘tours’ organizados unos cuantos días al año. Nadie hacía la declaración de la renta, ni tenía carnet de identidad, ni de conducir, ni matrícula de coche, ni cuenta de banco o pólizas de seguros, ni podía alejarse más de 160 kilómetros de Los Álamos, y había de informar de cualquier encuentro casual con un amigo o familiar. Las cartas eran censuradas, para asegurarse de que en ellas no figuraba ninguna mención del “proyecto” o del trabajo que se realizaba, o descripciones de paisajes de los alrededores, nombres de localidades como Córdova, Chimayo, Truchas o Cundiyo, que pudieran ayudar a identificar el lugar.

Contraste con la Cercana Española

Veinticinco minutos al norte de Los Álamos se encuentra la ciudad de Española, de diez mil habitantes, y el contraste no podía ser más brutal. En vez de científicos y millonarios, el grueso de la población son indios e hispanos, muchos descendientes de mexicanos. Y el paisaje urbano no son centros de belleza y boutiques, sino tiendas modestas que venden vestidos para las fiestas de quinceañeras.

Robert Oppenheimer: El Padre de la Bomba Atómica

Oppenheimer era nativo de Nueva York, hijo de un exportador de textiles y una pintora, un tipo brillante, solitario, torturado y depresivo que había crecido en una casa de Manhattan con cuadros de Picasso, Rembrandt y Van Gogh, ideológicamente de izquierdas (aunque no necesariamente comunista) y que envió dinero a los brigadistas que lucharon por la República española contra el fascismo. Hizo levantar una plataforma de treinta metros de altura sobre la que colocó la bomba, y llamó al lugar Trinity Site, referencia a una letanía del poeta John Donne sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, la humanidad, la fe y el sometimiento a la voluntad de Dios.

Se puede visitar solo dos días al año, el primer sábado de abril y el tercero de octubre, sin reserva pero presentando un documento de identidad, y solo entran los primeros 5.000 vehículos. Se dice que aquella mañana del 16 de julio amaneció dos veces en Nuevo México, la primera artificialmente a las 5.37, cuando la explosión nuclear fabricó un hongo infernal de rayos gama que tiñó el cielo de rojos y amarillos -se vio en un radio de 200 kilómetros, hasta Texas-, y doce minutos más tarde ya de manera natural.

La historia COMPLETA de LA BOMBA ATÓMICA | DOCUMENTAL | FARID DIECK

Un obelisco marca el lugar exacto, y parte de la visita es un museo al aire libre con misiles Pershing y de varias generaciones. Voluntarios venden perritos calientes, cafés, refrescos, bolsas de patatas y barras de chocolate, pero no alcohol, en una especie de tienda de campaña que hace de cafetería, donde también se pueden comprar camisetas conmemorativas y -a 50 euros el gramo, casi como si fuera una piedra preciosa- fragmentos de trinitita, la sustancia que se formó tras la detonación, al licuarse y enfriarse después la arena de las dunas del desierto.

Obelisco en Trinity Site

Oppenheimer y su equipo de científicos observaron la explosión desde diez kilómetros de distancia, pero no se hizo ninguna advertencia a los habitantes de la zona a pesar de que la nube radioactiva tuvo un considerable alcance. Aún hoy se realizan explosiones, no con armas nucleares, sino convencionales, y un preaviso de doce horas para que quien quiera se marche. Hay quienes creen haber visto platillos volantes, y quienes aseguran que hay enterradas toneladas de oro en las montañas de los alrededores. Nadie lo ha encontrado.

Rehabilitación de Oppenheimer

Julius Robert Oppenheimer ya no es un renegado, un apestado en la historia de Estados Unidos. El pasado mes de diciembre, la Administración de Joe Biden reparó la memoria del padre de la bomba atómica, cuyo nombre había quedado mancillado en 1954, en plena caza de brujas, ante el resultado de un pantanoso proceso por el que le retirarían sus credenciales de seguridad y el acceso a los secretos de los archivos del Gobierno.

Para Kai Bird, autor junto a Martin J. Sherwin de Prometeo americano, monumental biografía publicada en 2005, premiada con el Pulitzer y ahora al fin disponible en español gracias a Debate, la decisión es "extraordinaria". En esta rehabilitación pública, ¿habrá tenido algo que ver que una de las películas más esperadas del año lleve precisamente el título Oppenheimer y esté detrás un director tan taquillero como Christopher Nolan?

"Hollywood tiene muy poca influencia en Washington", sonríe Bird al otro lado de la pantalla. Aunque reconoce un momento clave relacionado con la película, basada en la biografía: "Nolan me invitó a Los Álamos para estar en el set y ver parte de la filmación. Concertamos una cena con el responsable del Laboratorio Nacional de Los Álamos, donde se siguen haciendo bombas atómicas. Dijo que lo único que podía hacer el Gobierno era disculparse, pero no revocar la decisión de 1954. Tuvimos una conversación agradable y lo convencí de que era necesario restaurar la integridad de Oppenheimer. Él escribió su propia carta al secretario de Energía sumándose a nuestra causa.

Oppenheimer fue el primer director de ese laboratorio militar construido en el desierto de Nuevo México donde se desarrolló el Proyecto Manhattan, el plan para fabricar la bomba definitiva, lanzada sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945 como bestial epílogo de la II Guerra Mundial. El científico, formado en Alemania en la década de 1920, donde estudió física cuántica, y que ayudaría a consolidar la Universidad de Berkeley (California) como el centro estadounidense más destacado dedicado a esa materia de estudio, alcanzó fama mundial, protagonizando las portadas de revistas como Time o Life.

Sin embargo, en su interior explosionó una avalancha de remordimientos y tormentos. Había creado el arma más poderosa de la historia para un Gobierno que ahora le reclamaba cruzar una línea más: la bomba de hidrógeno. "Era un hombre muy complejo: un físico cuántico enamorado de la poesía francesa y la literatura americana", arranca Bird. "Anne Wilson, la secretaria de Oppenheimer en Los Álamos, recordaba que Robert estuvo muy callado y pensativo después de la Trinity [la primera prueba de un arma nuclear efectuada por EEUU] porque sabía lo que iba a pasar. Iba diciendo "esa pobre gentecilla, esa pobre gentecilla", en relación con los japoneses.

Oppenheimer, continúa el investigador, nunca llegó a renegar públicamente del Proyecto Manhattan asegurando que había sido un error. "Pero sí dijo que se había utilizado la bomba atómica contra un enemigo que ya estaba derrotado y eso le horrorizaba". ¿Se planteó alguna vez renunciar a su cargo de director del laboratorio? "No, sintió que era su obligación. Él temía que los nazis consiguieran la bomba atómica antes y así ganasen la guerra. Conocía a los científicos alemanes y sabía que eran capaces. Esa era su principal motivación".

Su ambición estuvo también férreamente controlada, como demuestran los autores en un libro que fue el resultado de tres décadas de investigación en los archivos y entrevistando a protagonistas y familiares y que, a través de una sola figura, vertebra y muestra el grado de destrucción alcanzado por el ser humano en el siglo pasado. Casi todos los científicos jóvenes fueron controlados por el Ejército.

Precisamente sus simpatías con el comunismo durante su juventud -una de sus amantes, Jean Tatlock, se definía como una "antifascista prematura"- servirían para avivar la oposición a su figura durante el proceso de 1954 iniciado por el gobierno estadounidense -Eisenhower ordenó levantar un "muro ciego" para que no accediese a los secretos en materia nuclear- y que tuvo en vanguardia a John Edgar Hoover, director del FBI, y a Lewis Strauss, presidente de la Comisión de Energía Atómica (CEA).

Pero todas esas sospechas han quedado definitivamente enterradas a raíz de la desclasificación en los últimos años de más material del extensísimo documento In the matter of J. "No hay ninguna prueba de que Oppenheimer fuese un espía soviético ni de que compartiese secretos con los rusos", sentencia Bird. El científico se opuso al desarrollo de la bomba de hidrógeno por cuestiones militares y técnicas. "El juicio fue una farsa, tenían pinchadas las líneas de sus abogados.

¿Cuál es el legado más importante de Oppenheimer? "La advertencia de que tenemos que encontrar la manera de contener el poder atómico: estamos hablando de armas que nos pueden destruir, que no se pueden utilizar como defensa", responde el autor. "Parece que la gente ya haya olvidado esta historia, esta era atómica que empezó en 1945, pero no, todavía puede terminar con un desastre absoluto. A mí me preocupa muchísimo la guerra de Ucrania. Creo que incluso Putin entiende que se trata de armas de terror y no de campo de batalla, es decir, cuyo valor reside en la parte psicológica, pero aun así puede tener la tentativa de utilizar una o dos. ¿Y entonces qué? Es una pesadilla". La historia como campo de respuestas para los temores del presente.

La Vida Cotidiana en Corrales, Nuevo México

Estados Unidos es ese espíritu destartalado y acumulativo sin sentido de algunos padres de familia de lo que aquí se llama suburbio. Esos que tienen en el jardín un Cadillac del 72 oxidado, un carro de la compra, una lancha y, por supuesto, una caravana y un pick up. Corrales tiene ese aire de relato sureño en el que el vecino esconde un cadáver en la caseta de herramientas. En absoluto se respira la pulcritud de los suburbios.

Uno de mis momentos favoritos del día es cuando paseo por la acequia de Río Grande, al lado de casa, tras la jornada laboral. Me despeja y me pone de buen humor. En mi barrio, Corrales, son muy de decorar los jardines para disfrute general. Aquí no hay luces de navidad oficiales, pagadas por el ayuntamiento, lo cual me parece estupendo y me encanta este sentido de agradar al prójimo. Aquí los que queremos decoramos nuestro trozo de calle, y lo cierto es que Mockingbird Ln está preciosa en Navidad.

Reflexiones Personales y Encuentros en Nuevo México

«¡Qué increíble el efecto del sol a través del humo del incendio! Es precioso, muy romántico.» Pero esto es Nuevo México, la gente adora hablar con desconocidos sin segundas intenciones, es al primer concierto de pie y sin mascarillas al que voy en 5 años y, efectivamente, el humo del aterrador incendio de Las Vegas y sus 900 acres colindantes crean un efecto incandescente sobre el sol fucsia en este atardecer de Santa Fe. Es una especie de renacimiento del mundo.

Tras una charla que considero suficientemente larga como para no ser descortés con un desconocido, le digo que me ha encantado conocerle y que voy al food track a por una sweet potato con chile. Por el camino desenredo la información que me ha transmitido en los últimos 10 minutos y retengo que vive entre San Diego, Socorro y Los Álamos. Que es ingeniero y arquitecto. Que su padre estudió en el Álamos Ranch de Los Álamos (le comento que también Gore Vidal y Burroughs y él responde que vale, pero que su padre era más importante). Y que le gustan, como a su padre, las explosiones.

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