El estudio de la Universidad de Florida contribuye a resolver un antiguo debate en la paleontología de los tiburones que perdura desde hace más de 150 años. La asignación taxonómica de *Carcharodon megalodon* se ha debatido por cerca de un siglo, y aún se encuentra en disputa con dos interpretaciones principales: como *Carcharodon megalodon* (bajo la familia Lamnidae) o bien como *Carcharocles megalodon* (bajo la familia Otodontidae).
Mientras que un grupo de paleontólogos pensaba que el tiburón blanco (*Carcharodon carcharias*) es un pariente más pequeño de la línea de especies de la que procede el *Carcharodon megalodon*, un segundo grupo defiende que este tiburón procede del mako de dientes anchos (*Isurus hastalis*). De acuerdo con el segundo grupo, se debería haber cambiado el nombre del género del Megalodon, que midió hasta 18 metros de longitud, para distinguir entre los ancestros.
La investigación publicada en Journal of Vertebrate Paleontology confirma que el Megalodon y los modernos tiburones blancos están mucho menos relacionados de lo que los paleontólogos inicialmente creían. “Creo que este ejemplar aclarará las cosas”, ha señalado Dana Ehret, autora principal autora y estudiante de doctorado de Paleontología de vertebrados del Museo de Historia Natural de Florida. Aunque ha aclarado que “cuando sólo disponemos de dientes aislados para hacer una descripción, es muy difícil llegar a una conclusión definitiva”.
Un Fósil de Más de Cuatro Millones de Años, la Clave
Para llegar a sus conclusiones, los investigadores se basaron en un ejemplar “extraordinariamente” bien conservado de una especie primitiva de tiburón blanco de 4 a 5 millones de años de antigüedad. El fósil hallado en Perú en 1988 se compone de una mandíbula completa con 222 dientes intactos y 45 vértebras. Las especies de escualos más antiguas sólo se conocen por algunos dientes aislados.
Los científicos estadounidenses se basaron en el tamaño de los dientes y en el análisis de los anillos de crecimiento intervertebrales para determinar que el tiburón debía tener unos 20 años y medir de 5 a 5,5 metros de longitud, un tamaño que es más verosímil con la media de los tiburones blancos actuales.
“Hasta ahora es el único cráneo parcial fosilizado de un tiburón blanco jamás encontrado”, ha apuntado Gordon Hubbell, propietario del fósil y coautor del estudio. El ejemplar procedía de una zona conocida como la Formación Pisco, famosa por sus ricos lechos fosilíferos que datan del Mioceno tardío al Pleistoceno, desde hace aproximadamente un millón hasta 9 millones de años. En aquellos tiempos la región era un resguardado entorno marino poco profundo ideal para la conservación de los esqueletos. Aparte del fósil de tiburón, se han encontrado fósiles de ballenas, perezosos acuáticos y tortugas marinas.
Los dientes permiten a los investigadores observar distintas características para determinar el género y la especie de un fósil, como “la dirección de las curvas de un diente hacia el exterior de la mandíbula o hacia su línea media”, ha subrayado Ehret. La investigadora piensa que el fósil pertenece a una especie de tiburón blanco estrechamente emparentado con *Isurus hastalis*, un tiburón mako de dientes anchos que probablemente llegó a alcanzar un tamaño de unos 8 metros de longitud y que vivió hace de 9 a 10 millones de años.
Sin embargo, Ehret ha recalcado que los gruesos dientes en forma de sierra del fósil de tiburón son la prueba de una transición entre los tiburones mako de dientes anchos y los modernos tiburones blancos. “Aquí tenemos un tiburón que está adquiriendo dientes en forma de sierra y que se está convirtiendo en un tiburón blanco, pero que todavía no lo es”, ha detallado la investigadora.
Según Ehret, la transición de tiburones con dientes enormes como Megalodon a los modernos tiburones blancos exigiría cambios en el tamaño corporal y en la forma de sierra, grosor y esmalte de los dientes.
Investigadores del Departamento de Geología de la Universidad de Jaén han publicado un estudio sobre el diente gigante de tiburón que alberga el Museo de Obulco, en el municipio jiennense de Porcuna, en el que han determinado que se trata de un diente de *Carcharocles megalodon*, un tiburón gigantesco que vivió en el Mioceno Superior hace alrededor de una decena de millones de años. Concretamente, se trataría de un ejemplar de alrededor de 11 metros de longitud, mucho más grande que el actual tiburón blanco, del que se han encontrado ejemplares de ‘solo’ 6,5 metros hasta ahora. Los investigadores Matías Reolid (i) y José Miguel Molina.
La pieza objeto del estudio, la más destacada de los restos aislados de vertebrados marinos que se han hallado en esta zona, tiene una longitud de 123,96 mm desde el ápice hasta la línea basal de la raíz. Los investigadores explican en el artículo que la altura de la corona (92,2 mm), su forma triangular con bordes aserrados, la presencia de una cara lingual convexa y una labial plana, conjuntamente con la raíz angulosa y robusta, permiten determinar que perteneció a dicha especie.
Este es el primer estudio científico acerca de dientes de *Carcharocles megalodon* en la Península Ibérica y ha sido publicado en la revista ‘Estudios Geológicos’.
El *Carcharodon Megalodon*, nombre que significa «diente grande», derivado de los términos griegos μέγας (mega, «grande») y ὀδούς (odon, «diente»), es una especie extinta de tiburón que vivió aproximadamente entre 15.9 y 2.6 millones de años atrás, durante el Cenozoico (de mediados del Mioceno hasta el final del Plioceno).
*Carcharodon megalodon* es considerado como uno de los mayores y más poderosos depredadores en la historia de los vertebrados. Los estudios sugieren que *Carcharodon megalodon* lucía en vida como una versión corpulenta del gran tiburón blanco actual, *Carcharodon carcharias*, llegando a alcanzar los 18 metros de longitud total máxima. Los restos fósiles indican que este tiburón gigante tuvo una distribución cosmopolita, con áreas de cría en zonas costeras cálidas. *Carcharodon megalodon* probablemente tuvo una influencia muy importante en la estructura de las comunidades marinas de su época.
Los fósiles más comunes de *Carcharodon megalodon* son sus dientes. Las características diagnósticas de los dientes de *Carcharodon megalodon* incluyen: forma triangular, estructura robusta, gran tamaño, un borde finamente aserrado, y el cuello (base de la corona) con una visible forma de letra v. Los dientes de C. megalodon pueden medir cerca de 180 milímetros en altura perpendicular o longitud diagonal, y son los mayores en tamaño de cualquier especie conocida de tiburón.

Comparación del tamaño de un diente de Megalodón con uno de Tiburón Blanco.
Se conocen fósiles de *Carcharodon megalodon* procedentes de diferentes partes del mundo, que incluyen a Europa, América del Norte, América del Sur, Puerto Rico, Cuba, Jamaica, Australia, Nueva Zelanda, Japón, África, Malta, Granadinas, Islas Canarias, e India. Algunos dientes de *Carcharodon megalodon* se descubrieron en regiones muy alejadas de los continentes (por ejemplo, en la Fosa de las Marianas en el Océano Pacífico).
Entre las especies existentes, se considera que el gran tiburón blanco es la más análoga a *Carcharodon megalodon*. La carencia de esqueletos fósiles bien preservados de *Carcharodon megalodon* ha forzado a los científicos a basarse en la morfología del gran tiburón blanco para inferir su aspecto y estimar su tamaño.
Debido a los restos fragmentarios, estimar el tamaño de *Carcharodon megalodon* se ha convertido en un reto. Sin embargo, la comunidad científica reconoce que *Carcharodon megalodon* superaba en tamaño al tiburón ballena (*Rhincodon typus*).
En la década de 1990, algunos biólogos marinos (como Patrick J. Schembri y Staphon Papson) opinaron que C. megalodon pudo haber alcanzado un máximo de entre 24 a 25 metros de longitud total. La anterior estimación de la longitud total de C. megalodon quizás no sea tan descabellada. Sin embargo, Gottfried y colaboradores (1996) propusieron que *Carcharodon megalodon* podría aproximarse a un máximo de 20.3 metros de longitud. Gordon Hubbell de Gainesville en Estados Unidos, dispone de un diente superior anterior de C. megalodon cuya altura máxima es 184 mm. Adicionalmente, una reconstrucción de la mandíbula de C. megalodon contiene un diente cuya máxima altura reportada es 193 mm. Esta mandíbula reconstruida fue realizada por el difunto cazador de fósiles Vito Bertucci, quien era conocido como el «Hombre Megalodon».
Consecuentemente, *Carcharodon megalodon* es considerado como el mayor tiburón que haya vivido, y está entre los mayores peces conocidos que hayan existido.
Un equipo de científicos japoneses, T. Uyeno, O. Sakamoto y H. Sekine, descubrieron y excavaron restos parciales de *Carcharodon megalodon*, con una colección de dientes casi completa hallada en asociación, en Saitama, Japón en 1989. Otra dentición completa asociada de *Carcharodon megalodon* fue excavada en la formación Yorktown de Lee Creek, Carolina del Norte en Estados Unidos y sirvió como la base de una reconstrucción de la mandíbula de C. megalodon del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York. Estos hallazgos de dientes asociados resolvieron la incertidumbre de cuantos dientes podrían estar en cada hilera de las mandíbulas de *Carcharodon megalodon*, posibilitando reconstrucciones más exactas de las mismas. Más denticiones asociadas de *Carcharodon megalodon* también se han hallado en los últimos años.
Ahora sospechamos que una de sus primeras víctimas pudo ser otro tiburón, uno mucho mayor aún: el megalodón (*Otodus megalodon*). Un artículo publicado en Nature Communications añade pruebas a la teoría de que la competición por los recursos entre las dos especies fue determinante en la extinción de la más grande de ellas. El estudio añade pruebas a la hipótesis de que la aparición del tiburón blanco estuvo relacionada con la extinción del megalodón, el mayor tiburón que se sabe ha navegado los mares. Según el equipo, ambas especies se encontraron en la cúspide de la pirámide trófica (o pirámide ecológica) durante un cierto periodo de tiempo, compitiendo por los mismos recursos. En este caso no se cumplió el dicho y lejos de comerse al pez chico, el megalodón salió derrotado de la lucha por los recursos.
Esta especie de tiburón era inmensa, su nombre hace referencia al tamaño de sus dientes, prácticamente los únicos restos que ha dejado tras de sí. Se calcula que su tamaño triplicaba al del tiburón blanco, pudiendo superar los 20 metros y 60 toneladas. Hasta ahora se han propuesto diversas teorías sobre por qué se extinguió este megadepredador. Los investigadores señalan algunas de estas teorías en el artículo, mencionando posibles cambios en el clima, la reducción en la población de animales de los que se alimentaba, o la competencia por recursos con otras muchas especies. Entre ellas el tiburón blanco.
Los dientes nos dicen mucho sobre la alimentación de especies ya extintas (y de los primeros miembros de otras que todavía rondan la Tierra), pero en el caso de los megalodones y otros tiburones, son los dientes los que nos cuentan su historia completa. Principalmente porque los esqueletos cartilaginosos de estos animales no se conservan como los de otras especies prehistóricas. Los dientes nos pueden también explicar cuándo tiburones como el gran blanco comenzaron a alimentarse de mamíferos, atendiendo a la forma serrada de algunos de estos dientes, más capaz de manejarse a través de las capas grasas de los animales.
Esta teoría sobre la extinción del megalodón no se contrapone a las anteriores. Es más, lo más probable, señalan los autores, es que varios factores se combinaran para llevar a la extinción a este monstruo marino.
Poco se conoce sobre el imponente tiburón prehistórico que sirvió de inspiración a la superproducción de Hollywood. De él tan solo se conservan restos de su mandíbula y dentadura. De hecho, no ha sido hasta hace poco cuando se han conocido las dimensiones reales de este imponente animal. No existen tiburones actualmente que puedan compararse al ‘Otus megalodon’. Por ese motivo, su estudio siempre ha sido un gran reto.
El ‘Megalodón’ era un animal mesotérmico, es decir, podía alcanzar altas temperaturas gracias al calor liberado por sus funciones vitales. No obstante, no podía mantenerla de forma constante. La mesotermia es una cualidad propia de criaturas con metabolismos rápidos que conduce a crecimientos veloces. De hecho, algunos estudios mantienen la hipótesis de que ciertos dinosaurios pertenecían a este grupo de animales. Por este motivo alcanzaban tamaños tan espectaculares.
Esta diferencia fisiológica permitía al ‘Otus megalodon’ nadar a mayor velocidad y alimentarse en aguas más frías que otras especies. Es una ventaja evolutiva. El tiburón blanco, el mayor escualo moderno, también es un animal mesotérmico. De este modo, es capaz de nadar en aguas gélidas para cazar focas y otras especies ricas en grasa adecuadas para saciar y alimentar correctamente a su organismo.
Es importante saber que los tiburones se reproducen de una manera particular. En lugar de poner huevos y que estos eclosionen en el exterior, los escualos ponen huevos en su interior y estos se rompen dentro de la madre. Así, las crías crecen en el interior de la hembra hasta que están listas para salir del útero.
De este modo, el aumento de las demandas fisiológicas de los embriones que crecieron hasta alcanzar una longitud considerable y que podrían, incluso, devorarse unos a otros, habría requerido que la madre se alimentara de manera más activa, lo que desencadenaría la mesotermia de esta especie. Los tiburones mesotérmicos también habrían tenido embriones mesotérmicos que podrían haber exacerbado las demandas fisiológicas de su madre para dar lugar a "super carnívoros" aún más enérgicos que posiblemente también contribuyeran al gigantismo.
El megalodón, uno de los depredadores más imponentes que ha conocido el planeta, no era tan selectivo con sus presas como se creía. De hecho, un reciente estudio publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters ha desmentido la idea de que su alimentación se basaba exclusivamente en grandes cetáceos.
Investigadores de la Universidad Goethe de Fráncfort han demostrado que el *Otodus megalodon* se comportaba como un cazador oportunista. La conclusión se ha alcanzado mediante el análisis de isótopos de zinc en dientes fósiles, una técnica que permite establecer la posición de un animal en la cadena alimentaria. Al examinar especímenes de hace unos 18 millones de años y comparar sus proporciones de zinc con las de tiburones actuales, los científicos han determinado que este tiburón prehistórico no se situaba de forma estricta en la cúspide del ecosistema marino.
Aunque estaba capacitado para cazar mamíferos marinos, también se alimentaba de peces de menor tamaño y otras especies más accesibles. Según el geocientífico Jeremy McCormack, "nuestro estudio tiende a mostrar al megalodón como un generalista ecológicamente versátil". Esa flexibilidad le permitía adaptarse a las condiciones de cada hábitat, un rasgo clave en su supervivencia durante millones de años.
La proporción entre los isótopos zinc-64 y zinc-66 varía según la dieta. Cuanto más alto es el nivel trófico del animal, menor es la cantidad de zinc-66 presente. En los dientes de megalodón analizados, esta diferencia no es tan marcada como se esperaba, lo que confirma una estrategia alimentaria menos especializada.
Además, los investigadores identificaron diferencias geográficas en los hábitos de caza. Por ejemplo, ejemplares hallados en Passau, en el sur de Alemania, mostraban un mayor consumo de presas situadas en niveles más bajos del ecosistema marino. La presencia de tiburones blancos en la misma época podría haber afectado directamente a la supervivencia del megalodón. Ambos compartían un nicho ecológico similar, y el auge del primero pudo haber desplazado al segundo, según investigaciones anteriores lideradas también por McCormack.
El paleobiólogo Kenshu Shimada, de la Universidad DePaul, destaca que "esto nos ofrece pistas clave sobre cómo han evolucionado las comunidades marinas a lo largo del tiempo". Añade que "más importante aún, demuestra que ni siquiera los mayores cazadores de su época están a salvo del colapso ecológico".
Un estudio liderado por un equipo de investigación de la Universitat de València revela que el extinto megalodón y el tiburón blanco podrían haber llegado a competir por recursos tróficos. Con el análisis del microdesgaste dental, el equipo científico encontró similitudes en la dieta de ambos depredadores.
El estudio se centra en el análisis del microdesgaste dental, es decir, las marcas microscópicas que se generan en la superficie de los dientes durante la ingesta de los alimentos. Esta herramienta permite inferir en las propiedades físicas y mecánicas de las presas ingeridas. Con ello, se han comparado las marcas de desgaste presentes en la superficie de los dientes del megalodón y del gran tiburón blanco.
Los resultados revelan que, a pesar de que el megalodón mostraba una ligera preferencia por dietas menos abrasivas, en comparación con el tiburón blanco, no se encontraron diferencias significativas en los patrones de microdesgaste dental de ambas especies. Esto ha llevado al equipo investigador a sugerir que el megalodón y el gran tiburón blanco podrían haber tenido dietas similares, al menos en la cuenca del mar Mediterráneo durante el Neógeno.
El estudio aporta evidencias adicionales al debate sobre la extinción del megalodón, que ha sido atribuida tanto a cambios climáticos como a la emergencia de nuevos competidores, en especial a la aparición del gran tiburón blanco.

Comparación del tamaño de los dientes de Megalodón con otros tiburones y un humano.
La Sangre Caliente del Megalodón
Pero ahora un nuevo estudio de Universidad de California (UCLA) han llegado a otra conclusión: es posible que los mayores depredadores marinos de la historia no fuesen unos asesinos de sangre fría.
Sí, eran aniquiladores, pero no de sangre fría, sino de sangre caliente, igual que su principal competidor: el tiburón blanco. Según los científicos, podía mantener una temperatura corporal de unos 7º C superior al de agua circundante, una diferencia de temperatura mucho mayor que la que se ha determinado para otras especies que cohabitaron con estos monstruos marinos y que, según los científicos, era lo suficientemente grande como para categorizarlos como criaturas de sangre caliente.
Es más, su temperatura media era tan elevada que requería una gran cantidad de energía para mantenerla, lo que, según esta nueva investigación, pudo llevar a estos colosos del mar a sucumbir cuando los recursos empezaron a escasear.
Investigaciones anteriores habían sugerido que el megalodón era endotérmico regional, del mismo modo que algunos de sus parientes actuales. Sin embargo, la dificultad para obtener muestras convertía estas conclusiones en simples inferencias sin respaldo científico. Este estudio, publicado en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences, es la primera evidencia científica de que estos escualos eran realmente de sangre caliente.
Para la elaboración del nuevo estudio, los científicos buscaron respuestas en los restos fósiles más abundantes del megalodón: sus dientes. Uno de los principales componentes de los dientes es un mineral llamado apatita, que contiene átomos de carbono y oxígeno. Como todos los átomos, el carbono y el oxígeno pueden presentarse en distintos isótopos (esto es, un mismo elemento puede contener un número distinto de neutrones).
Dado que la mayoría de los tiburones antiguos y modernos son incapaces de mantener temperaturas corporales significativamente superiores a la temperatura del agua marina circundante, los isótopos de sus dientes reflejan temperaturas que se desvían poco de la temperatura del océano. En cambio, en los animales de sangre caliente, registran el efecto del calor corporal producido por el animal, por lo que los fósiles indican temperaturas más cálidas que el agua marina en la que vivían.
Al tener un cuerpo más caliente, el megalodón pudo moverse más rápido, tolerar aguas más frías y extenderse por todo el planeta. Pero la misma ventaja evolutiva que contribuyó a su expansión pudo haber sido su talón de Aquiles, según sus investigadores. El descenso de la temperatura provocado en el período del Plioceno, hace entre 5,3 y 2,5 millones de años, provocó cambios ecológicos a los que el megalodón no pudo sobrevivir.

Mapa de la distribución geográfica de los hallazgos de dientes de Megalodón.
Tabla Comparativa: Megalodón vs. Tiburón Blanco
| Característica | Megalodón (*Carcharocles megalodon*) | Tiburón Blanco (*Carcharodon carcharias*) |
|---|---|---|
| Tamaño Máximo Estimado | Hasta 20 metros | Hasta 6.5 metros |
| Peso Máximo Estimado | Hasta 103 toneladas | Hasta 3.3 toneladas |
| Dieta | Cazador oportunista, incluyendo grandes cetáceos y peces | Mamíferos marinos, peces, aves marinas |
| Distribución Geográfica | Cosmopolita (fósiles encontrados en todo el mundo) | Océanos templados y subtropicales |
| Estado | Extinto (hace ~2.6 millones de años) | Existente |
| Forma del Diente | Triangular, borde aserrado, hasta 180 mm | Triangular, borde aserrado, pero más pequeño |
| Termorregulación | Posiblemente endotérmico regional (sangre caliente) | Mesotérmico |