Dientes de Sable vs León: Un Análisis Comparativo de Dos Depredadores Icónicos

Los dientes de sable, un grupo de hipercarnívoros ya extinto, se caracterizaban por tener unos caninos largos y estrechos con los que eran capaces, incluso, de abatir de un mordisco a un mamut. Los felinos con dientes de sables tenían una forma de matar a sus presas muy diferente a la de los felinos actuales, que lo hacen por asfixia.

Si nos hablan de los famosos “dientes de sable” nos imaginemos al simpático Diego, el tigre dientes de sable de “Ice Age, la edad de hielo”. Si bien es cierto que este término se utiliza para hacer referencia a varias especies de félidos del Cenozoico, el más conocido es el Smilodon.

¿Quieres sabes cómo era la vida de estos animales?, ¿Sus principales características? y, lo más importante de todo, ¿quieres conocer por qué se extinguieron?

¿Qué son los Dientes de Sable?

“Dientes de sable”, como hemos comentado, es un término que se utiliza de manera genérica para denominar a varias especies de mamíferos caracterizados por la presencia de caninos de gran tamaño que sobresalen a ambos lados de la boca y que vivieron en épocas distintas durante el Cenozoico. A pesar de su nombre, no se encuentran emparentados con los tigres que hoy en día conocemos, pero se comparaban a ellos debido a su gran tamaño (algo menor al de los leones).

Los dientes de sable pertenecen a la subfamilia Machairodontinae, mientras que los actuales tigres y leones pertenecen a la subfamilia Felinae, ambos de la familia Felidae. Los macairodontinos y los felinos tienen un origen común en el Oligoceno superior (hace 23 millones de años) periodo en el cual vivió el primer félido que se conoce: Proailurus. Esta subfamilia engloba a varios géneros extintos, y entre ellos destaca el popular Smilodon.

Deben su nombre “dientes de sable” a la forma curva y alargada, similar a la de los sables, de sus colmillos; homólogos a los que poseen el resto de los félidos. Smilodon se caracterizaba por ser el género con los mayores caninos, llegando hasta los 20-26 centímetros, tanto en machos como en hembras, en el caso de la especie Smilodon populator. Otras especies famosas son S. fatalis o S. gracilis.

Gracias al registro fósil se pudo determinar que los dientes de sable habitaron por todo el continente americano.

Estrategias de Caza: Dientes de Sable vs Felinos Modernos

Los felinos matan a sus presas por asfixia, mordiéndolas en la garganta o el morro para impedir el paso de aire hasta los pulmones y, únicamente cuando las presas tienen un pequeño tamaño, el mordisco se produce en la cabeza o la nuca para romper los huesos del cráneo o las vértebras de la zona cervical.

Sin embargo, los colmillos de los dientes de sable eran susceptibles de romperse si se utilizaban para morder sobre tejido óseo, razón por la cual se especializaron en presas grandes (las presas pequeñas implicaban un mayor riesgo de chocar contra sus huesos y provocar la ruptura de los colmillos). Resulta raro pensar que a pesar del gran tamaño de dichas estructuras, éstas hicieran que la mordida de los dientes de sable fuese menos potente.

Sorprendentemente, la eficacia radicaba en el ángulo que podían alcanzar al abrir la mandíbula, llegando hasta los 120º de apertura (el león actual alcanza los 65º). A diferencia de los felinos, los macairodontinos no buscaban matar a sus presas mediante la asfixia (lo cual supondría un gran gasto energético ante la necesidad de inmovilizar a la presa y mantener el mordisco hasta que ésta muriese asfixiada).

La teoría más extendida sobre la utilidad de estos grandes colmillos en los dientes de sable era la caza de grandes presas desde abajo para atrapar la garganta y seccionarla. Los colmillos curvos y muy afilados penetraban en la víctima neutralizándola de manera mucho más rápida que por asfixia. Algunos ejemplares presentaban incluso los bordes de los colmillos aserrados para que el corte produjese una incisión más rápida y limpia, reduciendo el coste energético que se producía durante la caza y los posibles riesgos que supusieran las presas (coces, cornadas).

Resalta así el cometido de los caninos, la de desgarrar, función que se ve incrementada cuando la presa se encuentra sujeta e inmovilizada sobre el suelo. Por otro lado, se cree que además de bloquear su flujo respiratorio estos caninos cortaban también los principales vasos sanguíneos que conducen la sangre al cerebro, haciendo que la presa perdiese incluso la consciencia antes de morir, dejando de suponer una amenaza.

En el caso de que la presa se escapase antes de quedar inmovilizada ésta se desangraría rápidamente a causa de la mordida.

Diferencias Morfológicas Clave

En comparación a los felinos actuales los dientes de sable presentaban otras características tales como:

  • No eran grandes corredores a causa de su constitución corpulenta y la longitud de su cola, de tan solo 35 centímetros de largo, la cual en los felinos existentes es larga y sirve para mantener el equilibrio durante la carrera.
  • Tenían un olfato mucho más desarrollado.
  • Tenían un cerebro pequeño.
  • Sus extremidades eran muy musculosas y potentes.
  • Zarpas retráctiles, cualidad que comparten con los gatos, pero no con tigres y leones.
  • Vivían en manadas.

La Extinción de los Dientes de Sable

Los 5 Tipos De Dientes De Sable Explicados

El género Smilodon silenció su rugido a finales del Pleistoceno, la última era glacial del Cuaternario, es decir, los dientes de sable se extinguieron hace 12.000-10.000 años. Se produjeron drásticos cambios ambientales y climáticos que pudieron generar una cascada de consecuencias en la cadena alimenticia de los dientes de sable. Una de estas consecuencias fue que la distribución de presas de gran tamaño se volviera mucho más errante (en 5.000 años se produjo un aumento de la temperatura de más de 6º, lo cual pudo influir negativamente en dicha distribución), dificultando su caza a los dientes de sable.

Estos cambios climáticos provocaron la retirada de los glaciares, así como el cambio de las estaciones y el aumento de las lluvias, lo cual influyó y alteró los ecosistemas locales. Sin embargo, Smilodon había sobrevivido a otros periodos glaciares antes, por lo que debió de haber un factor añadido que lo diferenciase de los eventos climáticos anteriores, como los cambios en la temperatura y la vegetación. Esta última cambió de forma que hacía más difícil que los félidos acecharan a sus presas y coexistieran con otros depredadores.

Así, la competencia entre diversas especies de carnívoros fue muy violenta. A todo ello se le unió la llegada de los primeros homínidos al continente americano, donde se distribuían los dientes de sable. El ser humano pudo contribuir en su extinción al cazar mamíferos de gran tamaño (como mamuts, mastodontes, alces o bisontes) que eran presas comunes de los dientes de sable.

Finalmente, durante los cambios climáticos más bruscos al final del Cuaternario, los ecosistemas no eran capaces de albergar y mantener toda la diversidad de grandes depredadores de manera que las especies menos especializadas y flexibles aumentaron sus posibilidades de supervivencia. En base al apartado anterior, podemos decir que la extinción de los dientes de sable pudo producirse, a grandes rasgos, por la escasez de presas a causa de los cambios climáticos y la competencia con otros depredadores.

Científicos de la Universidad de Vanderbilt han desarrollado una investigación que puede contribuir a esclarecer este hecho. El estudio en cuestión analiza restos fosilizados a través de una técnica denominada “análisis del microdesgaste de la textura dental” (desarrollada por el coautor del estudio Peter Ungar, de la Universidad de Arkansas).

La directora del estudio, Larisa DeSantis, comparte que en situaciones en las que la comida escasea, los felinos actuales consumen una mayor parte del cadáver de la presa, incluyendo sus huesos. Cuando esto sucede, los dientes presentan surcos grandes y profundos, en contraposición a aquellos que han masticado solo carne, que muestran pequeñas marcas de forma paralela.

El análisis reveló que los dientes de sable presentaban patrones de desgaste similares a los del león africano actual, que mastica algunos huesos cuando come.

Diversidad en los Dientes de Sable

Científicos del área de Paleontología y Evolución de la Universidad de Málaga lideran desde hace años una investigación internacional sobre estos súper-depredadores. En 2008 ya abordaron el ‘bocado de muerte’ de estos animales, a partir de la simulación computacional en tres dimensiones, demostrando dos tipos distintos de esta especie -ya que mostraron diferencias estructurales y biomecánicas en sus cráneos- por su estrategia de caza.

Recientemente, el equipo investigador ha dado un paso más en este estudio y han revelado que ningún grupo de dientes de sable cazaba igual, algo que ha pasado desapercibido durante décadas, según destaca el profesor de la Facultad de Ciencias de la UMA Borja Figueirido, uno de los autores de este trabajo, que ha sido publicado en ‘Proceedings of the Royal Society B’.

“Los depredadores con dientes de sable desarrollaron una diversidad desconocida en los estilos de caza y matanza durante los últimos 250 millones de años”, afirma Figueirido, que ha desarrollado este trabajo con investigadores de la Universidad de Birmingham, liderados por el profesor de Paleobiología Stephan Lautenschlager.

Los resultados demuestran que los dientes caninos alargados, que alcanzan una longitud de hasta 30 cm en algunas especies, evolucionaron de forma independiente en siete linajes diferentes de mamíferos carnívoros. “Debido a la forma similar del cráneo y los dientes, durante mucho tiempo se asumió que todos estos animales cazaban y mataban a sus presas de la misma manera”, explica el experto de la UMA.

Figueirido señala que en este estudio se han incluido representantes de todos los grupos de dientes de sable -más de 60 especies diferentes- los primeros, incluso, presentes antes de los dinosaurios y que, tras simulaciones computacionales de las capacidades funcionales de los dientes y los cráneos, donde se ha analizado la fuerza de mordida, el ángulo de apertura bucal y la resistencia a la flexión, han evidenciado que no existe ningún grupo que tenga la misma biomecánica craneal, lo que significa que su estrategia de caza era distinta.

Resultados de la simulación computacional para tres especies fósiles de dientes de sable en comparación con un león moderno que muestra la máxima apertura de la mandíbula y la distribución de la tensión en la mandíbula inferior (Stephan Lautenschlager, Universidad de Birmingham)

“Lo que hemos confirmado es que la forma similar de los cráneos de los dientes de sable viene impuesta por la necesidad de abrir mucho la boca, debido a la longitud de los caninos, y no porque cazaran de la misma manera”, aclara el investigador de la Universidad de Málaga. “Esto probablemente explique porqué muchas veces encontramos en un mismo yacimiento diferentes especies de estos depredadores: cazaban diferente a presas también diferentes y eso evitaba la competencia entre ellos”, concluye.

Modelo Sable vs Modelo Cimitarra

Un equipo de científicos procedentes de la Universidad de Málaga, la de Birmingham y la de California, Los Ángeles, ha estudiado el ‘bocado de la muerte’ en estos súper-depredadores, a partir de la simulación computacional en tres dimensiones, evidenciando diferencias estructurales y biomecánicas en los cráneos de dos especies distintas de félidos dientes de sable. Un hallazgo que viene a confirmar lo que los especialistas venían sospechando durante décadas, pero sin encontrar evidencias biomecánicas al respecto.

Hasta ahora, ya se reconocía dos tipos ecológicos de esta especie en relación a su canino: modelo de sable y modelo cimitarra. Los resultados de esta investigación, publicados en la prestigiosa revista ‘Current Biology’ suponen un paso más, su distinción por su estrategia de caza.

Mediante el uso de técnicas de simulación biomecánica basadas en la tomografía axial computerizada y estudios microanatómicos craneales y de la región cervical, estos investigadores han demostrado que el modo en el que los tigres dientes de sable apuñalaban a los megaherbívoros con sus caninos y su capacidad de forcejeo con la presa era muy diferente.

El modelo sable, presenta un canino largo con finas ‘aserraciones’ en sus filos o sin ‘aserraciones’ y es al que pertenece la especie icónica Smilodon fatalis. El segundo, conocido como modelo de cimitarra, que presentan las especies del género Homotherium, se caracteriza, sin embargo, por un canino más corto y más ancho en la base que los de ‘modelo sable’, pero con amplias ‘aserraciones’ en sus filos.

Diferencias en su morfología que este grupo de investigadores han comparado en ambos modelos, Smilodon fatalis y Homotherium serum, junto con una serie de hipercarnívoros actuales como son la hiena manchada (Crocuta crocuta), el león (Panthera leo) y el perro pintado africano (Lycaon pictus), demostrando que los depredadores dientes de sable cazaban a sus presas en ambientes diferentes como resultado de la severa competencia que existía entre grandes carnívoros a lo largo del pleistoceno.

El estudio liderado por el paleontólogo Borja Figueirido, proporciona por primera vez evidencias biomecánicas de que el apuñalamiento que realizaba el modelo Smilodon era mucho más direccional y preciso, probablemente en la yugular o en la tráquea de la presa.

Según los expertos, esto apunta a que tenían muy poca capacidad de sujeción y forcejeo mediante el uso del cráneo, estrategia que realiza el león actual cuyo canino es cónico y más equipado para ello. Sin embargo, Homotherium tenía unas capacidades biomecánicas intermedias entre el león actual y el modelo Smilodon, pues este trabajo revela que su apuñalamiento era mucho menos direccional y preciso, pero tenía mucha más capacidad de forcejeo con la presa mediante el uso de su cráneo.

Un hallazgo que indica que, probablemente, sus ‘aserraciones’ pudieran servir para cortar al mínimo movimiento con la presa, posiblemente, también en su cuello.

Estas diferencias en el modo de apuñalamiento de ambos modelos de dientes de sable se relacionan también con sus capacidades para la carrera o emboscada. Mientras que las extremidades de Smildon eran robustas y poseían uñas retractiles muy desarrolladas, especialmente las del pulgar de las extremidades anteriores, las extremidades de Homotherium eran más gráciles y sus uñas eran semiretractiles.

Esto indica que Smilodon era un animal que usaba la emboscada como modo de caza, usando sus uñas para sujetar a la presa con las extremidades anteriores mientras le propinaba el apuñalamiento tan preciso y direccional con sus caninos hiperdesarrollados. Sin embargo, Homotherium usaba una carrera más rápida y prolongada, para lo cual es ventajoso no tener uñas retractiles, pero a la vez, esto le restaba capacidad de forcejeo con las extremidades en la caza. Su cráneo jugaba un papel crucial en el forcejeo y sujeción de la presa para compensar la pérdida de uñas retractiles.

Esta investigación indica que el ‘arsenal’ de los dientes de sable era más amplio de lo que se conocía con anterioridad, lo cual demuestra un alto grado de especialización ecológica entre estos carnívoros, siendo Smilodon un cazador de ambientes más cerrados y Homotherium de más abiertos.

Estas dos estrategias podrían indicar algún tipo de segregación ecológica entre estas dos formas de grandes carnívoros que coexistieron en Norteamérica durante el Pleistoceno, momento de severas fluctuaciones climáticas que se han propuesto como causa de alta competencia en estos ecosistemas.

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