Dentro del gran grupo de los cánidos, el lobo y el perro comparten desde hace miles de años, un patrimonio evolutivo común: la cantidad y forma de los dientes. Solo la selección artificial y la creación de las razas, ha impactado de lleno en este patrimonio compartido.
El concepto de adaptación dental es de suma importancia en el proceso de evolución de una especie, llegando a determinar su éxito evolutivo o su desaparición por falta de adaptación a la oferta de alimentos de un nicho ecológico determinado. Crusafont y Truyols (1956) definieron los términos de hipercarnívoros y de hipocarnívoros basados en su morfología dental.
Existen muchos métodos para identificar el tipo, la situación y localización de los dientes. Siguiendo la clasificación de Martin (1989), los cánidos son carnívoros que se caracterizan, en cuanto a su dentadura, por tener la dentición más primitiva dentro de los caniformes, ya que no han sufrido reducción o pérdida de piezas en la evolución.
Los cánidos ocupan una gran variedad de hábitats en el mundo, desde los desiertos más hostiles a la Antártida y los trópicos. Dentro de esta familia se encuentran especies con pautas de conducta y comunicación muy elaboradas, que permiten la cohesión del grupo, así como tareas grupales de búsqueda de alimento y caza.
Un claro ejemplo de la Familia Canidae, el lobo (Canis lupus), es una especie de depredador flexible y oportunista (Peterson y Ciucci, 2003) que habita en todos los tipos de vegetación presentes en el Hemisferio Norte, y es uno de los mamíferos más adaptables (Mech y Boitani, 2003).
La mayoría de las especies son maduras sexualmente con un año de vida, excepto el caso particular del lobo, que no alcanza la madurez sexual hasta el tercer año de vida aproximadamente. El cachorro de lobo, al igual que el de un perro, nace sin dientes.
Dentición del Lobo: Fórmula Dental y Tipos de Dientes
En la imagen a continuación, puedes apreciar la fórmula dental decidua («dientes de leche») con un n = 28, así como la fórmula dental permanente, con un n= 42. La dentición en el lobo y en el perro (también en otros cánidos) se clasifica como DIFIODONTA porque tiene 2 generaciones de dientes (de leche y a continuación permanentes) y HETERODONTA porque está formada por distintos tipos de dientes (incisivos, caninos, premolares y molares).
En estas fórmulas dentales descriptas a continuación, con un fin didáctico, los dientes se describen con una letra para la función, un número para la cantidad, y se cuentan por hemimandíbula y hemimaxilar y se multiplican por dos.

Los lobos y la mayoría de los perros grandes comparten idéntica dentadura; el maxilar tiene seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y cuatro molares. Los cuatro premolares superiores y los primeros molares inferiores constituyen los dientes carnasiales, los cuales son herramientas esenciales para cortar carne. Los largos dientes caninos son también importantes, ya que están diseñados para mantener y contener a la presa.
Incisivos
- Número total: 12 (6 superiores o maxilares y 6 inferiores o mandibulares).
- Se hallan dispuestos verticalmente y muy juntos entre sí.
- Aumentan de tamaño del primero al tercero (de la posición central a la lateral).
- Forman un bloque con una ligera convexidad labial (externa) y concavidad lingual (interna).
Caninos
- Número total: 4 (2 superiores o maxilares y 2 inferiores o mandibulares).
- Los caninos, también denominados colmillos, son grandes, cónicos y curvos.
Premolares
- Número total: 16 (8 superiores o maxilares y 8 inferiores o mandibulares).
- Los premolares presentan proyecciones agudas con bordes cortantes.
- Están comprimidos lateralmente y separados por pequeños espacios entre sí.
Molares
- Número total: 10 (4 superiores o maxilares y 6 inferiores o mandibulares).
- Ocupan el lugar más caudal en la distribución anatómica.
- La superficie masticatoria es cuadrangular y multilobulada.
- En condiciones normales se encuentran 4 molares superiores (2 en cada hemimaxilar) y 6 molares inferiores (3 en cada hemimandíbula).
- No existen precursores deciduos de los molares (Hawkins, 1992).
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Adaptaciones Dentales en Mamíferos Marinos: El Caso del Lobo Marino Sudamericano
Los mamíferos marinos son vertebrados de sangre caliente que se comportan de manera similar a los mamíferos terrestres. Los pinnípedos, cetáceos y sirenios son mamíferos que desarrollan su vida en el medio acuático marino, gracias a la gran cantidad de adaptaciones anatómicas y fisiológicas que han desarrollado.
Una parte del ciclo de vida de los pinnípedos, como la alimentación o la exploración, tiene lugar en el agua, mientras que otra parte, normalmente ligada a los periodos de reproducción, caída del pelo y descanso, tiene lugar en la tierra.
La especie objeto de nuestro interés es el lobo marino sudamericano o Arctocephalus australis, un carnívoro clasificado dentro del grupo de los pinnípedos. Los estudios previos sobre estos pinnípedos son numerosos y se centran en campos muy diferentes.
Una de estas adaptaciones en los mamíferos marinos (incluido el Arctocephalus australis) es su capacidad para posponer la digestión durante varias horas mientras bucean. Gracias a este proceso, es posible evitar el consumo de oxígeno y, mejorar la oxigenación de músculos y órganos vitales, para prolongar el tiempo de buceo de forma segura [10-14].
La duda que surge es si esta capacidad u otras adaptaciones fisiológicas modifican las características anatómicas del sistema digestivo del Arctocephalus australis, o si, por el contrario, presenta las mismas características generales del sistema digestivo de otros carnívoros [15-18].
Tomando el aparato digestivo del perro como modelo de carnívoro, por ser el carnívoro doméstico por excelencia, estudiamos el sistema digestivo del lobo marino sudamericano desde el punto de vista anatómico, sistemático y descriptivo. Para ello, realizamos un estudio anatómico sobre 11 cadáveres de la especie Arctocephalus australis, (2 adultos y 9 juveniles).
En todos los casos, los animales fueron encontrados varados en la costa y trasladados al Centro de Rescate y Rehabilitación Fundación Mundo Marino (FMM, San Clemente del Tuyú, Buenos Aires, Argentina), donde fallecieron.
Sorprendentemente, observamos que las características anatómicas y topográficas del sistema digestivo del lobo marino sudamericano son muy similares a las que presentan otros carnívoros no marinos, como es el caso del perro. Sin embargo, destacan algunas diferencias anatómicas específicas con otros carnívoros no marinos [19].
Por ejemplo, se han observado cambios en su fórmula dentaria (Fig. 1), consistentes en una falta de diferenciación morfológica entre premolares y molares, así como una reducción del número de piezas dentales. Probablemente la falta de diferencia entre molares y premolares se deba a que actualmente estos dientes han llegado a tener la misma función, mientras que la disminución del número de piezas podría estar ligada a una progresiva pérdida de funcionalidad de las mismas, ya que los lobos marinos sudamericanos no mastican la comida, simplemente desgarran presas grandes antes de tragarlas.

Por otro lado, el esófago se parece al de otros carnívoros (Fig. 2). En comparación con los perros, hay dos características a destacar que podrían estar relacionadas con los hábitos alimentarios de la especie. En primer lugar, la longitud del esófago del lobo marino sudamericano adulto tiene una media de 61 cm, lo que duplica la de un perro de tamaño mediano (15-25 Kg), donde es de unos 30 cm [15].
Respecto al estómago, es interesante remarcar que en el lobo marino sudamericano, la curvatura mayor del estómago es similar a la menor; mientras que en el perro, la curvatura mayor es casi cuatro veces más grande que la menor [26]. La relación entre ambas curvaturas, mayor y menor, es un indicador de la morfología del estómago que, a su vez, se adapta a la morfología corporal (alargada o fusiforme en estos animales).
Otro dato a destacar es la capacidad de almacenaje de este órgano, que es escasa en comparación con otros carnívoros. Así, en adultos es de 2 a 3 L y en juveniles de 0,6 a 1 L; esto es mucho menor que en los perros, donde es de aproximadamente 5 L en individuos de un tamaño promedio de 15 a 25 kg. El estómago del lobo marino sudamericano recuerda al del caballo, que también es muy pequeño en comparación con el tamaño de su cuerpo [15].
Al estudiar individuos adultos de lobo marino, encontramos que tanto el intestino delgado como el grueso duplican su longitud y peso con respecto al de los juveniles. Sin embargo, sorprendentemente, en lobos marinos adultos, la luz de ambos intestinos solo aumenta en un 50%, por lo que estos parámetros no parecen ser proporcionales.
En comparación con el perro, ambos intestinos también muestran diferencias significativas. El intestino grueso del lobo marino sudamericano es el doble que el del perro, mientras que el intestino delgado puede ser hasta ocho veces más largo. No hay evidencia que pueda explicar la mayor longitud del intestino delgado de Arctocephalus australis, aunque planteamos la hipótesis de que podría estar relacionado con sus hábitos alimenticios, o tratarse de una estrategia diferente para extraer los nutrientes de los alimentos en comparación con el perro.