La hiena es un animal muy interesante por varias razones. Aunque pueden asemejarse extremadamente a los perros, este mamífero africano está más estrechamente relacionado con los gatos. Pese a compartir comportamientos como el modo de aseo, el marcado del territorio mediante olores, el apareamiento y la forma de criar a su progenie con ciertos felinos; o presentarse como animales corredores que atrapan a sus presas con los dientes como los cánidos, a parte de compartir otras características morfológicas con estos, las hienas no pertenecen a ninguna de las dos familias anteriormente citadas, sino que conforman una familia propia llamada Hyaenidae, en la cual aparecen representadas cuatro especies.
Una de las características que hacen especial a Crocuta crocuta -una de estas cuatro especies identificadas y más conocida como la hiena moteada- diferenciándola no solo del resto de la familia, sino de todos los demás mamíferos, es un aspecto que te puede hacer dudar seriamente sobre el sexo del animal en cuestión. Perdonaremos la inexperiencia y el asumir, dado el caso, tomar por macho a una hiena moteada cuando en realidad se trata de una hembra.
La Anatomía Reproductiva Única de la Hiena Moteada
Las hienas moteadas (Crocuta crocuta) poseen una de las anatomías reproductivas más inusuales y complejas del reino animal. A diferencia de la mayoría de los mamíferos, las hienas hembras carecen de una abertura vaginal convencional. En su lugar, poseen un clítoris hiperdesarrollado que se asemeja a un pene y que puede llegar a medir hasta 17 centímetros de longitud. Además, sus labios vulvares están fusionados, formando una estructura similar a un escroto.
Las hembras de esta especie presentan un pseudopene, un clítoris alargado a través del cual miccionan, copulan y dan a luz. Esta particularidad anatómica no solo dificulta el apareamiento, sino que también hace que el parto sea extremadamente doloroso y peligroso, con altas tasas de mortalidad tanto para las madres primerizas como para sus crías.

Anatomía de la hiena moteada (Fuente: Wikimedia Commons)
El Pseudopene: Un Rasgo Clave
Mientras que el sistema reproductivo y urinario de los mamíferos sigue siendo en su mayoría similar y común al conjunto de los mismos, las hembras de Crocuta crocuta, más agresivas y dominantes que los machos, han evolucionado para poseer un pseudopene y un pseudoescroto; en términos coloquiales, un pene y escroto falsos.
Esta singularidad hace que el apareamiento sea un proceso complejo, ya que el macho debe alinear cuidadosamente su pene con el pseudopene de la hembra para lograr la cópula. Como resultado, las hienas hembras tienen total control sobre la reproducción, ya que pueden rechazar a un macho simplemente contrayendo su pseudopene.
Partos Extremadamente Dolorosos y de Alta Mortalidad
El proceso de parto en las hienas moteadas es uno de los más difíciles y dolorosos del reino animal. Las crías deben pasar por un canal de parto estrecho y alargado, lo que provoca que el pseudopene se desgarre en muchos casos. Este trauma perineal es común en las madres primerizas y, aunque suele cicatrizar con el tiempo, puede provocar infecciones o incluso la muerte.
Las estadísticas muestran que hasta el 60 % de las crías primogénitas mueren durante el parto debido a la falta de oxígeno causada por el tiempo prolongado que tardan en nacer. También se ha registrado que algunas hembras jóvenes no sobreviven a su primer parto, ya que el esfuerzo y el daño en los tejidos pueden derivar en complicaciones fatales.
Estructura Social Matriarcal
La estructura social de las hienas moteadas es matriarcal, lo que significa que las hembras dominan sobre los machos en la jerarquía del clan. Los científicos creen que esta peculiaridad anatómica pudo haber evolucionado como una ventaja para reforzar su dominancia, ya que el pseudopene impide las cópulas forzadas y permite a las hembras decidir con qué machos se reproducen.

Jerarquía social de la hiena moteada (Fuente: Wikimedia Commons)
En última instancia, esta dominación femenina ha dado lugar a un sistema social matriarcal. En esta, por ejemplo, a la hora de alimentarse de una presa, el varón situado en lo más alto de la jerarquía de los machos, está subordinado a la hembra de menor rango en la jerarquía de hembras.
Por otro lado, mientras las hembras permanecen en el mismo clan de por vida, los machos, una vez maduran sexualmente, han de abandonar el clan en busca de otro que los acoja. Del mismo modo, los macho tampoco desempeñan papel alguno en los cuidados parentales. Mientras, las hembras a menudo formarán coaliciones fuertes y protectoras con sus hijas, las cuales reforzarán el matriarcado generación tras generación. La formación de estas alianzas entre las hembras relacionadas ayuda a mantener el estatus social heredado dentro del clan, lo que mejora en gran medida las posibilidades de supervivencia del grupo.
Además, las crías de hiena nacen con dientes completamente formados y con una alta agresividad innata, lo que les lleva a competir desde los primeros momentos de vida. En muchas ocasiones, los hermanos recién nacidos luchan entre sí por el acceso a la leche materna, lo que puede resultar en la muerte de los más débiles.
El Origen del Pseudopene
Una de las varias teorías para el origen de este pseudopene postula que evolucionó con una función protectora: para que las hienas se apareen, la hembra debe retraer voluntariamente el canal del pseudopene para facilitar la cópula. Esto proporciona a las hembras, al contrario que sucede en otras muchas especies, la última decisión a la hora de aparearse. Esta capacidad de decisión se ve reforzada además, por el hecho de que este pseudopene presenta, del mismo modo, desafíos potencialmente fatales durante el nacimiento de los cachorros; tanto para estos como para la madre. Sobre todo si se trata de la camada de una madre primeriza. Es por ello que las hienas hembras son tremendamente selectivas con quien se aparean.
TODO sobre LAS HIENAS.
La Hiena Gigante: Un Depredador del Pleistoceno
Las hienas gigantes de rostro corto, pertenecientes a la especie extinta Pachycrocuta brevirostris, son los carnívoros protagonistas del inicio del Cuaternario en el Viejo Mundo. Originarios de África, tienen sus primeras poblaciones en Europa en el yacimiento granadino de Fonelas, en cronologías de 2 millones de años de antigüedad.
Gracias a los restos óseos, se conoce que este animal tendría la talla de un león actual y sería mucho más grande que cualquier tipo de hiénido vivo actualmente. Su anatomía craneal deja ver su corto morro y sus grandes dientes, adaptados por evolución al mordisqueo de huesos y a su alimentación carroñera. Su cuerpo tendría una gran potencia muscular, visible en sus robustos huesos. Esta fuerza era necesaria para el transporte en la boca de ungulados de talla pequeña o media o de patas de mamuts para alimentar a los jóvenes y a los adultos que quedaban al cuidado de los cachorros.

Reconstrucción de Pachycrocuta brevirostris (Fuente: Wikimedia Commons)
El estudio, «el más completo que se ha realizado hasta la fecha sobre la hiena gigante», según Martínez-Navarro, estima que el animal pesaba 110 kilos. Pero, a pesar de su potencia, no había nacido para cazar, según el trabajo. «Era paticorta, con extremidades muy robustas que eran útiles para descuartizar, pero no para correr», señala Martínez-Navarro. Durante décadas, los expertos han debatido sobre el comportamiento de esta hiena, cuyo predio se extendía desde China hasta España.
Muchos trabajos mantienen que el negocio de este animal era exclusivamente la carroña. Cuando alguno de los grandes carnívoros que acechaban las manadas abatía una presa, la hiena se ponía en movimiento. En ocasiones devoraba lo que dejaban los licaones o los tigres, que no podían masticar huesos. En otras había pelea. «Con su tamaño eran capaces de arrebatar las presas a cualquier depredador, incluso un dientes de sable de 200 kilos», señala Martínez-Navarro. «Era el competidor directo de los homínidos; si accedían a un cadáver dejaban muy poco para los demás», explica Juan Manuel Jiménez-Arenas, arqueólogo de la Universidad de Granada y coautor del estudio.
Las marcas en los restos de las presas muestran que las hienas se llevaban los huesos largos de las patas a sus cubiles para allí reventarlos a placer.
Extinción de la Hiena Gigante
Hace 800.000 años, el clima y el oportunismo acabaron con la hiena gigante. Las temperaturas se hicieron tan frías que la mayoría de los grandes mamíferos se extinguieron. Entre ellos estaban las dos especies de dientes de sable de las que la hiena solía robar gran parte de su dieta, lo que le llevó a la desaparición, según el estudio de Orce. En su lugar llegarían las crocutas, las hienas actuales, que eran «generalistas» capaces de cazar y carroñear, lo que les granjeó la supervivencia. En Europa se quedaron «hasta hace cuatro días», como lo expresa Martínez-Navarro. «Habitaron en nuestro continente hasta hace unos 8.000 años», señala.
Un Fenómeno Evolutivo Aún en Estudio
A pesar de las dificultades que presenta esta morfología reproductiva, las hienas moteadas han prosperado en la naturaleza durante miles de años, adaptándose a una gran variedad de hábitats en África.
Las hienas de esta especie extinta son las grandes generadoras de yacimientos paleontológicos del Pleistoceno inferior en Eurasia. El yacimiento paleontológico de Fonelas (Granada) ha sido testimonio del modo de vida y de alimentación de estas hienas, habiéndose constituido como su comedero. Este enclave se ha conservado en rocas sedimentarias que representan a una llanura seca próxima al canal principal de un antiguo río, el paleo-Fardes. Es patrimonio geológico y forma parte del patrimonio del Estado. Se custodia en la Estación paleontológica Valle del río Fardes (Museo Geominero) del IGME-CSIC en Fonelas (Granada), siendo un ejemplo de geoconservación en campo que da servicio a la sociedad desde el mundo rural.
En numerosas ocasiones y gracias al conocimiento que se tiene de esta especie extinta se han llevado a cabo reconstrucciones artísticas, todas ellas pinturas o dibujos, que reflejan la fisionomía y el aspecto externo de esta especie. Sin embargo, en esta ocasión y por primera vez, el IGME-CSIC presenta en la Estación Paleontológica Valle del río Fardes un conjunto escultórico de una hembra y una cría de Pachycrocuta brevirostris, a tamaño natural. Estas esculturas han sido realizadas por el paleoartista Víctor García Peco, basándose en los datos científicos conocidos del taxón a través de sus restos fósiles (alturas a la cruz y a la grupa, longitud total, estructura muscular en función del esqueleto óseo, configuración craneal, etc. …).