Drácula sin Dientes: ¿Mito o Realidad?

Aunque los hemos asociado a Drácula, Transilvania, y la época victoriana, en realidad el mito de los vampiros va mucho más atrás. La idea de los succionadores de vida se ha ido transformando con el paso de los años y los retos a los que se ha visto sometida la humanidad. La esencia en todos los casos viene a ser la misma: alguien que vuelve de entre los muertos para absorber la vida de los vivos, pero el mito del vampirismo poco tenía que ver con las capas negras, los murciélagos y los colmillos por aquel entonces.

A partir de ahí la idea empieza a evolucionar adaptándose a distintas culturas, así que para encontrar el origen del vampiro tal y como hoy lo conocemos hay que viajar en el tiempo hasta la Serbia de 1725. Estaríamos ante una estampa bastante normal de la época de no ser porque Peter había muerto recientemente, y el incidente se resolvió con la muerte repentina del niño de la familia y otros nueve aldeanos. Como suele ocurrir en estos casos, la noticia corrió como la pólvora, extendiéndose por Europa como un teléfono escacharrado que terminó dando origen al mito que hoy en día todos conocemos.

En 1819, 80 años antes de la publicación de Drácula, John Polidori, un físico italiano-inglés, publicó una novela llamada El Vampiro. Sin embargo, la novela de Stoker se convirtió en el símbolo de lo que hoy en día conocemos como vampiros. ¿Cómo y cuándo se desarrolló este concepto?

Stoker nunca viajó a Transilvania o a cualquier otra parte de Europa del Este. El escritor nació y creció en Dublín. Era amigo de Oscar Wilde y de William Gladstone y se consideraba liberal e independentista, a favor de la autonomía de Irlanda del Reino Unido. Se dedicó al teatro y se convirtió en gestor de negocios del Lyceum Theatre de Londres. Fue su amistad con Armin Vambery, un escritor húngaro, la que le introdujo su fascinación por el folclore vampírico.

¿De dónde viene el mito de los vampiros?

Como muchos mitos, se basa en parte en hechos reales. Un trastorno sanguíneo llamado porfiria, que lleva afectando a los humanos durante milenios, se propagó entre la nobleza y la realeza de Europa del Este. La porfiria es un trastorno sanguíneo hereditario que hace que el cuerpo produzca menos hemoproteínas, un componente importante de la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno de los pulmones a los tejidos corporales.

Parece probable que este trastorno sea el origen del mito de los vampiros.

Beber sangre: La porfiria hace que la orina de los enfermos sea de un color rojo oscuro, de ahí que el folclore llegara a la conclusión de que los enfermos bebían sangre. De hecho, algunos médicos recomendaban a sus pacientes beber sangre para compensar el defecto de sus glóbulos rojos, aunque la recomendación se refería al consumo de sangre animal.

Aversión al ajo: El contenido de azufre del ajo podría llevar a un ataque de porfiria, lo que provocaría un dolor muy agudo.

No ver su reflejo en los espejos: Según la mitología, un vampiro no puede mirarse en un espejo o verse reflejado. La desfiguración facial causada por la porfiria empeora con el tiempo y la mala oxigenación hace que se destruyan los tejidos faciales, debilitando la estructura facial.

Miedo al crucifijo: Durante la Inquisición Española (1478-1834) unos 600 "vampiros" fueron quemados en la hoguera. Los ataques agudos de la enfermedad estaban vinculados a grandes dolores, con perturbaciones tanto mentales como físicas. A día de hoy, según nuestros conocimientos científicos sobre la porfiria, en lugar de temer a estar personas, podemos quererlas y cuidarlas.

La porfiria sigue siendo incurable y el tratamiento es principalmente paliativo: control del dolor, fluidos y evitar fármacos y productos químicos que provoquen ataques agudos.

No sabemos hasta qué punto Stoker conocía la existencia de la porfiria y su vinculación con el folclore vampírico. Solamente en 1911, ocho años antes de que apareciera la novela de Stoker, las enfermedades de la porfiria (existen varios tipos) fueron clasificadas por H. Gunther.

Drácula apareció por primera vez en la novela de Bram Stoker de 1897. De ahí, se catapultó poco a poco a la cultura popular durante todo el siglo XX y XXI: películas, videojuegos, cómics y libros. Pero como todo mito, los vampiros nacen a partes iguales de la imaginación colectiva y de la ciencia. En concreto de una enfermedad.

Las primeras inspiraciones Aunque es la más famosa, aquel Dracula no fue la primera historia de vampiros. Unos años antes, Sheridan Le Fanu había publicado Carmilla, una novela con un registro algo más tórrido en el que una mujer recibía las atenciónes lésbicas de una vampiresa.

La otra parte es fascinante. El concepto de Dracula como un aristócrata, poderoso y refinado, nace un relato corto de John Polidory llamado The Vampyre y que a su vez nace del verano de 1816 que el autor pasó con Mary Shelley y Lord Byron junto al Lago Lemán, en la actual Suiza.

No fue un verano cualquiera. A 1816 se le conoce como “el año sin verano” debido al invierno prolongado que la erupción brutal del volcán Tambora en la otra punta del globo desencadenó en todo el planeta. Como durante aquellos meses apenas salió el sol, Byron, Shelley y Polidory se encerraron a escribir. De aquel verano muerto nacieron dos de los monstruos contemporáneos más conocidos, Drácula y Frankenstein, y algunos de los mejores poemas del romanticismo inglés.

Para ello tenemos que referirnos a las porfirias. Una porfiria es un aumento desmesurado de unas proteínas que hay en la sangre, las porfirinas. Juegan un papel fundamental en la síntesis del grupo hemo.

El grupo hemo forma parte de la hemoglobina que a su vez se encarga de transportar el oxígeno en la sangre y juega por tanto un papel clave en la respiración. Cuando una secuencia enzimática de las porfirinas deja de funcionar, generalmente por causas genéticas, aparecen las porfirias. Son enfermedades de carácter grave.

Fotosensibilidad: en las porfirias, las porfirinas se acumulan en la piel. Cuando incide la luz solar sobre la misma, reaccionan dando lugar a un proceso de oxidación sobre esas proteínas que se ponen a liberar oxígeno como locas sobre los tejidos produciendo la destrucción del tejido epiteliar de la piel, aparecen ampollas y comienza a sangrar.

Intolerancia al ajo: Son varios los estudios que relacionan el ajo con ciertos trastornos cardiovasculares y de la sangre. En concreto, y simplificándolo un poco, porque bloquea parcialmente la coagulación de la sangre y afecta al grupo hemo, así que alguien con porfiria probablemente empeore si toma alimentos que lo contengan.

Palidez: Como la hemoglobina se destruye, con ella se va el color rojo de la sangre y aunque la piel no es menos morena (eso corresponde a la melanina, el pigmento que la tiñe), la desaparición de ese característico color rojo sí que provoca una palidez inusitada.

Ansiedad por sangre: Aquí se mezclan varias cosas. Por un lado, la falta de hemoglobina implica también una anemia (falta de hierro) general en todo el organismo. Aunque no está demostrado eso parece que podría producir picas. Una pica es una reacción del cuerpo humano no del todo explicada y de carácter instintivo ante la carencia de algún nutriente esencial. Por ejemplo, a niños en países en guerra con déficit de calcio se les ha visto chupar el yeso de las paredes.

Locura: En sí misma, y desde un punto de vista biológico, las porfirias no afectan al cerebro. Pero cuando una persona no puede salir a la luz del sol, tiene graves problemas metabólicos, tiene que beber sangre y además sufre incomprensión por parte de su entorno, los trastornos psiquiátricos no tardan en aparecer.

Hay una última, que no ha pasado a la cultura popular, pero que Stoker sí describe en su libro con la primera descripción del Conde Drácula: son tremendamente peludos.

“…Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre la fina nariz y las ventanas de ella peculiarmente arqueadas y el pelo gris que le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios. La tez era de una palidez extraordinaria. No pude evitar notar que sus manos eran bastante toscas, anchas y con dedos rechonchos. Cosa rara, tenían pelos en el centro de la palma…”

Las personas que sufren de porfirias no suelen presentar un espéctaculo agradable, también les afecta a los dientes y al pelo, deformándolos la cara (aquí hay una imagen que, aviso, no es muy bonita de ver). Todo eso choca con la imagen de un aristócrata refinado y elegante así que es en cierto sentido lógico que esa parte no haya pasado a la cultura popular del Dracula que todos conocemos.

Lo más probable es que todo este tipo de trastornos fuesen calando en el folclore y en la cultura popular de la Europa del Este a mediados del siglo XIX. Sabemos que Stoker pasó bastante tiempo estudiando ese folclore europeo, sobre todo a partir de un ensayo de 1885 publicado por Emily Gerard llamado “Supersticiones en Transilvania”.

Más tarde, aclararía que gran parte de Dracula nació de una pesadilla nocturna que tuvo después de comer mucho cangrejo con mayonesa. Extraño tipo este Stoker, pero tiene su sentido, al fin y al cabo.

Aunque aclamada por la crítica, Dracula no fue un éxito instantáneo, y no caló en la cultura popular directamente. Fue la película de 1931 con Bela Lugosi la principal responsable del fenómeno y de que haya llegado, relativamente intacto, hasta nuestros días.

Bela Lugosi como Drácula en la película de 1931

El 26 de Mayo de 1897, tras seis largos años de elaboración que darían lugar a la obra maestra del autor irlandés, aparece en las librerías Drácula. Bram Stoker, que había leído Carmilla el mismo año de su publicación, a la edad de veinticuatro años, se inspiró abiertamente en el relato de Sheridan Le Fanu para escribir su primera incursión en el relato de terror: El invitado de Drácula. Era una narración corta que sólo se publicó en 1914, tras la muerte de su autor, y sería realmente un anticipo de Drácula, la gran novela ambientada en Transilvania que vería la luz más de veinte años después de escribir El invitado de Drácula.

Stoker tomaría el nombre de su personaje del apodo con que era conocido Vlad II, príncipe de Valaquia, una provincia de Rumanía. Era éste un tipo cruel y sanguinario que gobernó en el siglo XV y que, según se cuenta, se ganó a pulso el sobrenombre de “diablo”, que eso significa Dracul en rumano.

El teatro primero, y luego el cine, se encargarían de popularizar -y de alterar- hasta extremos insospechados la obra de Bram Stoker. La primera gran película de vampiros, que además resultó ser la primera obra maestra del cine de terror, fue realizada en Alemania en 1922; se trataba de Nosferatu, el vampiro, una adaptación pirata de la obra de Stoker dirigida por Friedrich Wilhelm Murnau, en la que fueron cambiados todos los nombres de los personajes de la obra de Stoker para evitar el pago de los derechos de autor.

Otro momento importante del cine de vampiros llegaría en 1931, de la mano de la famosa productora Universal Picture Corporation, con el Drácula de Tod Browning, que tenía al disparatado Bela Lugosi como protagonista.

Habría que esperar hasta 1958, cuando la productora británica Hammer Films encarga al director Terence Fisher la realización de una nueva versión de Drácula, para ver otra vez una buena película de vampiros, protagonizada, en este caso, por Christopher Lee en el papel del conde Drácula, y Peter Cushing en el del doctor Van Helsing.

Se nombraban al principio una serie de elementos fantasiosos que, a través de las leyendas -y luego de la literatura y el cine-, han definido la figura del vampiro. Pero, además, esas mismas leyendas les han atribuido una serie de características físicas y psicológicas que son las que aquí interesan especialmente.

Todo esto ha hecho que, desde la ciencia, se haya tratado de relacionar algunas de las características anteriores con enfermedades bien conocidas. Y no han faltado autores que han publicado sus conclusiones en revistas internacionales de reconocido prestigio, como British Journal of Medical Psychology, donde Seymour Shuster hizo una interpretación psicológica del vampiro.

Aunque también es probable que la leyenda del vampiro derive de una enfermedad como la porfiria. Se conocen con el nombre de porfirias una serie de alteraciones genéticas hereditarias, que afectan al funcionamiento de las enzimas implicadas en la formación de una estructura química del organismo denominada grupo hemo. Este grupo es de una importancia vital -nunca mejor dicho- para el funcionamiento de nuestro organismo, pues es el encargado de atrapar el oxígeno del que dependemos.

Se trata de una estructura compleja que actúa formando parte de otra estructura superior, la conocida molécula de hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos encargada del transporte de oxígeno desde los pulmones hasta las células del organismo a través de la sangre. En cada glóbulo rojo hay alrededor de 300 millones de moléculas de hemoglobina, y cada una de ellas dispone de cuatro grupos hemo, teniendo, por lo tanto, cuatro lugares de transporte para otras tantas unidades de oxígeno molecular.

La molécula de hemoglobina está formada por una parte proteínica, la más voluminosa con diferencia, constituida por cuatro subunidades -que son iguales dos a dos-, y cuatro grupos hemo, de manera que cada grupo hemo se introduce en cada una de las subunidades como lo haría una llave en su cerradura. Quiere decir esto que no sirve cualquier llave para cualquier cerradura.

Por su parte, los grupos hemo se sintetizan en las células de nuestro organismo a partir de dos productos muy sencillos. Uno de ellos es la glicina, el más sencillo de todos los aminoácidos, los constituyentes de las proteínas. La cuarta de esas ocho enzimas recibe el bonito nombre de uroporfirinógeno III cosintasa, y cuando, por una causa genética (o ambiental), la actividad de esta enzima se encuentra disminuida, comienza a generarse por otra vía un producto que prácticamente no se produce en condiciones normales: el uroporfirinógeno I.

Las personas que sintetizan anormalmente este producto sufren de una enfermedad muy rara denominada porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Günther, que se caracteriza por dar lugar a una extrema fotosensibilidad de la piel, por lo que los afectados rehuyen la luz del sol. También, debido a la acumulación de ese producto indeseable -el uroporfirinógeno I- y de algunos de sus derivados, la orina, huesos… y dientes, aparecen teñidos de un rojo sanguíneo.

Pero, además, no hay que olvidar que en estos pacientes la síntesis de grupos hemo se ve notablemente disminuida, por lo que tienen un déficit de hemoglobina que se manifiesta en forma de anemia, que les confiere un aspecto pálido y demacrado y hace que (según [A. L. Éstos, y algunos otros, son los hechos (de acuerdo a los conocimientos científicos que se tienen hoy).

El resto entra directamente en el terreno de la fantasía y la imaginación que, sin duda, están muy bien para escribir novelas extraordinarias y hacer películas estupendas.

El Origen de los VAMPIROS y HOMBRES LOBO fue en la Antigua Sumeria | Documental Completo

Representación de la porfiria y sus efectos

Tabla Resumen: Porfiria y Características Vampíricas

CaracterísticaExplicación Científica (Porfiria)Relación con el Mito Vampírico
FotosensibilidadAcumulación de porfirinas en la piel que reaccionan a la luz solar, causando daño tisular.Los vampiros evitan la luz del sol.
Intolerancia al ajoEl ajo puede bloquear la coagulación de la sangre y afectar el grupo hemo, empeorando los síntomas de la porfiria.Los vampiros son repelidos por el ajo.
PalidezDestrucción de la hemoglobina, resultando en una disminución del color rojo de la sangre.Los vampiros tienen una tez pálida.
Anhelo por sangrePosible pica debido a la anemia y la falta de hierro causada por la destrucción de la hemoglobina.Los vampiros necesitan beber sangre para sobrevivir.
LocuraTrastornos psiquiátricos derivados de la combinación de problemas metabólicos, aislamiento social y la incomodidad de los síntomas físicos.Algunos vampiros son representados como seres atormentados y mentalmente inestables.

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