El Carnaval de La Valle de Bielsa es la fiesta más emblemática del valle y el orgullo de sus habitantes, celebrada para marcar el fin del invierno. Esta fiesta une a los belsetanes y reafirma año tras año la identidad del valle. Aunque se desconoce el origen exacto de la celebración y sus personajes, se sabe que proviene de épocas muy lejanas y que se trata de un rito con mucho simbolismo: la llegada de la primavera, el bien y el mal, la transgresión…

Celebración del Carnaval de Bielsa.
Personajes Emblemáticos del Carnaval de Bielsa
Las Trangas
Quizás es el personaje más simbólico y representativo del Carnaval. Los jóvenes del valle se visten con cuernos y piel de choto, camisa de cuadros y saya (falda), calcetines de lana y abarcas (calzado tradicional).
Las Madamas
Junto a la Tranga encontramos a la Madama, personaje femenino fundamental del Carnaval. Las jóvenes solteras se visten con un traje que se confecciona cada año, basado en un cuerpo de piqué blanco sin mangas, al que se le añaden unas mangas cortas almidonadas de organdí. Otra variante del traje es llevar un chipón negro (chaqueta) de lanilla, de manga larga. Ambas piezas se adornan con una puntilla y cintas de raso de colores prendidas una a una con alfileres. El traje se completa con una vistosa falda de rasete, muy colorida y adornada con puntillas y cintas, joyas, guantes y zapatos blancos de tacón. Una vez vestidas, las Madamas esperan la llegada de las Trangas en las puertas de sus casas, donde son recogidas para continuar la Ronda.
L’Onso (el oso)
L’Onso (el oso) es un temido personaje del Carnaval de Bielsa cuyo simbolismo es evidente. Se trata de jóvenes dentro de un saco de arpilla con la espalda bien cubierta de rebasto (hierba seca) y una piel de oveja, que junto a dos tochos (palos) en las manos para simular andar a cuatro patas, lo convierten en el feroz oso pirenaico. Junto a él siempre está el Domador, que ataviado con una cuera (zamarra de pastor) lleva al oso atado con una cadena.
Otros Personajes
- L’Amontato («el que va montado»): Un traje que consiste en una abuela confeccionada con alambre que parece que lleva a un hombre a sus espaldas. El hombre lleva un fifuet (látigo) con el que azota a la gente.
- El Caballet («el caballito»): Usa el mismo sistema de engaño que l’Amontato, pero en lugar de abuela el disfraz es un caballo con una gran falda y cascabeles.
- La Garreta: Es otro traje típico que nunca falta en Carnaval. Es un disfraz tanto de mujer como de hombre y se basa en camisa de manga larga y pantalón hasta la rodilla, muy amplios y coloridos. Antiguamente se confeccionaba con pañuelos de seda típicos del valle, pero al perderse éstos durante la guerra, se adquirieron pañuelos de Portugal por su similitud.
- La Yedra (hiedra): Otro de los personajes habituales, aunque no se considera tradicional. De hecho, hay una «leyenda urbana» que trata sobre sus orígenes, y es que según cuentan un carabinero pidió permiso para disfrazarse en Carnaval, y su superior le contestó que «sí, pero de verde», así que el ingenioso carabinero se disfrazó con hojas de hiedra. El traje se reduce a una vestimenta negra sobre la que se cosen una a una hojas de esta planta hasta tapar todo.
- Los Goluchos: Desde San Antón, 17 de enero, adultos y sobre todo niños se disfrazan de Goluchos, personajes que van pidiendo de casa en casa y cuya intención es evitar ser reconocidos. Mientras, en todas las casas se llenan las despensas para que no falte comida y bebida durante la fiesta y los jóvenes de Bielsa preparan las berras de las Trangas.
El Desarrollo del Carnaval
El jueves de Carnaval se confecciona un muñeco de paja y se disfraza según la crítica que se quiera hacer ese año (normalmente política), y es que el muñeco no es otro que Cornelio Zorrilla, presunto autor de todo lo malo que le ha sucedido al valle. El sábado y el domingo de Carnaval son los platos fuertes de esta fiesta. Las Madamas se visten en sus casas y las Trangas y Onsos en conjunto, pues a primera hora de la tarde empieza la Ronda de Carnaval.
La Ronda parte de la plaza de Bielsa con las Trangas y demás personajes haciendo un recorrido por el pueblo para recoger a las Madamas que aguardan en las puertas de sus casas. Una vez completado el recorrido, interrumpido por el ataque de los Onsos, se realiza un baile en la plaza y se reparte torta y melocotón con vino a todos los asistentes.
Carnaval de Bielsa. El rito pagano de invierno.
El Baile en la Cultura Tradicional
El baile y la danza de tipo tradicional no se mueven en sus orígenes por condicionamientos estéticos o de simple solaz. Van más allá. A través de ellos podemos delimitar no sólo la estética de una comunidad, sino el conjunto de rasgos étnicos de la misma, inevitablemente proyectados sobre éste, porque en su última esencia encierra todo un mundo de mágicas y pretéritas creencias, fruto emanado de algo más que de una mentalidad. Es la tierra en conjunción con esa prolongación de sí misma que es el hombre.
Así, hay bailes fecundatorios, estacionales, de iniciación, guerreros, nupciales, religiosos, zoolátricos y animalísticos, agrarios...aunque hoy queden como el resultado exterior de una tradición, carente de simbolismos por la falta de comprensión y de ambientación a que la cultura de tipo tradicional se ve ineludiblemente abocada.

Representación de un baile tradicional.
Geografía del Baile a Través de los Instrumentos Musicales
Hablar de una provincia no es suponer una unidad homogénea y compacta cuando de folklore se cuestiona. Todo lo contrario, es intuir variedad y diversidad, fenómenos que responden a muchos factores: geografía, historia, economía, paisaje.. etc., por ello es necesario delimitar las distintas zonas o comarcas que diferenciándose entre sí, presentan una cierta corporeidad interior. Así, deslindamos cuatro zonas definidas en este caso por los instrumentos musicales que necesariamente acompañan danzas y bailes en la provincia que tratamos:
- Sierras (de Francia y Béjar)
- Charrería (Armuña y Ribera)
- Rebollar (Gaita y tamboril)
- Tierras de Alba: Peñaranda y Cantalapiedra (Dulzaina y redoblante)
Aclarando este sencillo esquema, observamos que la dulzaina y el redoblante, ocupan el Este del mapa salmantino y que considerando el radio de extensión por su utilización, vendría a sobrepasar un cuarto del total de la geografía musical provincial, circunstancia más que suficiente para que. se tengan en cuenta ambos instrumentos, que aportan, por su tesitura tanto melódica como rítmica un aire castellanizante al folklore musical de Salamanca.
Bailes Personalizados
Aunque sean jotas, fandangos, charros o charradas...en su análisis rítmico, se dan en la provincia de Salamanca una suerte variadísima de bailes que reciben un nombre concreto y que en la mayoría de los casos responden a una parte dentro del conjunto de momentos que componen cualquier rito o ceremonia.
Así debemos citar "El baile de la espiga" o "Respigo" usual en el conjunto de actos de la boda popular una vez terminada la comida (dato que varía según localidades) y que no era más que una disculpa para amenizar la recogida de regalos y dineros con que. se obsequia a los nuevos desposados. En algunos lugares si quien "espigaba" era un hombre debería la novia bailar algunos compases con él, obligación que motivaba su particular chanza, pues si el obsequio era en metálico, éste debería ser arrancado de entre los dientes del bailador por la nueva esposa, originando escenas no exentas de humor y cierto erotismo.
Estos momentos comentados o aquellos en que la gaita, el tamboril y el espíritu estuviesen en conjunción y la competitividad (hecho congénito del hombre) hiciese su aparición, eran ocasión idónea para ver "Bailar la botella", concurso entre dos hombres a ritmo de fandango, jugando en el estribillo alternativamente a sortearla entre las piernas cuidando no caerla.
También dentro del capítulo de bailes, aunque es más una emulación de destreza que una exhibición del buen saber rítmico, tenemos que citar el de "La bandera", uso peculiar de la Ribera salmantina y pueblos colindantes consistente en "rutear" u ondear una bandera en todas las direcciones siguiendo los compases que en dos tiempos distintos marca el tamborilero.