El Mago Sin Dientes: Historia y Legado

Siempre ha habido mujeres en primera línea de la magia. Para «vender» una ilusión mágica -la sensación de imposibilidad de algo que sin embargo ocurre- es necesario el trabajo en equipo: un ilusionista y su asistente como mínimo.

Aunque para el público el protagonista es el mago, hay ocasiones en que ese protagonismo distrae la atención del verdadero hacedor de la ilusión el/la asistente. Digamos que el ilusionista encarna el arquetipo del mago mientras que la ilusionista se asocía más a la bruja.

En el ámbito teatral el concepto de bruja no tiene cabida, en tanto que el mago lo es de mentiras -un actor haciendo de mago- y la bruja pretende ser real, pero en un sentido amplio podemos asociarle a la médium, en tanto la médium se pretende en los escenarios no como fenómeno ilusorio, sino real. El mago teatral es imaginado como hombre de modo automático del mismo modo que funciona la vieja adivinanza: un padre y un hijo tienen un accidente de tráfico.


Harry Houdini, uno de los magos más famosos de la historia.

El padre muere, llevan al hijo al hospital, pero al ir a operarle dice el médico que no puede porque es su hijo. ¿Cómo puede ser esto? Casi nadie cae en la cuenta de la obviedad -sobre todo si no se esta hablando de estas cuestiones de género- de que el médico es su madre. El hombre es un ser «activo»; es el taumaturgo, el que hace. La mujer es «pasiva», la que es instrumento de fuerzas ocultas o de espíritus.

Mujeres Destacadas en la Magia

  • Frances I. - Frances Ireland Marshall, 1910-2002: Ilusionista de Chicago, autora de 27 libros, fabricante y comerciante de magia.
  • Anna Eva Fay, 1851-1927: Mentalista y médium de Ohio. En 1913, el Círculo mágico de Londres la nombró socio de honor.
  • Romaní, Inglaterra, 1972-…: Maga especializada en la estética del cabaret y el burlesque.
  • Suzy Wandas, ¿?-1986: Maga de origen belga, considerada entre los 10 ó 12 mejores manipuladores de naipes de toda la historia de la magia.
  • Morgan «La Escapista» de New Jersey: Una de las pocas mujeres que ha triunfado en la especialidad del escapismo.
  • Dorothy Dietrich: Actualmente espacía sus apariciones como ilusionista al ocuparse del Museo Houdini en Pennsylvania.
  • Melinda Saxe: Bailarina que se convirtió en maga y escapista, famosa por sus especiales de televisión.
  • Tina Lenert, Caracas, 1948: Una de las magas más reconocidas por la profesión, conocida por su número visual «Maid in haven».
  • Niñas del mago: Dos hermanas catalanas que forman la única pareja de magas profesional de España.
  • Adelaide Herrmann, 1853-1932: Ilusionista que popularizó el truco de la cremación.

Ahí tienes, a Wilhemina Goodenough, nacida en 2001. Ya tiene inventados una quincena de juegos de magia que empezaron a ser tomados en cuenta por la comunidad mágica cuando tenía nueve años.

Orígenes de la Magia

El historiador Nacho Ares se interesó por la magia desde que de pequeño veía los trucos de Juan Tamariz y Harry Kellar. Le apasionaba tanto que se hizo miembro de la sociedad Española de ilusionismo y del Círculo mágico de Madrid: “Me gusta hacer juegos con cartas”. Pero lo que más disfruta es estudiar la historia de la magia y en especial en una cultura como la egipcia: “Esta civilización es la primera de la que hay constancia del uso de este fenómeno para sorprender a un faraón a través del desafío a la muerte”.

Debido a los pocos datos que se conocen de las primeras civilizaciones no se puede conocer cuándo se inventó la magia, por eso el historiador defiende que existe desde el principio de los tiempos. “Con los enterramientos el hombre tiene constancia de la muerte y ha buscado todo tipo de artilugios para revertir este proceso, aunque nunca lo ha conseguido”, señala Ares que indica que el ilusionismo y la magia son una herramienta para poder intentarlo por medio de artificios.

El primer relato mágico de la historia del que hay documentos es el papiro egipcio Westcar conservado en el Museo Altes de Berlín. Hace alusión a un acontecimiento que surgió muchos años antes durante el reinado de Keops hace 4.000 años. Cuenta la historia del mago Djedi, que consiguió delante del faraón de la gran pirámide, hacer un juego que era cortar la cabeza a una oca y devolverle la vida. “Es la primera mención a un juego de ilusionismo que tiene que ver con la muerte. Es un juego que los magos siguen usando en la actualidad con palomas y otros animales y se puede seguir el proceso del truco a través de los tiempos”, señala el historiador.

El término de la magia ha cambiado a lo largo del tiempo. “Nosotros lo vemos como supersticiones, engaño, religión y no como magia. Pero cuando Djedi se presentó ante el faraón no ofrecía un espectáculo, sino algo para sorprender”. Lo mismo ocurría en Grecia con la apertura automática de puertas o con las figuras parlantes que aparecen en el Quijote. Por tanto, este fenómeno se ha usado con muchos fines hasta llegar a la magia como espectáculo tal como se conoce en la actualidad.

“En la Edad media los magos eran callejeros y hacían disfrutar. Muchos tuvieron problemas con la Inquisición. Hay textos donde se habla de la persecución que sufrían y luego tenían que reconocer que no hacían pactos con el demonio, sino que era algo humano”, señala Ares.

En el siglo XIX con el romanticismo y las guerras, es el momento que aparece el espiritismo que es una forma de pensar vinculada a la historia de la magia. “Muchos médiums tenían que ver con el ilusionismo y la magia. Hacían creer a la gente que se podía contactar con una persona ya fallecida”, apunta Ares. Allan Kardec es considerado como el padre del espiritismo porque hacía creer del contacto real con los espíritus por medio de la existencia de las mesas parlantes que podían contactar con los difuntos. Sin embargo, el historiador no considera que fueran estafadores, sino que ofrecían un espectáculo donde conseguían engañar a la gente de la época. Esa es la diferencia con la actualidad. La gente que acude a un espectáculo sabe que hay un acuerdo y el observador va a ser engañado por el artista: “Hace dos siglos quizás era más superstición y la gente creía lo que se manifestaba”.

Esa búsqueda de los magos por controlar lo sobrenatural ha ocasionado la muerte en algunas ocasiones. Uno de los juegos más mortales es el de atrapar la bala, creado por el estadounidense que creo un personaje de un mago chino Chung Ling Soo. Murió en Londres 1918 al intentar parar la bala. “El truco no es difícil, pero son muchas cosas y puede salir mal”, señala Ares.


Fotograma de "Viaje a la Luna" de George Méliès (1902).

George Méliès: El Mago del Cine

Buena parte de la vida de George Méliès estuvo consagrada al cine y la película 'La invención de Hugo' (Martin Scorsese, 2012) da buena cuenta de ello. No solamente supo combinar magia y cinematografía hasta sentar muchas bases de la industria y llevar a cabo trucos que a día de hoy siguen sorprendiéndonos, sino que su propia vida estuvo plagada de fantasía como solo puede estarlo la historia de un ilusionista.

Méliès nació en París en 1861, hijo de un director de teatro y actor, que también era famoso empresario de calzado. En su infancia Méliès ya era un artista dotado, y se dedicaba a llenar de dibujos los cuadernos del colegio y a crear decorados para dar vida a espectáculos de marionetas. La magia también formó parte de su vida desde pronto, influenciado por el mismo mago que fascinó a Houdini al llegar a Estados Unidos: la primera vez que fue al teatro vio una actuación de Jean Eugène Robert-Houdin. En su infancia se dedicaba a llenar de dibujos los cuadernos del colegio y a crear decorados para dar vida a espectáculos de marionetas

Aunque no tenía mucho conocimiento del idioma, cuando terminó el servicio militar viajó a Londres y entró en contacto con el ilusionismo al frecuentar la sala de variedades 'Egyptian Hall', dirigida por el mago Jasper Maskelyne, conocido como 'el mago de la guerra' por su intervención en la Primera Guerra Mundial. Los espectáculos de Maskelyne con esqueletos móviles tuvieron un poderoso efecto en él, y de vuelta a París, aunque en un principio las cosas parecieron torcerse (su padre insistió en que entrara de lleno en el negocio del calzado, frustrando sus intenciones de ingresar en la Escuela de Bellas Artes), finalmente las aguas recuperaron su cauce, como si estuviese escrito en su destino desde un principio: su padre se retiró, y él vendió su parte para poder dedicarse de lleno a la magia. Compró el teatro llamado como aquel que tanto había influido en su vida desde niño: el Teatro Robert-Houdin, y durante un tiempo (de 1889 a 1890) combinó sus labores de director del teatro con las de reportero y dibujante en el periódico satírico La Griffe, donde su primo era redactor jefe. Pero el telón se abriría para él realmente con la llegada del cinematógrafo a su vida.

LA HISTORIA DETRÁS DE LOS PRIMEROS EFECTOS ESPECIALES: GEORGE MÉLIÈS Y SU LEGADO

Méliès conoce a los Lumiére

Es mundialmente famosa la anécdota de cómo Méliès conoció a los hermanos Lumiére, inventores del cinematógrafo. Ellos habían patentado el invento a principios de 1895, y ya habían rodado y presentado su famosa 'Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir'. Aunque se cree comúnmente que los Lumiére consideraban que el cinematógrafo no era un invento rentable (ellos mismos llegaron a decir que no tenía ningún futuro), lo cierto es que se aprovecharon al máximo de él y mandaban operarios de cámara a distintas partes del mundo para que registraran con su lente escenas cotidianas. El primer cartel de la historia del cine.

Un 28 de diciembre de ese mismo año, Méliès pagó un franco por asistir a la demostración de Auguste Lumiére y quedó fascinado. Quiso comprar uno de los proyectores, pero Lumière rechazó la oferta, por lo que pronto se hizo con una cámara rival de la competencia, ofrecida por Robert William Paul, y grabó sus primeras películas ('Una partida de cartas' fue la primigenia) que luego exponía en su teatro. Al principio eran escenas al aire libre, parecidas a las que grababan los Lumiére, pero después su estilo evolucionó e introdujo sus elementos mágicos, como los siguientes: Quiso comprar uno de los proyectores, pero Lumière rechazó la oferta, por lo que pronto se hizo con una cámara de la competencia

Técnicas Innovadoras de Méliès

  • El truco para desaparecer: Conocido como 'la parada técnica', se trata de un truco sencillo, pero muy efectivo: el mago paraba la cámara en un determinado momento e incorporaba o sacaba de la escena un objeto o una persona.
  • Inventor del 'stop motion' y la exposición múltiple del negativo: Con el primero, el objeto estático parece moverse en un mismo plano (se consigue rodando fotograma a fotograma el 'movimiento' del objeto en cuestión), con el segundo, se sobreimpresionan las imágenes rodando sobre un mismo negativo, de manera que se consiguen imágenes fantasmagóricas (fue el primero en presentar una 'decapitación' con efectos especiales). Como había creado desde niño decorados para sus espectáculos de marionetas, también colocaba trampillas o construía maquetas.

Viaje a la Luna

La que sin duda fue su obra cumbre llegó en 1902, una parodia de la llegada a la Luna que intentó comercializar por Estados Unidos: aunque se hicieron copias que se lograron distribuir, el ilusionista no llegó a recibir jamás dinero por su explotación. Aunque rodó más de 500 películas, la llegada de la Primera Guerra Mundial y la transformación de la industria mermaron su negocio, hasta que se retiró en 1923. Antes había montado numerosos espectáculos en uno de sus dos estudios cinematográficos transformado en teatro.

En 1925, se reencontró con Jehanne d'Alcy, que había sido una de sus principales actrices y por aquel entonces regentaba un quiosco de juguetes y golosinas en la estación de Montparnasse. Se casaron y trabajaron juntos en el quiosco. La película 'La invención de Hugo' nos traslada ahí, con un Méliès anciano y olvidado por todos. Aunque en realidad no es fue así del todo: el mismo año en que se casó su obra fue redescubierta por la vanguardia cinematográfica francesa, especialmente por los surrealistas, que reivindicaron su figura y en 1931 le reconocieron con la Legión de Honor. Se reencontró con Jehanne d'Alcy, que había sido una de sus principales actrices y por aquel entonces regentaba un quiosco de juguetes

Aun así, falleció en la más absoluta miseria en 1938, pese a que Henri Langlois, creador de la Cinemateca francesa, había recuperado y restaurado parte de sus películas. Aquel ilusionista que llevó la magia al cine y creó los primeros efectos especiales, pasó el resto de sus días vendiendo juguetes en la estación de Montparnasse para los niños: aquellos que todavía creen en la magia.


Ejemplo de carillas dentales, una técnica de estética dental.

Historia de las Carillas Dentales

Las carillas dentales son uno de los recursos más populares para aumentar la belleza de tu sonrisa. Son un tratamiento de estética dental perfecto para lograr una sonrisa de Hollywood en apenas unos días y sin dolor.

De hecho, fue en el mundo del cine y la televisión donde aparecieron los primeros tratamientos de estética dental con carillas. En medio de una sociedad americana ensalzada por los maravillosos años 20 del pasado siglo, cuando Hollywood emergía como un potente agente cultural, surgió la necesidad de mejorar las sonrisas de actrices y actores, ya que por más guapos, maquillados y bien vestidos, sus bocas eran, en algunos casos, estéticamente cuestionables.

Si además añadimos la irrupción de la comercialización de películas en color, hecho que aumentó la necesidad de mejorar la estética y el color de muchas dentaduras, era inevitable que surgiera en la odontoestomatología la necesidad de crear algún tratamiento que fuera capaz de mejorar la sonrisa de los artistas.

El creador de las primeras carillas dentales fue el Dr. Charles Pincus, dentista californiano, que con su creación pretendía mejorar las sonrisas de aquellos actores y actrices que habían fracasado en el cuidado de sus dientes.

De hecho, la época en cuestión estaba dominada por una, digamos, relajación en cuanto a los hábitos higiénicos dentales, por lo que no eran pocas las personas que presentaban una boca poco atractiva. Nada tiene que ver con la explosión de la estética dental que, sobre todo a partir de los años 80, dominaban la cultura occidental.

Las primeras carillas dentales distaban mucho tanto en funcionalidad como en estética de las actuales carillas dentales.

Las que se utilizaban en los años 30 en Hollywood eran unas finas láminas de porcelana que, como ahora, cubrían la cara exterior (vestibular) de los dientes, alineándolos y armonizando en color y forma la sonrisa de sus portadores. Así, tenían solo como función embellecer las sonrisas de los artistas el tiempo que durase la exposición pública, esto es, tenían que durar solo para el rodaje, la presentación, la entrevista o lo que fuese que exponía al artista ante las cámaras y el público.

Eran, por tanto, meramente estéticas y no disponían de funcionalidad alguna. Tanto era así que, una vez finalizada la exposición, tenían que ser retiradas, ya que la cementación era solo provisional. No podían ni comer con las carillas, por lo que su funcionalidad era nula.

Tal fue el éxito del trabajo del Dr. Pincus que los “laminados de Hollywood”, que era como llamaban a las carillas por aquel entonces, empezaron a ser el objeto de deseo de actores y actrices como Elizabeth Taylor, Joan Crawford, Walt Disney, James Dean, Montgomery Clift o Mae West. Fue así como empezaron a llamar al Dr. Pincus el “dentista de las estrellas”.

Un dato curioso respecto al trabajo del Dr. Pincus tiene origen en la película Stand Up and Cheer! de 1934. La actriz protagonista, Shirley Temple, conocida como la niña de oro de Hollywood, tenía por aquel entonces 6 años de edad, por lo que estaba en plena fase de recambio de dentición de leche a definitiva. Debido a las particularidades de esa edad, con dientes de leche perdidos y definitivos aún por erupcionar, la boca de la pequeña actriz presentaba demasiadas irregularidades para la industria de Hollywood, por lo que el Dr. Pincus diseñó unas carillas para que la niña de oro luciera sonrisa ante la cámara. Se da el hecho de que las hermanas gemelas Olsen repitieron “truco” años más tarde.

Otro caso conocido, y que pasó a los anales de la historia del cine, fue el de la gran actriz Judy Garland en la película El Mago de Oz (1939). Aquella fue una de las primeras cintas en color, por lo que el trabajo que hizo el Dr. Pincus con la actriz pudo lucir como nunca antes. Se decía que la actriz presentaba diastemas generalizados (espacios entre los dientes), por lo que las carillas dentales del Dr. Pincus fueron perfectas.

Cómo se fabrican las carillas dentales

Hoy en día existen varios sistemas de fabricación de carillas.

Principalmente, por un lado, las fabricadas con el método clásico de estratificación cerámica, sistema a través del cual el técnico protésico elabora las carillas dentales a través de un molde. Son, por así decirlo, como pequeñas obras de arte que el paciente llevará en la boca una vez el dentista se las coloque.

Por otro lado, existe el método más vanguardista y tecnológico, esto es, con tecnología CAD-CAM (diseño y fabricación guiada por computador). Esta tecnología consta de un conjunto de recursos tecnológicos donde destaca el escáner intraoral y la fresadora de prótesis dentales.

Con la ayuda de esta tecnología, experiencia y pericia, se pueden elaborar unas carillas dentales adaptadas 100% al gusto del paciente en apenas unas horas.

El proceso con CAD-CAM permite que un potente software diseñe las carillas que, minutos después, podrán elaborarse en una fresadora que esculpe la carilla deseada a partir de un pequeño bloque cerámico.

Otras carillas pueden incluso elaborarse en la propia boca del paciente. Hablamos de las carillas de composite, un material polímero (resina) que puede moldearse sobre los mismos dientes del paciente. Es un sistema que exige mucha pericia por parte del odontólogo, pues debe hacer una obra de arte sobre el diente del paciente mientras éste espera impaciente un resultado perfecto.

Cómo se ponen las carillas dentales

El proceso por el cual las carillas dentales acaban colocadas sobre los dientes del paciente se llama cementación. Este proceso exige de un cuidadoso protocolo para que la colocación de las carillas sea resistente y mantenga la estética de las prótesis.

Las acciones que debe realizar el odontólogo para obtener el éxito en la cementación van desde la preparación de las propias carillas hasta la preparación de los dientes que servirán de soporte.

Así, y debido a que las carillas se adhieren sobre el esmalte de los dientes, estos deben estar antes perfectamente dispuestos. En caso de necesitar tallar el diente (reducción de la superficie del diente para colocar las carillas), esto será evidentemente lo primero a realizar, ya que el propio diseño y elaboración de las carillas será en base a estos dientes ya preparados.

El resumen del protocolo de cementación de carillas consta de las siguientes acciones:

  1. Preparación del esmalte del diente.
  2. Cementado de las carillas propiamente dicho.
  3. Preparación de las carillas.

¿Pueden dañar las carillas dentales nuestros dientes?

De lo poco que la preparación de las carillas dentales puede afectar a los dientes, es la reducción dentaria en caso de necesitarla para colocar las carillas. Es decir, el tallado que tiene que realizar el dentista como fase previa a las carillas.

Evidentemente, este tallado retira parte del esmalte dental, por lo que el diente queda definitivamente alterado.

Sin embargo, cada vez es menos necesario tallar los dientes porque los materiales utilizados actualmente son más duros y resistentes que tiempo atrás, por lo que podemos elaborar carillas estéticas y resistentes con espesores muy bajos (0,3 mm), algo que permite colocar las carillas sin necesidad de tallar el diente.

Sin contar con el tallado, las carillas dentales solo hacen que proteger el diente de los agentes externos que lo dañan.

Eso sí, la higiene con carillas debe ser más exigente, pues una mala higiene dental puede favorecer la presencia de bacterias en las zonas de ajuste de las carillas.

¿Cómo se cuidan las carillas dentales?

Pues como los propios dientes: mucha higiene dental (lavarse bien los dientes y las encías), visitas periódicas al dentista (limpiezas y revisiones anuales), hábitos saludables (comer bien, beber agua, etc.) y usos adecuados (no morder huesos, alimentos duros, proteger los dientes de golpes, etc.).

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