El Gallo con Dientes: ¿Mito o Realidad?

La sola mención de la palabra "basilisco" evoca imágenes misteriosas y a menudo aterradoras. Aunque la expresión "estar hecho un basilisco" es común, pocos reflexionan sobre el significado profundo de esta criatura legendaria. Los diccionarios lo definen lacónicamente como un "animal fabuloso al cual se atribuía la propiedad de matar con la vista". Sin embargo, tras este nombre se esconde uno de los mitos más ricos que se hayan dado.

La etimología de basilisco se encuentra en el sustantivo griego basiliskos, que significa reyezuelo, como diminutivo de Basileus, rey. En latín se produjo la misma derivación, apareciendo la voz regulus (en castellano regulo) con la que se le conoce. Su nombre, universalmente extendido, tuvo y tiene variadas aplicaciones. Ha servido en primer lugar para dar nombre a la ciudad por cuyas cuatro puertas salió simultáneamente una vez Cagliostro: Basilea.

Además, su nombre se ha utilizado en artillería, astronomía, hagiografía, historia, botánica y en zoología (para designar un género de iguánidos). El reptil al que se bautizó con el nombre de este animal mitológico pertenece al orden de los saurios, familia de las iguanas, género Basilisco, con dos especies básicas: con capucha (B. Mitratus, B. Plumifrons) y sin capucha (B. Basiliscus, B. Corythaedus).

Basilisco Plumifrons

Muy relacionado con el mito del basilisco está el del catoblepas. El catoblepas tiene una forma de matar en cierto modo inversa a la del basilisco: muere quien ve sus ojos (por eso siempre mira al suelo) mientras que el basilisco mata a quien ve. Sin embargo el catoblepas no tuvo, a pesar de ser un mito tan antiguo como el del basilisco, su misma trascendencia: quizá lo sofisticado de la diferencia de entrambos (mirar, ser visto), que muchos autores confunden, dificultó el auge de este otro mito.

Al catoblepas le citan entre los griegos Elieno, Ateneo y Arquelao; y entre los latinos Plinio, Solino y Pomponio Mela. Cuvier sugirió que el catoblepas habría que identificarlo con el antílope: de hecho hay un género de artiodáctilos cavicornios que lleva el nombre, con la especie Catoblepas Gnu, más conocido como Antílope Gnu. El Gnu, de cabeza cuadrangular y cuerpo encorvado tiene los ojos rodeados de una corona de cerdas blancas con una expresión maliciosa y se dice que trata de matar al cazador a cornadas.

Catoblepas en griego quiere decir «que mira a la tierra». La relación mirar-ver (basilisco) y ver-ser visto (catoblepas) no es simétrica: mientras que el basilisco destruye y mata cuanto ve, al catoblepas hay que verlo, hay que ver sus ojos, que éste esconde, no queriendo usar su mortífero poder, no separando la mirada del suelo.

En cuatro libros del Antiguo Testamento encontramos las siete referencias que en la Biblia hay del basilisco (Isaías XI-8, XIV-29, XXX-6, LIX-5; Proverbios XXIII-32; Jeremías VIII-17 y Salmos XC-13). Y no falta quien ha visto en la propia serpiente tentadora de Eva (Génesis 3-1, 5) a un basilisco.

De las ocho palabras hebreas que se usaron para designar a las serpientes en el Antiguo Testamento, tres se tradujeron por basilisco en la Versión de los Setenta: zephá (cinco veces), pethen y ‘eph’eh (una vez cada una). Scio, a propósito de este versículo dice: «Es un proverbio para significar que a un mal grave sucedería otro mayor. La serpiente introduce el veneno, y mata con la picadura: el basilisco, según la opinión común mata con la vista.

Pero la tradición del basilisco en modo alguno queda recluida en la tradición bíblica: aparece también abundantemente en los textos clásicos. La referencia antigua más conocida y citada es Plinio el Viejo, aunque fueron varios los autores que, en distintos contextos, trataron del basilisco, si bien no aportan sustancialmente nuevos datos a los recogidos por Plinio.

Plinio, en el libro octavo de la Historia natural, coloca juntas las descripciones del catoblepas y del basilisco. «En el sur de Etiopía se encuentra la fuente Nigris; la opinión común ve allí el origen del Nilo, y los argumentos que hemos expuesto parecen confirmarlo. Cerca de esta fuente vive la bestia llamada catoblepas, de una talla por lo demás mediana y de andar perezoso, toda su actividad consiste en llevar dificultosamente su cabeza, que es muy pesada, y que tiene siempre inclinada hacia el suelo.

«La serpiente basilisco no tiene menos poder. Es la provincia de la Cirenaica quien la genera, su largo no pasa de doce dedos, tiene como marca una mancha blanca sobre la cabeza, que se parece a una diadema. Su silbido espanta a todas las serpientes. No anda, como las otras, por una serie de ondulaciones, sino que avanza manteniéndose alta y derecha sobre la mitad de su cuerpo. Destruye los arbolillos, tanto por su resuello como por su contacto; abrasa las hierbas, quiebra las piedras, tanta fuerza tiene su veneno.

En el mismo libro noveno de La Guerra Civil, Lucano confirma lo que Plinio decía: que si era muerto un basilisco de un lanzazo, remontaba el veneno a lo largo del asta y mataba caballo y jinete. Contemporáneo de Plinio y Lucano es Dioscórides. Como médico, su preocupación se dirige hacia las características y remedios de las mordeduras de los basiliscos.

En Aeliano encontramos una importante novedad que sin duda ha de tener alguna significación para la ulterior metamorfosis del basilisco: El tema del gallo, que veremos a partir de aquí introducido en el mito. El basilisco, según Aeliano, teme al gallo, razón por la cual los naturales de la Cirenaica, al viajar, llevan un gallo por delante que espanta la fiera.

En el siglo XIII habrá dejado de ser un misterio el origen del basilisco: los gallos, cuando son viejos, ponen un huevo pequeño que, incubado un día canicular en un [69] establo por una bestia venenosa (o un sapo), produce el basilisco. Confluye así la filogénesis medieval del basilisco con la sabiduría egipcia sobre el ave Ibis.

Bartolomé Glanvilla, más conocido por Ánglico, franciscano, prepara hacia 1230 en París su De Proprietatibus rerum, que sería la Historia Natural más popular del Renacimiento. En Ánglico el mito aparece mucho más formado. Obsérvese las deformaciones que han sufrido las fuentes que utiliza.

«Libro XVIII: De los animales. Capítulo XIV: Del Basilisco y sus propiedades. Basilisco es un nombre griego que en latín quiere decir regulus y en romance reyzillo. El es el rey de todas las serpientes: como dice Avicena. Y dice que las otras sierpes le an gran miedo y le fuyen y mueren de su vista: y de su resollo; todas las cosas vivas mueren de su vista, y aún las aves que vuelan sobre su cueva caen luego y aún con esto es él vencido por la comadreja que le mete en la cueva do el mora, ca Dios soberano nuestro no dejó nada sin remedio. El basilisco cuando ve la comadreja el huye y ella va tras él y lo mata.

El papel de los bestiarios medievales, sucesores del Fisiólogo, es fundamental a la hora de explicar la transmisión y popularización de los conocimientos sobre el basilisco. Sin embargo en las primeras copias del Fisiólogo, el libro de historia natural más utilizado hasta el siglo XIII, cuyo origen está en la Alejandría de los siglos III a V, no aparece el basilisco como tal.

Pero en los bestiarios, dependientes del Fisiólogo, tanto escritos como esculpidos, que pululan en la Europa medieval, el tema del basilisco es un lugar común. Se identifica a veces el basilisco con el diablo y la crueldad.

Aspecto Habilidad Enemigo
Serpiente con cresta o corona Muerte con la mirada o aliento Comadreja, gallo

Creencias Populares del Campo de Montiel

En el Campo de Montiel, se recogieron diversas creencias populares a lo largo de varios años.

  • Se creía peligroso beber agua en charcas donde hubiera bebido una eriza en celo.
  • Algunas personas "especiales" curaban la "tiricia" con la fuerza de sus ojos.
  • La muerte de una polla negra se consideraba un presagio de desgracia familiar.
  • Para alejar al Diablo, se usaban ramas bendecidas de olivo.
  • Si se cocinaba "ajillo" y sonaban las campanas a muerto, se debía dejar de cocinar para evitar la aparición del difunto.
  • Sembrar pimientos desnudo se creía que los hacía más picantes.

Estas creencias reflejan una cosmovisión rica y misteriosa que formaba parte de la vida cotidiana de las personas mayores en la región.

Basilisco: El rey de las serpientes | ¿Por qué era una criatura tan temida?

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