Lo que llamamos "malas hierbas" son, en realidad, plantas silvestres que crecen libres de la domesticación humana en el borde de los caminos, en nuestros jardines o abriéndose paso a través del duro asfalto. En este reportaje, presentamos una de estas "malas hierbas": el Diente de león (Taraxacum officinale).

Parece mentira, pero detrás de una planta se puede estar fraguando una de las más potentes revoluciones silenciosas de la humanidad. No sería la primera vez. Si alguno de los lectores cree exagerada esta afirmación, debemos recordar que la Guerra de la Independencia norteamericana nació por la negativa a consumir té con las exageradas tasas impuestas por los ingleses, es decir, que Estados Unidos existe gracias a la revolución del Té en Boston.
Josep Pàmies: Un Cultivador de la "Dulce Revolución"
Josep Pàmies se gana la vida cultivando plantas y flores para su consumo medicinal o culinario. Es autor de un libro titulado “Una dulce revolución” que está abriendo muchas mentes y muchas conciencias. La charla que va a ocupar buena parte de la tarde de Santa Águeda se titula “Jornada sobre la alimentación sana y medicina natural”.
El título “Una dulce revolución” hace referencia a una planta, la Stevia, que es el Bárcenas de los vegetales: cuanto más se investiga más propiedades se le descubren. En realidad tiene dos significados. Uno es éste que comentas, las propiedades de la Stevia. El otro es que hay que cambiar el mundo, pero si las revoluciones que hacemos se hacen tal y como se han ido haciendo hasta ahora, al cabo de un tiempo estas revoluciones vuelven a su estado original.
Cuando una revolución se hace con violencia, esa violencia se te vuelve en contra como un boomerang. En Islandia no ha habido violencia, pero aún así se ha vuelto otra vez al punto de origen. Las dulces revoluciones, o las revoluciones pacíficas, a largo plazo, son imparables. Puede que a veces tengamos desesperanza porque no avanzamos más en progresar en algunas ideas, pero es calando poquito a poco, como lluvia fina, es como estas revoluciones se van a implantar en nuestra sociedad.
La Desobediencia como Herramienta de Cambio
A nosotros, trabajar con la Stevia nos costó muchos expedientes y estuvimos a punto de que nos embargaran secciones importantes de la empresa. Al final la Administración se atemorizó y se echó para atrás. Esta desobediencia nuestra ha hecho que incluso el Carrefour, una de las multinacionales de la comida basura tenga Stevia en su formato prohibido, es decir en hojas, vendiéndola al menos en la zona de Cataluña. Si las grandes empresas empiezan a hacer lo que defendemos los ciudadanos de a pie, significa que vamos bien, vamos por el buen camino.
No hace falta cambiar la ley, no hace falta que se legalice una planta, solo hace falta desobedecer instrucciones u órdenes injustas para que, incluso la mafia alimentaria, también se sume a esa desobediencia.
Hace 15 años me decidí a cultivar la Stevia, quise comprobar por mi cuenta si era verdad lo que se decía que podía curar la diabetes o mejorarla muchísimo cuando ya se tiene que depender de la insulina, si curaba la hipertensión, si curaba el colesterol, los triglicéridos. Parecía imposible que una sola planta hiciera tantas cosas. Empecé a sembrar, empecé a regalar plantas, para ver si retornaban en forma de comentarios y retornaron en forma de comentarios maravillosos.
Llegó un momento en que empecé a sentir un poco de agobio, porque esto se estaba convirtiendo en algo tan grande que tuve que crear una asociación para gestionar y asesorar sobre docenas de plantas que sirven para curar, cuando los medicamentos no curan. Los medicamentos están hechos para convertir las enfermedades en enfermedades crónicas. Es evidente que la mayor parte de los medicamentos salen de las plantas, pero solo sacan aquel principio que suaviza los síntomas de la enfermedad, pero los otros principios, los que se utilizarían para eliminar la enfermedad, no nos los aportan a través de las medicinas tradicionales.
Richard J. Roberts, que fue Premio Nobel de Medicina, afirmaba en el año 2007 en Barcelona que “el fármaco que cura del todo no es rentable”, afirmaba que a los investigadores les obligaban a transformar los medicamentos que curan en uno que cronifique la enfermedad para toda la vida. Roberts fue el primero, pero se le han ido sumando otros Premios Nobel. Que nadie se alarme a nivel político y empiece a investigar a ver qué hay de verdad en todo ello es la prueba de que las presiones de las farmacéuticas existen, que lo que hacen es convertir medicamentos que curan en otros que cronifiquen la enfermedad, que te funcione bien mientras te tomes las pastillas, aguantes la quimio o la insulina, pero que en cuanto dejes de tomarlo caigas enseguida otra vez en la enfermedad. Los medicamentos de hoy en día son drogas. Éstas si que deberían estar prohibidas y no la Marihuana, la Coca o la Stevia. Son muchas las medicinas que deberían prohibirse y poner en su lugar plantas con ese principio activo.
Si miramos los prospectos ya nos avisan sobre la existencia de efectos secundarios. En Europa mueren cada año 250.000 personas por culpa de los efectos secundarios de sus medicamentos. ¿Estamos locos? Por el consumo de herboristaría no se muere nadie. Hay muchas curas que no funcionan, muchos medicamentos que no funcionan y hay muchas plantas que curan, y curan de verdad. En cambio seguimos recetando medicamento, matando a miles de personas cada año.
Pongo un ejemplo: el Omeprazol, ese protector gástrico, es muy perjudicial. No se debe tomar más de un año seguido, porque después de tomar esta pastilla durante tres años tus huesos habrán perdido toda su consistencia y se romperán con una facilidad tremenda, se desharán como azucarillos. Solo en Cataluña, más de tres mil fracturas de cadera y de fémur son ocasionadas por el consumo de Omeprazol y te lo venden como un medicamento que te ha de proteger el estómago ante el cóctel de pastillas que te van a dar. Todo esto se sabe y los políticos callan, son los más corruptos de los que hemos tenido en toda la Historia. La Sociedad lo sabemos, pero todavía hay gente que vota a estos corruptos, y ellos siguen mamando…
Los cambios tienen que venir de abajo y es la Sociedad la que tiene que preguntarse “¿Para qué votarles si no me representan?” Yo quiero una democracia directa. En Suiza consiguieron con 100.000 firmas conseguir un referéndum vinculante para que todas las terapias naturales entraran dentro del sistema de la sanidad pública, en contra de la voluntad de Gobierno y Parlamento, pero su constitución prevé que, cuando el pueblo se cabrea, con 100.000 firmas públicas pueden convocar un referéndum vinculante. Aquello es democracia, porque los políticos pueden ser corruptos, porque lo serán igual que aquí, pero la Sociedad tiene mecanismos de control de esa corrupción, aquí no tenemos ninguno, simplemente el derecho a votar cada cuatro años. Más vale esto que nada, es cierto, pero no es la democracia que queremos. La dulce revolución propugna esos cambios en nuestra organización, además de cambios en nuestra dieta y una alimentación limpia de transgénicos, de productos libres de aditivos químicos, poder reconocer las plantas, como se reconocían.
Lo curioso es que hay cientos de estudios científicos que avalan aquello que nuestros abuelos ya nos decían. No se trata solo de esa cuestión romántica que no teníamos que haber perdido, sino que está todo muy bien estudiado. Las farmacéuticas solo sacan una parte de los principios activos, no la totalidad, porque si sacan la totalidad, nos curan. Y si nos curan, no hay negocio.
Ahora tenemos la suerte de que, con Internet está todo mucho más cerca de lo que jamás había estado antes. Podemos poner el nombre científico de una planta y te aparecen cientos de estudios sobre sus principios activos. Hay que acabar con la industria que hace sufrir y cronifica enfermedades perfectamente curables.
En Barbastro hay una monjita, Sor Josefa, que ha vivido haciendo de misionera durante más de 40 años. Estaba en Ecuador, cuidando de que no les faltaran atenciones a un grupo de presos. Ella les llevaba cada cierto tiempo una botellita de Aloe Vera con miel. Esta mezcla cura muchas enfermedades, incluso algún tipo de cáncer muy especifico. Los presos cuidaban de ella para que no le pasara nada, incluso le salvaron la vida un par de veces, porque sufrió atentados de los propios policías que custodiaban la prisión, porque curaba a presos que ellos querían que murieran. Aquí ahora está revolucionando Barbastro y alrededores, dando botellitas de Aloe Vera con miel, y ha conseguido curar hasta algún cáncer. Es impresionante.
Está prohibido venderlas, no su consumo ni su posesión. En la Cooperativa Joaquín Costa podrás comprar plantas enteras y te las puedes cultivar tú mismo. Un par de infusiones al día son suficientes para diabetes, colesterol, hipertensión, triglicéridos… Una en ayunas siempre es la más efectiva. Y si tienes la plantita en casa, pues tres o cuatro hojitas bien masticadas en ayunas y otras cuatro por la noche cuando vuelves de trabajar. Te las comes directas de la mata.
¿Quién se puede oponer a eso? Si alguien se opone, lo único que van a hacer es darnos más credibilidad. Hemos de volver a comer más sano y más saludable. En las grandes superficies podemos encontrar alimentos que nos vienen de todas partes del mundo, pero que tienen que conservarse durante mucho tiempo, por el transporte y el tiempo de exposición. Todos estos alimentos están tratados de alguna manera para conseguir que duren frescos más tiempo. Algunos de ellos han sido irradiados con una bomba de cobalto, lo que convierte a esos alimentos, de alimentos frescos a alimentos zombies, para conseguir que un tomate esté ahí dos meses y no se pudra. Mirad las etiquetas a ver qué dice, porque aquí no hay narices de poner “producto irradiado con bomba de cobalto”, ponen “alimento ionizado”. Cuando pone ionizado es que está desinfectado con bombas de cobalto, las mismas que nos irradian a nosotros con la radioterapia cuando tenemos cáncer. Y con eso tratan a muchos alimentos para que no se pudran y se aguanten sin merma en las estanterías.
Lo mejor es comer de lo que te da tu huerto, del agricultor que vive al lado de casa, de la pequeña tienda que te garantice la calidad y el origen de los alimentos, de las cooperativas como Punt Verd, que hace verdaderos esfuerzos para comercializar el maíz no transgénico… Hay que buscar alimentos cuyo origen sea el correcto y no aquellos grandes supermercados que te traen alimentos de todas partes del mundo y en los que los controles son inexistentes, prácticamente. Y aquí también, aquí se hacen muy pocas analíticas de residuos en los alimentos, por ejemplo. En nuestra empresa, durante 30 años, nadie ha venido a buscarnos ni un solo análisis de productos químicos, eso está súper tolerado.
A la vera del río Segre, en terrenos cultivados por la misma familia de payeses desde hace cuatro generaciones, lleva cociéndose desde hace ocho años una "dulce revolución". "Lo llamo la dulce revolución porque ya hemos sido testigos de muchas revoluciones violentas y hemos visto cómo acaban: con un paso atrás. La fama de Pàmies lleva extediéndose desde hace décadas, más allá de su radio de acción en las tierras más fértiles de Lleida. Pàmies Horticoles da nombre al negocio familiar, que sirve en bandeja un increíble surtido de minihortalizas, flores comestibles, hierbas para ensaladas y productos ecológicos (sin olvidarnos de las calabazas gigantes). Pero el atractivo especial del "espacio Pàmies", como lo llama nuestro común amigo Manolo Vílchez, es sin duda el jardín de plantas medicinales.
"Aquí tienes la kalanchoe, una planta tropical que en Suramérica la conocen como "prodigiosa" o como "yerba de bruja", y que es un antitumoral muy potente... Prueba la hoja morada de la perilla, verás como te recuerda a lo que los japoneses llaman "shiso": en un gran antialérgico. Allá ves el lepidio o "rompepiedras", así conocido como disuelve las piedras en los riñones y es un poderoso analgésico y antiinflamatorio. Llegamos irremediablemente a la plantación de estevia, arbusto de la familia de las asteráceas que puede llegar a los noventa centímetros de altura, con hojas dentadas y lanceoladas, de un color verde intenso. Aún crece en formas silveste en la región paraguaya de Amambay. Durante 1.500 años ha sido usada como planta medicinal por los guaraníes.
Para comprender la "dulce revolución" hay que masticar una hoja de estevia e intentar digerir sobre la marcha todas sus propiedades: antidiabética, hiptensora, cardiotónica, diurética, antioxidante, antirreumática, antibacteriana... Desde el 2011, la estevia fue legalizada como edulcorante dietético, pero vender su hoja para uso medicinal está prohibido. La pregunta es obvia -"¿por qué?"- pero la respuesta provoca urticaria: "Las plantas medicinales han sido apartadas y criminalizadas por las presiones de la industria. "Pero si quieres que te diga la verdad, lo mejor que pueden hacer es prohibir la comericialización de la planta de estevia", agrega Pàmies con cierta sorna. "Lo prohibido despierta la curiosidad a la gente y deja en evidencia a los políticos corruptos que sólo legislan para los grandes intereses.
Josep Pàmies no se muerde la lengua, y en su blog arremete sin rodeos contra la industria farmacéutica, a la que acusa de "cronificar la enfermedad" en vez de buscar la auténtica cura... "Las soluciones son muy fáciles pero se ocultan. Vivimos en un sistema económico basado en el miedo y en la especulación, y a los ciudadanos se les infunde el temor a que el modelo se derrumbe. Pero la gente está muy harta de tanto engaño y está buscando soluciones por su cuenta a todos los niveles. Su crítica va también dirigida muy directamente contra la industria de la alimentación, y aquí aflora también su vertiente de activista en Slow Food: "Yo caí en su día en las garras de la agricultura superintensiva, aquello que llamaban la revolución verde. Todo eso fue un engaño y un fracaso. Me di cuenta del daño que hacemos a la tierra con los abonos químicos, y cómo ese daño nos lo hacemos también a nosotros.
Lo que propone la "Dulce Revolución" es algo así como autosuficiencia aplicada a la salud, siguiendo el viejo principio hipocrático: "Que tu medicina sea tu alimento y que tu alimento sea tu medicina". El empoderamiento a través de salud se ha convertido, según Pàmies, en el único antídoto contra el colapso de la Sanidad Pública en la era de los asuteridad. Y como humilde receta, nos recomienda cinco hierbas que cualquier podría plantar en su balcón, a modo de botiquín natural: "La estevia, siempre en el centro. Y luego, el diente de león, que viene muy bien para la circulación y para regenerar el hígado. Y la ortiga, que tiene mucho hierro y depura la sangre. También la caléndula, para las infecciones y las afecciones en la piel.
Dejamos a Josep Pàmies en su caminata interminable por ese invernadero de delicias verdes y remedios múltiples,no sin antes probar la karela o pepino amargo, ideal para el control de la diabetes y del azúcar en la sangre. Quedamos emplazados para la próxima primavera, a cielo abierto, para tomarle la medida al vergel forestal surgido por inspiración de su hijo Pau Pàmies y del permacultor Julio Cantos, a quien ya conocimos por estos pagos.
El nombre de muchas plantas medicinales parecen auténticos ingredientes de una pócima de brujería... Cola de caballo, uña de gato, cuernecillo, diente de león, lágrimas de Job, achicoria de cabra, ajo de oso, ajenjo marino, alfilerillo de pastor... Dejando a lado los conjuros, lo cierto es que los primeros escritos sobre los beneficios de las plantas medicinales datan del año 3000 antes de Cristo, ya en la cultura sumeria, en Oriente Medio. Las propiedades de las diferentes especies de planta han sido conocimientos populares de nuestros ancestros durante siglos. El contacto directo con la naturaleza ha sido la clave para aprender, y la transmisión de saberes de generación en generación ha sido fundamental para que lleguen hasta nuestros días.
A lo largo y ancho de todo el planeta se ha empleado esta medicina tradicional, y en Latino América, las comunidades indígenas han sido y siguen siendo expertos. Alguien que conoce muy bien este concepto, autogestión de la salud, es Josep Pàmies, defensor incansable del uso de plantas medicinales. Todo comenzó gracias a un cocinero muy famoso: Ferran Adriá. En estos momentos, con su asociación están centrándose en la difusión de las propiedades de plantas naturales y de terapias de bajo coste. Lo vive como una revolución y de ahí su nombre: Dulce Revolución.
Diente de León: la planta que Monsanto quiere erradicar (con Josep Pàmies)
El Diente de León (Taraxacum officinale): Propiedades Medicinales
A nivel medicinal, es una de las plantas más recomendadas (junto con el Cardo mariano) para tratar problemas digestivos y hepáticos. Ayuda a depurar la sangre de toxinas y protege y regenera el hígado de una posible intoxicación alimentaria o química. También es un potente regenerador del páncreas y ayuda a regular los niveles de glucosa en la sangre, lo cual lo hace muy valioso en el tratamiento de la diabetes. Tiene una acción diurética y laxante suave; neutraliza la acidez estomacal; previene contra cálculos de la vesícula biliar; alivia la Artritis, la Gota, el Reuma y la Artrosis.

Podemos tomarla en tisana, utilizando sus hojas desecadas, pero también podemos comer sus hojas, flores y tallos crudos. Tienen un sabor algo amargo con un punto dulce, que le da un toque especial a las ensaladas.
Estudio Científico sobre el Diente de León
Hay dos estudios recientes, uno en Gran Bretaña y otro en los EE.UU. que, por separado, han descubierto que las raíces del Diente de León, que fíjate tú si es una planta común, pueden curar al 100% la leucemia. ¿Cuántos años tendremos que esperar a que haya un medicamento que cure la leucemia? Pasarán años y quizá ni lo veamos.
La Stevia: El Emblema de la Resistencia de Pàmies
Un agricultor de Balaguer (Noguera) dedica uno de sus terrenos al cultivo de 4.000 plantas de stevia, un arbusto originario de Paraguay, 30 veces más dulce que el azúcar pero con cero calorías, que se ha convertido en el emblema de su resistencia contra lo antinatural --los edulcorantes químicos, en este caso-- y que le ha dado popularidad entre la población diabética que rodea los campos. Josep Pàmies, el payés en cuestión, ha comprobado en su persona que tomando mañana y noche una infusión de cuatro hojas de stevia mantiene en límites de normalidad su presión arterial. La bebida, además, le regula los niveles de glucosa e insulina en sangre, asegura. "Si el nivel de azúcar en la sangre está alto, lo baja, y si es lo contrario, lo sube", explica Pàmies, que distribuye un millar de sus plantas entre los vecinos que sufren fallos diabéticos.
Las hojas de este arbusto, comidas en crudo o cocinadas, tienen un efecto vasodilatador, diurético y cardiotónico: se dice que regulan los latidos del corazón y que nutren al páncreas y al bazo, ya que contienen carbohidratos, proteínas, vitaminas y minerales.
Tal y como me ordenaron, quité las indicaciones beneficiosas de todas las plantas, excepto en dos: la stevia y el diente de león, buenísima para las inflamaciones de hígado --explica el agricultor--. Son mis arbustos emblemáticos y no pienso renunciar a que la población sepa para qué pueden servir".
Este payés es un luchador en múltiples ámbitos agrícolas y forma parte del movimiento slow food, que defiende una alimentación meditada, ecológica, sustanciosa y sana. Sabe que las plantas de stevia han chocado en otros países --en especial en EEUU- con la industria productora de edulcorantes sintéticos, entre ellos el espartamo, que ha perdido algunas batallas frente a la planta dulce en la producción de yogures edulcorados, galletas y refrescos. Su interés en la difusión de los poderes de la stevia no es económico, asegura. Su plantación del arbusto es limitada, advierte. "Me gusta buscar las propiedades de las plantas, porque creo que es mejor lo natural que la química --explica--. Le he regalado manojos de stevia al cocinero Ferran Adrià, que las está probando en su fundación Alicia, dedicada a cocinar de forma cardiosaludable".
También las vende en el mercado de la Boquería, de Barcelona, y las regala a quienes se pasan por su finca.