Entre las muchas y preciosas especies que amenizarán nuestros paseos diarios, ya sea por el campo o por algún parque de nuestra cuidad, seguro que nos vamos a encontrar con una pequeña flor, humilde y maravillosa, que muchas veces nos pasa desapercibida y que algunos consideran incluso una mala hierba. Es una planta fácilmente reconocible, tanto por sus hojas dentadas dispuestas en roseta como por sus flores de color amarillo dorado.
El diente de león debe su nombre a la apariencia de sus hojas, que recuerdan a los dientes triangulares, afilados y desiguales del león. Ahora bien, es precisamente cuando sus hojas se van marchitando, cuando aparece la auténtica magia. Sus semillas (vilanos) hasta ese momento inmaduras y encerradas dentro de la flor, se asoman al exterior con apariencia frágil y algodonosa, para así poder ser diseminadas con el más mínimo aleteo del aire.

Es curioso como, muchas veces, los nombres comunes nos dan algunas pistas acerca de los usos de una planta. Cuando yo era niña la conocíamos como “pichacamas” o “meacamas”. Y es que las propiedades medicinales de esta planta se conocen desde hace siglos y, a día de hoy, se sigue empleando para tratar diversas afecciones urinarias junto con otras plantas como el brezo o la gayuba. Las hojas jóvenes resultan un nutritivo alimento en ensalada, y las más maduras, cocinadas como una verdura. En épocas de escasez, se secaban las hojas y se fumaban, como sustituto del tabaco. Y su raíz se empleaba para elaborar un sustituto del café sin cafeína, al estilo de la achicoria.
Las Leyendas del Diente de León
Probablemente, muy pocos no han soplado un diente de león pidiendo un deseo. Soplar una flor seca de esta planta con connotaciones mágicas es una experiencia muy especial. Sus semillas fluyen a través del aire en un bello espectáculo mientras recordamos nuestros sueños y deseos.
Lo cierto es que no existe una creencia única acerca de por qué se le atribuyen propiedades mágicas a esta planta, pues ha protagonizado cientos de cuentos y leyendas alrededor de todo el mundo. Hay muchas leyendas con orígenes muy diversos en torno a esta valiosa planta, y la mayoría de ellas hablan de hadas, de duendes o del sol.

La Leyenda del Tesoro Escondido
Cuenta la historia de un viejo solitario que encontró, al pie de un arco iris, una olla llena de monedas de oro. El anciano avaro nunca llegaría a gastar tan desproporcionada cantidad de oro; sin embargo, no quería compartir su valioso tesoro con sus seres más cercanos pues el anciano, avaricioso y egoísta, no sabía amar. «Tendría que encontrar un lugar seguro para enterrarlo», pensó. Ya era medianoche así que se llevó la olla a su casa, vertió las monedas en un saco y se metió en la cama con el sin soltarlo, agarrándolo con fuerza. Consultaría con su almohada la ubicación de su escondite. Cuando por fin, tras el excitante hallazgo, logró relajarse, cayó en un sueño profundo.
Ya fuera de peligro, un ratón hambriento, oculto en su madriguera, aprovechó para salir en búsqueda de un poco de alimento y se encontró con el saco. Pensando que en su interior habría un buen festín, lo empezó a mordisquear hasta hacerle un agujero.
A la mañana siguiente el viejo se levantó, cargó con el saco y se dirigió, bosque a través, al lugar que había ideado para su tesoro. Tras horas de andanza por la espesura del bosque, llegó a un lugar oscuro y abrió el saco dispuesto a enterrar sus monedas entre la maleza. Fue entonces cuando vió, alarmado, que faltaban gran parte de las monedas que había encontrado el día anterior… «Mi monedas se han caído!», pensó «Desandaré mis pasos para encontrarlas».
Caminó agachado, buscando entre el mantillo de hojas secas del suelo, pero no había ni rastro de las monedas… Menuda fue su sorpresa cuando de pronto, en su lugar, como por arte de magia, empezaron a brotar de la tierra flores doradas; Fue obra de los duendes del bosque, que decidieron transformar las monedas en dientes de león para que así todos los humanos pudieran disfrutar del hallazgo del viejo. El viejo pasó el resto de sus días sólo, encerrado en casa, vigilando las pocas monedas que le quedaban. El resto de los humanos acudieron al bosque para admirar el vuelo de los vilanos tras soplar. Un mágico y sencillo placer que, tal y como habían pronosticado los duendes, les trajo instantes de felicidad.
El Diente de León y las Hadas
Cuenta otra leyenda popular que el diente de león es producto de la labor de las hadas. Hace miles de años, cuando el mundo estaba poblado por hadas y duendes, aparecieron los humanos. Estas mágicas criaturas, debido a su pequeño tamaño, pasaban desapercibidas por los humanos, que, sin darse cuenta, las pisaban. Las hadas cansadas de ser pisoteadas, decidieron adoptar una apariencia más llamativa; se vistieron de color dorado y tomaron la forma de una flor de diente de león; una flor que además de no pasar desapercibida tiene la capacidad de retraerse si se la va a pisar.
Es por eso que se dice que la rápida recuperación del diente de león tras ser pisado es producto de la magia del hada que habita en su interior. La magia puede hacer posible cualquier cosa, incluidos nuestros deseos. Seguramente por eso cuando soplamos un diente de león pedimos un deseo. Supersticiosos o no, ver las semillas de esta flor flotando en el aire nos hace pensar, por un instante, en nuestros sueños.

El Ángel y la Flor Humilde
La leyenda del diente de león apareció recogida por primera vez en 1918 en el libro La hora de los niños. Los ángeles de la naturaleza eligen su elemento favorito. Cuenta la fábula que los ángeles de la naturaleza se reunieron un día para que cada uno decidiera qué elemento era al que querían representar. Muchos optaron por elegir algún tipo de árbol: álamos, chopos, encinas, olmos, pinos... Abundaban los ángeles de las rocas, los que designaron como su elemento favorito a la obsidiana, el cuarzo, la diorita, la milonita, etc. Así, y como era de esperar, muchos de estos seres mágicos eligieron innumerables flores para ser sus protectoras, representarlas y cuidarlas.
Sin embargo, entre toda esa congregación de ángeles de la naturaleza hubo uno que era conocido por su indecisión. No sabía qué elemento elegir y, aunque tenía claro que su predilección eran las flores, no sabía por cuál optar. Nuestro ángel indeciso estuvo casi una semana dialogando con cada una. La mayoría de las flores resultaron ser egoístas y engreídas; ninguna lograba cautivar al ángel de la naturaleza.
Hasta que, en un momento dado, sentado en una roca, descubrió una flor amarilla discreta, sencilla, pero de tono optimista. Cuando empezó a hablar con ella descubrió a una criatura sencilla que no deseaba vivir en otro lugar más que donde el viento la llevara. Amaba la tierra, el cielo, la lluvia y cada elemento de la naturaleza. El ángel no dudó en reunirse junto a sus compañeros para anunciar su elección: el diente de león. Cabe señalar que el resto de compañeros no entendieron por qué había elegido una flor tan discreta, sencilla y vulgar. Él no dudó en defenderla.
El proceso de transformación del diente de león simboliza el sol, la luna y las estrellas. Esta planta fascinante nace siendo una bola de fibras amarillas, muy semejante al astro que nos da la vida. Más tarde, adquiere una forma redonda, esponjosa y de color plateado, como la Luna en las noches de verano. Seguidamente, para esparcir sus semillas, se separa y recorre grandes distancias, como pequeñísimas estrellas fugaces llevadas por el viento.
Y tal fue el cariño que el ángel desarrolló por su querida flor, que le otorgó un poder, una facultad muy especial. Cada vez que los niños soplaran sus semillas, uno de sus deseos se haría realidad.

El Simbolismo del Diente de León
Los humanos hemos recurrido a las flores como medio de expresión desde hace milenios, ya sea para declarar amor, buenas intenciones, dar el pésame, o preguntar si esa persona tan espacial 'nos quiere o no nos quiere'.
El diente de león, ciertamente, tiene un simbolismo muy potente y que ha arraigado en nuestra cultura más de lo que pudiéramos pensar en un primero instante. Su nombre científico es Taraxacum officinale, pero también se le conoce como diente de león o achicoria amarga. Según la mitología griega, la diosa Hécate premió a Teseo con una ensalada hecha con dientes de león después de que este hubiese conseguido derrotar al monstruo Minotauro de la isla de Creta. Más tarde, las semillas de esta planta se esparcirían por el mundo, llegando hasta el más mínimo rincón y creciendo por doquier.
Los dientes de león tienen connotaciones muy distintas en la simbología, todas ellas positivas:
- Fortuna y buena suerte: Una planta capaz de conceder deseos no puede sino ser un símbolo de buena suerte. Al pedir un deseo estamos manifestando que algo nos llegue o suceda, por lo que se asocian los dientes de león con la abundancia y la fortuna.
- Supervivencia y esperanza: Capaces como son las semillas de estas plantas de viajar larguísimas distancias y aprovechar hasta la más mínima apertura o rendija pare echar raíces, son un símbolo de la perseverancia y la esperanza de un progreso en la vida.
- El amor llama a la puerta: En algunos países de Centroamérica y Sudamérica, consideran que la aparición de un diente de león en el jardín es un sinónimo de que pronto se tendrá un encuentro amoroso o de que 'la llama del amor' se intensificará en la relación.

Según la creencia popular si pensamos un deseo mientras soplamos sobre esa constelación de levísimas semillas blancas, este se cumple. En el lenguaje victoriano de las flores el diente se león simboliza amor, felicidad, fidelidad, deseos y bienvenida. Ya en el siglo XVI Pier Andrea Mattioli, un médico italiano y autor de Commentarii in sex libros pedacii dioscorides, escribía: «los magos dicen que sí una persona se frota a si misma con un diente de león será bienvenido en todas partes y obtendrá lo que desee».
Esta planta tiene una curiosa manera de reproducirse, y es que sus frutos se dispersan por el aire gracias a un penacho de finos pelillos denominado vilano, que actúa como un diminuto paracaídas. Si quieres ver como prepara Teresa una ensalada silvestre, pulsa sobre el play bajo la foto de portadaFotografías de Teresa TomásMúsica: Grieg Morning Mood from Peer Gynt.
Todos realizamos alguna clase de rito en el día a día, y quien diga que no, miente: tocar algo hecho de madera, persignarse al pasar por delante de una iglesia aunque no se sea creyente, soplar las velas de cumpleaños... Prácticamente no existe gente tan escéptica como para no ilusionarse con alguna de estas tradiciones. Hay quien piensa que la gente que sopla un 'diente de león' y pide mientras un deseo es inocente y entusiasta, cuando lo que hace cumplirse esa intención puede no ser tanto el ritual como la ilusión y la motivación que genera en la persona.