El Significado Oculto del Cepillo de Dientes en Monogatari: Un Análisis Profundo

Este artículo explora el significado del cepillo de dientes en Monogatari, analizando temas de dualidad, relaciones y simbolismo a través de diversas obras y referencias filosóficas.

Ahora que estoy de vacaciones y al fin tengo tiempo para algo que no sean los estudios, he estado viendo muchos animes que tenía pendientes, entre los cuales se encuentran Princess Tutu y Utena, ambas obras maestras.

Flip Flappers es una serie muy sencilla y humilde sobre Cocona, una chica común y corriente cuya aburrida vida se ve cambiada con la llegada de Papika, una chica enérgica y juguetona que arrastra a Cocona en sus aventuras en mundos fantásticos conocidos como Pure Illusion, en donde buscan fragmentos de una piedra que puede conceder deseos. Este anime es realmente atractivo, no sólo por su animación y diseño de personajes (ambos impecables), sino que por su desarrollo del mundo y sus personajes y por su aproximación a la fantasía. Todo en Flip Flappers se siente nuevo.

Se presenta una perspectiva renovada del género fantástico, creando una dinámica única: lo fantástico no se presenta como una dimensión separada, sino que existe en sí misma y está conectada con otras, formando algo mucho más grande. La dualidad es un elemento recurrente en Flip Flappers, ya que es, precisamente, uno de sus temas fundamentales: así como Papika y Cocona afectan al mundo fantástico, éste les afecta a ellas.

Lo diré claramente: Flip Flappers fue de lo mejor de 2016. Es más, me atrevería a decir que fue lo mejor.

Michiko to Hatchin gira en torno a Michiko Malandros, una convicta que escapa de una cárcel de alta seguridad con la intención de ir a buscar a Hiroshi Morenos, su ex pareja, el ser más detestable del mundo quien está aparentemente muerto. Para ello, va a buscar a Hana Morenos (aka Hatchin), hija de éste último que vive en una iglesia donde le maltratan sin piedad, con la esperanza de encontrar un vínculo que la lleve hasta Hiroshi. Por lo general cada capítulo es autoconclusivo, presentando un problema concreto en el camino de Michiko y Hatchin en distintas ciudades de un país ficticio de América Latina, donde se mezclan varios elementos culturales de varios países, principalmente Brasil.

Sin embargo, como dije antes, lo mejor del anime es la relación que se forma entre Michiko y Hatchin: en un principio se trata un forzado compañerismo y finalmente de madre e hija. Es una extraña mezcla entre disfuncionalidad, ya que no se entienden mutuamente porque son dos personas fundamentalmente distintas, y un cariño nacido por pura necesidad, pero que es genuino. Supongo que con lo que he dicho estoy dando la impresión de que es un slice of life o algo, pero no. Esto es una aventura sobre ruedas: ambas chicas se meten en todos los problemas que se puedan imaginar.

En el año 2008, un grupo de científicos realizó un experimento con ratones de laboratorio en la misma zona de exclusión. El objetivo era estudiar las secuelas genéticas derivadas de una exposición a radiación ionizante en dosis bajas. El experimento se dividió en dos: mientras unos ratones vivirían durante cuarenta y cinco días en su jaula expuesta a los rayos gamma emanados de la tierra, otros lo harían en un lugar seguro. Concluido el mes y medio de estancia, todos fueron irradiados a dosis altas y dañinas.

En el análisis posterior se comprobó que los genes asociados a la reparación del ADN se mantenían con idéntica latencia en ambos grupos. Sin embargo, los que habían recibido la radiación a dosis bajas mostraban cierta activación genética ligada a una eliminación más eficaz de los radicales libres.

Mi escritura nunca ha respondido al placer, sino al sufrimiento. También a la ingenua esperanza de que, un día, la tortura se convirtiera en caricia. La mejor -instintiva- manera que encontré para lograrlo fue su práctica prudente y continuada. Pude haberla ignorado, pero estoy seguro de que, entonces, me habría acuchillado por la espalda. Porque, recordando a Nietzsche, saber sufrir no es lo más importante. Con perspectiva, puedo asegurar que todo era pura coherencia.

Hoy resulta imposible explicar y aclarar lo que esto supone. Tal vez sea posible pero no aquí, sino en libros que habrían de leerse y que, por suerte, ya están escritos. Reconsiderar el esfuerzo y la dificultad que implicaba la ascesis cínica y hedonista de Diógenes o Epicuro. Una ética poderosa que ha sido sepultada por los clichés culturales, por las religiones y por la historiografía neoplatónica. Un compromiso individual y generoso con la materia y con la existencia de los otros: con sus relatos.

Una típica conversación.

En una de las anotaciones del inacabado cuaderno de las tapas negras (La educación del estoico), Pessoa deslizaba un gran espacio en blanco después de un párrafo que arrancaba de la siguiente manera: “Soy la madurez…”. Metáfora involuntaria y transparente sobre la imposibilidad de consumar un acto al que yo añadiría otro: aprenderemos a escribir cuando Pessoa rellene aquel vacío.

Lo hago en un sitio rotulado en latín. Esto supone una ventaja definitiva: no cabe preocuparse por su muerte. Lo hago acompañado de los hexámetros de un Tito Lucrecio Caro del que poco o nada sabemos. En época de remonte exhibicionista, uno encuentra descanso en el secreto del poeta, del filósofo y del científico romano. En época de prescripción, uno se conforma con estar al corriente de lo que somos y no de lo que deberíamos ser. El primero es un camino complejo, el segundo es tan claro que solo puede resultar distópico.

Dice Philipp Blom que leer De rerum natura es salir al aire libre, “al viento tonificante de la libertad intelectual”. Háganle caso, no le vuelvan la cara al favonio. Aquí me conformaré con muchísimo menos, aunque todos aspiremos, como Hölderlin, a “los campos verdes de la vida / y al cielo del entusiasmo”.

Lo único que puedo ofrecer de ahora en adelante es la alegría y la arrogancia de lo real, pero también la ruina inconclusa de lo imaginario. Una fisiología de las imágenes, una poética del reflejo y del detalle, una teoría de la incandescencia y de la ceniza. Mirar las imágenes y los objetos a pleno sol o, como diría el profesor Molinuevo, por el simple hecho de que existan. ¿Qué cosas, qué formas, qué emociones? Aquellas que todavía no han sido secuestradas por la cinefilia o aquellas que, en su defecto, merecen ser rescatadas. El helecho en la pizarra, la zancada de Tirunesh Dibaba, el hueso del albaricoque, el gusto oxidado de la sangre, la erótica del estrabismo, el olor a freesia, la bandera blanca del milano.

Este sitio nace con la única desventaja de mayo: mes cruel, verdugo perfumado, policía de los vencejos. En cierto relato de Hemingway un viejo se sentaba en la terraza de un café. Lo hacía bajo un árbol hasta bien entrada la tarde, justo cuando el rocío impedía que el polvo de la calle se levantara. Al viejo le gustaba sentarse allí porque al llegar la noche se hacía el silencio y él, que era sordo, notaba la diferencia. Era aquel un lugar limpio y bien iluminado, como espero que sea este. Un par de zapatos nuevos para tropezar mejor. Un lugar discreto donde respetar el fantasma de Lucrecio o, si acaso, invocarlo de manera amable como en el encabezado de esta entrada. Una imagen piavoliana que debo agradecer a uno de sus autores (Luca Ferri) no solo por registrarla, también por permitirme verla en su momento.

El cepillo de dientes, un objeto cotidiano con significados profundos.

Referencias

  • BLOM, Philipp, Gente peligrosa.
  • DIDI-HUBERMAN, Georges, Falenas.
  • HEMINGWAY, Ernest, “Un lugar limpio y bien iluminado” en AA.VV., Cuentos para un siglo, Barcelona: Círculo de Lectores, 2001, pp.
  • HÖLDERLIN, Friedrich, Hölderlin.
  • ONFRAY, Michel, Contrahistoria de la filosofía I.
  • RODGERS, Brenda; HOLMES, Kristen, “Radio-adaptive response to environmental exposures at Chernobyl” en Dose Response, vol. 6, 2008, pp.
  • Habitat [Piavoli] (Claudio Casazza, Luca Ferri, 2013).

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