Nicolás Aguilar: Pionero de la Odontología en España

España, al igual que muchos otros países, tardó en establecer una formación reglada en odontología hasta avanzado el siglo XIX. Sin embargo, un hito importante ocurrió en 1901, cuando por Real Orden de 1 de marzo se estableció el título de "Odontólogo", gracias a la influencia de S.M. la Reina Regente, doña María Cristina de Habsburgo, quien era paciente de un joven dentista de éxito en la capital, don Florestán Aguilar. La Real Orden contemplaba la instauración de los estudios odontológicos en la Facultad de Medicina de la Universidad Central, elevando la titulación a la categoría de universitaria.

María Cristina de Habsburgo, cuyo apoyo fue crucial para el reconocimiento de la odontología como profesión universitaria.

Es así que el acceso legal al ejercicio de una profesión requiere la posesión del respectivo título reglamentario, logrado tras el examen pertinente ante un tribunal que mide sus conocimientos obtenidos en programas reglados. Poco más que dicho a vuelapluma, este es el hilo rojo de la titulación en nuestra profesión hasta que alcanzara la condición de universitaria, en claro retraso, si es que hay que establecer alguna comparación con la más afín o semejante, con la profesión de médico, presente al menos siete siglos atrás en las aulas de los estudios mayores, los universitarios.

Mientras el médico ha sido médico desde los tiempos históricos, el dentista ha sido otras muchas cosas hasta devenir en odontólogo, incluso durante una buena parte, muy cercana, ha ejercido como médico especialista en estomatología.

Pese a los antecedentes de la colegiación en una profesión afín, la de médico, acaecida en 1898, la de dentista tuvo algún retraso aunque mirara a la anterior como modelo, sin duda por los enfrentamientos entre los dos clásicos bandos de la odontología española. No fue hasta 1930 que se aprobó la colegiación obligatoria para ejercer legalmente la dentistería en España, constituyéndose las respectivas delimitaciones regionales con sus colegios profesionales.

Primeras Agrupaciones de Dentistas en España

Poco tiempo después de la promulgación del Real Decreto que creaba el título de “Cirujano-Dentista” en 1875 tuvo lugar la aparición de agrupaciones de dentistas encabezadas con diversos nombres (círculo, instituto, sociedad…) pero con fines parecidos que se pueden resumir de un lado en el primordial de la defensa de los intereses de un colectivo, el de los dentistas, que a duras penas intentaba ganarse un prestigio sacudiéndose de la maldita tradición que arrastraba de siglos; de otro, la transmisión de los últimos técnicos tecnológicos y hasta científicos de esta profesión todavía en mantillas.

Sin embargo, el caso más temprano se dio en Sevilla, donde el domingo 26 de marzo de 1865, a las dos de la tarde y en el seno de la Academia de Medicina y Cirugía, se inauguraba el “Colegio de Dentistas de la provincia de Sevilla”, impulsado por los señores Ignacio Garrido, Manuel Valenzuela y Manuel del Pozo, cuyo reglamento se había aprobado el 1 de diciembre anterior.

Barcelona vio la temprana eclosión de otros dos foros de dentistas: el “Círculo Odontológico de Cataluña”, en diciembre de 1879, y el “Instituto de Estomatología de Barcelona”, que vio la luz un año después inspirado por Simón de Rojas Bruguera, con clara tendencia estomatologista, esto es, a favor del ejercicio de la dentistería como una especialidad médica, no obstante él era licenciado en medicina. Esto sucedía en las principales ciudades españolas, pero a comienzos del siglo siguiente continuaron surgiendo otras nuevas.

Eventos como el Barcelona Dental Show impulsan la actualización y el intercambio de conocimientos en la odontología moderna.

La “Sociedad Dental de Baleares” nacía en 1900, la “Sociedad Odontológica Malacitana” en 1901 y la “Sociedad Odontológica Valenciana” en 1902. Todas las anteriores se agruparon en la “Federación Dental Española”, que se creó como federación de sociedades dentales el 23 de abril de 1903, en el domicilio madrileño del dentista Luis Subirana durante la celebración del XIV Congreso Internacional de Medicina y recayó la presidencia en la figura del emprendedor Florestán Aguilar.

Ese mismo año de 1903 surgieron inmediatamente después la “Sociedad Odontológica de Vizcaya” y la “Sociedad Odontológica de Guipúzcoa”, naciendo en 1912 la “Sociedad Odontológica Navarra”, en 1913 la “Sociedad Odontológica Asturiana” y en 1918 la “Sociedad Odontológica Gallega”. En 1916 ve la luz la “Sociedad Odontológica Aragonesa”, un año antes que el “Colegio Odontológico de Pontevedra”. El más localizado “Círculo Odontológico de Palma de Mallorca” se creó en 1923; la “Asociación Odontológica de Cataluña” en 1927, mismo año en que se crea el “Colegio de Odontólogos de La Coruña”, y con tal nombre de “colegios” se creó al año siguiente el de Cádiz y otro después el de la Rioja, mientras una “Asociación Odontológica Guipuzcoana” nacía ese mismo año.

Del 31 de marzo al 4 de abril de 1923 se celebró en Zaragoza, promovida por el “Círculo Odontológico de Cataluña” y la “Sociedad Odontológica de Vizcaya” que presidía L. García Orive, una asamblea dental contra el intrusismo, habida cuenta de que se conocían no pocos casos de ejercicio odontológico ilegal repartidos por todo el país. Tal era la importancia de este asunto que durante el IX Congreso Dental Español, celebrado anteriormente en Madrid, del 4 al 8 de septiembre de 1922, se tomó el acuerdo de que la sección de “Legislación y Subinspecciones” del mismo no emitiera informe y que su gestión fuese acoplada a dicha asamblea(3). Así informaba “Revista de Odontología”, publicación editada de 1922 al 25 que prácticamente a lo largo de toda su existencia y ya desde el primer número dedicó un espacio principal a este asunto.

Sin embargo, los seguidores de Aguilar quisieron ver en esta asamblea una toma de poder por parte del sector estomatologista de la profesión, y así lo defendió su afín Juan de Otaola en una crónica publicada en “La Odontología”: “al señuelo del intrusismo hemos caído unos cuantos incautos compañeros, muy pocos por cierto, los demás, la mayoría, no eran Cirujanos-Dentistas ni Odontólogos, en las flojas y falsas mallas del estomatologismo.

No obstante García Orive tenía sus razones para luchar contra el intrusismo de una nueva manera, no como hasta entonces, a través de la figura de los “subinspectores de odontología” de cada provincia, sino que proponía que, al modo de los colegios de médicos, se exigiera la colegiación obligatoria de los dentistas ya que “El saneamiento de nuestra clase demanda un organismo con amplias atribuciones, no pudiendo en modo alguno estar vinculado en una sola persona, so pena de entronizar una tiranía.

La fórmula parecía sencilla, toda vez que ese organismo estaría formado por dentistas cuyo título gozara de toda legalidad, de tal manera que la criba que constituía dicho registro daría paso a que sólo pudieran ejercer los que pasaban a disfrutar de un carné de colegiado, persiguiéndose desde el propio colegio a quien no lo tuviere.

Probablemente Otaola quiso ver, acaso sesgadamente, en este modelo a seguir -el de los colegios de médicos- ese condenado “estomatologismo” que no era tal, pues en las conclusiones que se mencionan a continuación nada se dice de excluir a aquellos dentistas sin título de médico como tampoco se abogaba por pedir dicho título en un futuro.

Meses después de iniciarse en 1923, 15 de septiembre, la etapa política española del “Directorio Militar”, la “Federación Odontológica Española” se dirigió al General Primo de Rivera, transmitiéndole las conclusiones aprobadas en dicha Asamblea contra el Intrusismo celebrada en Zaragoza.

Dichas conclusiones, especialmente la primera, como se verá, contrariaron a cierto sector, bien identificado en su líder, Florestán Aguilar, hombre poderoso que además había sido nombrado director de la Escuela de Odontología por R.O. de 24 de septiembre de 1924.

La Sociedad Odontológica de Vizcaya, por medio de su secretario, Juan de Otaola, buen amigo de Aguilar, hizo lo propio, dirigiéndose asimismo al Director Militar basando su propuesta principalmente en la lucha contra el intrusismo, si bien la primera de las “medidas urgentes y decisivas que ponga (sic.) término a este problema vital para la clase, dice: 1º.

El 22 de febrero de 1925 se reunió en el Colegio de Médicos de Madrid la Asamblea de Subinspectores de Odontología, presidida por el Inspector general de Sanidad Dr. García Durán. Se celebraron tres reuniones en días consecutivos, al término de las cuales se aprobaron unas “Conclusiones”. Se pedía equipar el cargo de Subinspector de Odontología al de otras profesiones sanitarias, creándose el de Subdelegado provincial de Odontología.

Los seguidores de Aguilar no estaban de acuerdo y la escisión de la profesión en dos bloques era inevitable. El artículo siguiente, sin firma, que aparecía en la revista “La Odontología” era el que notificaba la creación de la “Asociación Española de Odontología”, tras la reunión mantenida el 8 de febrero. Ya la entrada era previsible: “La profesión dental en España venía dando en los últimos veinte años prueba de una cohesión, un espíritu de unión fraternal y de disciplina que había sido la razón del rapidísimo desenvolvimiento de nuestra clase, tan admirada por los Congresos que celebrabamos (sic.), por el perfeccionamiento de nuestra Escuela y por cuantas manifestaciones colectivas de actividad veníamos celebrando”.

Un buen número de dentistas se daba de baja de la S.O.E. En el programa de la nueva asociación si bien se contemplaban varios puntos, se daba preferencia, al menos en teoría, al denominado «La obra científica» que «constituye la finalidad más importante de la nueva Asociación”.

La junta directiva quedaba presidida por Ramón H. Portuondo (primer presidente que fuera de la SOE), vicepresidida por Aguilar y teniendo por secretario general a Valderrama, tesorero a López Alonso, contador a E. Díez, vocal a Ruiz Valdés y secretario de actas a José Alonso.

Los hechos discurrirían así durante este animado año de 1925. El 14 de marzo quedaba dictada una R.O. que se basaba en la Asamblea de febrero, sobre los Subinspectores de Odontología, a la que se dio carácter oficial el 18 de febrero. Apenas mes y medio después, el 30 de abril, se dictó una R.O., “para dar cumplimiento a la base séptima de la Real orden de 14 de marzo del corriente año que decía: S.M. el Rey (q.D.g.) ha tenido a bien disponer se aprueben los Estatutos para el régimen de los Colegios regionales Odontológicos que a continuación se insertan”.

En su artículo primero se establecía que: “En cada región [de las XII nombradas en la “Disposición preliminar”] se constituirá, para los fines que luego se enumeran, un Colegio de Odontólogos, en cuyas listas deberán inscribirse como pertenecientes a él todos los que legalmente ejerzan la Odontología en el territorio de la región.

El 21 de mayo se promulgaba una Real Orden en la que recordaba al principio que se habían dictado las de “14 y 30 de abril últimos, que autorizan a los Odontólogos para constituir, con carácter obligatorio, los Colegios regionales, sin embargo, Apenas publicadas, un grupo numeroso de Odontólogos acude a este Centro en solicitud contraria a la colegiación obligatoria, alegando que ella no constituye aspiración de la mayoría de la clase, a la par que pide la modificación de varios artículos del vigente Estatuto por considerarlos lesivos y contrarios a los fines esenciales de la colegiación”.

El Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos garantiza la calidad y ética en la práctica odontológica.

De acuerdo al punto 2º, el 26 de mayo publicó el Director General de Sanidad, F. El 5 de julio se celebró el plebiscito en la sede del Colegio de Médicos madrileño bajo la presidencia del Inspector provincial de Sanidad, D. José Palanca.

Cuenta “La Odontología” que “Si en Madrid, a pesar de la tolerancia demostrada, no pudieron lograr mayoría los partidarios de la sindicación forzosa, en otras capitales, en cambio, se celebró el plebiscito a gusto de los obligatoristas… En muchas otras capitales, el patrón electoral, mejor electorero, ha sido análogo”.

Y continúa: “Sin embargo, aun admitiendo que el resultado del plebiscitó (sic.) haya sido el que la Sociedad Odontológica Española dá como definitivo, -477 a favor de la obligator...

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