Estamos convencidos de que te encanta la salsa brava. Sin duda, es una de las apuestas ganadoras cuando quieres disfrutar de un aperitivo con sabor potente. Ahora bien, ¿conoces su historia? ¿Cuál es su receta original?
La salsa brava es una de las salsas más emblemáticas de la cocina española, conocida por su sabor picante y su protagonismo en tapas tradicionales como las patatas bravas. Si hay una tapa que conquista a locales y turistas por igual, esa es, sin duda, las patatas bravas. Con su irresistible combinación de crujiente por fuera, tierno por dentro y una salsa con el toque perfecto de picante, este plato es un imprescindible en cualquier bar de España. Pero, ¿te has preguntado alguna vez cuál es su origen y cuál es la receta más famosa?

Patatas Bravas, una tapa española muy popular.
Origen e Historia de la Salsa Brava
El origen de la salsa brava se remonta a Madrid, donde tradicionalmente acompañaba a las famosas patatas bravas, una de las tapas más populares de los bares españoles. Las patatas bravas nacieron en Madrid en la década de 1950. Se dice que dos bares emblemáticos de la capital, Casa Pellico y La Casona, fueron los primeros en servirlas.
Se inventó en Madrid en la década de los 50 del pasado siglo. Los restaurantes, tristemente desaparecidos, La casona y Casa Pellico fueron los primeros en crear la receta. Fue en Las Bravas, de ahí su nombre según algunos gastrónomos, donde la salsa se hizo más popular. La idea era darle un toque distinto a las clásicas patatas fritas.
También a comienzos de los 50, en la popular taberna Vinícola Aurora Barranco del Callejón de Álvarez Gato -famoso por los esperpénticos espejos que inspiraron las Luces de Bohemia de Valle-Inclán - se empezaron a servir las patatas bañadas en una salsa picante que se hizo tan famosa que llegó a ser patentada en 1959. Nacía así Las Bravas, establecimiento que con los años se ha ido convirtiendo en una pequeña cadena de establecimientos en los que se sirve todo tipo de tapas acompañadas de la famosa salsa picante.
Poco después, en 1963, nacía otro templo bravero con historia: Docamar, en el barrio de Ciudad Lineal, donde Donato Cabrera Martínez, restaurador y tabernero guadalajareño, había trasladado el Bar Donato original de la calle Galileo convirtiéndolo en una taberna famosa por sus bandejas repletas de patatas bravas.
La historia de las patatas bravas, ese plato icónico que te ha salvado más de una vez en una terracita mientras te tomabas una caña con los colegas, es tan sabrosa como el plato mismo. Existe una rivalidad entre Madrid y Barcelona sobre quien sirve las mejores patatas bravas de toda España. Lo cierto es que en cada ciudad se sirven de maneras distintas, pero cada cual tiene su encanto, logrando así seguidores y detractores a partes iguales.
Las patatas bravas tienen su origen en el Madrid de la posguerra. Concretamente, en 1949, en el restaurante La Casona, ubicado en la calle Echegaray. Aunque inicialmente se les llamó «patatas de la Casona«, el nombre «bravas» se popularizó rápidamente, haciendo honor al carácter picante de la salsa.
El éxito de las patatas bravas fue tal que el plato se extendió por toda España y en cada ciudad, al ser la receta secreta, se adaptaba la salsa al gusto de los lugareños. Barcelona fue una de las ciudades donde encontraron mayor arraigo aunque, debido a las vicisitudes del viaje, las patatas bravas llegaron un poco mansas y, mezcladas con alioli, alcanzaron una notable popularidad.
En distintas regiones de España, las patatas bravas han evolucionado con ingredientes extra como mayonesa, alioli o incluso salsas de queso. Las patatas bravas han pasado de ser un simple aperitivo madrileño a convertirse en un símbolo de la cocina española. Gracias a la expansión de la receta por diferentes zonas, ha ido variando en cuanto a sus ingredientes originales. Hay ciertos lugares donde usan como base el tomate, en vez del pimentón, y en otros sitios usan guindillas para aportar un toque picante.
La patata siempre se había considerado un alimento básico del campesinado y del proletariado industrial. No aparece en los recetarios clásicos y en los modernos es objeto de reticencia, la califican de “legumbre vulgar y barata que mantiene al pueblo resguardado del hambre”. De ahí las famosas patatas a lo pobre que se comían en el Madrid del siglo XIX. De estas palabras se deduce que las clases populares ya comían platos de patatas con un aliño parecido a lo que hoy conocemos como «salsa brava» y que este aderezo de los platos tendía a ser picante.
Hoy en día, las patatas bravas son una tapa imprescindible en bares y restaurantes de toda España, y su popularidad ha traspasado fronteras. Aún así, estas patatas ha tenido algunas variaciones y también puedes preparar las patatas bravas de moda con dos salsas, las patatas a la importancia, las tater tots, las ricas papas aliñadas o las patatas con salsa de tomate picante o brava.
La popularidad de las patatas bravas no ha dejado de crecer, y con ello han surgido todo tipo de versiones del plato, algunas bastante innovadoras, otras más tradicionales. Por ejemplo, hay sitios que optan por usar patatas asadas en lugar de fritas, lo que les da una textura completamente diferente. Además, hay quien asegura que las patatas bravas están emparentadas con platos de otras culturas, como las papas arrugadas canarias, que se sirven con mojo, una salsa igualmente potente y sabrosa.
Y si nos ponemos a hacer comparaciones, es fácil ver similitudes con otros platos de patatas fritas cubiertas de salsa, como las «frites» con salsa en Bélgica o las famosas «poutine» canadienses.

Preparación casera de patatas bravas.
La Receta Original de la Salsa Brava
La receta original de la salsa varía según la región, pero siempre conserva su característico toque picante. La salsa brava se elabora tradicionalmente con una base de caldo o agua, pimentón (dulce y picante), ajo, harina para espesar y aceite de oliva. Algunas versiones más modernas pueden incluir tomate, aunque la receta tradicional no lo contempla.
La receta original de la salsa brava no llevaba tomate; su color rojizo y sabor picante provenían del pimentón y otras especias. En Barcelona, sí que es común encontrar la salsa brava hecha con tomate, lo que le da un toque más dulzón y suave, pero sin perder el toque picante.
Lo que realmente distingue a las patatas bravas de otras preparaciones con patatas es la salsa brava, que es, por supuesto, la estrella de este plato. ¿Pero qué lleva esta salsa? Aquí empieza la controversia. Si preguntas en Madrid, te dirán que la salsa brava auténtica no lleva tomate. «¿Qué?» dirás tú. Pues sí. Según la receta madrileña más tradicional, la salsa se hace a base de un sofrito de pimentón, aceite, harina y caldo. Es una salsa sencilla, pero con mucho carácter, que se gana el nombre de «brava» por el toque picante que se le da con el pimentón o el chili.
Para comenzar insistiremos en un punto: La genuina salsa brava madrileña no lleva tomate. Se hace simplemente con aceite de oliva, mucha cebolla y pimentón picante. Como mucho un poco de pimiento (rojo y verde) y harina para ligarla mejor, o unas guindillas para reforzar el punto de ese picante.
La clásica de Madrid comienza con un sofrito de cebolla, una cucharada de harina de trigo, vinagre y pimentón ahumado. Cuando la mezcla reduce se vierte directamente sobre las patatas recién fritas.
Ingredientes para la salsa brava original:
- Aceite de oliva virgen extra
- Cebolla
- Ajo
- Pimentón dulce y picante
- Harina
- Caldo de pollo
- Sal
Preparación:
- Echamos el aceite en una sartén y añadimos la cebolla muy picada (incluso triturada) junto con el ajo picado.
- Una vez pochado, agregamos el pimentón y freímos unos 20 segundos, no más porque puede amargar.
- Añadimos poco a poco caldo de pollo hasta obtener una salsa ligera, no debe ser una salsa espesa.
- Apartamos la sartén del fuego agregamos los dos tipos de pimentón moviendo bien. Se añade entonces el caldo, muy caliente, mientras seguimos moviendo.
- Al enfriarse la salsa se espesa y se crea una ligera costra en la superficie que retiraremos con cuidado para eliminar grumos.
- Por último corregiremos con sal y agua si nos ha quedado demasiado espesa.
Variantes y Adaptaciones de la Salsa Brava
Tras conocer cómo puedes degustar la receta original, debemos subrayar que gastrónomos de todo el mundo han ido añadiendo variantes a la receta más tradicional. Por ejemplo, Simone Ortega, autora de 1080 recetas de cocina, prefiere usar tomate, tabasco, vinagre, aceite, sal y ajo. Otros mezclan dos pimentones para conseguir una nueva alternativa.
El éxito de una salsa que admite tantas variantes ha provocado que sea posible encontrarla ya en recetas de todo el mundo. A partir de una base tan sólida, la adición de especias, la adaptación a nuevas preparaciones y el maridaje con distintos vinos convierte a la brava en una de las salsas con más proyección de futuro.
En todo el litoral mediterráneo es típico servirlas con alioli y pimentón o bien con una combinación de alioli y salsa brava. En el resto de España todo dependerá del bar al que vayas. Lo más frecuente es que cada uno tenga un toque personal. Hay cocineros que añaden brandy, otros mezclan un sofrito de tomate casero con guindillas y en la mayoría de los casos, salvo en contadas excepciones, es una salsa sabrosa, pero que no pica demasiado.
La salsa brava es una salsa picante originaria de España que se ha vuelto muy popular en todo el mundo gracias a su sabor intenso y picante. A lo largo de los años, la salsa brava ha evolucionado y se han creado muchas variaciones. En algunas regiones de España, se utiliza la salsa romesco como una variante, que se elabora con almendras, ajo, pimentón y pan rallado.
Algunas variantes incluyen:
- Salsa brava de pimentón: Se elabora con una mayor cantidad de pimentón dulce o picante, en lugar de los chiles frescos.
- Salsa brava de mojo picón: Se originó en las Islas Canarias y se hace con aceite de oliva, vinagre, ajo, comino, sal y chiles picantes secos.
- Salsa brava de ajo: Se utiliza una mayor cantidad de ajo, lo que le da a la salsa un sabor más intenso.
- Salsa brava mexicana: En México, se ha desarrollado una variante que utiliza chiles frescos como serrano o jalapeño, tomates, cebolla y ajo.
En cualquier caso, más allá de la discusión sobre si la salsa debe llevar tomate o no, lo que está claro es que las patatas bravas han trascendido su origen madrileño para convertirse en un plato típico en prácticamente toda España. Hoy en día es casi imposible entrar en un bar de tapas y no verlas en el menú.
Cómo Disfrutar la Salsa Brava
El uso más conocido de la salsa brava es sobre las patatas bravas, una tapa española muy popular que consiste en trozos de patata frita o asada cubiertos con esta salsa picante. Lo que hace a la salsa brava tan popular es su capacidad para equilibrar el picante con sabores profundos de pimentón y ajo. No es un picante abrumador, pero tiene la intensidad justa para complementar los platos sin dominarlos.
Aunque las patatas bravas son el plato estrella para acompañar esta salsa, su versatilidad permite usarla en otros platos. Puedes disfrutar de la salsa brava con calamares, alitas de pollo, o como acompañamiento de carnes a la parrilla.
Afortunadamente, los amantes de la variedad de sabores no han tardado demasiado en comenzar a usar la salsa brava para completar el sabor de distintas recetas. Ahora, es frecuente emplearla para acompañar hamburguesas, frituras o carnes a la plancha.
Lo que nadie pone en duda es que las patatas bravas se han convertido en sinónimo de calidad de la cocina de cualquier establecimiento.
En ambos casos, lo más recomendable es poner un poco de salsa en un lado del plato en lugar de encima del ingrediente principal. Apuesta por carnes y pescados con cierta textura y, especialmente, por preparaciones a la plancha o al horno. Puedes untar de salsa brava el pan de tu bocadillo, añadir una cucharada a la pasta recién escurrida o incorporarla a un estofado.
Además de unas patatas, la salsa se usa para acompañar unos calamares fritos o en un madrileño Bocadillo de calamares, úsala con pulpo, como no, en tus Tortillas, mejillones, con unas gambitas o para resaltar cualquier plato que quieras darle un toque de alegría Scoviliana.
Si te gusta viajar seguro que has visto alguna receta con la mencionada salsa como acompañante.
Consejos para Preparar Patatas Bravas Perfectas
Te recomendamos que escojas siempre una buena patata gallega al ser esta más grande y más jugosa una vez frita. No olvides que has de freírlas en aceite muy caliente para que se doren por fuera logrando así que quedan más blandas por dentro. Luego, tras colocarlas en un plato con papel absorbente y añadir algo de sal fina, coloca las patatas en un bol y añade una cucharada de la salsa que encontrarás en nuestra tienda. Mueve bien y sirve inmediatamente.
Para las patatas, lo ideal es cortarlas en trozos irregulares. Esto no es solo una cuestión estética, sino que así se asegura una cocción más uniforme y una textura más crujiente por fuera y tierna por dentro.
Freímos las patatas en aceite caliente hasta que queden doradas y crujientes. En cuanto a la salsa brava, aquí puedes ponerte creativo. Si quieres seguir la receta madrileña tradicional, prepara un sofrito con pimentón, harina y caldo, ajustando el picante al gusto. Si prefieres una versión con tomate, puedes añadirlo a la mezcla junto con un poco de ajo y cebolla.
Pasos para preparar patatas bravas:
- Cortar y freír las patatas: Pela y corta las patatas en trozos irregulares. Fríelas en abundante aceite de oliva a fuego medio hasta que estén tiernas. Luego, sube la temperatura para dorarlas y lograr esa textura crujiente.
- Preparar la salsa brava: En una sartén, calienta una cucharada de aceite de oliva. Añade el pimentón dulce y picante, removiendo rápidamente para que no se queme. Incorpora la harina y cocina por un minuto. Vierte el caldo poco a poco, removiendo hasta obtener una salsa espesa y homogénea.
Como habrán podido constatar a lo largo de este artículo, las patatas bravas son una tapa que se toma en bares y tabernas pero que no suele consumirse en casas particulares. Cada maestrillo tabernero tiene su librillo y todas las recetas de las salsas son tan secretas como la fórmula de la Coca-Cola.

Patatas bravas listas para servir.
La salsa brava es mucho más que una simple tapa. Son un pedazo de la historia gastronómica española, un plato que ha evolucionado y se ha adaptado a los gustos de cada región, pero que sigue siendo tan icónico como siempre.
En conclusión, la salsa brava es un tesoro culinario español con una rica historia y múltiples variaciones. Anímate a preparar la receta original y a experimentar con nuevas combinaciones para disfrutar de su sabor único y picante.