El estribillo "Tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces un príncipe, un dentista, ¡tú!, te quedas a mi lado, y el mundo me parece más amable, más humano, menos raro ¡tú!", pertenece a 'La lista de la compra', uno de los duetos más queridos y recordados de la historia de la música española reciente.

María Jiménez, una de las voces más emblemáticas de España.
El Origen de la Colaboración
La colaboración entre Lichis, cabeza de La Cabra Mecánica, y María Jiménez nació precisamente del estribillo. «Recuerdo que estaba con la letra y me faltaba el estribillo», recordaría Miguel Ángel Hernando Lichis tras el bombazo del single.
«Entonces salí a tomar una caña y en un bar vi un póster de María Jiménez. Su visión racial, con todo lo que significa, me inspiró. Subí corriendo a casa y me salió de un tirón».
La Canción del Verano
En efecto, La lista de la compra es lo más parecido a un boleto premiado con un toque de gracia. Es el tema estelar de Vestidos de domingo, tercer disco de La Cabra Mecánica (ya supera los 20.000 ejemplares vendidos).
Hemos pasado el verano oyendo su rompedor estribillo: «Yo que soy tan guapa y artista / yo que me merezco un príncipe, un dentista...».
Es la colisión de dos figuras tan auténticas como dispares: Lichis, cabeza caliente de La Cabra, y María Jiménez, mujer de poderío indescriptible: «Soy como Bambino, pero con tetas».
Lichis, madrileño flemático y entusiasta a un tiempo, hace memoria. «De pequeño seguí a María por la tele explica él. Me impactaba su forma dura de hacer las cosas. Aquel póster trajo a mi mente muchas ideas, me di cuenta de que tenía que ser ella quien lo hiciera.
En esa época me acababa de mudar y andaba todo el rato haciendo coladas, limpiando y pintando. Me notaba un poco maruja y ese fue el sentimiento de la canción: reivindicar las cosas como son, y no ese rollo estúpido del feminismo. Eso me irrita, ¡coño!, yo pongo lavadoras, cocino y hago la compra. No es un puñetero arquetipo femenino. Yo también soy una maruja».
La Magia en el Estudio
La compañía de La Cabra se puso en contacto con la Jiménez, de la que no se sabía nada desde el tremendo recopilatorio, 40 Grandes canciones, del pasado año.
Mujer de raza con causa, María siempre ha optado por tirarse sin red a los géneros más fieros. Su repertorio está lleno de canciones de José Alfredo Jiménez pasadas a rumba o bulería y entonadas al límite del desgarro y la pasión.
«Siempre he interpretado cosas con fundamento, como Libre te quiero, de García Calvo, que es una locura. Lo primero que hago es leer las historias. Si me llegan y me las creo, escucho la música. Es mi fórmula de trabajo. Cuando me llamaron para esto pedí información sobre él, porque no sabía quien era.
Me mandaron las letras por escrito y sus discos. Me puse a escuchar su primer CD y me estaban encantando las melodías, pero cuando ya flipé fue cuando escuché Que te follen. ¡Ahora mismo, ahora mismo! ¡Ja, ja, ja! ¡Es total! Luego, la de La lista de la compra me parecía mu jevi, mu jevi, me gustó muchísimo la historia. Cuenta algo tan normal, con lenguaje de la calle, que me parece perfecta. Lo que ha salido es mágico.
En el estudio me suele pasar que cuando no sé ni cómo he hecho las cosas es cuando mejor quedan. Todo se grabó en 10 minutos, no me lo podía ni creer. Cuando salí vi a la chica de un compañero de Lichis, que lloraba. ¿Qué te pasa, hija?, le digo. Ná, que me he emocionado».
Entre la gloria de la canción española y el joven talento de barrio hay buen rollo.
¿Una lista de la compra de música? «Me pasa como a María dice Lichis, que escucho absolutamente de todo. En cada momento hay cosas que te marcan. Mis últimos descubrimientos son Martirio, María Jiménez y Bambino. También el hip hop, un territorio en el que pueden salir muy buenos letristas. Me gusta mucho Mala Rodríguez, que hace unas letras con un arte que te mueres. Ojos de Brujo también, con ese rollo de rumbita rapera es muy guapo».
María, que conoce el paño, sale al quite. «Es que en el ritmo de la rumba y del tango puede entrar todo lo que quieras, hasta la guía de teléfonos. Eso me pasó una vez en casa con mi marido, que fue muy divertido. Le dije que se podía meter la guía de teléfonos por tangos: ¡El doscientos veinticuatro, veinticinco, veintidós, mire usted canta a ritmo de tanguillos, no llame tan tempraaano, chiquiiillo, que me acabo de acostar hace un ratito, mi arma!».
Días después, La Cabra Mecánica presentará su disco. María asegura que estará en Madrid y que cantará, ¡faltaría más! Y Lichis confiesa: «Conocerla es lo más grande que me ha pasado en la vida».
Para los más jóvenes, María Jiménez suena casi como una desconocida. No es justo que se pierdan el huracán de una voz que hace sangrar los versos que muerde. Tranquilos, hay María para rato.
«Estoy en un proyecto con Joaquín Sabina para hacer un disco. Me llamó justo la noche que tuvieron que ingresarlo, así que estamos dando tiempo para que se recupere. Joaquín dice que muchas canciones las ha escrito pensando en mí, como esa que hizo por Bambino, 19 días y 500 noches. Yo, a Bambino, siempre le decía, eres el rey; y él me decía, eres la reina. ¿Y entonces, quién manda en España? ¡Ja, ja, ja!».
Lichis también planea un disco con María: «Ya tengo dos temas. Me gustaría que nos sentáramos los dos; es mejor trabajar así, porque María canta de una manera muy particular, y las letras tienen mucho que ver con la interpretación. Si dices hijoputa, no significa lo mismo según la entonación que le des».
María salta como un resorte cantando: «¡Ay, qué hijo puta es mi niño por la mañana!. Vamos a operar del carácter a mucha gente, ese será un título: Opérate del carácter. Con la de siesos que hay desde por la mañana...

María Jiménez, un legado imborrable en la música y el arte español.
El Legado de María Jiménez
"Tú, que eres tan guapa y tan lista / tú que te mereces un príncipe, un dentista", cantaba María Jiménez en 2001 junto al grupo La Cabra Mecánica en 'La lista de la compra', una canción que, a sus 50 años, la acercó al público joven dosmilero (por su parte, los padres de estos ya conocían de sobra, desde hacía mucho, a esa mujer bella de dentadura atrevida, sin finuras de más, movimiento sexy de pupilas y voz enroscada con las que clavaba proclamas de desamor en composiciones que ella interpretaba con súbitas sacudidas de melena). Actriz, cantante, diva aguerrida y símbolo de muchas cosas, estas son las razones por las que María Jiménez, fallecida este jueves a los 72 años, se merecía lo mejor, es decir, "un príncipe o un dentista", como pedía su tema (en la vida real, por cierto, estuvo casada dos veces con el actor de moda de los 70 Pepe Sáncho, famoso por su papel de 'El estudiante' en 'Curro Jiménez', con quien mantuvo una relación de amor-odio con muchas idas y venidas e, incluso, acusaciones de malos tratos).
Las razones por las que María Jiménez se merecía un príncipe o un dentista:
- #SE ACABÓ: Símbolo del 'Me too' español (y 'tiradera' setentera)
Empoderada, libre y salvaje, la rotundidad con la que María Jiménez gritaba 'Se acabó' a un examor o lo alto que se subía el bajo de la falda cuando interpretaba su tema bandera, que lanzó en 1978 y que constituye un himno de superviviencia tras el despecho, titula hoy, y por derecho propio, los hashtags del 'Me Too' español que se ha despertado a raíz del caso Rubiales y en apoyo a Jenni Hermoso.
- UNA VIDA DURA (Y EL MUNDO POR MONTERA)
Vivió, trabajó, amó, triunfó, perdió y sufrió intensamente. Y sobrevivió con pasión a todo lo que se le puso por delante. "Es difícil encontrar a una segunda María Jiménez en el mundo (...), ha sobrevivido a muchas cosas. Ha sido una persona que se ha sentido muy libre y se ha puesto el mundo por montera. Es muy difícil que haya una persona que haya vivido más", la describía Toñi Moreno hace un año, coincidiendo con la inauguración de la Fundación María Jiménez que la artista había fundado para ofrecer un espacio de amparo a las mujeres víctimas de violencia de género.
- DE DIVA 'TRASNOCHADA', A ESTRELLA DE LOS40
Su fuerza y talento le permitieron reinventarse en muchas ocasiones. Tras su éxito en los 70 y 80 como intérprete de canción española y rumba audaz (sus letras solían contener cierta osadía), su madurez coincidió con su desaparición de la actualidad musical, alérgica a todo lo que podía sonar a folclórico, y la presión de su entonces marido, Pepe Sancho, para anularla artísticamente, según ella contó.
- SIN CENSURA
Son muchos quienes se muestran admiradoras de su valor para hablar sin cortapisas. Tambien su hijo Alejandro, que la ha recordado "con la humildad por delante y la verdad saliendo sin censura por sus labios" en un obituario en el que ha subrayado, a su vez, su "compromiso inquebrantable con su familia, amigos, y admiradores", su "espíritu indomable, su personalidad arrolladra" y su fortaleza y valentía.
- ARTE A RAUDALES
Su talento, que innovó en ciertos aspectos la interpretación de la copla o la rumba del momento, así como su garra, su voz arroncada y poderosa, y su sensualidad (protagonizada por miradas deslizantes, movimientos contenidos de cadera e intimidantes sacudidas de mechones de pelo) eran capaces de echar el escenario abajo. Así era ella.
Los años noventa fueron bastante complicados para María Jiménez. Durante dicha década tan solo publicó discos que no tuvieron la repercusión que merecían y ella misma aseguró que no tenían ningún interés en promocionarla.
Cómo sería el ostracismo musical que hasta llegó a plantearse que existía una mano negra, ese concepto tan asentado y a veces tan certero dentro del mundo del espectáculo.
Por suerte su popularidad seguía intacta, de manera que el trabajo que no le daba la música se lo proporcionaba la televisión. Es la época en la que participa en series como Hostal Royal Manzanares, a modo de colaboración episódica; y Todos los hombres sois iguales; ésta ya de manera continuada, con un personaje fijo durante una temporada.
También la seguían llamando de algunos debates televisivos y de programas con carácter nostálgico. Su vida (con sus éxitos, su matrimonio y la pérdida de su hija) siempre era interesante como para repasarla una y otra vez. De ahí que su segundo refugio fuese habitualmente la prensa del corazón.
En ocasiones llenaba sus días acompañando a su marido, el actor Pepe Sancho, a los estrenos y rodajes. Él trabajaba incesantemente y vio reconocida su labor en forma de Goya por su interpretación en Carne trémula, de Pedro Almodóvar. Y María al lado, de esposa sonriente, sin ningún proyecto que avanzar y asumiendo con resignación que quizás su momento de gloria había pasado.
En algunas entrevistas reconocía plenamente que su único cometido era cuidar de su casa, su hijo y su esposo; seguramente como les ocurría a otras rumberas de antaño tales como Rosa Morena, Amina o Dolores Vargas.
María no podía imaginar que con el cambio de siglo su suerte cambiaría.
Lichis, el cantante del grupo La cabra mecánica, se encontraba en un bar del madrileño barrio de Lavapiés, intentando evadirse de la última canción que le quedaba por componer de su futuro disco. De pronto, contempló detrás del camarero un poster de una María Jiménez radiante que le valió de inspiración.
Escribió aquello de “Tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces un príncipe, un dentista” y le puso por título La lista de la compra. Tenía claro que María debía cantar aquel estribillo, así que mandó a su representante a que la contactase.
Un mensajero le entregó algunos discos, la maqueta del próximo y una foto del grupo. Se fumó un cigarrillo y en diez minutos ya había finiquitado la canción.
La lista de la compra sonó constantemente en las emisoras de radio, convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del 2001 y haciendo que la artista fuese descubierta por una generación que entonces tenían quince años y desconocían por completo que aquella mujer había sido toda una revolución en los años de la Transición.
Pocos meses después, el productor Gonzalo García Pelayo, con el que había trabajado en su disco de debut 25 años atrás, le propone volver al estudio de grabación para ponerle voz a las letras de Joaquín Sabina. El cantautor jienense había confesado a algunos amigos en común su deseo de escuchar sus temas en boca de Bambino o María Jiménez.
Y se obró el milagro, dando paso a Donde más duele, calificado por la artista como su disco más importante.
María regresó y lo hizo a lo grande. Las canciones hablaban de ella, de su momento personal, de su pasado y su presente. De sus alegrías y sus dolores. La espera de siete años sin grabar un disco había valido la pena.
Aquella Lista de la compra no había sido casualidad, María estaba mejor que nunca y lo celebraba ataviada de pavo real, con unas telas que había descubierto por casualidad en El Corte Inglés de Lisboa, donde quedó fascinada con la seda natural y sus plumas.
Curiosamente tenía la misma edad que Cher cuando ésta regresó con Believe, arrastrando a los más jóvenes a comprar su disco, traspasando generaciones. Por entonces, 52 años en una mujer era prácticamente la jubilación dentro de la industria musical. Y más inconcebible aún lograr escalar a los primeros puestos de las listas de ventas. María lo logró y se hizo fuerte.
Tan fuerte que se vio con fuerzas para separarse de su marido, harta de las infidelidades que aseguraba sospechar.
Se operó las bolsas de los ojos, confesando que su mirada triste había cambiado y ya no había lágrimas en su vida. Se subió a una apisonadora, literalmente, dispuesta a combatir a su nuevo enemigo, la piratería, en una performance en la que destruía discos con la misma facilidad con la que recogía un premio al día siguiente.
Se había hecho tan fuerte que publicó sus memorias, dispuesta a relatar sus años de amargura junto al que había sido su marido. El cruce de acusaciones fue constante, pero eso no le impidió seguir grabando discos en los años posteriores, donde se entregaba al desgarro que siempre la había caracterizado.
No estaba dispuesta a doblegarse ni para hacer promoción, como aquella vez que acudió al sofá de Tómbola y tuvo que abandonar el plató porque no estaba dispuesta a apagar el cigarrillo que estaba fumando. Una vez consumido, minutos después, regresó.
Ella, que venía de dar entrevistas cuando en este país tan sólo había un canal, no estaba por la labor de someterse a los nuevos modales y hasta tuvo su propio programa, Bienaventurados, en la autonómica de Andalucía, donde imprimía su sello canalla con los invitados.
Nos deja la mujer que un día resurgió cual Ave Fénix, con plumas de pavo real.