Antibióticos para Infección de Encías: Tratamiento y Prevención

La infección de encías, también conocida como absceso o flemón, se caracteriza por la acumulación de pus en un área específica de la encía. Esta condición se manifiesta como un abultamiento que supura, y es común en pacientes con problemas periodontales. La boca alberga una gran cantidad de bacterias, algunas beneficiosas y otras perjudiciales. La acumulación de bacterias forma placa dental, que, si no se elimina, se calcifica y se convierte en sarro. Cuando el sarro entra en contacto con una zona donde el tejido está abierto, puede acumularse y causar una infección.

Infección de encías

¿Qué causa la infección de encías?

Se han identificado numerosos factores de riesgo que pueden contribuir a la infección de encías, incluyendo:

  • Susceptibilidad genética
  • Consumo de azúcares refinados
  • Deficiente higiene bucal
  • Traumatismos locales continuados
  • Fracturas y laceraciones (piercings)
  • Malnutrición

La mayoría de las infecciones orofaciales son de origen odontogénico, originándose en las estructuras que forman el diente y el periodonto. Generalmente, son problemas locales autolimitados, pero en ocasiones pueden extenderse a los espacios profundos de la cabeza y el cuello, causar osteomielitis y provocar complicaciones sistémicas.

Síntomas de una infección de encías

En el caso de la infección de encías, el dolor suele estar localizado en uno de los lados de la pieza dental en la que se ha originado la infección, aunque algunas veces se extiende a áreas más amplias. En los casos más graves el dolor puede afectar a otros dientes cercanos, y extenderse hasta el oído. Los mayores problemas auditivos los provocan las infecciones en la zona de las muelas del juicio, que se encuentran a la misma altura que los conductos auditivos.

El dolor de una infección de encías es bastante fuerte, y muchos pacientes tienden a automedicarse para eliminarlo. No obstante, la automedicación no es recomendable.

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Tratamiento de la infección de encías

Primero se trata la propia infección con antibióticos y antiinflamatorios, para reducir la hinchazón y combatir las bacterias. Esa parte es importante porque cualquier otro tratamiento no puede empezar hasta que la zona esté completamente desinfectada y la encía haya vuelto a su tamaño y posición normales. Solo tras desinflamar se puede ver claramente cuál es la raíz del problema.

En caso de que se trate de una infección muy grave y si el absceso es muy grande, no bastará con los antibióticos y antiinflamatorios. En ese caso, lo que se realiza es una pequeña cirugía periodontal que consiste en un corte para drenar el pus acumulado y permitir la limpieza de la zona, tras lo cuál sí se administrarán los antibióticos correspondientes. En general, el objetivo último de estos tratamientos es evitar que la infección afecte al diente mismo, que puede moverse o incluso caerse. Sin embargo, no siempre se llega a tiempo.

Antibióticos y otras opciones de tratamiento

Las infecciones odontógenas generalmente son de origen polimicrobiano a partir de la flora habitual de la cavidad oral y en general solo precisan tratamiento local (antisepsia, drenaje, desbridamiento) combinado con una adecuada analgesia. La antibioterapia debe reservarse para cuando existen signos de propagación de la infección, siendo de elección la amoxicilina.

Las infecciones que requieran tratamiento antibiótico deben ser revaloradas a las 48-72 horas ya que la progresión de la infección en el niño puede ser muy rápida. El objetivo principal de este texto es la infección dentoalveolar (pulpitis, infección periapical, flemón/absceso dental) y la enfermedad periodontal.

Tratamiento antimicrobiano empírico

El uso de antibióticos podría estar indicado en casos de: Gingivitis Ulcerativa Necrotizante (GUN) y gingivitis estreptocócica con afectación sistémica; Periodontitis agresivas y crónicas severas; Absceso periodontal (si hay diseminación local o sistémica) y absceso periapical; Pericoronaritis y Algunas infecciones endodónticas como complemento.

Uno de los antibióticos de elección para la mayoría de las infecciones orales es la amoxicilina, de amplio espectro de acción y perteneciente a la familia de las penicilinas. Suele combinarse con ácido clavulánico para aumentar la eficacia sobre cepas resistentes, ya que un mecanismo de resistencia bacteriana consiste en la producción de beta-lactamasas (que son unas enzimas que inhiben la acción de las penicilinas y otros antibióticos beta-lactámicos) y el ácido clavulánico es un inhibidor de estas enzimas.

En el caso de alergia a la penicilina o a otros antibióticos beta-lactámicos (penicilinas, cefalosporinas, carbapenémicos y monobactámicos), se recomienda usar otros antibióticos alternativos como la azitromicina, el metronidazol o, en último caso, la clindamicina.

En aquellos pacientes en los que el antibiótico no tenga la eficacia esperada es recomendable realizar un antibiograma, para determinar cuál puede ser más beneficioso para el paciente.

A continuación, se presenta una tabla con las opciones de antibióticos y otros tratamientos según la entidad de la infección:

EntidadAntimicrobianos de ElecciónAlternativas AntimicrobianasOtros Tratamientos
GingivitisNo indicado-Cepillado e higiene interproximal correctos, tratamiento tópico con clorhexidina.
PeriodontitisAmoxicilina + MetronidazolCotrimoxazolEnjuagues con clorhexidina, raspado y alisado radicular, cirugía periodontal.
Tratamiento con antibióticos

Prevención de infecciones odontogénicas

La salud bucodental es esencial para la salud general y la calidad de vida. La mayoría de las infecciones odontogénicas pueden prevenirse en gran medida con una buena higiene oral y teniendo en cuenta otros factores.

Higiene dental

La deficiente higiene es el primer factor de riesgo de enfermedad odontológica. Podemos controlar la progresión del biofilm mediante procedimientos mecánicos como el cepillado dental, y mediante procedimientos químicos como el uso de colutorios.

Para ello, una buena rutina de cepillado es crucial: Debes cepillar concienzudamente dientes, encías y lengua con un cepillo suave al menos tres veces al día, tras cada comida. Además, es recomendable realizarse una limpieza dental profesional al menos cada 6 meses, siempre por parte de un especialista cualificado.

Otros factores preventivos

  • Tabaco: Fumar favorece la formación del biofilm y el desarrollo de enfermedad periodontal.
  • Dieta: Evitar sustancias cariogénicas (azúcares) y depósitos interdentales favorecidos con las dietas blandas.
  • Fármacos: Tener en cuenta los medicamentos que producen una disminución en la cantidad y calidad de la saliva, así como los que alteran la mucosa gingival.
  • Malposiciones dentales: Dificultan la correcta higiene.
  • Bruxismo: Provoca un desgaste acelerado del esmalte dental.
  • Embarazo: Los cambios fisiológicos y hormonales contribuyen a padecer gingivitis y periodontitis.
  • Enfermedades sistémicas: Existe evidencia de relación entre algunas enfermedades sistémicas y la periodontitis.

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