A primera vista, la articulación temporomandibular (ATM) y el suelo pélvico parecen estructuras distantes y sin relación. Una está ocupada en masticar y hablar; el otro, en sostener órganos y controlar funciones tan esenciales como la continencia.

El Puente Neuronal: Del Cráneo a la Pelvis (y Viceversa)
Imagina que la mandíbula y el suelo pélvico son dos vecinos que viven en extremos opuestos de un edificio… y que, aun así, se envían mensajes constantemente. La clave está en un "centro de mensajería" muy especial: el núcleo espinal del trigémino.
Este núcleo, que recibe información directa de la ATM, no se queda aislado en su rincón del sistema nervioso; al contrario, comparte datos con zonas del tronco encefálico que también coordinan funciones vitales del suelo pélvico. Entre estos puntos de conexión se encuentran auténticos "centros de control" como la formación reticular, el periaqueductal gray (PAG) y el sistema motor emocional.
Juntos, ejercen su influencia sobre el núcleo de Onuf, una pequeña pero poderosa región de la médula espinal (en S2-S4) que dirige, como un director de orquesta, la contracción voluntaria de los músculos perineales.
Estimular el trigémino -el gran nervio sensorial de la cara- no solo afecta a la boca o la mandíbula, también puede inclinar la balanza del sistema nervioso autónomo, modulando indirectamente el tono del suelo pélvico. Incluso se ha visto en estudios con animales que las señales procedentes de la cabeza y de la pelvis "coinciden" en ciertos segmentos de la médula, como si compartieran un chat privado. Esto abre una puerta apasionante: lo que ocurre en tu mandíbula podría estar influyendo, silenciosamente, en la salud y el rendimiento de tu suelo pélvico.
Esto significa que una tensión mandibular crónica, una mordida desequilibrada o incluso el estrés que descargamos en la mandíbula podrían, en teoría, modificar la forma en que el suelo pélvico responde y se regula.
La comunicación no es solo "de arriba hacia abajo": investigaciones con animales demuestran que estímulos en nervios craneales y pélvicos activan neuronas en zonas medulares comunes.
Cadenas Miofasciales: Autopistas Invisibles
Nuestro cuerpo no está compuesto por partes aisladas, sino por una red continua de tejido fascial y muscular que actúa como una autopista invisible.
- Cadena longitudinal posterior: Conecta el hueso occipital, músculos paravertebrales, fascia toracolumbar y sacro con la musculatura pélvica.
- Cadena visceral o línea anterior profunda: Según Thomas Myers y su libro Anatomy Trains, la Deep Front Line es una cadena fascial profunda que conecta la cavidad bucal y la mandíbula, atraviesa el cuello, rodea el diafragma torácico y baja por el interior del cuerpo hasta llegar al suelo pélvico y los pies functionalsynergy.com.
Esta vía fascial hace que una tensión en la mandíbula -por ejemplo, debido al estrés o el bruxismo- pueda propagarse hacia la pelvis, afectando su función.
La literatura respalda la existencia y relevancia de estas conexiones miofasciales. Las cadenas músculo-fasciales están compuestas por grupos de músculos interconectados a través de fascia profunda, que pueden transmitir tensión de forma continua a lo largo de todo el cuerpo. Estas tensiones no solo se propagan de manera pasiva, sino que pueden responder biomecánicamente y modular su tensión gracias a mecanorreceptores intrafasciales y células miofibroblásticas.
Un ensayo controlado aleatorizado reciente investigó el efecto de una sesión de terapia de tejidos blandos en la región de la ATM sobre la actividad del suelo pélvico. En mujeres jóvenes con dolor miofascial de la ATM, una sesión de 15 minutos de tratamiento redujo significativamente la actividad eléctrica de los músculos del suelo pélvico en reposo, y mejoró la activación durante contracciones de resistencia. Esto sugiere que liberar tensión mandibular facilita la relajación y mejora el rendimiento del suelo pélvico.
FISIOCONSEJO. Tensión en mandíbula | 5 Ejercicios para relajar la mandíbula [7']
Respiración y Diafragmas: Una Unidad Funcional
Podemos imaginar el cuerpo como un edificio de tres plantas, donde cada nivel está sostenido por un "piso" muscular clave: el diafragma bucal, el diafragma torácico y el diafragma pélvico. Estos tres diafragmas no solo comparten la misión de sostener y regular presiones internas, sino que además funcionan como un equipo perfectamente sincronizado… al menos cuando todo va bien.
El diafragma bucal, formado por la base de la lengua, los músculos suprahioideos y parte del suelo de la boca, actúa como una compuerta superior para la vía aérea y digestiva. Justo debajo, el diafragma torácico -nuestro gran músculo respiratorio- regula la entrada y salida de aire y marca el ritmo de las presiones internas cada vez que respiramos. Finalmente, en la planta baja, el diafragma pélvico (el suelo pélvico) es la estructura que sostiene los órganos pélvicos y controla funciones tan esenciales como la continencia y la estabilidad de la pelvis.
Lo fascinante es que estos tres diafragmas están unidos funcionalmente por cadenas musculares, fascias y circuitos nerviosos. Cada vez que inhalamos, el diafragma torácico desciende y, de forma coordinada, el suelo pélvico cede ligeramente hacia abajo para permitir el aumento de presión abdominal. En esa misma fracción de segundo, la base de la lengua y los músculos suprahioideos ajustan su tono para no obstruir el paso de aire.
Pero, ¿qué ocurre si uno de ellos pierde movilidad o coordinación? Por ejemplo, una tensión crónica en la mandíbula puede rigidizar el diafragma bucal. Esto interfiere con la dinámica respiratoria, altera la transmisión de presiones y obliga al suelo pélvico a compensar. El resultado: cambios en el tono, sobrecarga, e incluso aparición de síntomas como incontinencia, dolor pélvico o lumbalgia.
Estudios sobre la sincronización entre diafragma torácico y suelo pélvico muestran que su coordinación es esencial para el control de la presión intraabdominal y la estabilidad lumbopélvica. Cuando esta armonía se rompe, el impacto no es local: es sistémico.
Por eso, cuidar de tu mandíbula no es solo un tema dental… también es, aunque suene sorprendente, una forma indirecta de cuidar tu pelvis.

Postura: El Puente Entre la ATM y el Suelo Pélvico
La postura es el escenario donde todas estas conexiones se expresan. Sabemos que mejorar la alineación postural puede optimizar el rendimiento muscular del suelo pélvico. Y también que las posturas mantenidas en flexión o hiperlordosis pélvica pueden alterar la función y el tono perineal.
La relación entre postura y suelo pélvico está respaldada por múltiples estudios. Los estudios de electromiografía (EMG) han mostrado que mantener una postura erguida sin apoyo provoca un aumento de la actividad basal de los músculos del suelo pélvico en comparación con posturas encorvadas o con apoyo. Por otra parte, la investigación sobre la lordosis lumbar indica que desviaciones extremas de esta curvatura influyen en la presión intraabdominal y en la respuesta muscular del suelo pélvico, lo que puede repercutir en su funcionalidad.
Revisiones sistemáticas respaldan que la posición de pie favorece una mayor movilidad y activación de estos músculos, probablemente gracias a la combinación de la acción de la gravedad y la estimulación propioceptiva. El mecanismo clave radica en que las disfunciones de la ATM pueden inducir posturas compensatorias (como cabeza adelantada o hiperlordosis), que repercuten en la alineación pélvica y en la mecánica del suelo pélvico.
Bruxismo: Un Enemigo Silencioso del Suelo Pélvico
El bruxismo se define como una actividad no funcional o un hábito parafuncional que se caracteriza por un movimiento repetitivo e inconsciente de apriete o rechinamiento dental. Dichos movimientos son causados por el sistema nervioso central y autónomo. Generalmente se encuentran dos manifestaciones circadianas diferentes, pudiendo aparecer durante el día o en el sueño. Esta última es la más frecuente.
En los pacientes bruxistas se suele encontrar con mayor prevalencia puntos gatillos activos de masetero y temporal.
Actualmente, no hay descrito ningún tratamiento para que desaparezca este hábito parafuncional, pero si que existen diversas opciones para controlar los signos y síntomas de la patología mejorando al paciente y evitando que se agrave más.
Desde el punto de vista de la fisioterapia se puede abordar la patología con diferentes tratamientos con los que el paciente encontrará un alivio sintomático. A nivel articular, se pueden realizar movilizaciones accesorias intrínsecas para conseguir una mejora de la movilización global de la articulación. A nivel muscular, es muy recomendable el tratamiento de los puntos gatillos a nivel manual o con punción seca con el objetivo de mejorar el dolor referido hacia los dientes, la rigidez y el dolor del movimiento mandibular y las cefaleas.
A nivel odontológico la opción terapéutica de mayor prevalencia son las férulas de descarga nocturna. Están hechas a través de un molde de la propia dentadura del paciente, por lo que son personales e intransferibles.
¿Cómo Detectar la Relación en tu Cuerpo?
Mientras llegas al final de este artículo, puedes hacer una prueba para sentir la relación entre la mandíbula y la pelvis:
- Primero aprieta los dientes y percibe si en tu suelo pélvico sucede algo.
- Después hazlo al revés, contrae el suelo pélvico y siente si tu mandíbula se tensa.
Ejercicios para Explorar la Conexión
Primero te proponemos que hagas una escucha de tu cuerpo. Qué contacto tienes con el suelo, qué zonas tocan más y qué zonas lo hacen menos o no lo hacen. Siente si tus dientes se tocan entre ellos o si tienes las mandíbulas flojas y liberadas. Nota tu pelvis.
Bien, ahora, abre y cierra tu boca suavemente. Observa hasta dónde puedes abrirla con comodidad. Hazlo varias veces y descansa. A continuación, bascula tu pelvis arriba y abajo. Siente cómo tu zona lumbar contacta y se libera en función de cómo mueves la pelvis y, nuevamente, descansa.
Ahora, haz lo mismo con tu pelvis pero, además, acompaña el movimiento con tu cabeza. Cuando la pelvis se vaya hacia la retroversión, lleva la cabeza hacia atrás. Cuando la pelvis se mueva hacia la anteversión, lleva tu barbilla hacia el pecho.
Por último, abre y cierra tu boca junto al movimiento de la cabeza y la pelvis. En el momento que la pelvis vaya hacia la retroversión, justo cuando la zona lumbar se aplana más en el suelo, abre tu boca. Cuando la pelvis vaya hacia la anteversión, donde la zona lumbar se despega del suelo, cierra tu boca.
¡Te animamos a practicar estos ejercicios y comprobar cómo se adaptan a tu cuerpo!
Tratamiento Integral: Un Enfoque Holístico
Si sufres bruxismo o tienes problemas en la mandíbula, quizá no lo sepas, pero esto puede afectar también a tu suelo pélvico, causando incontinencia, dolor o molestias sexuales. Cuando los tratamientos habituales no funcionan, trabajar de forma conjunta sobre la mandíbula, la postura y la respiración puede marcar una gran diferencia en cómo se activa y funciona tu suelo pélvico.
Por eso, un enfoque que combine fisioterapia, odontología y especialistas en suelo pélvico puede ser la clave para sentirte mejor de manera global, cuidando todo tu cuerpo, no solo una parte aislada. La ciencia respalda que la ATM y el suelo pélvico están interconectados a través de vías neurológicas, miofasciales y posturales.
Cuando acudes a consulta por una patología relacionada con la ATM o con el suelo pélvico, durante la historia clínica tu fisioterapeuta analizará si existe relación entre ambas esferas, para realizar un abordaje integral:
- Fisioterapia de la ATM
- Fisioterapia del suelo pélvico
- Manejo del estrés. El estrés puede ser un factor común que influya tanto en la tensión de la ATM como del suelo pélvico. Es habitual encontrar tanto bruxismo como aumento de tono en el suelo pélvico en pacientes con estrés crónico.
La relación entre la ATM y el suelo pélvico demuestra la complejidad y la interconexión del cuerpo humano. Conocemos que tanto la boca como el suelo pélvico están unidos a través de fascias. El orofaríngeo, diafragma torácico y suelo pélvico son los pilares diafragmáticos mas importantes en los que tienen que ver la gestión de presiones por lo que lógicamente ¡la mandíbula y el suelo pélvico están presentes!