Hace 28 años que se publicó Parque Jurásico, y la franquicia creada por Michael Crichton para la literatura, y Steven Spielberg para la pantalla, todavía sigue viva.
El éxito mundial de Jurassic World impulsó todavía más una carrera ya exitosa y motivó toda una recuperación de sus novelas previas, amén de una riada de nuevas adaptaciones al cine como Acoso (1994) o Congo (1995).
Novela y película se convirtieron en todo un fenómeno social en los 90. Y hay que achacar a Crichton la plasmación de una sólida base científica ideal para vehicular sobre ella un relato aventurero como el que todos conocemos.
Pero su inserción en el contexto capitalista y su constante horizonte de expansión es, sin embargo, la gran herramienta del autor para hacer verosímil el relato, que de ese modo impregna de una apremiante realidad un patrón propio de la ciencia ficción.
De repente estamos en 2014, con el propio estudio Universal Pictures sorprendiéndose de las extraordinarias cifras de taquilla de Jurassic World, una tardía cuarta película a mitad de camino entre el remake y el reboot que se aupó como una de las más taquilleras de la historia, por delante incluso de la primera.
Del parque tecnificado pero artesanal de los noventa, cuya mayor atracción era la jaula del T-Rex, pasamos a una enorme instalación de vanguardia que es el hogar de otras aberraciones genéticas; dinosaurios que mezclan ADN de otras criaturas dispuestos en fila para ser vendidos porque, como dice la nueva protagonista, “los dinos ya no asustan a nadie”.
El viaje interior de la serie solo puede entenderse a través de la figura de un personaje al que Crichton solo le faltó caracterizar con cuernos y rabo.
Una de las modificaciones fundamentales de Spielberg sobre el libro operó sobre el personaje de Hammond, un hambriento y antipático viejo reconvertido, interpretación de Richard Attenborough mediante, en un orondo y simpático abuelo.
Quizá por eso, el de la película merecía sobrevivir, y de hecho se asomaba en la secuela que llegaría tres años después para intentar arreglar su desaguisado.
Ni que decir tiene que Spielberg, primer y único superviviente del nuevo Hollywood que, en los 70, dio el golpe de gracia al cine clásico (empapándose, sin embargo, de él) se vio reflejado en esa figura deífica, la de un feriante idealista y alegre enamorado de su trabajo, tachado de loco por su entorno, considerado el diablo por sus coetáneos pero de una capacidad desbordante.
Muy lejos del taciturno hijo de perra de Crichton, el anciano Santa Claus que repite su “no hemos reparado en gastos” se erige como una versión del propio Spielberg y su imperio Amblin.
Porque la inevitable caída de Hammond, ya sea muerto a mordiscos como en el libro o de viejo como en las películas, anticipaba lo que vendría después, dentro y fuera de la pantalla.
Una vez desaparecido el padre, los hijos van a correr para ocupar su lugar.
El resultado, en todo caso, lo tenemos delante ahora mismo: una América de conglomerados, corporaciones y parques de atracciones concebidos como películas (y películas concebidas como parques de atracciones), eslabones todos ellos de un plan empresarial mayor, ya sea una franquicia cinematográfica o la pura diversificación empresarial.
La figura de Hammond al final se revela como la clave de todo: no solo es el receptáculo donde el autor de la fábula deposita su firma, su idea de sí mismo como artista/empresario.
Obviamente, entre las ambiciones de John Hammond no figuraba la entrada libre para los turistas, sino ganar algo de dinero con su milagro, pero muchas cosas han cambiado desde los 90.
Entre ellas, la conversión del mundo (el mundo jurásico) en todo un parque temático.
Efectivamente, Hollywood ha sido comprado por grandes empresas extranjeras sin nada que ver con el cine (el propio Spielberg ironizó sobre ello en la secuela, El mundo perdido, mostrando a un grupo de japoneses huyendo del T-Rex).
Efectivamente, la clonación ha avanzado hasta el punto de que los científicos anuncian la posibilidad de fabricar clones humanos de aquí a unos años (¿Oyen eso? Crichton ríe desde su tumba).
En la nueva franquicia un conglomerado retoma la actividad allí donde la dejó el idealista empresario, pero se añaden al cóctel ciertos ecos de resonancia actual.
En este sentido, y asumiendo esa línea narrativa impulsada por Hammond, El reino caído escenifica por fin la muerte del entrañable feriante, tanto simbólica (Attenborough falleció en 2014) como real.
Nos referimos a la sufrida por el socio de Hammond, Benjamin Lockwood (James Cromwell), a la sazón sustituto del personaje en la historia, en el que sin duda es el momento más extraño de toda la serie: el millonario “de la vieja escuela” es de facto asesinado en la cama por su virtual sustituto y discípulo, Eli Mills (Rafe Spall), a su modo también una mutación de ADN, esta vez de hipster y ejecutivo agresivo, que camufla sus verdaderos planes bajo una cáscara de decencia animalista y peroratas sobre el interés público.
Un capitalista de incógnito que ni siquiera desea, como sí lo hizo Hammond (fuera el avaro de la novela o el ingenuo de la película) ofrecer un buen espectáculo a cambio de dinero, sino erigirse como la herramienta básica para canalizar el flujo del mismo, capitalizando un largo periodo de crisis y luto: hazte con la empresa, córtala en partes, véndelas al que pague mejor y después repite el proceso con cualquier otro proyecto.
No es que haya mediado el cambio sin transición ninguna.
Ya en la segunda novela y su correspondiente adaptación al cine, El mundo perdido, el empresario Peter Ludlow (Arliss Howard) pergeñaba una expedición para recuperar la fauna y flora ideada por Malcolm y explotarla en el continente.
Sin necesidad de novela alguna por detrás, y un cuarto de siglo después de todo esto, la película de Juan José Bayona insufla un par de nuevos valores al invento.
Olvídense, ahora más que nunca, del guión: el libreto de Colin Trevorrow y Derek Connolly, dividido en dos mitades (¿otro homenaje a Spielberg y su fundacional Tiburón, híbrido fundamental de catástrofe, aventura y horror?) apuesta por la sátira de trazo grueso a la hora de presentar en pantalla la obtención de un provecho económico de los animales, reduciendo el asunto a una vulgar subasta de hombres de negocios (asimilados todos ellos a criminales) y liquidando de un plumazo las posibilidades de reflexión sci-fi verista de Crichton.
Solo en virtud de la prodigiosa puesta en escena del catalán, que funde el filme de aventuras clásicas de su primera mitad (con las convenientes resonancias a la “primera” segunda parte, El mundo perdido) con un clásico horror de la Hammer (tan caro en su estética al cineasta que se estrenó con El orfanato) el filme presenta realmente su apuesta de puro escapismo al espectador a base de recurso escénico.
Consciente de que al fin y al cabo está en una quinta parte, Bayona abraza sin reservas ni rubor la serie B y la fantasía pulp que siempre han estado en el ADN del producto, y se pone a tope con ello con una elegancia que no impugna su falta total de vergüenza.
Desconocemos qué pensaría Crichton de la nueva-vieja franquicia.
Pero el sueño de John Hammond sigue vivo, y convertido en pesadilla.
No para nosotros, espectadores, que disfrutamos con una fantasía cada vez más descabellada en la superficie, pero igual de real en el fondo.
Siempre hemos sido unos entusiastas de los videojuegos de Lego desarrollados por TT. La fórmula que ha elegido y adoptado este estudio durante casi diez años ha demostrado ser increíblemente exitosa, sin importar las películas en las que se basasen, ya fueran Star Wars, Indiana Jones o Harry Potter.
Así, después del éxito cosechado con Lego El Señor de los Anillos y Lego El Hobbit (este último se publicó cuando salió la segunda película de la trilogía), TT se ha centrado en la parrilla de películas (sin olvidar la suya propia con La Lego Película: El Videojuego) y está creando un título para la próxima Jurassic World.
Cuatro películas, cinco niveles por cada una y dos áreas centrales enormes basadas en dos islas icónicas (ninguna es San Diego).
Aunque lo poco que jugamos (cuatro breves secciones basadas en las dos primeras películas, más que nada porque los niveles de la cuarta son naturalmente secretos) no es demasiado innovador que digamos, la verdad es que satisfizo un poco el apetito que sentimos por el título al completo.
Al usar una fórmula que ya está bastante gastada (por no decir gastada del todo...), el nuevo título de aventura y dinosaurios de TT Games hereda las mecánicas de los juegos anteriores y solo cambia unos cuantos aspectos, ¡aunque son aspectos del tamaño de un dinosaurio!
En este título, podréis controlar a las extintas bestias, así como combinar partes para formar nuevos superdinos (así los llamamos) para jugar en las zonas centrales, porque el animal que hayáis creado tendrá los rasgos y habilidades de su raza (por ejemplo, si le ponéis una cabeza de Triceratops, el bicho podrá cargar hacia dónde queráis).
La plantilla de dinosaurios controlables asciende a veinte, dinosaurio arriba, dinosaurio abajo, y puesto que el titulo emula los sucesos de las películas, podéis adivinar fácilmente a cuál de ellos controlaréis.
Es decir que cuando aparezca la secuencia de la primera película en la que el Dr. Sattler está estudiando las esporas y una vez hayáis sanado a la criatura en el juego, podréis controlarla, usando su tamaño y sus poderosos cuernos para abriros paso hacia nuevas áreas dentro del mismo nivel.

Además de la exploración, en la que los jugadores podrán rebuscar en cada lugar del juego para recolectar las piezas de Lego y el resto de coleccionables (concretamente, se pueden recoger algunos huesos de dinosaurio, que os permitirán construir esqueletos de algunos especímenes prehistóricos), el sistema de juego trata de resolver puzles sencillos, gracias a las habilidades individuales de cada personaje (para un total de 100 personajes).
Sin embargo, estamos todos de acuerdo en que uno de los mejores aspectos de los títulos de Lego es el 'fan service'.
Durante nuestra partida en San Francisco, tuvimos la oportunidad de recrear la famosa secuencia del T-Rex de la primera película, dirigida por Steven Spielberg, en la que (mezclada con secuencias bajo guión) teníamos que resolver puzles y, entonces, escapar de la furia de la inmensa criatura; y todo eso, obviamente, con el estilo y la parodia irreverente a la que la franquicia nos tiene acostumbrados.
Por ejemplo, en la secuencia en la que el T-Rex se come al abogado Donald Gennaro, Gennaro se dedica a sacarle brillo a los dientes de la criatura con un cepillo mientras esta se lo come.
En cuanto a la historia, Lego Jurassic World se basa en las cuatro películas en orden cronológico y termina con la última película que saldrá este verano.
Aunque la idea de revivir la película original de 1993 nos fascina y nos emociona a partes iguales, no estamos tan seguros de que las otras dos continuaciones más chapuceras (El Mundo Perdido y Parque Jurásico 3) puedan proporcionar tantos momentos memorables.
En la demo que probamos, pudimos jugar una breve secuencia de El Mundo Perdido en la que teníamos que saltar de tejado en tejado para evitar los ataques de los velocirraptores dentro del pueblo, pero era bastante simple y los QTE (Quick Time Events) para esquivar a las criaturas no nos emocionaron tanto como nos habíamos esperado.
Aunque no es una revolución en términos de innovación, el nuevo Lego Jurassic World nos ha dejado con intriga y apetito.
¡El Escape de Indominus! | LEGO JURASSIC WORLD
Estuche Bucal Infantil Jurassic World
Estuche bucal infantil Jurassic World que contiene pasta dentrífica 75ml., cepillo dental y vaso.Crema dentífrica infantil Jurassic World. Fabricada en Italia por Mr White Junior.
Pasta dentífrica para los pequeños de la casa.
Encantará a niñas y niños, con diseño de Jurassic World.
Tiene sabor a menta suave y deja un delicado frescor.
Ayuda a cuidar los dientes, las encías y previene de las caries.
Gracias a su diseño de los dinosaurios de Jurassic World, querrán lavarse los dientes todos los días y ayudará a crear una buena rutina de higiene.

Características del Cepillo Dental
ACCIÓN Y DESCRIPCIÓN Cabezal pequeño y redondeado con cerdas ultrasuaves.
Las cerdas rojas indican la cantidad de pasta de dientes recomendada.
Protector de seguridad que ayuda a mantener el cepillo a una distancia segura del fondo de la boca del bebé.
Mango ergonómico y antideslizante. Permite un cepillado indipendiente.

Modo de Empleo y Conservación
MODO DE EMPLEO: Se recomienda lavarse los dientes después de las comidas y antes de acostarse.
CONSERVACIÓN Y CADUCIDAD Lave el cepillo regularmente y entre cada uso con agua tibia.
Examine el cepillo de dientes antes y después de cada uso y deséchelo si está desgastado o estropeado.
No lo esterilice con agua hirviendo, vapor o en el microondas.
No lo introduzca en el lavavajillas.
Si necesita más información sobre este producto, o cualquier otro de nuestra amplia gama, no dude en contactarnos al 69938330.