El ajo, cuyo nombre científico es Allium sativum, es una planta perteneciente a la familia de las liliáceas, al igual que la cebolla y el puerro. Esta especie proviene del continente asiático y de esta planta se usa como alimento el bulbo que crece en su raíz, el cual está dividido en gajos o dientes.

Origen y variedades del ajo
Las propiedades saludables del ajo como condimento y medicamento ya eran bien conocidas por los antiguos egipcios, hebreos, griegos y romanos. Según los historiadores, el ajo procede de los países del centro de Asia -en concreto del Allium longicuspic, una variedad de ajo endémica de Asia central-, desde donde se propagó al área mediterránea y, de ahí, al resto del mundo. Hay evidencias de que el ajo ya se consumía en Egipto hace 5.000 años.
Los comerciantes europeos facilitaron la distribución de modo que el ajo se convirtió en un vegetal básico en todo el mundo para condimentar muchos alimentos. A finales del siglo XIX, los españoles introdujeron el ajo en el continente americano.
En los países del bajo Mediterráneo se le conocía por el nombre latino de "alium", palabra de origen céltico que significa ardiente. Este término derivó en la denominación actual en la mayoría de las lenguas latinas. En la Edad Media, el ajo es elogiado como remedio eficaz de numerosas enfermedades.
Los principales países productores de ajos en el año 2013 fueron China, India, República de Corea, Egipto, Rusia y España. En cuanto a Europa, algunas de las zonas donde se cultiva el ajo son: España, Rumania, Francia e Italia.
En España, se pueden destacar las provincias de Albacete, Cuenca, Córdoba y Ciudad Real.
Tipos de ajo según su cubierta
En los comercios se pueden distinguir dos grupos de ajos identificados por el color de su cubierta:
- Ajo blanco o común: rústico, resistente y carnoso, de mayor tamaño que el ajo morado, de buena productividad y conservación. Suele consumirse seco y se caracteriza por su marcado sabor y aroma persistente. Es la variedad que prevalece en todos los países.
- Ajo rosado o morado: el color de su cubierta le da el nombre. No se conservan muy bien. Son más precoces que los blancos. A pesar del ajo morado, el envoltorio es blanco, pero la camisa de cada diente es morada.
- Ajo violeta: este ajo, mal llamado morado en ocasiones, presenta un envoltorio violáceo rayados y sus dientes también tienen una camisa a rayas blancas y violetas y su nombre es Spring Violeta.
Ajete o ajo tierno es la planta joven que puede encontrarse a finales del invierno y principio de la primavera y se utiliza mucho para elaborar tortillas y revueltos.

Época de maduración
Según su época de maduración, se pueden encontrar ajos tempranos, conocidos como ajetes o ajos tiernos, y tardíos.
Los ajos que se plantan a finales de otoño o principios de invierno se recolectan a los ocho meses, es decir, en los meses de verano. Los ajos plantados en primavera tan sólo requieren cuatro meses o cuatro meses y medio para su recolección. Esto permite la presencia de ajos en los mercados durante todo el año, gracias también a la gran resistencia del fruto, que se conserva en perfecto estado durante días una vez secado y conservado en sitio fresco.
Características del ajo
- Forma: es una raíz bulbosa redondeada, llamada comúnmente "cabeza de ajo", compuesta por entre doce o quince bulbillos o "dientes de ajo" envueltos en varias capas finas.
- Tamaño y peso: los dientes de ajo son pequeños y suelen pesar menos de 10 gramos.
- Color: los bulbillos son de color blanco o amarillento cuando se retira la película muy delgada, blanca o grisácea, a veces con marcas rojizas, que los envuelve.
- Sabor: Aroma marcado y ordinario, perceptible a varios metros de distancia, y fuerte sabor acre, sobre todo si se consume crudo.
Cómo elegir y conservar los ajos
Los ajos de mayor calidad son los que mantienen las cabezas firmes, sin brotes o retoños verdes y con una envoltura seca. Conviene escoger las cabezas pequeñas, compactas y pesadas, y rechazar los ajos amarillentos y huecos, ya que es indicio de que están envejecidos.
Los ajos blancos se conservan menos tiempo que los de color, que por lo general pueden almacenarse hasta un año. Deben guardarse en un lugar fresco, seco y con ventilación, para evitar que se enmohezcan y comiencen a germinar. Conviene conservar si es posible la trenza o ristra para que no se reblandezcan.
Si se opta por separar los dientes, se pueden conservar los ajos sin pelar en un bote con agujeros o pelados en un bote de cristal en el frigorífico y cubiertos de aceite, que además de conservarlos bien, aromatiza el aceite que se puede usar para aliñar diversos platos. Aunque resulte extraño, también se pueden congelar los dientes pelados, cerca de dos meses, aunque pierden sus propiedades culinarias.
Propiedades nutritivas del ajo
Si se revisa el análisis bromatológico de los ajos, es sorprendente su elevado aporte energético, gracias a su riqueza en proteínas e hidratos de carbono, en comparación con el resto de verduras y hortalizas. No obstante, la cantidad que se consume de ajos en cada plato no es equivalente a la de otras verduras. Por ello, el aporte nutritivo y energético de esta hortaliza es irrelevante.
Todo esto a pesar de su riqueza mineral sobre todo de potasio, yodo y fósforo y vitamínica, en la que destaca el contenido de vitaminas del grupo B, como la B1, B3, B6 y con cantidades discretas de vitamina C.
El potasio, es un mineral necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular normal, interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la célula. El yodo es indispensable para el buen funcionamiento de la glándula tiroidea, que regula el metabolismo.
El fósforo ayuda a la correcta mineralización en huesos y dientes. Forma parte de todas las células y es constituyente del material genético. Además, es necesario para la activación de muchos enzimas y vitaminas del grupo B.
La vitamina B1 ayuda a convertir los alimentos ingeridos en energía y es importante para el crecimiento, desarrollo y funcionamiento de las células del organismo. La vitamina B3 o niacina interviene en distintas fases del metabolismo y aprovechamiento de los hidratos de carbono, ácidos grasos y aminoácidos entre otras sustancias.
La vitamina B6 es esencial para que funcionen bien las enzimas (proteínas que regulan los procesos químicos del cuerpo). También influye en el desarrollo cerebral durante el embarazo y la infancia, al igual que el sistema inmunitario.
La vitamina C, interviene en la formación de colágeno, huesos y dientes, glóbulos rojos y favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones.
Componentes azufrados y alicina
En realidad, las propiedades salutíferas del ajo se deben a unos componentes de naturaleza azufrada (compuestos sufurados) presentes en su composición. El principal precursor del aroma del ajo es la aliina, un compuesto volátil inactivo e inodoro.
Cuando se tritura o se corta el ajo, la aliina se transforma en alicina, compuesto determinante del característico olor de los ajos. El ajo además de contener los nutrientes descritos anteriormente, también posee alicina, manganeso, selenio y antioxidantes.
Consumir ajo regularmente ayuda a la dilatación de los vasos sanguíneos. Agregar ajo a las comidas resulta beneficioso para combatir infecciones, hongos y virus. El ajo contiene componentes que ayudan a cuidar los huesos como el calcio y el selenio.
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Composición por 100 gramos de porción comestible
A continuación, se presenta una tabla con la composición nutricional del ajo por cada 100 gramos:
| Componente | Cantidad |
|---|---|
| Energía (Kcal) | 117 |
| Agua (ml) | 70,4 |
| Hidratos carbono (g) | 24,3 |
| Fibra (g) | 1,2 |
| Potasio (mg) | 446 |
| Proteínas (g) | 3,93 |
| Magnesio (mg) | 24,1 |
| Yodo (mcg) | 4,7 |
| Fósforo (mg) | 134 |
| Vitamina B1 (mcg) | 0,16 |
| Vitamina B3 (mcg) | - |
Usos terapéuticos del ajo
Las propiedades beneficiosas del ajo se deben principalmente a ciertos componentes azufrados (en mayor proporción la aliina, sustancia que cuando el ajo se pica, trocea o machaca, se transforma en alicina, dando el característico olor). El ajo contiene una elevada cantidad de azúcares reducidos y fructosanos y aceites esenciales.
Algunos de ellos se describen seguidamente:
- Enfermedades cardiovasculares: debido a su capacidad para dilatar o ensanchar los vasos capilares, que son los más estrechos, y ayudar así a la sangre a fluir en procesos de hipertensión arterial.
- Reducción del colesterol: puede resultar útil en procesos de colesterol alto o hipertrigliceridemia.
- Aumentar la expectoración: se puede usar, conjuntamente con los líquidos, como un buen expectorante en procesos catarrales, gripales o alérgicos, mejorando notablemente la sintomatología más molesta como la congestión.
- Potente desinfectante: frente a algunos de los microorganismos que más intoxicaciones alimentarias causan, como el Campylobacter.
- Diurético: el ajo, como la mayoría de los alimentos ricos en agua y en potasio, constituye un eficaz diurético, ayudando a prevenir la acumulación de líquidos.
- Anticoagulante: la alicina reduce la capacidad de coagular de la sangre, por lo que es útil en personas que posean cierta tendencia a la formación de trombos sanguíneos.
- Antihelmíntico: especialmente sobre los oxiuros (gusanos redondos, blancos y pequeños que infestan sobre todo a los niños).
El ajo crudo es como mayor efecto posee. Si nos encontramos ante un preparado de ajo al que se le ha eliminado su olor, podemos desconfiar del contenido de alicina del mismo y, por tanto, de su potencial real.
Uso culinario del ajo
El ajo quizás sea el alimento más polivalente a la hora de cocinar pues se usa indistintamente en muchos preparados como condimento en pastas, patatas, sofritos, pisto, carnes y pescados a la parrilla, ensaladas, ...
Para evitar el gusto fuerte y que repita su sabor durante horas después de su consumo se puede abrir el diente de ajo por la mitad y quitarle el tallito verdoso que tiene en su interior. Para atenuar su sabor podemos poner los dientes de ajo en remojo durante una hora antes de la cocción y luego utilizarlos de una forma natural.
Para atenuar el sabor del ajo podemos ponerlo en remojo durante una hora antes de su uso.
Para macerar previamente con ajo la carne (lomo de cerdo, pollo...) para los asados, cortaremos los dientes de forma puntiaguda y los clavaremos en la carne que queramos asar. Los dientes de ajo se pueden picar, trocear, laminar o triturar totalmente. La forma dependerá del uso que se les vaya a dar.
Para freír los ajos debemos evitar la cocción a fuego fuerte para que no se tuesten y para que, de esta manera, no sepa a amargo el aceite donde hemos frito el ajo. Por otro lado, cuanto más tiempo se cocinen más perderán el sabor fuerte que les caracteriza, sobre todo los guisados largos y cocciones de legumbres.
De todas maneras, debemos tener cuidado en su utilización porque nos puede matar el sabor del plato principal.
Recetas sencillas con ajo
Utilizar el ajo en cocina es muy sencillo y todo va a depender del tipo de receta que queramos preparar. En circunstancias normales, el ajo siempre va a formar parte de un fondo o sofrito con un poco de cebolla, pimiento o puerro.
Le va bien a cualquier tipo de plato para aumentar el sabor, desde arroces a pastas, pasando por sopas, guisos o estofados. Por contra, le va bien a productos de la huerta más rotundos como las crucíferas, pero también es un buen aliado de las vinagretas en las ensaladas.
- Champiñones al ajillo
- Gambas al ajillo
- Sopa de ajo
- Ajoblanco
- Mazamorra
- Merluza a la gallega
- Bacalao ajoarriero
- Ajo caliente
- Filete de ternera en salsa y al ajillo

Otros usos del ajo
- Eliminador de pulgones e insectos en general: Para el preparado del extracto de ajo, hay que lavar, secar, pesar y picar en trozos pequeños 150 grs. de ajos. A la par, se disuelven 100 grs. de jabón de taco en 10 litros de agua. Se mezcla todo bien y se filtra. Se aplica en caso de ataque, sobre las plantas o al pie de la planta, sin diluir.
- Como inhibidor del crecimiento fungoso (enfermedades criptogámicas): se ha comprobado que el extracto de ajo combate las siguientes especies de hongos: Penicillium italicum, Aspergilus flavus, Fusarium sp., Rhizoctonia solani, Alternaria sp., Colletotrichum sp., Pythium sp., etc. Para ello cogemos 50 gr de ajos triturados y los ponemos en 1 litro de agua. Luego se filtra y se añade otro medio litro de agua. Se pulveriza sobre las plantas durante 3 días seguidos.
Dosificación del ajo
- Jugo: 10-30 gotas por dosis.
- Extracto seco: se puede incluir en forma de supositorios a dosis de 100 a 250 mg por unidad.
- Tintura: se puede emplear en la prevención de accidentes cardiovasculares. Se toman de 0,3 a 1 g diario.
- Tintura madre: de 40 a 50 gotas, tres veces al día.
- Aceite esencial: es más útil en las enfermedades infecciosas pulmonares o intestinales. La dosis es de 10 a 20 gotas, tres veces al día.
- Nebulizado: 50-100 mg, tres veces al día.
- Vía externa: pomada antiséptica compuesta a partes iguales de vaselina y jugo de ajo.
- Jarabe de ajos: zumo de ajo, 20 cc; sacarosa, 80 gr; ácido acético diluido, 20 cc. Se tomarán de 2 a 8 cc cada vez.
- Jarabe de ajos: se ponen 400 g de ajos finamente machacados en una botella de cuello ancho y se añade igual cantidad de vinagre y agua hasta cubrirlos. Se cierra herméticamente y se agita. Se deja macerar durante cuatro días agitando vigorosamente de una a tres veces diarias. Al cuarto día, se incorpora una cuarta parte de glicerina y se deja reposar otro día. Finalmente se filtra bajo presión a través de un paño de lino y se añaden 250 g de miel pura.
Gracias a su potente sabor este ayuda a poder reducir de la cantidad de sal agregada a los alimentos.
El ajo resulta seguro para la salud cuando se consume de forma adecuada.
No es recomendable el consumo de ajo en personas que sufren hemorragias.
Lo mejor de este condimento es que puede añadirse en diversas comidas.