El comercio de partes del cuerpo humano siempre ha existido en las sombras, y los dientes no son una excepción. A lo largo de la historia, la demanda de dientes humanos para prótesis ha alimentado un mercado negro macabro, con orígenes sorprendentes y consecuencias inquietantes.

La Batalla de Waterloo generó una gran cantidad de dientes para el mercado negro.
Los Dientes de Waterloo: Un Nuevo Comienzo
Cien días después de su fuga de la isla de Elba, un Napoleón ávido de gloria y enfermo de cistitis vivió su peor noche. Después de 20 años de poner Europa patas arriba, con su Ejército del Norte se enfrentó durante cuatro días, en el campo de Waterloo, a la maquinaria de guerra combinada de Prusia, Inglaterra y Holanda. La jornada del 18 de junio de 1815 había empezado con 67.661 soldados aliados de espaldas al bosque de Soignes y 73.170 franceses haciéndoles frente del otro lado de la carretera empedrada de Bruselas a Charleroi. A las 10 de la noche la batalla había terminado. Los franceses fueron derrotados y en un paisaje de silencio, barro y desolación, hasta donde alcanzaba la vista, los cuerpos de alrededor de 50.000 hombres yacían muertos o heridos.
En la penumbra, figuras sombrías deambulaban entre los caídos, no despreciaban ningún objeto de valor hurgando en uniformes maltrechos; pero lo que buscaban sobre todo aquellos carroñeros eran incisivos en buen estado. La inesperada fuga de Napoleón de su exilio en Elba obligó a sus enemigos a organizar la Séptima Coalición contra el corso, lo retaron en Waterloo y la masacre dio de sí para abastecer a los dentistas de toda Europa y del otro lado del Atlántico. Tras la batalla, los dientes de los soldados muertos se convirtieron en un bien preciado, dando origen a lo que se conoció como "dientes de Waterloo".
Esto valen tus órganos en el mercado negro
Tanta fue la inundación del mercado que, con independencia de su verdadero origen, los dientes de segunda boca adquirieron un nuevo nombre: dientes de Waterloo. Era un marchamo de calidad.
En 1819, el apóstol estadounidense de la higiene bucal Levi Spear Parmly, que entre otras cosas inventó el hilo de seda dental, almacenaba miles de dientes extraídos de cuerpos de todas las edades caídos en la batalla entre las flores de la primavera. Los habían arrancado a soldados muertos en la flor de la vida. Los saqueadores siguieron trabajando duro en las guerras de Crimea y de Secesión americana y mantuvieron el suministro de los que, medio siglo después, los catálogos dentales seguían anunciando como dientes de Waterloo. La acuñación tenía tirón comercial.
El Valor de una Sonrisa: Demanda y Oferta en el Siglo XIX
Había demanda entre los ricos que tenían poca dentadura pero mucho que masticar, una demanda solvente que estaba dispuesta a aflojar la bolsa por una prótesis dental cuya oferta se multiplicó tras la escabechina de Waterloo. Mejor tener los dientes de un joven saludable muerto por bala de cañón o tajo de sable, que los arrancados de las fauces de un ahorcado, de un fiambre de la morgue o los que suministraban los profanadores que, a tumba abierta, con alicates y nocturnidad, los arrancaban a muertos putrefactos.
Astley Cooper, el cirujano más famoso de Londres a principios del XIX, mantuvo como dealer exclusivo a una banda de resurreccionistas. En La vida de Astley Cooper cuenta su sobrino Bransby Cooper que aquellos bodysnatchers no siempre se tomaban la molestia de saquear el cuerpo entero, a veces se conformaban con las mandíbulas, que ofrecían ganancia suficiente para compensar la molestia y el riesgo propios de su oficio. Los dentistas de Londres, business as usual, apoquinaban sin preguntar.
Las potencias europeas fletaban en sus colonias ultramarinas cargos de azúcar de caña, una commodity que extendió la caries entre los europeos acomodados y sobrecalentó el negocio de las prótesis dentales. Las primeras tenían una base de madera, porcelana o marfil en la que se incrustaban dientes de animales, de reos patibularios o del producto de la rapiña de los profanadores de tumbas. Estéticamente tenían un pasar, funcionalmente dejaban tanto que desear que incluso se quitaban a la hora de comer. Desde 1774 existían dientes de porcelana, pero eran productos low cost dados a los desconchones.
La mejor alternativa a un diente humano era otro diente humano, normalmente insertado en una prótesis de marfil de morsa o elefante. El desdentado tenía los carrillos hundidos, hablaba con dificultad y se veía prematuramente viejo. George Washington, por ejemplo, tenía una dentadura tan desgalichada que se hizo extraer todas las piezas para apañárselas con dentaduras postizas. Alguna se conserva en el National Museum of Dentistry de Baltimore, por eso sabemos que eran de buena factura y estaban fabricadas con oro, marfil de hipopótamo, plomo, dientes de caballo y de asno, por no hablar de dientes humanos que podían comprarse en el mercado negro, extraídos de gente pobre siempre que no fueran esclavos negros. Washington se descostillaba de risa con los chistes verdes, pero nunca sonríe en ninguno sus retratos múltiples.
En la buena sociedad el desdentado tendía a mantener la boca cerrada. En las piezas talladas en hueso o marfil la falta de esmalte generaba un sabor podrido en la boca y aliento apestoso. Las dentaduras postizas de dientes humanos eran mejores, resistían el desgaste y mantenían su color, pero duraban lo que duraban. Por eso los dentistas pagaban bien a sus proveedores.
En 1783, uno de ellos ofrecía en el Independent New York Gazette dos guineas por cada incisivo en buen estado. Por entonces, Paul Jullion, establecido en la londinense Gerrard Street, cobraba media guinea por un diente artificial y cuatro veces más por uno humano. Una hilera de dientes genuinos costaba más de 30 libras, una pasta gansa que persuadía a los desesperados a desprenderse de una buena dentadura. A los muertos no había que persuadirlos. Para el paciente exigente, las piezas procedentes del campo de batalla eran un must. Pero no siempre había oferta en el mercado.
El Mercado Negro Moderno: Implantes Falsificados y Riesgos Sanitarios
Hoy en día, el mercado negro de productos sanitarios ha evolucionado, pero no ha desaparecido. Cocaína, hachís, fusiles de asalto ‘kalashnikov’, productos dopantes como nandrolona, potenciadores sexuales, pasaportes falsificados… Todos esos artículos ilegales y más pueden adquirirse con facilidad en la conocida como ‘dark web’ sin dejar rastro. También se ofertan en esa red oscura productos sanitarios implantables comercializados al margen de las estrictas leyes que regulan su mercado en España y en Europa: jeringas para inyectar insulina, prótesis mamarias o de cadera, catéteres y un largo etcétera de dispositivos médicos. Pagas con bitcoins o transferencia bancaria y listo.
Más difícil de entender resulta que esos productos sanitarios falsificados o que no tienen licencia para ser usados en España se vendan en portales como eBay, Wallapop o Alibaba. Porque eso sucede también. Tampoco cualquiera puede ofertar implantes y productos sanitarios sin la autorización pertinente otorgada por Sanidad y las comunidades autónomas. ¿Se hace? Se hace. Y no solo material nuevo, sino también de segunda mano como bombas de insulina, prótesis de mama o de cadera.

Prótesis de mama Lifesil vendida en Wallapop.
‘Crissti’ es el pseudónimo de una joven que vende por internet un par de prótesis mamarias de segunda mano. Sí, de segundo uso. Le realizaron una primera operación de aumento de pechos. Pero aún se las veía pequeñas. Entonces acudió a una clínica de Zaragoza para alcanzar su sueño. Según cuenta ‘Crissti’, allí le extrajeron las prótesis de silicona de la primera intervención y le implantaron unas más turgentes. Las viejas las "esterilizaron" -dice la paciente- en el mismo centro sanitario y las metieron en un envoltorio de prótesis mamarias de la empresa brasileña Lifesil, con sede en la ciudad sureña de Curitiba. Ahora ‘Crissti’ las vende en Wallapop a cambio de 500 euros. Según esta joven, al despertarse de la anestesia tenía las prótesis sobre la cama "ya esterilizadas".
Para los agentes de la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil no es una sorpresa el caso de ‘Crissti’. De hecho, cualquiera puede encontrar más usuarias de Wallapop y otros portales que ofrecen este tipo de prótesis de silicona para aumentar el tamaño de los senos. “Hemos identificado a médicos que reutilizan prótesis mamarias”, asegura uno de los oficiales jefe del Instituto Armado.
En respuesta al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y a 58 medios asociados de 36 países en el trabajo periodístico The Implant Files, El Confidencial y laSexta en España, la Comisión Europea señaló que la nueva regulación, en su artículo 6, establece que “un producto sanitario ofrecido a través de servicios de la sociedad de la información” (internet) debe cumplir con toda la normativa vigente. En primer lugar, Lifesil no tiene el certificado CE que le autorizaría a exportar sus prótesis mamarias de silicona a España. La empresa brasileña confirmó a este medio que no vende prótesis mamarias en Europa porque no tiene licencia para hacerlo.
Más aún, como explica el experto en legislación sanitaria Arturo Molina, “constituye una ilegalidad por parte del hospital porque los procesos de esterilización son muy complejos y deben hacerlo los fabricantes del producto para que en el caso de reimplantación no se produzcan infecciones que pueden llegar a ser muy graves”. Añade este consultor que “vender implantes online sin autorización es ilícito porque las prótesis mamarias son de uso profesional, no se trata de una venda o una tirita”. Fuentes del centro hospitalario quieren dejar claro que "el equipo de cirujanos plásticos no trabaja ni ha trabajado con la marca Lifesil". Asimismo, niegan que hayan estirilizado en sus instalaciones prótesis de mama de segundo uso. Los cirujanos se llevaron las manos a la cabeza por este posible hecho irregular.
Un portavoz de la patronal de empresas de tecnología sanitaria, Fenin, informa a este diario que en toda venta, ya sea online o física, “deben observarse todas las limitaciones y garantías sanitarias que se establecen para la distribución, custodia y conservación con el objetivo del correcto mantenimiento” de las prótesis e implantes. En este sentido, el consultor Arturo Molina subraya que “no es necesario que el vendedor tenga un almacén, pero sí debe garantizar su correcta conservación”. Agrega este experto que ya constituye un delito grave que esas prótesis sin certificado CE “no hayan pasado por ventanilla en Aduanas y el exportador haya cambiado el código de importación en España”.
El Ministerio de Sanidad señala que "no tiene constancia de la existencia de este mercado negro en España". Añade: "En nuestro país, se realizan controles sistemáticos en frontera de los productos que proceden de países que no están en la Unión Europea en los que se verifica que los productos cumplen con la legislación de productos sanitarios".
Implicaciones y Riesgos
Toda industria rentable genera un mercado negro. Como demuestra el caso de las prótesis mamarias ilegales narrado, España y Europa son permeables a implantes sanitarios que no cuentan con la certificación oficial, a productos que han sido copiados y falsificados cual bolsos de Louis Vuitton en China y son también porosos a la reutilización de dispositivos de segunda mano que se comercializan en un mercado paralelo ilícito. Esta situación pone en grave peligro la salud de los ciudadanos.

Centro de mando en Interpol de la Operación Pangea XI.
Esa piratería de productos sanitarios, además de constituir un delito contra la salud de las personas, plantea un fraude a las arcas públicas. En ese ámbito del delito tributario, los investigadores policiales alertan a este diario de que también hay doctores sin escrúpulos que reciben productos implantables de las multinacionales en maletines y que ellos utilizan en cirugías fuera del control tributario e, incluso, al margen del conocimiento de la dirección de los hospitales y clínicas donde operan. Los pacientes ingresan el dinero directamente en las cuentas bancarias de los cirujanos.
Existen además vendedores sin escrúpulos que siguen ofertando productos sanitarios ya retirados del mercado por las autoridades por su peligrosidad. Las aproximadamente 1.000 pacientes españolas que están esperando la extracción del Essure de Bayer no se sentirán muy contentas al saber que ese anticonceptivo aún se sigue vendiendo, por ejemplo, en el portal especializado DotMed a cambio de 50 dólares (unos 44 euros). El Essure es un dispositivo intrauterino en forma de muelle que evita la fecundación y que ha provocado multitud de lesiones y problemas de salud a decenas de miles de mujeres en todo el mundo. Ya ha sido retirado del mercado en Estados Unidos y Europa.
La investigación The Implant Files revela que el mal funcionamiento de los productos sanitarios implantables ha causado aproximadamente 83.000 muertes y 1,7 millones de personas ha sufrido lesiones de diferente gravedad entre 2008 y 2017 en todo el mundo. El hecho llamativo es que esos fallecimientos y lesiones fueron provocados por materiales sanitarios autorizados por instituciones públicas. ¿Cuáles son los números de pacientes afectados por productos sin licencia? Nadie sabe.
“Intentan copiar los dispositivos médicos con la mejor calidad posible, por esa razón si un producto lleva la certificación CE impresa en su etiqueta no significa que sea un producto lícito”, explica Chris Vansteenkiste, jefe de la Unidad de Delitos contra la Propiedad Intelectual de Europol. “En China tenemos un problema grave con la fabricación fraudulenta de bombas de insulina porque las copias son de inferior calidad a las originales de las multinacionales. Hemos detectado bombas de insulina que administran una cantidad errónea de insulina, a veces la mitad de la necesaria, lo que puede causar que el enfermo entre en coma”.
Tanto Europol como la Guardia Civil y cuerpos policiales y de aduanas de más 100 países participan cada año en la Operación Pangea. Coordinada por Interpol, se trata de una investigación concentrada únicamente en una semana para localizar medicamentos y dispositivos sanitarios falsificados y de baja calidad vendidos en el mercado negro. Año tras año se bate el récord de delincuentes detenidos y de toneladas confiscadas. Comenzó en 2008.
En la Operación Pangea XI, llevada a cabo en la segunda semana de octubre pasado, incautaron más de 500 toneladas de productos ilícitos y arrestaron a 859 personas en todo el mundo. Entre las mercancías decomisadas había multitud de medicamentos: potenciadores de erección, medicinas para tratar el VIH o la diabetes o antiinflamatorios. Pero también se requisaron 110.000 productos sanitarios implantables, como bombas de insulina, jeringuillas, lentes de contacto, audífonos o instrumentos quirúrgicos de todo tipo.
En comunicación con los oficiales de Interpol que dirigen la Operación Pangea, cuentan a El Confidencial que "el desarrollo de plataformas digitales para vender estos productos ha hecho más fácil para los delincuentes poner en el mercado mercancías ilícitas que sorprenden a los consumidores por su desconocimiento en la materia". Añaden que hay una tendencia en los consumidores por automedicarse al tener acceso fácil a los dispositivos, de forma más económica y subestimando la opinión de los médicos especializados. "De esa tendencia, se aprovechan las organizaciones criminales para suministrar productos de baja calidad, falsificados y potencialmente peligrosos para hacer de ese comercio ilegal grandes beneficios", comentan fuentes de Interpol. El cuerpo de la policía global enfatiza que según los resultados de la Operación Pangea XI, "parece que Europa en su conjunto -y particularmente los miembros de la Unión Europea- es uno de los principales destinos de los medicamentos y productos sanitarios tecnológicos ilegales".
Las fuentes policiales europeas y españolas consultadas admiten que si se buscara más sistemáticamente y no solo durante una semana al año se confiscarían muchos más materiales sanitarios fraudulentos que son potencialmente peligrosos para los pacientes.
El consultor Arturo Molina confirma que existe un mercado negro a pesar de la estricta legislación que regula toda la cadena de comercialización de los dispositivos médicos, desde su fabricación hasta su uso en operaciones quirúrgicas y tratamientos. “No hay mercado negro en máquinas de resonancias, claro, pero sí en otros productos menores como guantes de látex, implantes dentales, prótesis mamarias o de cadera”.
Añade este experto: “Hay un pirateo desde Brasil, Estados Unidos... porque allí los productos sanitarios son más baratos. Pero, claro, si a uno le meten 50 prótesis de cadera en una maleta que vuela desde Estados Unidos para que la traiga a España porque allí son menos caros, al menos tienes la garantía de que cuentan con el certificado de la FDA”. La Food and Drugs Administration (FDA) es la institución que regula el mercado de medicamentos y productos médicos en Estados Unidos.