La película "Dejar el Mundo Atrás" ha generado un gran interés, no solo por su trama apocalíptica, sino también por las reflexiones que suscita sobre la sociedad actual y nuestra dependencia de la tecnología. Como quién no quiere la cosa, llegó una de las películas más interesantes de Netflix en todo el año.

El Significado Profundo de "Dejar el Mundo Atrás"
Dejar el mundo atrás se basa en la novela homónima de Rumaan Alman publicada en 2020. La historia nos sitúa junto a una familia que ve cómo el mundo que conocen se empieza a caer a pedazos en solo un fin de semana. Tras unos años de sobrevivir a noticias apocalípticas reales, lo cierto es que hemos empezado a quitarle importancia a la gravedad de las situaciones.
Esta historia, sin embargo, nos lleva a uno de esos momentos que sí acaba verdaderamente mal, que sí nos lleva a todos al colapso, al fin de los días. O al menos eso deducimos al final de Dejar el mundo atrás. Sin embargo, mientras que esta historia original nos muestra los primeros pasos del colapso (desde perder la cobertura en el móvil hasta el bombardeo de ciudades), lo cierto es que lo deja todo mucho más abierto de cara al futuro.
Normalmente, en las películas de este tipo, el fin del mundo suele ocupar el prólogo, y la historia central se dedica a esa supervivencia de los protagonistas. Unos buenos ejemplos de éxito recientes serían A ciegas, The Last of Us o Un lugar tranquilo. Dejar el mundo atrás, sin embargo, construye todo su relato en torno a esta caída y deja a los protagonistas en el momento en el que deberán comenzar a sobrevivir de verdad.
Esta es su apuesta y esto es lo que la hace diferente e interesante. Sin embargo, qué pasaría si quisiéramos saber más. Como A ciegas, Dejar el mundo atrás se basa en una novela en principio única de la que Netflix podría sacar otra película, ya sea en forma de secuela directa o de spin-off.
Posibilidades de una Secuela
Sin embargo, al contrario que en la cinta de Sandra Bullock, aquí tenemos a toda la familia protagonista sin su historia acabada. Más bien, las cosas empiezan cuando abandonamos a los protagonistas tras el descubrimiento del búnker. Los protagonistas van asumiendo a su debido tiempo que nunca nada va a volver a ser como antes.
Eso implica que la sociedad se va a convertir en algo brutal e individualista, que sobrevivirá el más fuerte, y que lo primero es cuidar de los suyos. Eso ejemplifica el personaje de Kevin Bacon y lo normal sería que las dos familias protagonistas se refugien en el búnker. La secuela podría continuar a partir de aquí, ya sea monstrándonos la convivencia de ambas en un espacio cerrado o, por el contrario, teniendo que salir al exterior tras haberse acabado los suministros en este.
Es obvio que ambas familias van a permanecer juntas en un principio, y que al ser el búnker de terceros ya se pierde el factor de dueños de unos e invitados de otros. Pero es su relación y convivencia lo realmente interesante. Por ejemplo, la película insinúa una atracción entre Amanda (Julia Roberts) y G.H. Scott (Mahershala Ali). También muestra que Ruth (Myha'La) atrae tanto a Clay (Ethan Hawke) como al joven Archie (Charlie Evans). A este último, además, le dejamos enfermo y sin dientes.
Incluso se podría apostar por un componente sobrenatural entorno al personaje de Rose (Farrah Mackenzie). Sin embargo, lo realmente interesante de esta posible secuela sería mostrar esta sociedad postapocalíptica sin basarse en virus zombie o en alienígenas.
Sería ver como la sociedad sobrevive a su caída tras quedarse, bueno, sin internet o GPS. La historia podría estar llena de reflexiones en torno a la dependencia de la tecnología en nuestra sociedad sin tener que llegar a robots asesinos. Y eso sería muy interesante. Esperemos que Netflix no deje nada atrás y tengamos pronto Dejar el mundo atrás 2.
La Exageración de los Defectos: Una Caricatura Mental
Cuando los defectos de alguien parecen inundar cada interacción que tenemos con esa persona, probablemente no estamos viéndola como una persona, sino una versión plana y desproporcionada del individuo que realmente es. El año pasado en una feria estatal, posé para un caricaturista. Cuando el artista dio la vuelta a la imagen, lo que vi fue una cara de ardilla, de mejillas gigantes y dos enormes dientes delanteros.

El artista había incluido otras sutiles pero reconocibles características, sin embargo, los dientes y las mejillas dominaban el dibujo. Se lo devolví al artista, había exagerado dos de los rasgos que más me desagradan. Cuando los caricaturistas dibujan, exageran intencionalmente algunas características y simplifican o minimizan otras.
En cuestión de minutos, pueden hacer un dibujo que objetivamente no se parece en nada a la persona, pero que captura su imagen a la perfección. Cuando actuamos hacia los demás con una mentalidad “dentro de la caja”, nosotros mismos jugamos el papel de caricaturistas. En lugar de ver a un individuo complejo con una historia única e interesante, vemos una versión bidimensional simplificada, y probablemente poco favorecedora, de esa persona. Desafortunadamente, esto nos pasa a menudo.
Igual que el artista que dibujó mi retrato destacó exageradamente dos de mis rasgos, cuando necesitamos justificar nuestro propio comportamiento, tendemos a exagerar los defectos de los demás. Las peculiaridades son más prominentes, las diferencias son más grandes, mucho más de lo que incluso podríamos haber notado antes. Y cuando empezamos a enfocarnos en esas faltas exageradas, se vuelve cada vez más claro para nosotros que estamos en lo correcto.
Es probable que todos hayamos dibujado mentalmente, en el trabajo o en casa, caricaturas de algunas personas. Ese compañero de trabajo irritante que siempre parece bloquear tus ideas en una reunión de equipo; un empleado que constantemente da excusas por los plazos incumplidos; el hijo que no nos hace caso. Cuanto más vemos a alguien como incapaz, poco inteligente, grosero, egoísta, descuidado, etc., más fácil es mirar más allá de nuestros propios errores.
Ya no podemos ver que quizás estamos equivocados debido a que los fallos de la otra persona parecen indiscutibles. Pero ¿y si realmente están equivocados? Cuando un caricaturista hace un dibujo, técnicamente está dibujando lo que tiene delante. El artista que hizo mi dibujo no estaba inventando el hecho de que realmente tengo dientes, ojos y nariz.
Todo lo que hizo fue dibujar esas características existentes con una perspectiva alterada. Lo mismo ocurre con nosotros. Es probable que en algún momento trabajemos con compañeros de trabajo difíciles, tratemos con alguien que tenga un desempeño bajo o tengamos un hijo rebelde. Estos son hechos, ¿verdad? No nos inventamos el comportamiento de las personas.
Superando la Caricatura Mental
Entonces, ¿qué podemos hacer? Ver a alguien con una mentalidad “fuera de la caja” no significa que estemos excusando sus comportamientos, tampoco significa que sus comportamientos no existan. Pero esos comportamientos nunca nos quitarán la capacidad de elegir nuestra forma de ser, es decir, si vemos o no a esa persona como una persona.
En Arbinger, hablamos mucho sobre el patrón circular de las confabulaciones. Cuando experimentamos un conflicto con otra persona, es probable que nuestro comportamiento alimente el problema que estamos tratando de resolver. Quedamos atrapados tratando de corregir, cambiar y convencer a la otra persona que debe cambiar, porque sus defectos son todo lo que podemos ver y acabamos provocando los mismos comportamientos que queremos detener. Afortunadamente, hay una salida, y está en nuestras manos.
Aunque las diferencias pueden ser todo lo que podemos ver, reenfocar nuestra forma de ser hacia la otra persona cambiará nuestra perspectiva. Cuando sentimos curiosidad por otras personas y comenzamos a verlas como los personajes complejos y tridimensionales que son, los defectos que eran tan evidentes comienzan a encogerse. Es posible que aún existan, pero ya no dominarán nuestro enfoque.
Ver las luchas de otros, aprender sobre ellas y construir una relación lleva tiempo. Puede ser difícil. Puede ser doloroso. No es tan fácil como quedarse con su caricatura y regodearse en lo agraviados que nos hace sentir. Pero al final, terminaremos dibujando una imagen mejor. Una imagen (más equilibrada) con detalles, errores y complejidades. Una imagen que hace que otras personas den un paso atrás y digan: "Yo también quiero hacer algo así".
El Odontograma: Un Mapa de la Salud Bucal
Cuando abrí mi primera clínica dental, me di cuenta de lo esencial que es llevar un odontograma con colores correctamente. Un odontograma es el esquema gráfico de la dentadura de un paciente, donde se registran todas las piezas dentales y sus tratamientos o patologías. Pero más allá de dibujar dientes, los colores juegan un papel clave para entender de un vistazo el estado de cada diente.
En primera persona, quiero compartir cómo uso el código de colores en el odontograma y por qué es tan importante en la práctica diaria. Además, te contaré cómo Cherry Health me ayudó a implementar un sistema de odontogramas eficiente al montar mi clínica, asegurando una gestión profesional desde el primer día.
Un odontograma (también llamado dentograma, carta dental o diagrama dentario) es una representación esquemática de la boca del paciente, incluyendo todos sus dientes permanentes y temporales. Cada diente aparece en el dibujo con su posición en la arcada, y sobre él el dentista anota símbolos y colores que indican su estado.

En mi experiencia, el odontograma es como el mapa del tesoro de la salud bucal del paciente. Al revisar uno, puedo ver rápidamente: qué dientes tienen caries, cuáles ya tienen empastes o coronas, qué piezas faltan o fueron extraídas, e incluso el estado de las encías o tratamientos de conductos. Todo esto queda codificado mediante colores y símbolos para que cualquier odontólogo lo entienda de un vistazo.
¿Para qué sirve exactamente?
Principalmente para llevar un control exhaustivo del paciente. Los objetivos más importantes del odontograma incluyen conocer los trabajos hechos anteriormente en la boca, identificar al paciente de forma única y facilitar el intercambio de información entre dentistas. Por ejemplo, si un paciente acude a otro profesional, su odontograma actualizado permite entender al instante qué tratamientos tiene hechos y qué problemas están pendientes.
También es invaluable para hacer seguimiento en el tiempo: puedo comparar odontogramas de distintas visitas y ver la evolución de cada diente (si una caries avanza, si un empaste se mantiene, etc.). Por todo ello, es fundamental mantener el odontograma al día, actualizándolo en cada visita del paciente. En Cherry Health siempre insistimos en este punto al asesorar nuevas clínicas: un odontograma bien llevado es señal de calidad y profesionalidad.
Lamentablemente, he visto colegas descuidarlo por falta de tiempo o sistemas poco prácticos, algo que desde Cherry abordamos dotando a la clínica de herramientas digitales y formación para que ningún diente quede sin registrar. La convención de colores en el odontograma permite indicar si un hallazgo está en buen estado o si requiere atención, entre otras cosas.
Código de Colores en el Odontograma
Al principio, yo también me perdía con tantos colores, pero una vez los aprendes, no concibes trabajar sin este código. Debes saber que existen guías internacionales que recomiendan el uso de determinados colores. Muchas clínicas (y facultades) siguen estas convenciones básicas: tradicionalmente solo se usaban rojo y azul para simplificar, pero con el tiempo se han incorporado más tonos para señalar detalles.
- Rojo: Es el color universal para resaltar problemas o tratamientos pendientes. Cuando veo rojo en un odontograma, sé que algo no está bien o está por hacerse. Es el color que utilizo para marcar caries activas (es decir, esas que aún no han sido tratadas) y también cualquier situación patológica. Según la norma técnica que muchos seguimos, el rojo indica un hallazgo clínico en mal estado o una característica patológica. En otras palabras, representa lo que requiere atención o tratamiento. Piensa en el rojo como una alarma visual: destaca aquello que hay que arreglar.
- Azul: Es, podríamos decir, el opuesto complementario del rojo. Representa lo que está en buen estado o ya ha sido tratado correctamente. Por ejemplo, una obturación (empaste) bien hecha la dibujo en color azul sobre el diente correspondiente. Así indico que ese diente tuvo una caries pero ya fue tratada y se encuentra obturado. Coronas, puentes o implantes colocados también los señalo en azul, para dejar claro que son trabajos concluidos. La lógica es: azul = “tranquilo, aquí todo está bien”.
- Verde: Es otro color que verás en algunos odontogramas, aunque su significado puede variar según la institución o el profesional. En mi caso particular, utilizo el verde para marcar tratamientos temporales o provisionales. Por ejemplo, si dejo un empaste temporal (curación) en una muela para luego reemplazarlo por uno definitivo, lo indico en verde. De esta forma, al repasar la historia del paciente sé que eso es algo temporal que no debemos olvidar retirar o sustituir en la próxima cita.
- Amarillo: Es un color menos universal en odontogramas, pero algunas clínicas lo emplean para señalar aspectos preventivos o especiales. Yo personalmente utilizo el amarillo para anotar los selladores de fosas y fisuras colocados en molares sanos. ¿Por qué? Porque un sellador es una resina preventiva colocada sobre un diente sin caries, y marcarlo en azul podría confundirse con un empaste (que implicaría caries previa). Así que diferencio: empaste en diente con caries, en azul; sellador preventivo en diente sano, en amarillo.
- Negro: En realidad, el negro suele ser el color base del diagrama (muchos formularios de odontograma vienen impresos en negro, mostrando los contornos de los dientes en líneas negras). Pero a la hora de marcar hallazgos, casi nunca se dibuja en negro porque no resaltaría. Aun así, hay clínicas que prefieren la simplicidad de usar solo bolígrafo negro y rojo, por ejemplo, en cuyo caso el negro podría equivaler a lo que otros harían en azul. Es decir, marcar en negro lo que está bien, y en rojo lo patológico. Esto no es muy habitual hoy en día, pero existe.
El Lenguaje Corporal: Más Allá de las Palabras
Cuando inicié mis estudios de psicología recuerdo que todo lo relacionado con el lenguaje no verbal y el lenguaje corporal me llamaba muchísimo la atención, de hecho una de mis primeras lecturas externas que empecé a leer fuera de las obligatorias de la carrera tenía mucho que ver con las claves de la comunicación no verbal. Hoy, unos cuántos años después de aquello, voy a seguir profundizando en este tema.
¿El lenguaje corporal es lo mismo que el lenguaje no verbal?, ¿podemos incluir el lenguaje corporal dentro del lenguaje no verbal?, ¿existe otro tipo de lenguaje no verbal que no sea el lenguaje corporal? Vamos por partes. De esta forma el lenguaje corporal es una manera de comunicación no verbal, basada en los gestos, las posturas, los movimientos del cuerpo y del rostro para trasmitir información.
Porque cuando hablamos, acompañamos esas palabras con movimientos corporales y de manera gestual. Siendo de tal importancia este tipo de comunicación, es fundamental conocerla de primera mano, sobre todo si quieres ser el mejor comunicador , llegar de verdad a tu público y a tu audiencia. En este apartado vamos a ver diversos ejemplos, fijándonos en las diferentes partes del cuerpo, que están presentes inconscientemente en la comunicación no verbal, para poder entender así un poquito mejor su significado.
Esto es, vamos a intentar comprender el lenguaje del cuerpo o lenguaje corporal. ¿Cuántas veces has escuchado que la persona que no mira directamente a los ojos y que desvía la mirada no es de fiar? Ahí lo tienes. ciertas culturas como la inglesa. El ser humano es psicosomático, esto quiere decir que el cuerpo influye en la mente y a la inversa.

Ejemplos Clave del Lenguaje Corporal
- Dilatación de las pupilas: El deseo, el gusto, la atracción hace que nuestras pupilas se dilaten, así que cuando lo que vemos es agradable para nosotros y nos gusta mucho, la pupila se dilata de manera automática e inconsciente sin que podamos hacer nada para evitarlo.
- Evitar el contacto visual: Es una acción que puede significar aburrimiento o distracción.
- Tocarse la nariz: Cuando de manera inconsciente nos tocamos la nariz sin que nos pique o sin que la causa sean unas ganas tremendas de estornudar 😉 puede significar que la persona está mintiendo, o también que la persona está enfadada y/o molesta por algo.
- Morderse las uñas: Este gesto inconsciente significa inseguridad o la necesidad de tranquilizarme porque la persona esté nerviosa. En niños muy pequeños nos puede indicar la necesidad de volver a la seguridad de la madre.
- Acariciarse la barbilla: Es un gesto característico de la toma de decisiones. Evaluación.
- Asentir con la cabeza: Si la persona con la que hablo, asiente con su cabeza, nos indica interés y que está de acuerdo con el mensaje que está recibiendo.
- Cruzarse de brazos: Puede mostrar rechazo, desinterés o dar la sensación de que la persona está a la defensiva o poco abierta a la interacción.
- Manos en la cadera: Significa confianza en uno mismo y seguridad. Si te fijas bien, es un gesto que vemos continuamente en los discursos políticos.
- Piernas separadas a la altura de los hombros: Indicador de confianza y de ausencia de miedo al dejar expuestos puntos débiles como el estómago, garganta y la entrepierna.
Afrontando el Duelo: Un Proceso Personal
Hace tiempo que escribí este artículo sobre la muerte de mi madre, pero me gusta volver a él de vez en cuando. Es cierto que el tiempo suaviza el dolor. Ahora ya puedo hablar de mi madre y compartir con otros las sensaciones que experimenté entonces. Puedo hablar de sus recuerdos sin notar esa angustia que envolvía su ausencia, pero el alma se me ha quedado fría, destemplada, ya no tiene la energía que poseía cuando ella vivía.
Nunca es fácil hablar de la muerte de una madre, nunca es el momento. David Kessler, uno de los mayores expertos en duelo, asegura que compartir el dolor puede ayudar. “Publicar una foto de tu madre en el aniversario de su muerte puede conectarte con amigos y familiares que también están de duelo. Tenemos la necesidad de que nuestro dolor sea presenciado. Nuestra mente no quiere que seamos una isla de dolor. Nos necesitamos unos a otros, y el dolor es un conector universal”, asegura.
Es posible que Kessler tenga razón, pero yo nunca hubiera abordado este tema con mi amiga Pilar, quien hace un año perdió a su madre. Por dónde empezar y en qué contexto. Cuando hablamos de moda -ella es una experta en el sector-, cuando nos quejamos de que ya no somos las que éramos, cuando nos tomamos un pincho de tortilla en un local de copas especializado en cocina uruguaya. Nunca.
Esa es la verdad. Si no hubiera tenido que escribir este artículo, jamás me hubiera atrevido a preguntarla. En este artículo os narro mi caso, y cómo analicé mi experiencia siguiendo el modelo que desarrolló la psiquiatra suiza Elisabeth Kubler-Ross y David Kessler sobre las fases que suceden al duelo. Entonces, traté de ajustarme al modelo, aunque hubo momentos en los que ese traje no se adaptaba a mis medidas. No pasa nada. Kessler ya lo había advertido.
Cuando intenté seguir este proceso con Pilar, fue imposible. Ella es generosa, cálida, con una sensibilidad especial. Deseaba contar su historia como sucedió. Ese es el enorme regado que me quería hacer: abrir su alma tal y como es. Sin intentar gustar, sin intentar adaptarse. Deberíamos aprender a afrontar la muerte de nuestros seres queridos.

Las Cinco Etapas del Duelo
Muchas veces, me había imaginado la muerte de mi madre. Ella tenía una demencia en fase severa, y ya me había dado muchos sustos, así que intentaba prepararme para ese momento. El dolor, cuando amas a una persona, es tan fuerte, que deja en nada cualquier simulación previa. Sin embargo, es conveniente conocer lo que dicen los profesionales.
Ese modelo fue presentado por primera vez en su libro “On Death and Dying”, publicado en 1969. Posteriormente, David Kessler, trabajó con ella para adaptar este modelo al duelo. Este trabajo quedó recogido en el libro “On Grief and Grieving”. Ellos establecieron cinco etapas en este proceso: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.
- Negación: Esta reacción inicial es la forma que tiene la persona de protegerse. Es el modo que tiene nuestro cuerpo de avisarnos de que no pueda con todo, que necesita ir poco a poco. Negando esa noticia, dejas de sentir, detienes el sufrimiento.
- Ira: Aunque la muerte no suele ser culpa de nadie, a veces, uno se siente enfadado con los médicos, a los que responsabiliza de no haber hecho lo suficiente, o con los familiares y amigos que no estuvieron cerca. Si se es creyente, es probable que se enfade con Dios, que cuestione su fe. La ira es una etapa necesaria en el duelo. La ira te conecta con la realidad.
- Negociación: Antes de una pérdida, harías cualquier cosa para evitar que eso sucediera. Puede que comiences a rezar aunque nunca antes lo hayas hecho. Diseñas rituales para impedir que lo que más temes suceda. Cuando se produce la pérdida, la negociación puede tomar la forma de una tregua temporal. La culpa es una sensación común de esta etapa, es una “compañera de la negociación”.
- Depresión: Después comienza el dolor. Se da paso a una profunda tristeza. En ocasiones, se siente desesperación, anhelo, soledad. Se siente como si esta etapa fuera a durar siempre. Nos retiramos de la vida, preguntándonos si tiene sentido seguir solos. La depresión se suele ver como algo antinatural, un estado que hay que arreglar, del que hay que salir.
- Aceptación: Se trata de aceptar la realidad de que nuestro ser querido se ha ido físicamente y que se ha ido para siempre. Esta aceptación no quiere decir que nos parezca bien lo que ha ocurrido, pero lo aceptamos. Se repasan los buenos y malos momentos que se vivieron juntos.