Ramón Gómez de la Serna y Espina: Biografía de un Intelectual Oculto

Ramón de la Serna y Espina, hijo mayor de la escritora Concha Espina, tuvo la difícil tarea de compartir nombre con uno de los grandes intelectuales de su tiempo: Ramón Gómez de la Serna. Estas circunstancias ensombrecieron su trayectoria literaria, llevándolo a aislarse y, en sus últimos años, a considerar la destrucción de sus manuscritos.

Afortunadamente, su viuda, Eva Cargher, desoyó su voluntad y encargó la custodia de su legado a Alfredo Pérez de Armiñán, descendiente de la familia. Cuarenta años después, la Fundación Banco Santander publica parte de este legado en un volumen antologado y prologado por Daniela Agrillo, bajo el título La torre invisible.

Agrillo, experta en la obra del escritor, lo define como "un intelectual fuera de lo común", poliédrico, obsesionado por buscar siempre la palabra exacta y perfeccionista hasta el extremo, cuya "pluma eficaz, mordaz y sofisticada" es capaz "de sacudir al lector".

De la Serna y Espina, según su legatario, no era esencialmente un periodista como su hermano Víctor. Era, más bien, "un escritor de creación", que entró "en el mundo literario siempre desde los márgenes", como traductor o articulista.

La influencia de Concha Espina

La relación con su madre, Concha Espina, fue un factor determinante en su vida. "El hecho de ser su hijo le puso en contacto con las letras", explica Pérez de Armiñán, "pero oscurecía su propia vida. El problema era estar a la sombra de Concha Espina, que en aquella época llegó a ser propuesta hasta tres veces al Nobel. Es difícil superar la barrera de la fama, a pesar de que siempre mantuvieron una relación estrecha".

Es conocido que Ramón de la Serna ayudó a su madre en la redacción de El metal de los muertos y en los cuentos de Copa de horizontes, aunque se desconoce el alcance de su implicación. ¿Fue él el verdadero autor de los cuentos?

"En la novela, parece que la colaboración es más intelectual que en lo que se refiere a la escritura. Concha tenía un estilo muy particular que se percibe ahí. En cambio, en los cuentos", analiza Alfredo Pérez de Armiñán, "parece probable que fueran escritos por él ante las prisas de su madre de cumplir con algún compromiso literario. Y la verdad es que ella no los introdujo después en sus obras completas. Eso es muy significativo".

"Él esperaba", añade Agrillo, "que lo mencionara en algún momento de Copa de horizontes, pero no pasó". Las relaciones entre ambos empeoraron bastante después de este acontecimiento.

De la Serna y Espina, reflexiona la experta, fue incomprendido por los intelectuales de la época y también por su entorno familiar, lo que le llevó a aislarse más. "Intelectual sui géneris fue muy apreciado por Ortega y Gasset por sus traducciones del alemán al español", cuenta la investigadora italiana, "pero a pesar de su amistad, no acudía a las tertulias ni a los encuentros".

Exilio y últimos años

En 1939, Ramón de la Serna, que solía bromear llamándose a sí mismo "el otro Ramón", por su homonimia con Gómez de la Serna, regresó a su Chile natal. "Nunca he sabido por qué", confiesa Alfredo Pérez de Armiñán. "Yo creo que se sentía profundamente incómodo en un continente que entraba en una fase de locura".

Para entonces, el escritor había vivido en Inglaterra y en Francia, además de en España, y hablaba siete idiomas. En Chile pasó los últimos 30 años de su vida. "En cierto modo desarragiado. Él era un hombre entre dos mundos".

Greguerías Ramón Gómez de la Serna. Explicación y ejemplos

Dentro de esta selección, señala su antóloga, sus artículos muestran además "su humanismo, su cultura y su profunda sensibilidad". De la Serna y Espina analiza el alma humana "como un cirujano". Como él, añade el custodio de su obra, "sus personajes también son ambivalentes, claroscuros, a veces muy ambiguos". Son sombras, señala Daniela Agrillo, sombras, atormentadas y olvidadas.

En resumen, Ramón Gómez de la Serna y Espina fue un intelectual complejo y multifacético, cuya obra, aunque eclipsada por la fama de su madre y su homónimo, merece ser redescubierta y valorada por su originalidad y profundidad.

Concha Espina, madre de Ramón Gómez de la Serna y Espina

Ramón Gómez de la Serna y su faceta radiofónica

Ramón ensalzó y utilizó este medio como plataforma para llegar al gran público, ya lo subrayó su primer biógrafo, Miguel Pérez Ferrero en su libro Vida de Ramón (1935). Y César González-Ruano vinculó acertadamente esta faceta de Ramón con el periodismo: “En efecto, la Radio, contemporánea y porverinista, no puede dejarnos fríos, indiferentes, a quienes por profesión -esto es, por fe- practicamos el periodismo y la literatura, vivimos en, por y de la literatura. Ya es un tópico que la radio es el periódico del mañana.

La faceta radiofónica de Ramón ha sido estudiada por, entre otros especialistas, Nigel Dennis. Como ha señalado este estudioso, “la innovación constituye el principio fundamental del arte [ramoniano] que defenderá a lo largo de su vida” y, por tanto, “no sorprende constatar, pues, que el arte de Ramón, por su misma naturaleza, es un fenómeno incontenible y multigenérico, que se vale de cualquier medio y aprovecha cualquier ocasión para expresarse”.

Como señala Nigel Dennis, Ramón acogió con enorme entusiasmo la aparición de la radio en España y vio en este medio una posibilidad de ampliar el radio de su literatura, valiéndose de la palabra, la escritura y el dibujo.

Las contribuciones de Ramón en estas páginas se ciñen a un género literario que podríamos calificar de híbrido, en el que se mezclan a partes iguales su particular visión de la crónica y la ficción poética de la realidad en la que no faltan ráfagas de reflexiones sobre el medio radiofónico y el papel social que juega la radio en la sociedad de masas. La mayor parte de las contribuciones -excepto las que agrupa bajo la denominación de “Greguerías ilustradas” con alguna excepción- van ilustradas con dibujos propios.

En el artículo firmado por F. C., “El viajero de vuelta. Ramón Gómez de la Serna nos habla de la radio, después de su excursión a América” recoge el firmante estas palabras del escritor: “Un orador sin más que la voz, es poco -nos dice Ramón-. El orador de hoy necesita otros atractivos para entretener al público. Los objetos son la alegría de la palabra; la ilustración, el gráfico, la alegría de la literatura”.

Este corpus literario y gráfico se sustenta fundamentalmente en dos aspectos: el humorismo, aspecto dominante en casi todos ellos y el yoismo tan característico de Ramón. Los dibujos de Ramón en Ondas suelen ir firmados con su característica R y tras de su firma aparecen en muchos de los artículos, pero no en todos, las expresiones: “Ilustraciones del escritor” y “Dibujos del escritor”, y ocasionalmente “Madejas de ondas del escritor” en uno dedicado a las “Greguerías onduladas”.

Ramón colaboró en la revista Ondas, como ya hemos apuntado, entre el 1 de enero de 1927 y el 22 de julio de 1933. En 1927 publicó entre el 1 de enero y el 25 de diciembre veintinueve colaboraciones que engloban un cuento radiofónico, “El que se comió el micrófono”, ilustrado por Bluff (seudónimo de Carlos Gómez Carreras); un artículo sobre el fonógrafo con el título “Los precursores. Las máquinas parlantes”, ilustrado con grabados del XIX y una fotografía de “Una audición fonográfica en 1897”, exponente de su pasión por lo decimonónico y aquellos grabados que formaron parte de la educación sentimental de los escritores de su generación, así como artículos ilustrados por él mismo con las rúbricas a las que ya hemos aludido: “Ilustraciones del mismo escritor”, “Ilustraciones del escritor” o “Dibujos del escritor”.

En este tiempo la cabecera bajo la que se publicaron estas colaboraciones de Ramón es meramente tipográfica, a distinta escala, y oscila entre las denominaciones “Radiohumorismo” o “Radiohumor”, además de las llamadas “Greguerías onduladas”. Todas estas colaboraciones ocupan una página completa. En este periodo la cantidad de dibujos suyos asciende a 69.

En el periodo que va desde el 1 de enero al 29 de diciembre de 1928, Ramón publicó 44 colaboraciones, “Greguerías onduladas” y “Ovillejos de ondas”, y artículos, la mayoría -uno dedicado a la inauguración por Amadeo I del “aparato intertelegráfico”, ilustrado con un grabado, como subraya, de su colección.

La composición de las páginas es parecida a las del periodo anterior, pero gana en tamaño tipográfico el nombre de la sección y se opera en ella algunos cambios. El primero, el tamaño que abarca el ancho de la página en algunos casos. En la correspondiente a la entrega del 3 de junio, esta cabecera aparece con otro diseño tipográfico y gráfico incluyendo dos pequeñas viñetas o dibujitos, sin firma, en ambos extremos.

En la entrega de 22 de diciembre la cabecera -“RADIO HUMOR”- pasa de ser tipográfica a manuscrita, “dibujada”, casi con toda probalidad, por el mismo Ramón, primero, sobre el fondo blanco y luego sobre un fondo rectangular apaisado, dibujado como un entresijo de ondas a la manera de lo que hará con los “ovillejos” que separan las Greguerías onduladas. Este formato será el que se utilice al año siguiente bien con el marco rectangular bien sin él, manteniendo el amasijo de ondas. En este año de 1928, se intercalan también otras noticias con su correspondiente señuelo gráfico y viñetas humorísticas de otros dibujantes -Bellón, López Rey o Bluff- independientes del texto ramoniano y sin relación con él.

Los anuncios de marcas ganan en tamaño y muestran los mismos contenidos e iconografía que los del año anterior. Aunque hay que destacar que varias páginas están ocupadas solo por Ramón con sus dibujos. Estos ascienden a un total de 86.

Algunas colaboraciones no llevan dibujos. No incluimos en este cómputo las madejas u ovillejos de ondas que separan las “Greguerías onduladas” o las que califica de “Madejas de ondas del escritor” tras su firma en paralelo a la expresión de “Ilustraciones del escritor” que es la que utiliza preferentemnte en todos estas colaboraciones, aunque también emplea la de “Dibujos del escritor”.

A veces los dibujos van acompañados de números romanos del I al III o del I al II remitiendo a los epígrafes en que se divide el artículo o haciendo referencia a alguna de sus partes o contenido, reforzando el sentido narrativo del texto, fórmula que ya había empleado en algunos de sus libros ilustrados. Solo en un caso, “Los ´Radiogustas´” (10 de noviembre) utiliza una nota a pie de página remitiendo a un artículo suyo anterior.

En el periodo que va desde el 5 de enero al 21 de diciembre de 1929, aparecieron 30 colaboraciones. La cabecera, ya lo hemos apuntado, es manuscrita, así como, en algunas ocasiones, los títulos -“La bobina colosal”, “La ilusión de las bombillas”, “Jazbandismo” (sic), “Tecniqueces” o “El potenciómetro y la radioteca”. También aparecen en el ámbito de lo greguerístico las fórmulas “Caprichos ondulados” y “Ovillejos de ondas” junto a las denominaciones ya señaladas.

El artículo “Jazbandismo” -al que dedicaría un capítulo también en Ismos (1931)- aparece ilustrado con cinco dibujos en la órbita de algunas de las litografías que realizó Paul Colin en 1927 para Le tumulte noir.

Otra ilustración suya, la que inserta en “El parte de emisión” es la reproducción inventada de un “Parte de la emisión de Valdecilla del día 5 de agosto”, fórmula que Ramón empleó también en algunos de sus libros.

También se produce el 19 de octubre una “Equivocación humorística” -en un recuadro- que da fe de una errata que se ha producido con respecto a los dibujos que ilustraban el artículo anterior que correspondían a este y que la revista considera en que “hasta en las ´equivocaciones´ resalta el grado humorístico de esta sección tan leída por nuestros lectores”.

Si en fechas anteriores nos hemos encontrado con colaboraciones de otros dibujantes y humoristas, en la página de la entrega del 30 de noviembre se incluye también una historieta, firmada por Tiff, bajo el epígrafe: “Humorismo extranjero”.

En 1930 solo aparece una colaboración, publicada el 28 de junio, “Los escuchones” con 3 dibujos.

Las siguientes colaboraciones de Ramón tienen lugar en el año 1932, entre el 30 de abril hasta el 3 de septiembre inclusive. Salvo en cuatro páginas en las que aparecen anuncios tipográficos -uno de la propia revista ONDAS recomendando su lectura todas las semanas -la revista se publicaba los sábados- y otro publicitando Unión Radio un servicio técnico de reparaciones-, las restantes colaboraciones solo incluyen el texto de los artículos y los dibujos de Ramón ocupando la página entera. Para el título del último de los artículos de este año utiliza el de “Caprichos” con el que ya había publicado un librito ilustrado en 1925. El total de dibujos de estas diez colaboraciones asciende a 27 dibujos.

1933 es el último año en el que Ramón publica en Ondas. Se puede decir que su colaboración merma en cuanto a su presencia en la página pues comparte espacio -salvo en la del 7 de enero- con otros artículos y colaboraciones. Las habituales tres columnas se ven reducidas a casi dos. De igual forma los dibujos de casi todas las 8 colaboraciones de este año se ven reducidos sensiblemente en su escala, perdiendo pregnancia y eficacia humorística. El total de dibujos que Ramón publicó en la revista Ondas acompañando a sus 122 colaboraciones es de 285, una suma amplísima que da para un libro monográfico sobre el fenómeno de la radio y el punto de vista que el escritor sobre ese fenómeno que impregnó a toda la sociedad y a la que tanta atención prestó como medio para llegar a un público más amplio que el estrictamente literario.

Si para Ramón como ya hemos comentado con palabras suyas, “los objetos son la alegría de la palabra; la ilustración, el gráfico, [es] la alegría de la literatura”. Efectivamente, estos dibujos añaden alegría y humor a lo escrito, lo refuerzan, y conforman un peculiar ismo -que es tanto como decir una visión- que Ramón bautizó como “radiohumorismo” en paralelo con el de ramonismo que le caracterizaba como escritor. A fin de cuentas en las páginas de Ondas tropezamos constantemente con el término “sinhilismo” o el acrónimo T.S.H.

Los dibujos de Ramón no fueron en Ondas un hecho aislado. Esta revista -como tantas y tantas de este periodo de plata de la ilustración en el que proliferaron revistas ilustradas de muy diverso contenido- estuvo profusamente ilustrada desde su portada hasta la última de sus páginas, sin olvidar también el inmenso corpus fotográfico e iconográfico constante a lo largo de los años en que se publicó.

Las ilustraciones de Ramón compartieron espacio con las de dibujantes, caricaturistas e historietistas como Bellón, López Rey, Bluff, Augusto, López Rubio, H.B., Toca, Poveda, Garcés, R. Fuente, Pomareda, Sama, Bagaría, Robledano, Cañavate, B.M., Menim, Xindu, Climent, Garrido o Ribas, sin olvidar las excelentes portadas de la revista a manos de J. Ripoll, A. de Aróztegui, Paulino Vicente, L. Enciso, Antonio José, Herreros, Hermúa, Solis Avila, Serny, J. Ortubia, J. Pozo, A. Sesé, R.

La presencia de los dibujantes en Ondas fue muy bien valorada por la propia revista. En el epígrafe “Los dibujantes que pasaron por Unión Radio” (Ondas, 11 de marzo de 1933, núm. 401, pg. 7) se dice de ellos: “que han dejado muestras de su arte en periódicos, carteles y otras manifestaciones artísticas de divulgación notoria” y se cita a Demetrio con su “Lolita y Bobín”; a Bartolozzi que llevará a “Pipo y Pipa” […] y más tarde hablarán “el genial Bagaría” y el graciosísimo Xaudaró presentando a su perro.

También se reproduce una fotografía de Bartolozzi por Beringola con este pie: “El notable escenógrafo Salvador Bartolozzi que ante el micrófono de E.A-J. 7, Unión Radio Madrid, hizo interesantísimas declaraciones artísticas (Ondas, de 12 de enero de 1935, núm. 495, pg. 2) y, por último la foto, también de Beringola, de Penagos con el pie: “El notabilísimo artista Rafael Penagos que habló a los oyentes madrileños en la emisión “Dibujantes ante el micrófono” (Ondas, 13 de abril de 1935, núm. 508, pg, 39).

Aunque no tiene que ver directamente con los dibujantes profesionales, sí me parece interesante traer a colación por el interés que pudieron haber despertado en Ramón “los dibujos telepáticos” del escritor americano Upton Sinclair y su mujer María ilustrando el artículo anónimo “Aspectos. La radio y los fenómenos mentales” (Ondas, 19 de noviembre de 1932, núm. 385, pg. 28) en el que se habla de la T.S.H. del pen...

tags: #dentista #ramon #gomez #de #la #serna