"Diente por Diente": Significado, Origen e Historia de un Refrán Universal

El refrán "diente por diente", arraigado en la justicia retributiva, ha evolucionado desde el Código de Hammurabi hasta las enseñanzas de Jesús y Gandhi. Este dicho, de origen español y extendido por América Latina, se utiliza para referirse a la idea de venganza, buscando causar el mismo daño que se ha recibido.

Enraizado en la antigüedad, este dicho refleja un principio de justicia retributiva, donde la norma impuesta debe ser equitativa y recíproca con el crimen cometido. La expresión, también conocida como la ley del Talión, plantea la búsqueda de proporcionalidad entre la acción realizada y la respuesta al daño sufrido.

La idea central de este refrán es la venganza: alude a un tipo de venganza justiciera que justificaría castigar al agravante con la misma moneda.

El Origen Histórico de la Ley del Talión

La palabra «talión» proviene de la raíz latina talis-tale, que significa ‘semejante’ o ‘igual’.

Un ejemplo histórico es el Código de Hammurabi, que establecía la reciprocidad en la venganza, como se indicaba en una de sus normas: "si un hombre libre vaciaba el ojo de otro hombre libre, se vaciaría su ojo en retorno". La leyenda dice que el monarca recibió el código de manos del dios Shamash en persona.

La primera vez que se habla de la ley del talión es en el famoso Código de Hammurabi, elaborado por el rey de Babilonia, 16 siglos antes de nuestra era.

El origen de “Ojo por ojo, diente por diente” hay que buscarlo en los textos bíblicos entre el II y el I milenio a. C. (Éxodo, 21:23-25, Levítico 24:18-205 y Deuteronomio 19:21), en la Ley del talión, que según una de mis mejores amigas, abogada, fue la primera y tradicional formulación de la justicia proporcional en la que el castigo se relacionaba con el crimen cometido, con el objetivo de obtener la reciprocidad con respecto al daño infligido en términos de una pena idéntica y no sólo equivalente.

Se le atribuye a Hammurabi, que fue el sexto rey de Babilonia en el siglo XVIII a. C., el ser autor de las 282 leyes que conformaron el código que lleva su nombre. En él, este principio de reciprocidad exacta al daño causado se reflejaba con claridad en la ley 196, con los dientes como una importantísima moneda de cambio.

Posteriormente, la ley se mencionó en el Antiguo Testamento de la Biblia, donde se describe como «ojo por ojo, diente por diente».

Este concepto ha ejercido una profunda influencia en las culturas antiguas y contemporáneas, afectando tanto nuestras interacciones sociales como los sistemas legales. En relación con esto, un artículo publicado en La Colmena señala que el recurso de la venganza brutal no se extinguió por completo, aunque quedó relegado por versiones más modernas de justicia penal.

Código de Hammurabi

Muchos siglos después, este principio de alguna manera fue trasladado al cuerpo legal de la Roma antigua y al judaísmo, hasta qué en la época talmúdica, los rabinos determinaron que la pena se transformase en un resarcimiento económico.

Establecida varios siglos atrás, esta regla se basa en la idea de que el castigo es el medio idóneo para impartir justicia y debe causar un daño idéntico al provocado. La ley del talión, del latín lex talionis, a menudo recordada por la famosa fórmula «ojo por ojo, diente por diente», hace referencia a un antiguo principio de justicia en el que el castigo se correspondía directa y equitativamente con el daño causado.

La regla dictaminaba que la represalia debía ser proporcional al daño infligido, con el objetivo de mantener un equilibrio y evitar que las disputas se intensificaran de manera incontrolable. De esta manera, aquellos que la aplicaban, buscaban minimizar las consecuencias descontroladas de la violencia, donde los delitos menos graves resultaban en castigos más leves.

Además, la ley incluía un aspecto preventivo al buscar disuadir a los posibles infractores mediante el temor a sufrir lesiones semejantes. Esto servía como una especie de advertencia, desalentando a las personas a cometer actos delictivos.

Evolución y Críticas a la Ley del Talión

Aunque la ley del Talión todavía está presente en algunos ordenamientos jurídicos, especialmente en países islámicos, la interpretación y aplicación de esta máxima ha evolucionado. La Biblia también hace referencia a esta expresión, pero con la llegada de Jesús y la Nueva Alianza, se aboga por la no resistencia al mal y la importancia del perdón.

Con el tiempo fue evidente que la ley del talión era inaplicable en muchos casos, tal como indica el politólogo Rudy Tun Arriaga. De este modo, surgieron también las compensaciones indirectas, medios para que la víctima se sintiera reparada, aunque esto no correspondiera de forma exacta con el daño causado.

Por ejemplo, a los ladrones se les amputaba las manos, a aquellos que cometían calumnias, blasfemias y difamaciones se les sometía a la extracción de la lengua como castigo, y a quienes ejercían delitos sexuales, se les aplicaba mutilación o castración como sanción.

De igual manera, a pesar de su supuesta equidad, esta ley era más severa para las mujeres y los esclavos, lo que planteaba cuestiones de desigualdad. «Si un hombre vacía el ojo de otro hombre, se vaciará su ojo. Si rompe un hueso de otro hombre, se le romperá su hueso. Si un hombre arranca un diente a un igual, se le arrancará su diente».

Mahatma Gandhi

A lo largo de la historia, la ley del talión ha suscitado diversas controversias y críticas. Aunque su concepto original pretendía establecer una justicia proporcionada, también tenía limitaciones y efectos secundarios no deseados. Promoción de un ciclo de violencia: uno de los principales argumentos en contra de esta ley es que, en lugar de poner fin a la violencia, podría promover un ciclo perpetuo de represalias.

Otra crítica relevante a la ley del talión es su falta de consideración a las circunstancias atenuantes o las diferencias individuales. Estos debates han llevado a una reflexión constante sobre los sistemas legales, tanto así que han contribuido al desarrollo de enfoques más equitativos y efectivos para abordar delitos y promover la justicia en las culturas de hoy en día.

Resulta pertinente recordar una de las citas más emblemáticas de Mahatma Gandhi: «Ojo por ojo y el mundo quedará ciego».

Influencia en el Sistema Legal Actual

En la mayoría de las sociedades modernas, esta ley no se aplica de manera literal, sino que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo para adaptarse a las culturas actuales. Los sistemas legales contemporáneos se basan en la idea de un castigo justo y proporcionado, pero no idéntico al daño infligido.

Esta antigua regla ha dejado una huella en la evolución de la justicia. No obstante, es importante destacar que la implementación de este tipo de pena varía de forma considerable en todo el mundo.

Con el avance de la justicia, la adopción de prácticas más civilizadas reemplazó a la ley del talión. Conforme las sociedades empezaron a cuestionar y rechazar los castigos físicos, surgieron nuevos interrogantes: ¿Cómo sancionar a los infractores por cometer delitos? ¿Qué penas pueden sustituir las torturas y castigos corporales?

Ante este dilema, aparece el argumento de que la única sanción que guarda una equivalencia entre el daño causado por el delito y la condena impuesta al delincuente era la privación de su libertad.

A pesar de sus limitaciones, su la influencia perdura en el sistema legal contemporáneo. La justicia retributiva, un enfoque más moderno que guarda ciertas similitudes con esta norma, se ha convertido en un componente esencial del derecho actual.

En este caso, el propósito del castigo es compensar a la sociedad por el daño causado y brindar un sentido de justicia para las víctimas. Se busca lograr un equilibrio entre la retribución y otros objetivos, como la prevención del delito y la rehabilitación del infractor.

Como hemos dicho, la aplicación estricta de la ley del talión es rara en la mayoría de las sociedades modernas, ya que se considera arcaica y bárbara.

La Lex Talionis en el Antiguo Testamento

A continuación me voy a referir a la ley del “ojo por ojo” en su expresión comúnmente aceptada como la “lex talionis” o la ley del talión. Este principio básico de la jurisprudencia en el AT (Antiguo Testamento) se expresa, por ejemplo, en Éxodo 21:22-25: “Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces.

Obviamente se trata aquí de un principio de proporcionalidad y no de identidad. No hay ningún indicio en la Escritura de que este principio se hubiera aplicado de otra manera que de forma proporcional. Es un dato que frecuentemente no se toma en consideración. A diferencia de la sharia islámica, la ley del AT nunca ha aplicado este principio en el sentido de la mutilación física.

Es decir, que si se causa un daño, la multa y restitución tiene que estar en una proporción adecuada con el daño que se ha hecho. Sin embargo, si el resultado de la infracción es la muerte, entonces el malhechor tiene que morir. La lex talionis se menciona dos veces más en la Ley.

La tercera vez que aparece la lex talionis en la Biblia es en Deuteronomio 19:19-21. Allí se añade el elemento de disuasión. “… Entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti. Y los que quedaren oirán y temerán y no volverán a hacer más una maldad semejante en medio de ti.

Este principio legal no es un principio inhumano. De hecho es una protección contra la venganza personal que el israelita tenía prohibido tajantemente. Nadie podía tomar la ley en sus manos y llevar acabo su justicia particular. La pena infligida no sirve para satisfacer el deseo de venganza de la persona ofendida, sino que cumple las exigencias de la justicia Dios. La venganza es un privilegio único de Dios, porque su propio carácter exige que Él no pueda tolerar la injusticia. Cualquier ofensa contra una persona se dirige en última instancia contra Dios. Por lo tanto, el castigo tiene que guardar una relación y proporción con el delito. Ni más ni menos.

De esta manera, la justicia divina, aplicada en la sociedad israelita, busca establecer el principio de la Ley divina a través de la autoridad legítima ante un tribunal de apelación. El AT enseña que presentarse delante de un tribunal en Israel era como presentarse delante de Dios mismo: “…entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días.” (Deuteronomio 19:17).

Dios delega su autoridad en una institución que se compone de personas de carne y hueso. Por eso no nos extraña que el hebreo llame a los jueces - entre otros nombres que se usan- elohim. El ejemplo es el salmo 82 que habla precisamente de los juicios injustos llevados a cabo por jueces que no dictan justicia. En el versículo 6 leemos: “Yo dije: vosotros sois dioses (elohim). Y todos vosotros hijos del Altísimo.” Es curioso que Jesucristo se refiere a este pasaje explícitamente en Juan 10:34.

La autoridad divina se transfiere a una institución que representa a Dios mismo. En este contexto también cabe constatar que ni el principio de la lex talionis ni el resto del AT conocen un sistema penitenciario con el fin de “reformar” al malhechor. Es por esa razón que la Ley de Moisés no prevé la existencia de cárceles.

Este principio bíblico establece que todo el mundo es igual delante de la Ley de Dios, que a su vez refleja el carácter divino. Los jueces, actuando en lugar de Dios, tienen que buscar la aplicación de una justicia que se ajusta lo más posible a lo que Dios establece en su Ley. Al mismo tiempo, la lex talionis nos recuerda que la absoluta y definitiva justicia de Dios no se puede evitar.

El principio de la proporcionalidad que se expresa en la lex talionis se lleva a cabo por un sistema que podríamos llamar “juzgados de apelación”, como vimos arriba. En Éxodo 18 leemos como Moisés intenta aplicar la justicia divina personalmente.

“Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.

1) El primer principio es que el castigo guarda una proporcionalidad al crimen cometido. ¿Por qué no se aplicó nunca la amputación literal de una mano o la destrucción de un ojo en Israel? En el contexto de Éxodo 21:22-25 nos damos cuenta de que en el caso de herir una mujer y causarla un parto prematuro, el causante tiene que pagar una restitución del daño causado. Según la Ley de Moisés, la víctima tenía derecho a una restitución doble (Éxodo 22:4.7) cuádruple o quíntupla (Éxodo 22:1).

2) El segundo principio establece que el castigo tiene que beneficiar a la víctima. En nuestro sistema judicial actual raras veces se tiene en cuenta el beneficio de la víctima. Es interesante que en el pasaje donde la lex talionis se menciona por primera vez, es la víctima quien decide la cantidad de la indemnización. Se ha dicho con todo derecho que hay tres principios en la justicia que garantizan una sociedad libre: leyes generales y justas, la seguridad de la aplicación de estas leyes y la igualdad de todos delante de la ley. La lex talionis garantiza de una forma simple y coherente estos tres principios. Todo el mundo puede evaluar de antemano las consecuencias de sus acciones. Esto ayuda a desarrollar una conciencia de la responsabilidad personal.

En este contexto es interesante que la lex talionis no se aplique solamente a personas privadas, sino a pueblos enteros.

3) Y finalmente, hay un tercer principio que está incluido en la lex taliones: un diente o un ojo tiene el mismo valor para una persona rica como para una persona pobre. El principio que está detrás de la lex talionis es fundamental para la Ley del AT: se trata de restauración, indemnización y arrepentimiento; y no en primer lugar de castigo. Los casos donde la restauración no es posible son los casos donde se solía aplicar la pena de muerte.

"Ojo por Ojo" en la Cultura Popular

Hoy en día, la expresión “ojo por ojo, diente por diente” se sigue utilizando como un refrán popular español singularmente extendido por toda la América latina, para referirse a la venganza. Sin embargo, como ya les he comentado, su origen no fue exactamente la venganza sino el primer intento de poner límite a la violencia estableciendo una proporcionalidad entre el daño producido delictivamente y el daño recibido por el castigo correspondiente.

Espero haberles dado suficientes argumentos para que refuercen sus vínculos de amor con la Odontología, no sólo por sus componentes profesionales sino porque siempre es más fácil amar a lo que se admira, al menos, mientras se tiene.

Según el Diccionario de la Real Academia Española el refrán es: "un dicho agudo y sentencioso de uso común".


Tabla comparativa de la Ley del Talión en diferentes contextos:

Contexto Principio Aplicación
Código de Hammurabi Reciprocidad exacta Si un hombre vacía el ojo de otro, se vacía su ojo.
Antiguo Testamento Proporcionalidad Restitución por daño, pena de muerte en casos de asesinato.
Sociedades Modernas Justicia retributiva Castigo justo y proporcionado, pero no idéntico al daño.

La LEY del Talión

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