Es posible que si nos hablan de los famosos “dientes de sable” nos imaginemos al simpático Diego, el tigre dientes de sable de “Ice Age, la edad de hielo”. Si bien es cierto que este término se utiliza para hacer referencia a varias especies de félidos del Cenozoico, el más conocido es el Smilodon.
Tigres dientes de sable documental
“Dientes de sable”, como hemos comentado, es un término que se utiliza de manera genérica para denominar a varias especies de mamíferos caracterizados por la presencia de caninos de gran tamaño que sobresalen a ambos lados de la boca y que vivieron en épocas distintas durante el Cenozoico. A pesar de su nombre, no se encuentran emparentados con los tigres que hoy en día conocemos, pero se comparaban a ellos debido a su gran tamaño (algo menor al de los leones). Los dientes de sable pertenecen a la subfamilia Machairodontinae, mientras que los actuales tigres y leones pertenecen a la subfamilia Felinae, ambos de la familia Felidae.
Los macairodontinos y los felinos tienen un origen común en el Oligoceno superior (hace 23 millones de años) periodo en el cual vivió el primer félido que se conoce: Proailurus. Esta subfamilia engloba a varios géneros extintos, y entre ellos destaca el popular Smilodon. Deben su nombre “dientes de sable” a la forma curva y alargada, similar a la de los sables, de sus colmillos; homólogos a los que poseen el resto de los félidos.
Smilodon se caracterizaba por ser el género con los mayores caninos, llegando hasta los 20-26 centímetros, tanto en machos como en hembras, en el caso de la especie Smilodon populator. Otras especies famosas son S. fatalis o S. gracilis. Gracias al registro fósil se pudo determinar que los dientes de sable habitaron por todo el continente americano.

Características y Adaptaciones de los Dientes de Sable
Resulta raro pensar que a pesar del gran tamaño de dichas estructuras, éstas hicieran que la mordida de los dientes de sable fuese menos potente. Sorprendentemente, la eficacia radicaba en el ángulo que podían alcanzar al abrir la mandíbula, llegando hasta los 120º de apertura (el león actual alcanza los 65º).
A diferencia de los felinos, los macairodontinos no buscaban matar a sus presas mediante la asfixia (lo cual supondría un gran gasto energético ante la necesidad de inmovilizar a la presa y mantener el mordisco hasta que ésta muriese asfixiada). La teoría más extendida sobre la utilidad de estos grandes colmillos en los dientes de sable era la caza de grandes presas desde abajo para atrapar la garganta y seccionarla.
Los colmillos curvos y muy afilados penetraban en la víctima neutralizándola de manera mucho más rápida que por asfixia. Algunos ejemplares presentaban incluso los bordes de los colmillos aserrados para que el corte produjese una incisión más rápida y limpia, reduciendo el coste energético que se producía durante la caza y los posibles riesgos que supusieran las presas (coces, cornadas). Resalta así el cometido de los caninos, la de desgarrar, función que se ve incrementada cuando la presa se encuentra sujeta e inmovilizada sobre el suelo.
Por otro lado, se cree que además de bloquear su flujo respiratorio estos caninos cortaban también los principales vasos sanguíneos que conducen la sangre al cerebro, haciendo que la presa perdiese incluso la consciencia antes de morir, dejando de suponer una amenaza. En el caso de que la presa se escapase antes de quedar inmovilizada ésta se desangraría rápidamente a causa de la mordida.
En comparación a los felinos actuales los dientes de sable presentaban otras características tales como:
- No eran grandes corredores a causa de su constitución corpulenta y la longitud de su cola, de tan solo 35 centímetros de largo, la cual en los felinos existentes es larga y sirve para mantener el equilibrio durante la carrera.
- Tenían un olfato mucho más desarrollado.
- Tenían un cerebro pequeño.
- Sus extremidades eran muy musculosas y potentes.
- Zarpas retráctiles, cualidad que comparten con los gatos, pero no con tigres y leones.
- Vivían en manadas.
Extinción de los Dientes de Sable
El género Smilodon silenció su rugido a finales del Pleistoceno, la última era glacial del Cuaternario, es decir, los dientes de sable se extinguieron hace 12.000-10.000 años. Se produjeron drásticos cambios ambientales y climáticos que pudieron generar una cascada de consecuencias en la cadena alimenticia de los dientes de sable. Una de estas consecuencias fue que la distribución de presas de gran tamaño se volviera mucho más errante (en 5.000 años se produjo un aumento de la temperatura de más de 6º, lo cual pudo influir negativamente en dicha distribución), dificultando su caza a los dientes de sable.
Estos cambios climáticos provocaron la retirada de los glaciares, así como el cambio de las estaciones y el aumento de las lluvias, lo cual influyó y alteró los ecosistemas locales. Sin embargo, Smilodon había sobrevivido a otros periodos glaciares antes, por lo que debió de haber un factor añadido que lo diferenciase de los eventos climáticos anteriores, como los cambios en la temperatura y la vegetación. Esta última cambió de forma que hacía más difícil que los félidos acecharan a sus presas y coexistieran con otros depredadores.
Así, la competencia entre diversas especies de carnívoros fue muy violenta. A todo ello se le unió la llegada de los primeros homínidos al continente americano, donde se distribuían los dientes de sable. El ser humano pudo contribuir en su extinción al cazar mamíferos de gran tamaño (como mamuts, mastodontes, alces o bisontes) que eran presas comunes de los dientes de sable.

Finalmente, durante los cambios climáticos más bruscos al final del Cuaternario, los ecosistemas no eran capaces de albergar y mantener toda la diversidad de grandes depredadores de manera que las especies menos especializadas y flexibles aumentaron sus posibilidades de supervivencia. En base al apartado anterior, podemos decir que la extinción de los dientes de sable pudo producirse, a grandes rasgos, por la escasez de presas a causa de los cambios climáticos y la competencia con otros depredadores.
Científicos de la Universidad de Vanderbilt han desarrollado una investigación que puede contribuir a esclarecer este hecho. El estudio en cuestión analiza restos fosilizados a través de una técnica denominada “análisis del microdesgaste de la textura dental” (desarrollada por el coautor del estudio Peter Ungar, de la Universidad de Arkansas). La directora del estudio, Larisa DeSantis, comparte que en situaciones en las que la comida escasea, los felinos actuales consumen una mayor parte del cadáver de la presa, incluyendo sus huesos. Cuando esto sucede, los dientes presentan surcos grandes y profundos, en contraposición a aquellos que han masticado solo carne, que muestran pequeñas marcas de forma paralela.
El análisis reveló que los dientes de sable presentaban patrones de desgaste similares a los del león africano actual, que mastica algunos huesos cuando come.
Cronopio dentiacutus: El "Scrat" de la vida real
Un grupo de paleontólogos, liderados por Guillermo Rougier, de la Universidad de Louisville (EEUU), encontraron en 2006 dos cráneos de una especie llamada Cronopio dentiacutus. Según aseguran, es el primer mamífero del Cretácico tardío hallado en Sudamérica, por lo que los fósiles aportarán nuevas claves sobre la evolución de estos animales.
La nueva especie pertenece a un grupo de mamíferos ya extintos denominado drioléstidos y que estaban emparentados con los marsupiales y los animales con placenta actuales. Este pequeño mamífero medía entre 10 y 15 centímetros de longitud, tenía un hocico estrecho y un cráneo pequeño y redondeado. Pero quizás lo más llamativo de su anatomía es el tamaño de sus caninos, a pesar de que los paleontólogos creen que se alimentaba de insectos y gusanos.
El paleontólogo argentino Guillermo Rougier, uno de los responsables del estudio, lo describía con una analogía simple de entender: "Se parece a Scrat, la ardilla dientes de sable de la película Ice Age". Los cráneos revelan que los Cronopios tenían unos colmillos extremadamente largos, con un hocico estrecho y una cabeza corta y redonda.