Resulta normal, y hasta casi lógico, que al pensar en la figura de Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927 - Ciudad de México, México, 17 de abril de 2014) lo primero que se nos venga a nuestra mente sea la imagen del gran novelista, ganador del Premio Nobel de Literatura en el año 1982. Sin embargo, se podría decir, que lo que forma la base de su gran literatura son los relatos cortos, los cuentos.
Las historias breves, dentro de la literatura de Gabo, están presentes, no solo en los cuatro libros de cuentos que encontramos dentro de su obra, sino también en la gran mayoría de novelas, en los guiones cinematográficos y en su vasta obra periodística. El propio autor reconoció, en más de una oportunidad, que para él son las “pequeñas historias” las que hacen interesante y fantástico al mundo.
Si bien es cierto que García Márquez comenzó su andanada literaria, como tantos otros escritores, con la poesía y después escribió algunos comentarios humorísticos, las primeras producciones literarias importantes fueron sus cuentos. El primero que registran sus memorias, es el titulado Psicosis obsesiva, un relato fantástico, de su época de estudiante de bachillerato en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá.
A partir del año 1947, el más reconocido de los autores colombianos, comienza a escribir relatos breves, cuentos, de forma más sistemática. Los primeros fueron publicados por el diario El Espectador de Bogotá, van desde el año 1947, con la publicación de La tercera resignación, el 13 de septiembre de 1947, hasta el año 1955.
Posteriormente a la etapa bogotana, encontramos los relatos escritos en la costa colombiana, cuando García Márquez se desempeñaba como periodista en Cartagena de Indias y en Barranquilla. De esta época es el cuento Un día después del sábado, relato que obtuvo el primer premio de un concurso organizado por la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia, y que figura en el libro Tres cuentos colombianos, publicado en el año 1954.
Del año 1959, cuando García Márquez ya se encontraba nuevamente radicado en Bogotá, es el cuento Los funerales de la Mamá Grande. Este relato extenso, antecedente claro de Cien años de soledad, forma parte de un libro que lleva su mismo nombre, publicado en el año 1962. A finales de la década del 60, el Nobel colombiano comenzó a escribir una serie de cuentos, que algunos estudiosos de su obra dicen que estaban destinados a un libro de historias infantiles que nunca publicó.
Estos relatos, junto con otras historias, pensadas en un principio como guiones cinematográficos, fueron publicados en el año 1972, bajo el título de: La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y de su abuela desalmada. El último libro de cuentos de Gabriel García Márquez se publicó en el año 1992, bajo el título de: Doce cuentos peregrinos.
"Un Día Después del Sábado": Un Retrato de Injusticia Social
En "Un día después del sábado" de Gabriel García Márquez, se teje una narrativa compleja y profundamente humana que captura la esencia de la injusticia social en el ficticio pueblo de Macondo. A través de una serie de cuentos interconectados, el autor explora las vidas de sus habitantes, marcadas por el calor opresivo y la pobreza crónica. Esta colección de historias, que culmina con el relato que da nombre al volumen, es una crítica mordaz hacia las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad.
La prosa de García Márquez es descriptiva y vívida, con diálogos concisos que reflejan de manera realista la vida en Macondo. Cada cuento es un retrato de la vida cotidiana, y aunque varían en calidad, todos están escritos con una habilidad narrativa que captura tanto la belleza como la desesperación.
Los personajes, que frecuentemente reaparecen a lo largo de los cuentos, son prototipos de una sociedad fragmentada, donde los ricos terratenientes y las autoridades corruptas explotan sin remordimientos a los más vulnerables. La injusticia es un tema recurrente en estas historias. En "La Siesta del Martes", por ejemplo, García Márquez relata el sufrimiento y la dignidad de una madre y su hija que visitan la tumba de su ser querido, un ladrón que murió en circunstancias trágicas.
Este cuento no solo destaca la desproporción entre las intenciones de los personajes y la magnitud de sus tragedias, sino que también critica la desigualdad social que obliga a algunos a recurrir al crimen para sobrevivir. Otro relato, "Un día de éstos", muestra el desprecio de un pueblo hacia su autoridad política tiránica a través del encuentro entre un dentista y el corrupto oficial con una muela infectada.
El dentista, inicialmente reacio, termina atendiendo al oficial, movido por un sentido de humanidad que el propio líder no posee. Este acto refleja la complejidad de las emociones humanas y la ironía de la compasión en un mundo cruel.
"En este pueblo no hay ladrones" narra la historia de un joven que roba en un salón de juegos y desencadena una serie de eventos desafortunados que afectan a toda la comunidad, especialmente a un inocente extranjero acusado injustamente. Este cuento, como los otros, destaca la falta de justicia y la corrupción endémica en la sociedad de Macondo.
En conjunto, "Un día después del sábado" no solo es una crítica a las injusticias sociales perpetradas por aquellos en el poder, sino también un testimonio del espíritu humano enfrentado a adversidades insuperables.
La viuda de Montiel/Gabriel García Márquez/Ms. Estrada
"La Mala Hora": Entre la Censura y la Realidad Latinoamericana
La mala hora narra la vida de un pueblo del caribe colombiano en un momento que se podría ubicar hacia finales del primer lustro de los años cincuenta, cuando el país era gobernado por el general Rojas Pinilla y la violencia liberal-conservadora aparentemente había cesado. Sin embargo, rezagos de esta subsisten en el alcalde que concentra en sí mismo todos los poderes, además del de la fuerza pública en su condición de teniente de policía.
No obstante, se ve impotente para resolver el enigma de unos pasquines que desde días atrás aparecen en las fachadas de las casas de muchos lugareños. Su contenido no es precisamente político sino de índole sexual y familiar: infidelidades conyugales y otras cuestiones que o bien son novedosas o ya son de dominio público; de hecho, una de esas infidelidades ocasiona un asesinato.
Sin embargo, el trasfondo de los rumores sí devela las rivalidades políticas de la reciente violencia local y nacional, pues se supone que de ese modo los conservadores del pueblo quieren seguir haciendo la guerra a los liberales forzando así su desplazamiento mediante el escarnio público al que son sometidos.
Dos pasajes de la novela ilustran el dilema de la autoría de los pasquines que tanto trasnocha al alcalde (además de un insoportable dolor de muela): la pitonisa Casandra, que ha llegado al pueblo con un circo, echa las cartas a pedido de aquel para averiguar por el autor. “Es todo el pueblo y no es nadie”, le dice para mayor desconcierto.
En el cuento Un día de estos, que formaba parte de Los funerales de la Mamá Grande, García Márquez reescribe uno de los momentos magistrales de La mala hora: la extracción de la muela del alcalde por Aurelio, el dentista liberal. Hay diferencias en las dos versiones, pero los personajes son los mismos.
En la novela el alcalde irrumpe de madrugada con sus agentes en la casa del dentista, destrozan la puerta y el consultorio en busca de armas. Encuentran un revólver. El alcalde cree que hay otro, pero se debate entre desbaratar toda la casa para encontrarlo o dejarse sacar la muela por uno de sus enemigos. Acosado por el dolor opta por lo segundo. A su desesperado pedido de anestesia el dentista responde: “Ustedes matan sin anestesia”. Y ante la insistencia del alcalde agrega: “Deje de ser pendejo, teniente; con ese absceso no hay anestesia que valga”.
En Un día de estos el alcalde llega un lunes de mañana, solo, no hay ningún allanamiento y acepta con resignación la exodoncia sin anestesia. Sin embargo, el dentista hace explícita su simbólica venganza: “Aquí nos paga veinte muertos, teniente”. El alcalde no lo miró.
García Márquez escribió la novela durante una vida itinerante en París, Londres y Caracas en un período que se puede datar entre 1957 y 1959. “Y la llevaba conmigo, como te he dicho, de hotel en hotel, y a cada rato le hacía correcciones”, contó en 1976.
La mala hora se publicó en 1962, justo entre El coronel no tiene quien le escriba (1961) y Cien años de soledad (1967). En La mala hora, García Márquez nos acerca a un pueblo a las orillas de un río, que parece guardar más de una similitud con el pueblo de El coronel no tiene quien le escriba, aunque en ningún momento he sabido si se trataba del mismo. El pueblo de La mala hora, en cualquier caso, está cerca de Macondo, pueblo al que se nombra al final del segundo capítulo, en la página 49.
La novela está escrita en tercera persona y cuenta con un número suficiente de protagonistas como para que podamos hablar de una novela coral. En la primera página conocemos al padre Ángel, quien se levanta de madrugada, para hacer sonar las campanas de la iglesia a las 5 de la mañana y anunciar así el comienzo de un nuevo día en el pueblo. Esta mañana es la del 4 de octubre, y en la última página, cuando el padre Ángel se vuelva a levantar será el 21 de octubre.
En el pueblo están apareciendo pasquines en las puertas de las casas, colocados de noche. En ellos se cuentas chismes antiguos, cotilleos sobre hijos ilegítimos o sobre infidelidades. De hecho, será uno de estos pasquines el que provoque la primera muerte. César Montero lee en la puerta de su casa, al salir de madrugada, que uno de sus vecinos se acuesta con su mujer. Ofuscado se presenta en su casa y le descarga la escopeta en el pecho.
Los pasquines están empezando a romper la tensa calma a la que se había llegado en el pueblo, después de haber sufrido el país una guerra civil. Si bien, a algunos personajes los conoceremos por su nombre, a otros García Márquez nos los muestra representados por su profesión, como al alcalde.
En principio, el alcalde parece un personaje positivo, alguien que se preocupa por sus vecinos, aunque en diversas situaciones vemos cómo éstos le rechazan. «Ustedes matan sin anestesia.», le dirá el dentista al alcalde en la página 69. El alcalde pregunta a una mujer que hasta cuándo le van a tener rencor y ésta le contesta: «Hasta que nos resuciten los muertos que nos mataron.» (pág. 79).
Ya he comentado que en La mala hora se nombra a Macondo. Me ha gustado descubrir también que aparece aquí el coronel Aureliano Buendía, quien durmió una noche en el hotel del pueblo. Aún le quedaban al coronel cinco años para ser uno de los protagonistas de Cien años de soledad, y es curioso observar cómo el mundo ficcional de García Márquez se iba ya construyendo.
Aparece un circo, pero no creo que sea el mismo de los gitanos que aparecían en Macondo. Además La mala hora todavía no es de forma explícita una novela del «realismo mágico», puesto que no aparecen escenas abiertamente fantásticas en la realidad contada. Sin embargo, una de sus protagonistas se encuentra por las noches en el pasillo de su casa con el fantasma de la Mamá Grande, que es la protagonista de uno de los cuentos más famosos de García Márquez.
La prosa de La mala hora, siguiendo la línea de El coronel no tiene quien le escriba, es más contenida que la de novelas como Cien años de soledad. En gran medida la belleza de la prosa de García Márquez -y en La mala hora podemos encontrar muchos ejemplos- se sostiene sobre su capacidad para incorporar los detalles naturales en las escenas que describe a sus personajes: por ejemplo, en más de una ocasión canta a lo lejos un alcaraván, o se describen los colores de los loros que atraviesan el cielo, o el olor de «los nardos bajo la lluvia», en la primera página, que sería un recurso similar al del olor de las «almendras amargas» en Crónica de una muerte anunciada. Los olores son muy importantes en el mundo ficcional de García Márquez.
La mala hora está muy emparentada con el libro de cuentos Los funerales de la Mamá Grande. De hecho, ambos libros se publicaron el mismo año -1962- y el estilo de composición, seco y con fuerza en los diálogos, es el propio de Ernest Hemingway (más en los cuentos que en la novela). Los cuentos parecen ambientados en el mismo pueblo, y uno de sus centro de reunión es «el salón de billar», que aparece en ambos libros. Además, uno de los cuentos -el titulado Un día de estos- relata una anécdota, en la que el alcalde del pueblo ha de ir al dentista, que también aparece en la novela. La tensión política que subyace a ambas obras es también la misma. Otro cuento se llama La viuda de Montiel, que es un personaje de La mala hora.
García Márquez pasa de una escena a otra, de un personaje a otro, marcando que lo narrado tiene lugar de forma simultánea o sucesiva, con expresiones como «mientras X bajaba las escaleras, Y hacía tal». De este modo, también se incide en la idea de que todo ocurre en un espacio muy limitado, donde todos se conocen y se observan entre sí, a pesar de que no pueden descubrir quién o quiénes están poniendo los pasquines en las puertas de las casas. «Es todo el pueblo y no es nadie.», sentenciará sobre el particular la adivina del circo ambulante.
La tensión va aumentando en la novela, pero diría que de un modo menos perfecto que en El coronel no tiene quien le escriba. En la construcción coral ya se adivina la estructura de Cien años de soledad. La mala hora es una buena novela, que no está a la altura de mis favoritas de García Márquez, que parece una obra de transición entre la precisión a lo Hemingway de sus primeras novelas y el desbordamiento posterior de Cien años de soledad o El otoño del patriarca.
En cuanto a la temática que presentan los relatos, es perceptible una sociedad en conflicto, injusta, desigual, sometida a las arbitrariedades del poder. Por las páginas del libro desfilan tanto los personajes marginados como los privilegiados.
Tabla Comparativa: "Un día después del sábado" y "La mala hora"
| Característica | Un día después del sábado | La mala hora |
|---|---|---|
| Formato | Colección de cuentos interconectados | Novela |
| Temas Principales | Injusticia social, pobreza, corrupción, resistencia humana | Tensión política, censura, violencia, chismes y secretos |
| Escenario | Macondo | Pueblo caribeño cercano a Macondo |
| Estilo | Descriptivo, diálogos concisos, realismo mágico | Contenido, preciso, diálogos fuertes, transición entre realismo y realismo mágico |
| Personajes recurrentes | Varios personajes prototípicos | Padre Ángel, alcalde, coronel Aureliano Buendía |
“Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.”G.G.M, en el discurso de aceptación del Premio Nobel de 1982

Gabriel García Márquez recibiendo el Premio Nobel de Literatura en 1982.