El Diente de Oro: Un Tesoro Modernista en la Fachada Marítima de A Coruña

“La gente sensible cree encontrar colores únicos, misteriosos, e indescifrables, tanto en ciudades y parajes prestigiados por literatos, como en las pinturas de grandes artistas. Todos hemos oído hablar de los azules de Sidi Busaid, de los alberos de Sevilla, de los verdes de Veronese, de los rojos y negros de Goya, de los grises de Velázquez…” Óscar Tusquets, Todo es comparable.

Siguiendo la narrativa de Tusquets y jugando a las adivinanzas, quizás todos hemos oído hablar de las galerías coruñesas: blancas, de madera frágil, con sus vidrios que reflejan de una forma singular la luz blanca e intensa de la ciudad. Al repasar esa fachada contínua brillante y uniforme, hay un truco de prestidigitación que pone en crisis nuestra memoria… parecía que todo eran galerías, blancas, brillantes: no, hay una trampa: el Diente de oro.

Para entender este truco que pasa desapercibido a la memoria es necesario descifrar algunas claves que quizás el observador sensible intuya al sentarse ante la fachada de la Marina de A Coruña.

Comenzamos la ruta frente a la fachada marítima de la ciudad, muy cerca del puerto. Tal es el caso de la ciudad herculina. Bienvenido a los rincones más icónicos de la Ciudad de Cristal. Junto al océano transita esta ruta por A Coruña, una escapada con sabor atlántico en la que patrimonio, cultura e historia se sientan a disfrutar de la buena mesa.

Recorremos los 10 puntos clave de la capital gallega en un paseo reposado y lujoso, como ella misma, un encuentro con el pasado en el que no faltan galerías, plazas, jardines, vanguardia y, especialmente, un delicioso barniz de amor al mar que lo impregna todo.

Galerías de A Coruña en la Avenida de la Marina.

El Modernismo Coruñés: Un Contagio de Ideas

Con el cambio de siglo el modernismo llega a Coruña con su “gramática de la ornamentación”. Son los arquitectos, formados en lugares diversos, los que de sus bibliotecas, sus viajes y sus tertulias extraen las ideas que aplicarán a la estética y composición arquitectónica, para que sus construcciones no sean meras soluciones ausentes de identidad.

La nueva identidad de la arquitectura coruñesa se construye con los referentes europeos: Austria, Suiza, Alemania, Bélgica o Reino Unido. Austria es, en los años del cambio de siglo el gran centro de un imperio con una vasta cultura.

Con Viena como centro de intercambio de ideas, la producción artística, intelectual y cultural se eleva hasta convertirse en referente de una corriente de pensamiento arquitectónico: el modernismo, en el caso de Austria envuelto en la capa de una identidad propia nacional que evoluciona hasta convertirse en el denominado como “estilo secesión”. Es aquí donde Otto Wagner o más tarde Joseph Hoffman y Adolf Loos, realizan sus propuestas arquitectónicas que tienen una imagen tan potente y rompedora que todos los arquitectos del momento desean conocer y aprender.

En Bélgica Victor Horta define un modernismo más naturalista, basado en las corrientes románticas de finales del siglo XIX, evocadoras de lo exótico y lo natural. Al igual que en Austria y en el resto de países europeos, esta corriente se dota de una pátina local adaptando el estilo hasta generar una nomenclatura propia: Art-Nouveau en Francia y Bélgica, Modern-Style en Reino Unido, Estilo Floreale o Liberty en Italia, Niewe Kunst en los Países Bajos y Jugendstil en Alemania.

La difusión de estas ideas arquitectónicas y su transposición estética es casi contagiosa. Desde un punto de vista teórico social, ese contagio es debido a la idea de que “el futuro ya está aquí” y por ello es necesario romper con todo lo anterior.

Pero desde un punto de vista más pragmático, esta difusión tiene su origen en el concepto de democratización de la belleza o la socialización del arte propuestas en los escritos de los británicos William Morris y John Ruskin. Estos intelectuales de formación amplia (arquitectura, dibujo, escritura, diseño) proponen la democratización desde los objetos cotidianos de forma que el valor estético fuese alcanzable por toda la población, pero sin recurrir a una producción masiva que reduzca su valor a un objeto repetible del que se ha perdido el por qué de su diseño.

La divulgación como solidaridad intelectual permite que los protagonistas del modernismo coruñés puedan estudiar a la perfección las teorías que se han formado a partir de las ideas modernistas, y aplicar este nuevo lenguaje arquitectónico a la composición estética y a la ejecución de sus obras. Los primeros arquitectos que aplican estas ideas en la ciudad son el cubano Ricardo Boán y Callejas (autor de la Casa Solla) y el coruñés Antonio López Hernández (autor de la conocida terraza de Sada) en torno al año 1906. También utilizan ornamentos comunes al modernismo europeo como los mascarones inspirados en Elizabeth Siddal (dama inglesa fallecida por intoxicación de láudano, opio y alcohol, amante del pintor Dante Gabriel Rosseti) o los recogidos en la “gramática de la ornamentación” de Owen Jones.

El modernismo coruñés alcanza su apogeo con las obras de los arquitectos Julio Galán Carbajal, Rafael González Villar, Leoncio Bescansa, Manuel Reboredo y Antonio de Mesa, además de los mencionados con anterioridad.

No podemos olvidarnos de la Casa Molina (Calle Santiago, 2), catalogada como edificio singular. Es obra de Rafael González Villar, y en ella habitaba el cónsul de los Países Bajos y representante del Uoydd Real Holandés D. Raimundo Molina, quien fue el padre de quien sería alcalde: D. Alfonso Molina. A pocos metros se alza la Casa Rey, obra de Julio Galán, del año 1911. Es un claro ejemplo de porqué se conoce a esta localidad como la Ciudad de Cristal. Si sigues por la calle Real, en su número 22, puedes mirar otro de los edificios modernistas de la ciudad, con acebos, ramas, espigas, discos solares y rosas en su fachada.

Continúa el paseo por la calle San Andrés, en la que podrás admirar algunos ejemplos de arquitectura modernista en sus números 7, 68, 71, 100 y 118, aunque entre todos ellos sobresale la Casa Fuente de San Andrés (Plaza San Andrés, 1). Se trata de otra de las obras de Julio Galán Carbajal, del año 1911, quien se inspiró en los proyectos de otros arquitectos modernistas como el belga Paul Hankar y los austríacos Gangl y Stigler.

En la Plaza de Pontevedra y Avenida Rubine, 2, se alza la Casa Salorio. Sorprenden sus ventanas que se dice que emulan a los ojos de buey de los trasatlánticos de la época, así como un portal modernista del que se conserva su artesonado. Este inmueble de 1912, la Casa Arambillet, es obra de unos de los referente del modernismo arquitectónico en A Coruña, Antonio López Hernández.

Llegamos al punto donde más edificios modernistas verás en unos pocos metros, en la siempre animada plaza de Lugo. En la plaza de Lugo podemos contemplar cuatro. Dos de ellos son obra del arquitecto Julio Galán Carbajal. El primero se encuentra en el número 25-27, con entrada por la calle Compostela número 8, y en él destacan los leones en su portal, así como las cariátides y el águila en su cornisa, y una gran escalera. En el número 11, se localiza la Casa de los Cisnes, un edificio obra de Manuel Reboredo, con decoraciones exóticas, y en el número 13 el que fue proyecto de Antonio López Hernández, donde se encuentra la residencia de la familia del actor coruñés Fernando Rey: la Casa Arambillet.

Si te acercas a la calle Juán Flórez, número 91, puedes ver la Escuela Labaca, en la que se entremezcla el estilo modernista con el neogótico. Por último, para terminar esta ruta modernista, camina hasta los Jardines de Méndez Núñez, donde se localiza uno de los edificios más emblemáticos de A Coruña: el Kiosco Alfonso, obra de Rafael González Villar,de 1912. A lo largo de su historia ha sido cafetería, sala de espectáculos y cine, hasta que en 1982 se convirtió en palacio de exposiciones. El Kiosco Alfonso es una de las paradas fundamentales en citas culturales en la ciudad.

La riqueza arquitectónica de A Coruña es un símbolo de la ciudad. Son conocidos los proyectos modernistas de la ciudad de cristal, aunque hay otras fachadas que captan la atención de los ciudadanos. Las paredes y elementos decorativos cargados y llamativos son una insignia de la ciudad. La mayoría de fachadas reseñables se encuentran en el centro de la ciudad, ya que es el área que más historia y pasado tiene.

Sus tonos crema y sus acabados son uno de los principales atractivos de Plaza de Galicia. En el número 2-3 se encuentra una de las fachadas más llamativas de A Coruña. La historia de la Casa Cortés se remonta al 1910, año en el que comenzó su construcción. Aunque no sería hasta 1919 que se acabó la obra de Rodríguez Losada. Su aspecto pudiente está directamente relacionado con que es un de los primeros edificios que se construyeron en el primer ensanche. Un lugar habitado por la burguesía coruñesa de la época. Es el principal símbolo de distinción de la ciudad.

Si bien, son muchas las galerías que podían estar en esta lista hay tres que destacan por su personalidad. El diente de Oro de la marina, una edificación que rompe el ritmo del paseo de A Coruña y cambia el blanco por el dorado. En la esquina de la Plaza de María Pita se alza la Casa Rey, obra que el arquitecto Julio Galán Carvajal en el año 1911. Destaca la combinación de materiales, galerías blancas de madera, y los balcones de primer piso que incorporan hierro forjado. Entre los destacados de las galerías coruñesas una de las principales olvidadas es la diseñada por Vitini en el número 25-27 de la Marina. Sus vidrieras de colores toman el protagonismo del paseo gracias a su fantasía. Lo más llamativo son los elementos de ornamentación, a medio camino entre el color y formas imposibles.

Frente a la Iglesia de San Nicolás se encuentra una de las fachadas más señaladas del modernismo coruñés. Su principal atractivo, más allá de sus formas, son los colores intensos de las paredes. El verde, blanco y el marrón toman el protagonismo de la zona. Incluso la del tempo que se sitúa frente a ella. Obra del arquitecto Ricardo Boán y Callejas, que en 1912 comenzó el encargo, el edificio incluye una vivienda por planta. Tanto la planta baja como la primera se destinaron a uso comercial y las superiores a vivienda.

En el número 86 de la Calle Real se ubica una colorida fachada que esconde actualmente una galería comercial que llega hasta la calle Olmos. El inmueble original (1908) era un edificio de viviendas que no atravesaba la manzana, sino que únicamente daba a la calle Olmos. En 1919 Antonio de Mesa y Álvarez se hace cargo del proyecto de reforma y reorganización de esta parcela. Es uno de los primeros edificios de estilo modernista puro en A Coruña, data de 1909. Sus galerías rompen con la tradición, descansando sobre elefantes con diadema que, para los hindús, representan prosperidad. El autor de esta vivienda en el número 8 de la calle Orzán, Julio Galán Carvajal, era un conocido arquitecto municipal. Sin embargo, la conocida como Casa de los Elefantes no tiene un lugar destacado en su portfolio. Sí lo tienen otras como Casa Rey o la Casa Viturro.

El modernismo baña decenas de fachadas del centro de A Coruña, y en la plaza de Lugo hay varias concentradas. Una de las más llamativas es la del número 13 en colores pastel y magenta. Fue construido hace más de un siglo, en 1912. Los encargados de crear la composición fueron Antonio López Hernández y Ricardo Boán Callejas -también autor de la fachada del edificio de la calle San Nicolás que ocupa esta lista-. Uno de los elementos más llamativos son las estructuras decorativas, como los rostros de mujeres que pueden apreciarse tanto en lo alto del edificio como en el frente.

El modernismo marcó un antes y un después en las composiciones arquitectónicas de la ciudad, sin embargo hay piezas modernas que pese a pasar desapercibidas tienen gran prestigio entre los expertos en arquitectura. Un ejemplo de ellos es la fachada del museo de arte sacro de A Coruña. Es obra del arquitecto Manuel Gallego Jorreto, que pese a las dificultades consiguió integrar la fachada del nuevo edificio junto a sus vecinos.

Es uno de los edificios más llamativos de la ciudad. Su forma en vela se alza en medio del Paseo Marítimo como una guía. El museo no sólo se fundamenta bajo una estructura de hormigón, sino que esos mismos cimientos son los que le ofrecen esas espectaculares vistas que pueden apreciarse desde su fachada. El enclave, si bien puede tener un valor arquitectónico para los expertos, también supone un lugar factástico dadas sus impresionantes vistas.

11 Edificios que redefinieron la arquitectura

Las Galerías de la Marina: Un Emblema de A Coruña

Junto con la Torre de Hércules, las Galerías de la Marina constituyen una de las más icónicas muestras de la arquitectura gallega, así como un emblema de A Coruña. Tan características como son, dieron a la ciudad herculina otro sobrenombre: la Ciudad de Cristal.

Así pues, las Galerías de la Marina forman el mayor conjunto acristalado del mundo y la arquitectura que les conforma nació con una función específica: aprovechar al máximo la luz solar y el calor. Ubicadas en la conocida como Avenida de La Marina, las Galerías de La Marina o Galerías de La Coruña son una de las imágenes más icónicas de la ciudad. Este conjunto arquitectónico acristalado es el más grande del mundo y una de las postales más típicas de la ciudad.

La edificación de este gran complejo de cristal se llevó a cabo en dos fases: la primera entre 1870 y 1876 y la segunda entre 1879 y 1884. En aquella época, los edificios eran viviendas de pescadores cuya función era amarrar los navíos, sobre todo en días de tormenta. Debido a las frecuentes lluvias en el norte de España, las galerías se construyeron de tal forma que formaban una cámara térmica que tenía múltiples usos, ya fuese proteger de la lluvia o del frío, captar el calor en invierno o refrescar en verano, pero sobre todo mantener el contacto visual del interior con el exterior.

Cuando se construyeron los edificios de la Avenida de la Marina, ya existían algunas normas compositivas y cierta homogeneidad en la fachada de la Marina debido a aquellos planes urbanísticos predefinidos. Sin embargo, el Modernismo de dicha época aportó un toque de originalidad a la arquitectura coruñesa.

El urbanismo de A Coruña se ve impulsado en el siglo XIX con el plan de Ensanche de la ciudad y los planes de alineación de Faustino Domínguez (1862) y Juan de Ciórraga (1869). El ensanche es la oportunidad para realizar una arquitectura de lenguaje modernista y en algunos casos de corte regionalista.

La galería, pieza constructiva heredada del castillo de popa de los galeones españoles, era un solución muy adecuada para el clima de A Coruña. El plan de alineación de las calles Luchana (C/Riego de Agua) y zona de la Marina culmina con la definición de las características de la edificabilidad y definición geométrica de la disposición actual. La composición arquitectónica de la Marina está formada por galerías, en las que dichas edificaciones tienen su fachada principal hacia la plaza María Pita y la posterior a la avenida de Montoto.

Los edificios que dan hacia María Pita tienen un aspecto uniforme. La composición arquitectónica de la plaza María Pita es inalterable. Al igual que en muchas plazas mayores españolas, ésta presenta una imagen homogénea y cerrada presidida por la pieza del ayuntamiento como edificio monumental singular. En este caso la casa consistorial diseñada en 1917 por el arquitecto municipal Pedro Mariño, en estilo ecléctico, cierra un conjunto planificado por Juan de Ciórraga que se caracteriza por arquerías en planta baja y entreplanta, balcones en planta primera y galerías a partir de la segunda. Esta composición tan rígida era la definida por el plan de ordenación municipal.

El primer edificio con galería fue diseñado por Gabriel Vittini Alonso en la esquina entre C/Riego de Agua, Luchana y la Marina en 1870, un año después diseñaría el edificio de C/Riego de Agua 25-27, en el que interpreta la galería en un estilo neogótico. Hasta este momento la galería gozaba de cierta libertad de diseño, siendo únicamente un elemento compositivo arquitectónico que proporcionaba ciertas bondades higiénicas y espaciales a la vivienda.

Pero hasta 1873 las galerías únicamente estaban autorizadas a partir de la segunda planta del edificio, será el 24 de marzo de ese año cuando el ayuntamiento autoriza la construcción desde los soportales en el tramo entre Puerta Real y el Cantón Grande. Por esta razón las galerías de la marina que se construyen con posterioridad de los primeros planes presentan galería en todas sus plantas, mientras que en la Plaza María Pita, cuyo plan había sido ideado por Ciórraga en 1869 las viviendas han de respetar el diseño planificado para las fachadas.

Los planes urbanísticos definieron unas normas compositivas y una homogeneidad en la fachada de la Marina, y el Modernismo aporto un nuevo lenguaje con el que revitalizar la narrativa arquitectónica de la ciudad.

Plaza de María Pita, corazón de A Coruña.

El Diente de Oro: Una Excepción Dorada

En la fachada blanca, brillante y reflectante de galerías coruñesa hay un edificio que no es así. Hay un edificio que no es blanco sino dorado, no brilla sino que se construye en piedra y no refleja a través de sus galerías, sino que deslumbra con sus balcones de ornamentación modernista.

Entre 1926 y 1927, Leoncio Bescansa diseñó y construyó el conocido como “diente de oro” en Puerta Real, en una parcela que había quedado vacía en el conjunto. El edificio fue apodado así porque al amanecer brillaba con un tono dorado mientras que el resto de edificaciones eran completamente blancas.

En cuanto a las Galerías de la Marina, se nota que todas sus fachadas son blancas y brillantes, y que reflejan el sol en sus cristaleras. Este mismo, de color dorado y hecho de piedra, se destaca de los demas edificios vecinos ya que su fachada ni brilla ni refleja el sol como lo hacen aquellas otras. Fue el arquitecto gallego Leoncio Bescansa quien diseñó y construyó este singular edificio en Puerta Real entre 1926 y 1927.

El edificio integra en su fachada principal, la que da a la plaza María Pita el diseño neoclásico propuesto por Ciórraga, mientras que la fachada posterior se diseña de manera libre utilizando un lenguaje modernista muy contenido sobre una estructura neoclásica en el que cada planta presenta una composición diferente. Los balcones y las galerías individuales van formando una fachada dinámica que va incrementando su ornamentación con la altura.

En su fachada principal destacamos un estilo neoclásico parecido al propuesto por Ciorraga, mientras que la fachada posterior integra un estilo más libre y modernista, semejante al que aparece en otras obras de Bescansa realizadas en la primera mitad del siglo XX. Así pues, el edificio completa la composición arquitectónica de las Galerías de una manera única e icónica.

El lenguaje modernista de Bescansa se ha visto ya transformado en este momento, desde sus primeras obras como las Escuelas Labaca (1912), Torre de los Jesuitas (1916, desaparecida) o el Teatro de Linares Rivas (1919, desaparecido). “El diente de oro” se parece más a obras posteriores del mismo autor como el Banco BBVA del Cantón pequeño (1923), el colegio Compañía de María (1924), casa Torres (1925) o el colegio de los Maristas (1926, desaparecido).

Precisamente en la Plaza de María Pita, y con su fachada posterior frente a la Dársena de A Mariña, se encuentra el conocido como El Diente de Oro, obra de Leoncio Bescansa. Los coruñeses la llamaron el Diente de Oro porque brillaba al amanecer dentro de la blanca dentadura de las galerías.

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